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« en: Junio 11, 2006, 08:37:40 » |
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Después de la experiencia que me hizo vivir mi novia con el encargado y el de seguridad de nuestro edificio, nuestra vida cambió rotundamente. Ella se mostraba avergonzada por haber llegado tan lejos ese dÃÂa y me reclamaba que no la hubiese parado a tiempo
Yo tenÃa un extraño sentimiento de culpa por haberla dejado que dos casi desconocidos le rompieran por primera vez ese culito tan hermoso, pero a su vez solo recordar esa escena me exitaba de tal forma que me hacÃa tremendas pajas imaginandola encamada con cada tipo que yo conocÃa.
Asà transcurrÃan nuestros dÃas aparentando entre nosotros que lo que habÃa pasado habÃa quedado en el olvido.
Marcela se vestÃa mas recatada y con pantalones amplios que casi no dejaban ver la fabulosa cola que tanto le gustaba mostrar, y habÃa vuelto a ser la mujer recatada de cuando la habÃa conocido.
Sexualmente todo pasaba sin ningún condimento extra, y ninguno de los dos nos confesabamos nuestras fantasÃas, pero estaba seguro que a ella le calentaba terriblemente recordar lo que habÃamos pasado. Y no me equivocaba.
Una mañana saliendo del edificio junto a ella nos cruzamos con Raulo, que como recordarán es el de seguridad, y luego de intercambiar un buenos dias la encara a Marcela:
- Señora, no sabe lo que extraño ver su precioso culito. ¿cuándo me lo va a volver a mostrar? - Nunca Raulo, le conteste yo. - ¿Lo que dice su marido es verdad? ¿no recuerda lo que le gustó cuando se lo abrimos en dos con Sergio?, continuó Ruben.
Marcela no decia palabra, pero se notaba que le calentaba lo que Ruben le decÃa.
- Le cuento que hay dos albañiles de la obra de enfrente que siempre que la ven salir se cruzan y me preguntan por usted y se la pasan elogiando su cola. ¿no tiene ganas que se la vean mas de cerca?, prosiguió el zorro de Ruben sabiendo que eso la ponÃa a mil.
Marcela se mordió el labio inferior para aguantarse la calentura que tenÃa y le contesto haciendose la ofendida:
- No, eso ya no me gusta más, no creyendo ni ella misma lo que decÃa.
Raulo largo una carcajada, por lo evidente de la mentira que habÃa sido la respuesta y continuó:
- Bueno si asi lo quiere, es una lástima, usted se lo pierde. Si cambia de idea la esperamos esta tarde en la cochera cuando regrese del gimnasio. - No gracias, contesto Marcela y nos retiramos hacia nuestros trabajos sin hacer ningún comentario de lo sucedido.
En mi oficina me imaginaba constantemente a mi novia agachada ante los dos albañiles exhibiendo su culito y eso me tuvo toda la tarde como un fuego. Hasta llegue a lamentar que ella no quisiera.
En mi regreso a casa me extrañó no encontrar a Raulo en la casilla de seguridad de la entrada por lo que le pregunté al reemplazante:
- ¿Qué le pasó a Raulo? - Nada señor, está ayudando a unos albañiles a hacer un trabajo en las cocheras, por eso lo estoy reemplazando. Acaba de bajar, asi que si necesita hablar con el lo puede alcanzar, me contestó.
