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« en: Junio 07, 2006, 11:59:19 » |
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Era una noche teñida de un negro inusitado. Tan oscuro y opaco que él no veÃÂa nada.
Deambulaba por las calles intentando encontrar el camino hacia su casa cuando las farolas se apagaron de golpe, sumiendo por completo a la ciudad en la penumbra. Si es que por no haber luz no habÃa ni luna en el cielo. Era todo oscuro de verdad. Negro. Nuestro protagonista se paró en seco, acojonado por el súbito y tétricamente acontecimiento preparado por los guionistas de la historia para intentar producir intriga y desasosiego en el lector. ¡Asústate un poco aunque sea, por favor! No sabÃa qué hacer. Tanteando, llegó hasta una pared y se pegó a ella. Se le pasó el miedo y sacó su pistola de la chaqueta. Pensó: 'Me cago en todo, ahora que me quiero ir a mi casa y va y me pierdo en medio de la noche. Cagondios...' Se sentó en lo que él creÃa que era un portal y repasó todo lo que habÃa acontecido durante aquella noche: Su cabeza siguió en silencio. No conseguÃa recordar qué habÃa pasad en las últimas horas. Empezó por el principio:
''Esa tarde habÃa salido de casa después de que se le terminase el gramo y habÃa decidido ir a sacarle el dinero al moroso de su cuñado.NecesitarÃa la pipa. Pero no respondÃa a la puerta. Se pasó llamando media hora y cuando ya estuvo hasta los cojones intentoó echar la puerta abajo. Desgraciadamente la puerta se le resistió y decidió esperarlo escondido. El portal de enfrente le servirÃa de escondrijo. Apoyado contra la pared las horas se le estaban haciendo muy lentas y cuando empezaba a anochecer decidió amenizarse el rato con un porrete sin darse cuenta de que unos ojos le miraban. 'Oh, ahà está, ahà está, con su chaqueta de pana al viento, y su caminar, seguro y lento, sÃ, ése que me ha hecho enamorar'. Estas palabras decÃa Elvira, eterna enamorada de Gotix, el cual, una noche de porros y caballo, encima de un coche la poseyó. Fue esa rápida penetración, esos besos pasionales, ese impetuoso chupetón, que le arrancó el alma de sopetón. Mujer fatal habÃa sido, a muchos hombres se la habÃa comido, y a otros muchos les pajeó, pero es que Gotix follaba tan bien, que de su rabo ella se enamoró. Estaba ella en su piso, ése al que Gotix entrar quiso, pero no habÃa abierto, pues el rechazo temÃa, sabiendo que él a ella no la querÃa y conocedora de que a por drogas venÃa. Aquel chauen no era chauen, pero de no haber sido capaz de notarlo en algún momento, seguro que no era bajo los efectos de eso. La única farola de la calle se habÃa teñido de rojo, los extremos de la calle se alzaban hacia el cielo, donde se encontraba un agujero. Al fÃn llegó un hombre volando al cual apenas supo reconocer. Sus lúgubres rasgos apenas dejaban intuir las facciones tan conococidas para él. Aquel era su cuñado y, saliendo de su escondite, se le encaró sacando la pistola. Inmediatamente, el otro hombre empezó a correr, y él también. Una calle tras otra iban pasando a sus ojos, fijos en el moroso, cuando de repente su cuñado se giró descubriendo otra pistola. Sin tiempo para decidir, disparó.
Miró a su alrededor. Estaba de nuevo en frente de la casa de su cuñado. Parpadeó varias veces y se cagó otras tantas en el chauen que le habÃan pasado, pues por el olor ya creÃa que estaba fermentado y sÃ, realmente lo estaba. Otro al que tendrÃa que apiolar después de extorsionar a su cuñado. Siguió esperando...
'MÃralo, mÃralo, ¡baja y dile algo! ¡confiésale tu amor! bájate las bragas, y fóllatelo sin condón'. Elvira estaba bañada en un mar de dudas. ¿No abrir y dar la callada, o bajar y pegar la follada? Indecisión procedente de una alicaÃda mujer ardiente, ¿cómo cambia a uno tanto ese sentimiento de nombre amor? ¿cómo he cambiado por una mirada suya, toda una noche de hardcore? Con estos pensamientos habrÃa seguido si Gotix la puerta no hubiese abatido.
