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« en: Junio 11, 2006, 08:35:36 » |
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Combinar una pareja de exhibicionistas y un par de voyeuristas resultan en una fiesta swinger difÃÂcil de creer.
Esto que les cuento me ocurrió hace como dos años en un viaje de negocios que hice a la ciudad de Querétaro, en México. En esa ocasión la empresa que me envió a este trabajo me dio alojamiento en un Hotel que estaba un poco lejos del centro de la ciudad, y la empresa a la que yo fui estaba ubicada precisamente en el centro de la misma, por lo que toda esa semana, al salir de la empresa me dirigÃa a una parada de camión que se encontraba atrás de la Alameda central. Pues bien, recuerdo que el jueves de esa semana estaba yo en la parada del autobús y ya era bastante tarde, serÃan como las 11:00 p.m. y casi no habÃa tráfico ni autobuses; y en la parada solo estába un tipo desconocido y yo. Yo estaba viendo hacia lo lejos de la avenida a ver si venÃa el autobús cuando volteé a ver al otro tipo y vi que estaba muy atento viendo algo del otro lado de la avenida, hacia arriba, al voltear para donde el veÃa, miré que habÃa enfrente un Hotel, que al parecer es de cuatro o cinco estrellas; y más o menos en el cuarto piso se veÃa a una pareja totalmente desnudos haciendo el amor; estaba la mujer empinada y apoyada en el respaldo de lo que parecÃa ser un sillón y el hombre estaba atrás de ella, lógicamente se la estaba metiendo; pues se veÃa el movimiento de los dos y los empujones que le daba el a la mujer. Nosotros los veÃamos de lado. Ya se imaginarán que este espectáculo despertó de inmediato mis emociones más profundas y de inmediato se me levantó el miembro, pues aparte de todo se notaba que los dos integrantes del "show" tenÃan buenos cuerpos y en especial, me gustó la mujer lógicamente; aunque solo se distinguÃan siluetas. Durante unos diez minutos la pareja siguió haciendo el amor y mi compañero y yo no quitábamos la vista de la ventana que nos ofrecÃa espectáculo porno en vivo, solo faltaba el sonido. Después de ese tiempo, noté como que la pareja se estremeció y luego se quedaron quietos; supuse que ya habÃan terminado y no me equivoqué, pues el hombre se salió, la mujer se incorporó y él se acercó a las cortinas para cerrarlas. El tipo que estaba junto a mà y yo no alcanzamos a disimular y vimos como el individuo nos hacÃa una señal con la mano derecha, levantando el dedo pulgar hacia arriba, como cuando alguien anima a otra persona. Esto me causó un poco de verguenza, pues me dà cuenta que él si se dió cuanta que loshabÃamos visto hacer el amor. Bueno, pensé, pues ya pasó, ni modo. En ese momento, me dà cuenta que acababa de pasar el autobús que deberÃa de haber tomado y que por estar de mirón no lo tomé y silbé para ver si se detenÃa, pero creo que ni me escuchó; el otro tipo se me acercó y me dijo: ¿ese era tu camión?, le contesté que si y me dijo que también era el suyo y que por estar de babosos se nos habÃa ido; le dije que ni modo que esperáramos el siguiente, el miró su reloj y me dijo: no creo que pase otro, ya es muy tarde, son las 11:30 p.m. y me comentó que nos fuermaos caminando. Aunque un poco nervioso porque no conocÃa la ciudad ni a mi acompañante, pensé que tal vez serÃa lo mejor para que son el fresco de la noche se me bajara la calentura con que me habáin dejado aquellos dos exhibicionistas. En eso estábamos cuando vimos que una persona cruzaba la avenida desde el Hotel hacia nosotros; era un hombre envuelto en una gabardina y con un sombrero un poco raro; se nos acercó y nos dijo: ¿les gustó lo que vieron?; a lo que nos quedamos callados, pues no sabÃamos que contestar ni quien era el tipo; el, al ver nuestra indecisión nos dijo que era la