No podÃa ser tanta coincidencia, en esto tenÃa que ver mi novia, asà que apuré el paso y baje las escaleras que dan a las cochera tratando de no hacer ruido. En el primer nivel no se escuchaba nada, asà que segui bajando hasta el último nivel que es el lugar donde no se guardan coches, sino las herramientas y maquinas para la mantención del edificio. Al escuchar un murmullo me acerque y ahà estaba Marcela apoyada de frente en una pared con la espalda un poco arqueada, sacando el culito para afuera, vestida con un top blanco y unas calzas azules de gimnasia. Frente a ella y sentados en el suelo estaban Raulo y no dos sino tres tipos de aproximadamente 50 años sin pantalones y con los miembros en la mano. Mi novia les movia el culo y cada tanto daba vuelta la cara y los miraba con una expresion de puta que los volvÃa locos, mientras Raulo le decÃa:
- Ya me parecÃa que no habÃa dejado de ser viciosa y que le sigue gustando mostrar ese culito roto. - Mire que dura se la está poniendo a los señores. Hagale un buen espectaculo que de premio la vamos a ensartar entre los cuatro. - No, dijo Marcela mirando seria a Raulo, habÃamos quedado que ninguno me puede tocar, solo pueden mirarme, o es asà o no continuamos. - Esta bien señora hagamos como usted quiera, le contesto Raulo. - Ya que solamente podemos mirar ¿que espera para mostrarnos la tanguita señora?, dijo uno de los albañiles. - Si bajese la calza y muestrenos esa bombachita de putita que usa, pidió Ruben.
Marcela metió los dedos en el costado de la calza y tiró hacia abajo muy despacio hasta dejarla a la altura de las rodillas y dejando al descubierto una tanguita rosa tan disminuta que dejaba ver el precioso culito que tiene. Se abrió un poco de piernas y se agachó dando una vista impresionante a los tipos que ya a esta altura estaban con sus miembros totalmente erectos. En eso Raulo se paro fue hasta donde estaba mi novia y le ayudo a sacarse las calzas y el top quedando solamente vestida con la tanga rosa y las zapatillas.
Mi novia le agradeció que la ayudara a desvestirse, pero le ordenó que volviera a su lugar.
Raulo asà lo hizo, se desnudó por completo y se sento al lado de los albañiles, que yá a esta altura se masturbaban freneticamente, mientras Marcela se ponÃa en cuatro con las piernas abiertas, con la tanguita un poco corrida y con un dedito dentro de la conchita.
Yo miraba todo con una calentura terrible y no podÃa creer que mi señora se animara a hacer tremendo espectaculo sin que yo estuviera presente para cuidarla si alguno se querÃa zarpar. Evidentemente por el dialogo caliente que se generó entre los cinco, Marcela ni habÃa pensado en ello.
- No les dije que la señora tiene un culito hermoso, dijo Raulo a los otros. - Cuentele a los señores como le comimos la colita hace unos dÃas, continuó. - ¿Asi que ya tuvo varias lenguas en su culito señora? preguntó uno se los albañiles. - ¿Le gustó que se lo comieran?, preguntó otro. - Me encanto que me lo chupara Raulo, contesto Marcela, que por el grado de calentura que tenÃa le salÃó la voz entrecortada. - Mire que es putita, pensar que su marido esta trabajando y usted toda desnudita abriendo el culo para cuatro tipos, dijo Raulo.
Cuando escuchó esto, Marcela dio vuelta la cara, los miro, se paso la lengua por los labios y les preguntó:
- ¿Quieren ver mi agujerito roto?, mientras el dedo que tenia en la conchita entraba y salÃa a un ritmo mayor.
No esperando la respuesta ya que sabÃa que iba a ser afirmativa, se corrio hacia un costado toda la tangua y dejo al aire su precioso hoyito.
- ¿Qué les parece? preguntó. - De aca no lo vemos muy bien, ¿podemos acercarnos sin que usted se enoje?, preguntó el tipo que hasta ahora no habÃa dicho palabra. - Bueno, está bien, acerquense un poco, pero solo un poco.
Todos se pararon, se terminaron de desnudar y fueron a donde estaba mi señora que, por la forma que los miraba y gemia demostraba que habÃa perdido totalmente el control de la situacÃón. Cosa que aprovecharon Raulo y los tres tipos, acercandose a centimetros y sentandose en semicÃrculo alrededor del culo de mi novia.
- ¿Señora, no se meterÃa un dedito en ese agujerito para nosotros?, preguntó uno.
