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« en: Junio 07, 2006, 11:58:33 » |
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Metia y sacaba mi lengua, ella solo sentia placer
Hace un tiempo que vivo en un edificio de apartamentos y por ello en él tengo varios vecinos. Con algunos de ellos me llevo mejor que con otros, pero en general no tengo problemas con ninguno. Esta historia se inicia cuando se mudaron al edificio en donde yo vivÃa una señora (Soledad) con su hija (Lucresia) .La señora tendrÃa entre 35 y 40 años y su hija era una adolescente de entre 16 y 17 años. Ambas eran muy bonitas y la madre tenÃa un estupendo cuerpo, el que habÃa heredado su hija pues a pesar de su edad estaba totalmente desarrollada aunque era un poco más baja que su madre la que medÃa aproximadamente 1,70 m. Además resaltaban sus bellas formas vistiendo provocativamente. Yo cada vez que me las encontraba trataba de caerles simpático y siempre halagaba su elegancia o su belleza cosa que a ellas les agradaba pues siempre me lo agradecÃan sonrientes, y cada vez que las veÃa también me extasiaba mirándolas tan lindas eran, y sobre todo a la hija que con ese cuerpo y con esa carita entre inocente y pÃcara me encantaba. No tardé mucho tiempo en hacerme amigo de las nuevas vecinas por lo que empecé a visitarlas a menudo y siempre ellas me atendÃan amablemente. Un dÃa fui a su apartamento con cualquier excusa las que inventaba para poder verlas o estar con ellas y me abre la madre diciéndome que está sola y si la podÃa esperar a que se diera una ducha. Yo por supuesto le dije que la esperaba, en tanto trataba de buscar un lugar de donde pudiera espiarla mientras se bañaba pues, hacÃa tiempo que soñaba con verlas desnudas. Yo esperé a que se dirigiera al baño y luego de unos minutos me acerqué a la puerta del mismo. No esperaba tener tanta suerte, pero la tuve, al intentar abrir la puerta pues ésta no tenÃa puesto el seguro por lo que la pude abrir sin dificultad y manteniéndola entornada podrÃa observar sin ser visto. Poder ver a esa mujer divina desnuda era demasiado lindo por lo que yo en mis ansias de verla más de cerca abrà la puerta completamente y ella me descubrió pero sin sorprenderse en lo más mÃnimo, porque ya se habÃa dado cuenta que la espiaba, me dijo – Ya que estás acá puedes ayudarme a enjabonarme la espalda – Yo casi no podÃa creerlo y me acerqué a ella y tomando el jabón que me ofrecÃa empecé a hacer lo que me pedÃa acariciando ese cuerpo con el que habÃa soñado tantas veces. Apenas toqué su cuerpo mi polla se empezó a levantar y más aún cuando me dijo que siguiera más abajo y pude acariciar las bien pronunciadas nalgas de su culo y sus piernas perfectamente torneadas. Después me sugirió que la ayudara a secarse y se cubrió con una toalla por sobre la cual pude recorrer con mis manos todo su cuerpo. A esa altura mi polla estaba a punto de explotar. Ella dirigió la vista a mi entrepierna y notó lo que me pasaba pues el bulto que tenÃa era imposible disimularlo por lo que dijo – Se ve que estás muy excitado, vamos a tener que hacer algo para calmarte – Dicho esto se sentó frente a mà quitándome los pantalones. y luego al quitarme el slip mi polla saltó hacia delante como una catapulta. Soledad primero me la acarició suavemente con sus manos y luego la besó y abriendo la boca se la metió toda adentro empezando a chuparla. Lo hacÃa tan bien que me encantaba y era tanta mi excitación que no tardé mucho tiempo en descargar toda la leche acumulada la que ella tragó con deleite diciendo – Que rica leche. Lástima que no pueda quedarme pues tengo un compromiso al que no puedo faltar, pero después hablamos – Entonces se vistió marchándose. Durante unos dÃas no las vi pero al final me las encontré al volver de unos trámites que debÃa realizar. Ambas estaban preciosas pero sobre todo Lucresia quien vestÃa una minifalda muy corta que dejaban a la vista sus muslos y una blusa semitransparente que dejaba poco margen a la imaginación. Yo la miraba embobado y tanto ella como su madre se dieron cuenta de ello aunque traté de disimularlo. Pues a pesar de tener un cuerpo un poco más pequeño que el de su madre su frescura y su juventud la hacÃan ver aún más linda. DÃas después al encontrarme con Soledad ella me dijo – Por lo visto Lucresia te gusta mucho – A lo que respondà que sà - por supuesto. Entonces me propuso – Yo te la entregarÃa, pues ti también le resultas agradable, pero antes tendrÃa que hacerte una prueba porque serÃa una lástima que después de estar con vos no quede satisfecha, aunque por lo que vi el otro dÃa no creo que pase pues tienes una polla preciosa – Yo no supe que responder por lo que prosiguió - Mañana puedes venir a la tarde en que ella no está a hacer la prueba - Yo acepté entonces ella se despidió quedando de vernos al dÃa siguiente. Entonces al otro dÃa llegué a la hora convenida. Soledad se habÃa vestido más provocativamente que nunca. TenÃa puesta una bata transparente y debajo de la misma solo llevaba la ropa interior. Ésta era un conjunto de bragas y soutien rojos. Además tenÃa un liguero y medias de seda haciendo juego. Realmente estaba muy linda como se lo dije a lo que se sonrió y tomándome de a mano me llevó a su habitación. Apenas entramos en ella