persona que estaba cogiendo en el cuarto piso y que nos habÃa visto; y que su esposa deseaba conocernos. Esto me extrañó mucho y creo que al otro cuate también, pues nos quedamos como bobos sin saber que hacer ni que decir. Mi cerebro no alcanzaba a comprender lo que el tipo y su mujer querÃan; ¿acaso la mujer querÃa sexo con alguno de nosotros? o a lo mejor era una trampa y ellos eran amantes y como los habáimos visto nos querÃan eliminar o algo asÃ; no sabÃa yo que pensar. El individuo del Hotel nos dijo que si estábamos interesados cruzáramos la avenida y entráramos por el estacionamiento subterráneo del hotel para que nadie nos viera, que al fondo habÃa un elevador, que el nos esperaba ahà en cinco minutos; y pues, como ustedes sabrán, la curiosidad puede más. El tipo se alejó y mi compañero y yo nos quedamos parados un ratito sin saber que hacer, yo le dije ¿no será una trampa? y el me comentó que no sabÃa, pero que en un momento dado eramos dos contra uno y que si las cosas se ponÃan difÃciles, él traÃa una navaja para defenderse. Después de pensarlo un rato, decidimos entrar y no dejar pasar la oprortunidad que se nos presentaba en bandeja de plata. Fuimos al subterráneo del Hotel y entramos, caminamos hasta el elevador y cuando llegamo a él, este se abrió y allà estaba el tipo que habÃa salido a hablar con nosotros. Entramos y en silencio él apretó el botón del cuarto piso, subimos y salimos, lo seguimos hasta una habitación casi al fondo, sacando cuentas si era la ventan que habÃamos visto desde enfrente. El tipo tocó la puerta y se escuchó una voz de mujer que preguntaba quien era; el contestó "servicio especial a cuartos" y se escuchó una llave que abrÃa la puerta desde adentro. El hombre este hizo una pausa y después abrió la puerta, nos ofreció entrar, pero nosotros le dijimos que el adelante (por si las dudas). Al entrar, vimos primero el sillón donde habÃan hecho el amor ellos y al caminar unos cuantos pasos, estaba ahi la tele, el tocador, etcétera; era una habitación bastante amplia con dos camas matrimoniales y en una de ellas estaba un espectáculo precioso: Una mujer que era toda una hembra en toda la extensión de la palabra; totaltmente desnuda, acostada boca arriba, con las piernas abiertas y con una másacara de cuero en el rostro. Esta mujer tenÃa dos tetas enormes, bueno, bastante grandes y redondas, un cuerpo hermoso y unas nalgas espectaculares; tenÃa una piel asà como apiñonada, realmente hermosa, lo único malo es que no podÃamos ver su cara. El tipo nos dijo que su mujer era ninfómana y que el ya estaba agotado por ese dÃa y que cuando nos vieron tan atentos, decidieron que les ayudáramos con sus deseos. La mujer nos ordenó desnudarnos y no fue necesario que lo repitiera, en menos de un minuto el otro tipo y yo estábamos completamente en pelotas. Yo siempre he hecho ejercicio, asà que no estoy de mal ver y el otro pues no cantaba mal las rancheras, también era un buen ejemplar, pero lamentablemte tenÃa una super verga, asà como que gigante y muy, muy gruesa; la mÃa también es bastante larga y gruesa, pero este tipo si me la ganaba. La mujer se incorporó y de inmediato se abalanzó sobre la verga del tipo este, se hincó de inmediato y comenzó a ponerle una mamada fenomenal, la verga entraba y salÃa de su boca y era evidente que el tipo estaba sintiendo gran placer; me acerqué a ellos y la mujer puso su mano derecha en mi miembro; comenzó a masajerame de una buena manera, se veÃa que ya tenÃa bastante experiencia. Después de un ratito, mi compañero estaba por venirse y comenzó a gritar "me vengo, me vengo"; en ese momento ella suspendió las mamadas y se volteó, empinándose y diciéndole al tipo este, métemela, métemela, él ni tardo ni perezoso la penetró, dándose cuenta que la mujer