Cuando Marcela acercaba el dedo al culo, el tipo le detuvo la mano y le dijo:
- Espere señora, deje que antes se lo lubrique un poquito asi le entra mas fácil, e inmediatamente acercó la boca al hoyo y le metió la lengua de tal forma que mi novia por el gemido que pegó se notó que lo disfrutó terriblemente. Al darse cuenta los otros que Marcela se retorcÃa de placer, comenzaron a meterle manos por todos lados. Mientras le tocaban las tetas, la conchita y le metÃan dedos en la boca le decian: - ¿Está que explota de la calentura?, eh señora. - ¿Le gusta las cuatro pijas que se va a comer? - Le vamos a destrozar ese culito hermoso que tiene, le decian mientras se turnaban para pasar la lengua por el culo de mi novia.
En un momento Raulo se paro y le ordenó: - Metase esta pija que tanto le gusta en la boca, a lo que Marcela obedeció enseguida, chupandosela desesperadamente.
Ruben le gritaba: - Pongala bien dura señora asà le gusta mas cuando la tenga en su culo, y seguÃa - ¿No tiene ganas que la empecemos a ensartar?.
Marcela solo gemia y asentÃa con la cabeza, a lo que el tipo que estaba comiendole la cola se levantó apoyó su tremenda verga en la entrada y de una embestida se la ensartó hasta el fondo. Mi novia gritaba y se retorcÃa, se sacaba una pija de la boca y se metÃa otra, una y otra vez, estaba como poseida. Se pasaban el culo, salia uno y se lo entregaba a otro tipo y éste después de unas cuantas sacudidas, le dejaba lugar a otro, le chupaban la espalda, los pies, le sacaban la verga de la boca y la besaban metiendole la lengua hasta la garganta. Mientras tanto yo no podia creer ver a mi novia tan rubiecita, tan joven, con esa piel tan suavecita y dejandose dar por tres albañiles morochos y de 50 años y dejandose meter las ma
nos sucias de cemento en cada centimetro de su cuerpo, y lo peor de todo que se veÃa que lo disfrutaba tremendamente.
De repente Raulo se separó de mi novia y les ordernó a los otros que también lo hicieran. Les indicó que se fueran a sentar, el fue con ellos y mientras tanto Marcela desconcertada lo miraba y aprovechaba para descansar las rodillas acostandose boca abajo.
- Ahora quiero que se de vuelta y se masturbe mirando estas cuatro pijas, le ordenó Ruben. - Ella se dio vuelta, apoyo la espalda en la pared, se metió dos dedos en la conchita y con la otra se tocaba los pechos. - ¿Está necesitada de estas cuatro pijas grandes no?, dijo un tipo.
Marcela los miraba con cara de putita y les sacaba la lengua.
- Mirelas bien, asi puede pejearse recordandolas cuando este sola o con el cornudo de su marido, dijo el otro albañil. - Quiero que nos pida que le llenemos de leche todos sus agujeros a la vez, continuó Ruben. - Si, por favor rompanme toda, suplicó Marcela. - ¿Me promete que cuando yo quiera compartir ese precioso culito con otros amigos nunca se va a negar? preguntó Ruben. - Si se lo prometo, pero por favor cojanme ya. - Venga y sientese en mi verga, ordeno Ruben.
A lo que mi novia lo hizo inmediatamente ensartandose la verga en la conchita y quedando de frente con Ruben, a lo que éste aprovecho y le encajó un terrible beso de lengua. Marcela se amacaba desesperada. De pronto dos albañiles se pararon y le pusieron las pijas a la altura de la cara, las que mi señora chupaba un rato a cada una. Y como era de esperar el tercer albañil se dirigió directo a su culito y la penetró hasta el fondo. Todo era un concierto de gemidos, les estaban dando por todos lados y mi novia cabalgaba con ganas. Estuvieron asi un rato hasta que comenzaron a rociarla de semen; primero le llenaron la boca, despues el culo y por último Ruben le inundó la conchita.
Todos tomaron su ropa y se retiraron dejando a Marcela acostada en el suelo con semen chorreando de todos los agujeros. Yo a esa altura ya habÃa tenido dos orgasmos, asi que en silencio me dirigà a mi departamento para esperar a mi novia a ver si me contaba lo sucedido.
En el proximo relato les contaré como siguió esto.
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