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Autor Tema: Perro el perro entra por la puerta  (Leído 418 veces)
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« en: Junio 07, 2006, 07:48:06 »

El perro entra por la puerta a la vez que el Ama se acerca. Las ordenes son claras, nunca entrar sin llamar, siempre hay que llamar primero y suplicar la entrada, esta vez un "adelante" desde dentro le ha llevado a abrir esa puerta, tras la que todo cambia, en la que se encuentra su verdadera realidad. Una vez cerrada la puerta, y sin más preambulos, conociendo exactamente cuál es su lugar el esclavo se arrodilla primero, con la mirada baja y se coloca a cuatro patas y deposita un beso justo en la punta de cada una de las botas del Ama que se ha situado frente a él.
El perro se desnuda allí mismo, en el pasillo, junto a la puerta de entrada, ya lo suficientemente lejos de miradas ajenas a pesar de estar sólo a medio metro de esa realidad que le es tan ajena y que le obliga a tratar al Ama como a una persona más. El perro deposita su ropa a un lado, a los pies del Ama, coloca sus bienes materiales: su cartera, su telefono movil, sus llaves ordenadamente en el suelo a sus pies, después se tiende en el suelo bocabajo asumiendo una postura en forma de cruz. El perro espera sobre el frio suelo, pudiendo ver unicamente la punta de las botas del Ama, atento, a cualquier signo, cualquier señal que le indique los deseos del Ama para poderlos cumplir con la mayor presteza posible; no son necesarias las palabras, el Ama se pone en movimiento haciendo resonar sus tacones sobre el piso, el perro inmediatamente se coloca a cuatro patas y la sigue. Su cabeza a la altura de la rodilla derecha del Ama, siguiendo exactamente el paso, sin adelantarse ni retrasarse, adaptando su paso al de Ella, la mirada fija en el suelo sin alcanzar a ver, nunca, so pena de represalias, más allá de la altura de sus rodillas. El Ama transita por diversas estancias, cambiando de paso, de velocidad y disfrutando del entrenamiento de su perro, que la sigue a todas partes sin separarse de la posición establecida y sorteando todos los obstáculos que le salen a su paso. Esta pericia no es casual sino fruto de un duro entrenamiento al que el Ama le ha sometido para llegar a esta habilidad. Al principio fue un entrenamiento dedicado a las rodillas, para hacerlas más resistentes. El perro recuerda como el primer día, ya lejano, como el Ama, de manera casi amable le colocó una especie de bocado, como el que se usa para los caballos, del que salía una brida larga y le hizó trotar a cuatro patas durante largo rato a su alrededor, haciendo círculos, animado por el tacto de una larga fusta que el Ama utilizaba con su mano derecha, mientras que con la izquierda sostenía las riendas. El entrenamiento se fue incrementando día a día, primero fue asumir la postura exacta y aprender a mantenerla, más tarde la duración fue siendo cada día un poco mayor, después vinieron las velocidades, con periodos de largos trotes o sesiones de amplia duración a paso lento. El arroz y otros elementos se utIIzaron para conseguir una mayor resistencia en las rodillas. Más tarde, simpre con una fusta como adecuado soporte a su educación, el esclavo aprendería a marcar los diferentes pasos y a responder a los silbidos del Ama, igual que aprendería a seguir todas estas instrucciones privado de la vista. El Ama llega a una estancia grande y una vez en el centro da un ligerísimo taconazo que el perro interpreta al instante, es, justo allí, donde se coloca de rodillas, sus brazos a la espalda, rodillas juntas y mirada en el suelo a la espera de los deseos del Ama. El perro ha aprendido que toda su vida depende de los deseos, de los intereses, de los caprichos del Ama, sabe que, como detentadora de un poder bsoluto frente a él no es posible aplicar ninguna lógica a la situación ni esperar ningún equilibrio de la relación (sino fuera pretencioso denominarla así) que les une. El perro ha aprendido a adorar cada acción del Ama, a no valorarla y admitirla inmediatamente, sin discusión, como la más adecuada posible, como la correcta. Conforme el tiempo pasa el perro necesita urgentemente ir al baño, trata de aguantar lo máximo posible para no importunar al Ama con sus menudencias que lejos de su radio de visión ha comenzado a realizar alguna actividad completamente ajena a la percepción y al conocimiento del perro que, inmovil, continua en el sitio donde dio el taconazo el Ama hace ya un rato. El perro postra su frente en el suelo como solicitud de permiso para hablar, tras unos instantes se oye un "sIII?", "este perro necesitaría, si el Ama tuviera a bien concederselo, ir al baño", la respuesta es inmediata: "adelante". El perro, a cuatro patas se dirige al baño y conoce exactamente cual será su posición para orinar: a cuatro patas, como está y como corresponde a un perro, sólo utilizará la mano para levantar la tapa del baño. Nadie le ha autorizado a levantarse ni a utilizar las manos. Hace ya tiempo que el perro no tiene ningún derecho, más allá de los que puntualmente el Ama le otorga, el perro a aprendido a suplicar para cada acto que debe de realizar y a comportarse, en cada momento como el Ama desea que lo haga. Al regresar, exactamente a su sitio, así es como se lo han enseñado y como le han instruido hasta convertir sus actos en puramente naturales, en sus propios deseos, más que en cumplimiento de ordenes el perro observa que junto a los pies del Ama se puede ver la punta de su fusta, el perro no tiene ningún castigo pendiente, pero sabe que el Ama le puede utilizar cuando y como desee. El Ama suele tratarle de manera estricta para que el perro no olvide quien es, para limar sus siempre existentes deficiencias y para mantenerle dócil y obediente. El Ama se acerca al perro y tras acarizarle la mejilla le coloca una capucha completa en el rostro, esto le priva tanto de la vista, del oido y de su capacidad de habla, después le ata brazos y piernas.
Ahora el esclavo no es nada, no ve, no huele, no oye, no puede hablar, apenas moverse, su única relación con el mundo exterior es el Ama. El Ama se comunica con el perro a través de la fusta, a través de ella el perro puede conocer cual es el estado de ánimo del Ama. Los fustazos espaciados y suaves suponen que el Ama está de buen humor y que disfruta de tener el perro a sus pies, a su disposición. Los fustazos duros y espaciados significan que el Ama le está castigando por algo. Los fustazos rápidos y duros quieren decir que el Ama se esta descargando de algo que la preocupa o la molesta. Los fustazos rapidos y suaves suelen significar que el Ama desea jugar con el perro. Los fustazos del Ama son como el cordón umbilical que une al perro al mundo y como tal los agradece
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