estaba muy mojada y que fue muy sencillo clavarsela hasta el fondo. Ella gritó y comenzó a moverse adelante y atrás en un vaivén desesperado, queriendo sentir el placer de tener ese enorme garrote adentro; gemÃa y se convulsionaba, nos dimos cuenta que estaba teniendo un orgasmo. Me pidió que me parara adelante de ella y asà lo hice; me agarró la verga con una mano y la metió en su boca, dándome una mamada de las más ricas que he probado en mi vida. El tipo que la estaba penetrando volvió a gritar y esta vez si se vino, se estremeció y gritaba como loco del placer que obtenÃa sin salirse de ella. La mujer seguà a mamandome con gran fuerza, y yo me volvÃa loco de placer. Ella se apartó de mi y me dijo que que querÃa hacer con ella; yo le conteste sin pensar: "cogerte"; ella y su marido soltaron tremenda carcajada y ella me dijo que tenáimos que hacer algo original, que necesitaba coger pero que querÃa algo nuevo. No supe que contestar hasta que su marido se acercó y me dijo: Mi esposa quiere saber si te gustan los juegos sado-maso; me quedé estupefacto, pero luego reaccioné y contesté que no, que preferÃa el sexo normal (cosa que no era cierta); ella me preguntó: ¿no te gustarÃa una nueva experiencia?, ¿no quieres ser mi esclavo sexual?, volvà a contestar que no; ella me dijo entonces ¿y no te gustarÃa que yo fuera tu esclava sexual?. Me quedé callado; el marido dijo eso si te gustarÃa ¿verdad? movà la cabeza afirmativamente y me dijeron, espera aquà ahora regresamos. Se dirigieron al baño yllamaron al otro tipo, que estaba sentado en la cama sin hacer nada y con su verga flácida. Unos cinco minutos después salieron los tres, ellos con atuendos de cuero semidesnudos con sus vergas al aire y con máscaras también de cuero y ella con la misma máscara de cuero que ya traÃa, pero con un atuendo también de cuero que dejaba ver sus chichotas y su vagina, además de estar con las manos atrás esposadas y una correa en el cuello, de la cual tiraba su esposo; tenÃa también una mordaza con una bola roja al frente, lo que la obligaba a tener la boca abierta, pero sin poder gritar; por último, tenÃa una cadena en los tobillos con grilletes, lo que la hacÃa caminar con pasos muy cortos. El marido la jalaba y le gritaba: camina estúpida, que tu amo te llama, mientras, el otro individuo caminaba atrás de ellos, pegándole en las nalgas con una especie de cepillo grande con puntas como de clavo. Llegaron conmigo y el marido dijo: ordena amo, somos tus esclavos. Y acto seguido le gritó a ella que se hincara, ella lo hizo con mucho trabajo y quedó hincada frente a mi con la cabeza agachada. Yo no sabÃa que hacer, me sentà como un tonto al no aprovechar la oportunidad de tener como esclava a una vieja tan sabrosota. Por fin me decidÃ, pedà que me besara los pies y que fuera subiendo hasta llegar ami polla y que, una vez ahà comenzara a mamarla como a mi me gusta. El marido la jaló de el cabello y le quitó la mordaza, le dijo, "ya oiste puta, tu amo te ha ordenado"; ella en silencio, se agachó y comenzó a besarme los pies, subió poco a poco por mis piernas y llegó a mis rodillas, yo estaba parado muy derecho con los brazos cruzados, sintiéndome el dueño del mundo. El marido me dijo: ¿qué desea que hagamos nosotros oh, nuestro amo y señor?. Les dije que el tipo siguiera pegándole en las nalgas y que el marido la golpeara con un cinturón. El marido me dijo, mejor con esto mi amo ¿no le parece? y sacó un látigo de su atuendo; le dije, me parece bien y comenzó a darle latigazos a la mujer en las piernas. Ella se estremecÃa de dolor con cada latigazo, pero ya estaba chupándome la verga y no la soltaba; el otro tipo le pegaba muy despacio, por lo que le grité: mas fuerte o te damos a ti. El se sacó de onda, pero después empezó a golpéar con