Soledad se desnudó quedándose solo con las medias y yo la imité quitándome toda la ropa. Nos acostamos en la cama y nos empezamos a besar apasionadamente. Después de un ratito yo me dediqué a chupar sus senos como si fuera un bebé y ella me pedÃa - Sà chupame las tetas, mi amor – Yo hice lo que me pedÃa y luego fui bajando la cabeza hasta llegar a su vagina la que recorrà con mi lengua y al encontrar su clÃtoris lo besé y chupé haciéndola llegar al orgasmo. Después hicimos un 69 y ella me chupó la polla pero no me dejó acabar pidiéndome – Metémela toda adentro, no me hagas esperar – Yo de un solo embiste se la clavé hasta el fondo y empecé un mete y saca frenético en tanto ella gemÃa de placer hasta que ambos nos corrimos y yo le llené la concha de leche. Gracias a sus manos y su lengua expertas no tardé en tener la polla nuevamente a tono entonces acostándome boca arriba ella se sentó sobre mà y le fui metiendo mi polla en su culo, empezando a meterla lentamente pero se ve que ya estaba acostumbrada a follar por atrás pues mi polla entró hasta el fondo sin ninguna dificultad. Soledad subÃa y bajaba cada vez más rápido hasta que nos corrimos y se la dejé adentro hasta que mi polla fue perdiendo su dureza. Nos besamos nuevamente y nos quedamos acostados descansando. Entonces Soledad me dijo – Pasaste la prueba por lo tanto te voy a entregar a mi niña, pero como es virgen trátala con delicadeza pues aún no tiene experiencia – Dicho lo cual Soledad y yo quedamos que vendrÃa al dÃa siguiente después de que llegara Lucresia de sus clases en el liceo. A continuación agregó – Yo me voy a ir, asà están más cómodos, pero no te preocupes por ella que va a estar preparada – Me saludó y me retiré hasta el otro dÃa. El viernes, que era el dÃa siguiente, llegué antes de lo acordado, tantos eran los deseos de tener a Lucresia entre mis brazos. Cuando llegué, ella aún se estaba por cambiar, pero igual estaba preciosa con su camisa liceal desprendida que dejaban ver el comienzo de sus senos y la minifalda del uniforme que dejaba al descubierto sus piernas. Soledad al poco tiempo de que llegué se despidió de nosotros deseándonos que la pasáramos bien marchándose alegremente. Cuando Soledad se fue Lucresia y yo pasamos a su habitación. Después que entramos en ella la tomé entre mis brazos y la besé en los labios, besos a los que ella correspondió y nuestras lenguas se juntaron. Luego de besarnos la fui desnudando quitándole la camisa y la falda y después su ropa interior hasta quedar completamente desnuda y yo la miraba extasiado al ver ese cuerpo tan lindo y pensando en que yo serÃa el primero en poseerlo. También me desnudé y acercándome a ella la empecé a acariciar por todo su cuerpo y estaba encantado de acariciar esa piel tan suave y fresca, luego me detuve en su concha y tomando sus manos las llevé a mi polla, la que ya estaba empinada y ella la tomó sin oponer resistencia recorriéndola con sus manos. Entonces la hice sentar en la cama y le puse la punta de mi polla en sus labios, ella comprendió enseguida lo que yo deseaba y abriendo la boca se la metió chupándola suavemente y a pesar de su inexperiencia lo hacÃa muy bien, tan es asà que pronto me corrà y Lucresia como una buena niña se tomó toda la leche sin desperdiciar una gota. Después de esto la acosté en la cama y con mis manos y mi lengua nuevamente recorrà todo su cuerpo hasta llegar a su conchita la que lamà hasta que ella empezó a gemir. Luego me puse sobre ella y comencé a penetrarla, de pronto mi polla chocó contra su himen. Yo la miré a los ojos como preguntándole si querÃa que siguiera y ella asintió por lo que se la metà toda adentro. Ella sintió el embate porque se irguió con un pequeño grito, yo la besé y nuevamente nuestras lenguas se unieron. Se la metÃa y sacaba suave y lentamente. Al poco tiempo noté que lo estaba disfrutando por lo que aceleré el ritmo corriéndome en su cuerpo. Ella también llegó al orgasmo pues se veÃa en su cara que lo habÃa gozado. Descansamos un ratito pero yo no querÃa dejarla hasta estrenar su culito virgen. Por lo que en cuanto me repuse la puse en cuatro patas y le di un beso negro ensalivando todo su culo. Luego le empecé a meter mis dedos en él para que se la dilatara. Hecho esto le metà mi polla un poquito en su culo, la dejaba un ratito para que se acostumbrara y luego se la sacaba para volver a metérsela y cada vez se la metÃa un poco más. A Lucresia le dolÃa pero también deseaba sentir toda mi polla adentro por lo que se abrÃa lo más que podÃa para facilitarme la metida. Asà poco a poco logré metérsela toda dejándosela adentro hasta que se acostumbrara. A ella se le llenaron los ojos de lágrimas pero poco a poco las lágrimas de dolor dieron lugar al placer, yo entonces empecé un mete y saca y nuevamente llené su cuerpo de leche. Después descansamos y luego de muchos besos y caricias nos despedimos. Por supuesto que después de ese dÃa seguà follando con Lucresia
siempre que podÃa la que en poco tiempo se convirtió en una experta. Algunas veces también lo hacÃa con Soledad pues a ellas no les importaba que asà lo hiciera, y a mà menos, además yo podÃa satisfacer a las dos. Y como dicen en mi paÃs mientras el cuerpo aguante...
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