más fuerza. Después de un rato, ordené que todos se detuvieran , pues estaba a punto de venirme y no querÃa acabar tan pronto con esta fantasÃa vuelta realidad. Todos se detuvieron y ella me preguntó: ¿qué más deseas gran amo y señor?; a lo que respondà que querÃa morderle las tetas, que se incorporara; ella volteó a ver a su marido y le dijo: ¿eso se vale?, a lo que el respondió con una tremenda bofetada a la mujer y gritándole que obedeciera a su amo, que no tenÃa derecho a preguntar. El otro tipo y yo nos quedamos asombrados; la verdad, esto como que ya no nos estaba gustando. Pero ella sin chistar intentó incorporarse; lógicamente le era muy difÃcil por las ataduras que tenÃa y el marido le soltó tremendo latigazo en las nalgas gritando "que no oyes, que te pares perra" y yo les dije: ayudenla a incorporarse; los dos la tomaron por abajo de los hombros y la levantaron. Quedó de pie frente a mà y me acerqué a sus pechos; eran grandes, redondos y hermosos, por un momento pensé solo chuparlos, pero yo era el gran amo y señor, como me iba a echar para atrás. Le chupé el seno derecho y de inmediato se irguió el pezón, poniéndose duro y erecto, lo lamà un poco y de repente le clavé una mordida en medio seno. Ella gritó muy fuerte, por lo que ordené que le pusieran la mordaza; mis "esclavos" obedecieron de inmediato y la amordazaron. Comencé a chupar el seno izquierdo y cuando se pudo durito igual lo mordÃ. Me excitó sobremanera el gemido de la mujer al sentir mis dientes en su pecho. Seguà lamiendo y mordiendo los senos alternadamente hasta que me cansé. Al incorporame vi que la mujer lloraba en silencio. Pensé que habÃa llegado demasiado lejos y le dije al marido que mejor ahi la paráramos, que ya no siguiéramos. Noté una gran furia en sus ojos y me dijo que no, que acabara y satisfaciera completamente a su mujer o que de ahi no salÃa; y empezó a blandir el látigo amenazante. El otro tipo me dijo que no fuera marica, que siguiera adelante. Los dos estaban tremendamente excitados con sus garrotes bien parados. Se me ocurrió decirles que como era un amo muy bueno, les permitirÃa cogerse a "mi esclava" durante un rato, pero que querÃa ver un espectáculo por delante y por detrás. Ellos se pusieron muy contentos y de inmediato el marido se colocó adelante de ella y el otro atrás. El marido sin miramientos le metió la verga hasta el fondo, dicho sea de paso, el también estaba bastante bien dotado. La mujer gimió, pues era claro que estaba seca; el otro tipo se colocó detrás de ella y metió un dedo en su culo como queriendo entrenarlo para lo que venÃa. Después de un ratito, sacó su dedo y metió con fuerza la verga, haciendo que la mujer intentara gritar y que le saltaran las lágrimas de los ojos. Los dos parecÃan lobos o perros hambrientos, se la cogieron durÃsimo y después de un ratito intercambiaron posiciones, pero esta vez, el tipo se tendió en el piso alfombrado e hicieron que ella se sentara en su verga con las piernas abiertas, penetrándola totalmente; una vez asÃ, la empinaron haci adelante y el marido le clavó la verga en el culo con gran fuerza. Me di cuenta que el gozaba muchÃsimo sodomizando y esclavizando a su mujer. Và que ella tuvo espasmos y supuse que estaba teniendo un gran orgasmo; se agitaba y gemÃa como loca; esto hizo que los hombres también explotaran y los dos se vinieron dentro de ella con espasmos muy pronunciados. se salieron de ella y quedaron tendidos los tres en el piso, como desmadejados. Me incorporé y de inmediato los tres se levantaron. Les pedà que le quitaran las esposas a la mujer y una vez que lo hicieron, solicité que los tres se sentaran en las sillas que habÃa en la habitación, dándome la espalda. Lo hicieron y entonces pedà al tipo que se levantara y que viniera conmigo. Le pedà unas cuerdas que habÃa en el baño y las trajo. Atamos al marido a la silla y le dije; mira cabrón quiero que veas como violamos a tu vieja contra tu voluntad; quiero que grites e implores como si no quisieras que esto pasara ¿ok?, el contestó que si y le dà un bofetón. Ordené a la mujer que para todo lo que le pidiera pusiera resistencia y le ordené que se desnudara, ella dijo que no y la abofeteé también le dije, te desnudas tu o lo hago yo; ella comenzó a gemir como suplicando; le quité la mordaza para que suplicara y comenzó a pedir que no, que no le hiciera nada por favor; ordené a mi compañero que amordazara al marido y asà lo hizo, no sin encontrar resistencia de parte de este. La mujer se desnudó y le puse de nuevo las esposas. Le dije, mira putita, en este momento mi amigo y yo te vamos a violar con saña y tu lo vas a disfrutar; ella intentó correr, pero la tomé de un pecho y lo estrujé entre mis manos. Ella gritó y me pidió que no le hiciéramos nada. La abrace por detras y ordené a mi compañero que le quitara la máscara. Ella se sacudió y el marido también, dijo que no, que eso no se valia, que no era justo, que tenÃamos un trato. Yo le dije que yo no hacÃa tratos y que se estuviera quieta o le iria peor. El tipo le quitó la máscara y vimos que tenÃa un hermoso rostro; unos ojos preciosos y unos labios que invitaban a ser besados. La tome del cabello y la obligue a hincarse. Le pedà que me volviera a mamar; ella intentó resistirse y ceró los labios, pero le tape la nariz y la obligue a abrir la boca; le meti la verga hasta la garganta y la obligue a chupar. vi que el otro tipo se acercaba al marido y le quitaba la mordaza; le pregunte por que lo hacia y no me respondió; apretó la nariz del marido con fuerza y le metio la verga también en la boca. Le dijo que si no chupaba, su esposa la pagarÃa; el marido con asco, comenzó a mamar. Detuve a la mujer y la levante de los cabellos, le dije que era una puta por andarse acostando con desonocidos y que le iba a dar su merecido y con una mano le aprete un pecho mientras con la otra le pellizque la panocha. Gritó y gimio y se retorció pero no detuve el castigo hasta despues de un buen rato. La solté y la avente en la cama; le puse como mordaza su propia tanga dentro de la boca para que no gritara; me coloque entre sus piernas y de un empujón le meti la verga hasta el fondo. Ella se retorcÃo y gimió e intento que se la sacara, pero comence a bombearla con fuerza; comenzó a llorar; volteé a ver al marido, que con un garrote adentro de la boca tambien lloraba, pero seguia chupando. Penetré y penetré a la mujer durante un buen rato y sentà que de repente se estremecÃa y me apretaba más. Estaba teniendo un orgasmo; después me salÃ. La coloque boca abajo en la orilla de la cama con las rodillas en el piso y la penetré en el culo con gran fuerza. Volvió a gemir, pero ya no se movió. Me la cogà un buen rato y vi como el otro tipo se venÃa en la cara del marido. Después de estarle metiendo la verga por un buen rato, senti que me venÃa, me salà y rapidamente volteé a la mujer, le saque el trapo de la boca y le meti la verga. Me vine en su boca; la obligue a tragarse todo mi semen. El tipo y yo nos vestimos; desaté a la mujer. Ella lloraba; le di el latigo y le dije que se desquitara con su marido; el tipo y yo nos fuimos cuando vimos que lo amordazaba y le propinaba el primer latigazo en los huevos "pobre cuate" pensé. Salimos de la habitación y casi corrimos al elevador; nos fuimos al sótano y salimos como entramos. Eran aproximadamente las seis de la mañana. Me fui a mi hotel a descansar y ese dÃa no fui a trabajar. No volvi a pasar por ahi, no se que habrá sido del tipo ni de la pareja. Solo quedo ese recuerdo
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