Estaba ya hasta los cojones de esperar. Prefirió entrar en la casa y hacerse un par de rayas a expensas de su cuñado, y eso hizo. Estaba abriendo la puerta del armario 'medicinal' cuando Elvira entró en la habitación.
Oh, don Gotix fuente de mi vida, que me da alimento a cada lamida. No me ignores, sino me folles.
Prolongado su mono por la intromisión, desquiciada su mente por el colocón, deslumbrado por la blanca luz de tal coñón, sacó su daga... y se la clavó. Los dos cuerpos retozaban en el suelo. Y, en la oscuridad, dento del vientre de Elvira, se formó una luminosa herida.
Después de aquelló, tornóse todo en un mar de acontecimientos muy rápidos. El cerrarse de una puerta, unos pasos acelerados, alguien llamando a Elviral, una sombra entrando en la habitación de Elvira, mientras ésta se la comÃa con devoción a Gotix...
-' Hijo puta, te estás follando a mi hermana! Te voy a...'
No habÃa acabado el cuñado de decir estas palabras cuando Gotix (aún con su polla en la boca de Elvira) sacó su pistola y vació el cargador sobre Diego, el cual dejó todo perdido de sangre.
A mi hermano ha matado, es un ser vil y descarnado, ¿qué hago yo con su polla en mi boca? ¿por qué no hago más que chupar como una loca? Párate, párate, párate. ¿Y ahora él me sujeta la cabeza? ¿mata a una persona y se queda de una pieza? Dios mÃo, perdóname, pero es que está muy bueno...
Descarga de tensión y perdida de ilusión, de un empujón la tiró contra el pilón y, tras asaltar el armario, cargada su mochila, la dejó insatisfecha y herida de amor. Apresurado por el mono, tiró a su boca todo lo que con una mano pudo abarcar. Mientras sus pupilas se dilataban y contraÃan a ritmo alarmante, esbozó una sonrisa. Cayó al suelo rodando y con espasmos que le hacÃan sobrevolar el suelo a unos 2 metros en cada salto, y de su boca emanaba una ingente cantidad de saliva, cuyo blanco color se tiñó de sangre.
Se levantó y salió de la casa.''
Se le estaba helando el culo de tanto estar sentado. Al ponerse de pie, miró hacia el lugar donde habÃa estado sentado hacÃa unos minutos. ¡Era un ataúd! Sus facciones estaban relajadas. Sus ojos distantes.
-''Pues bueno... Au a ver dónde coño hay tÃas pa follar.'' De repente vio una luz a lo lejos. TenÃa forma de mujer...y flotando la persiguió. A cada paso, él se acercaba y ella le esperaba, pero no la alcanzaba. Se inició una persecución que a páramos irreales les llevó. Cada suspiro que la imagen exhalaba le parecÃa una provocación y cada mirada hacia atrás le condenaba y le impulsaba convenciéndose cada vez más de que esa era su misión: follarse a esa mujer aunque fuese lo último que hiciese. Cada vez se alejaban más de la ciudad, pero a Gotix lo único que le importaba en aquellos momentos era la impresionante y presionante erección de caballo que le martirizaba la entrepierna. Aquella luz que a su ver tenÃa forma de mujer le embebÃa de tal forma que no se daba cuenta de que acababan de llegar al cementerio de la ciudad.
Ella era feliz. Su amor la perseguÃa y le llevaba por donde ella querÃa. La realidad se evadÃa dejando sitio a su lujuria y buscando un camastro le llevaba a donde yacÃa.
Los muertos danzaban y con sus macabras orgÃas contribuÃan incrementando el polvo en el aire. Don Gotix no aguantó más y se lanzó contra su nuevo entretenimiento. Y tanta prisa tenÃa que ni se molestó en darle la vuelta. Le levantó la parte de atrás de la falda y se la metió. Sus huevos se extasiaron.100 Aleluyas sonaron en sus oÃdos y las piernas le flaquearon. Pero algo habÃa sido diferente en este polvete. Siempre habÃa estado acostumbrado a coños blanditos y mojados, pero éste...¡éste era muy duro y tenÃa el agujero muy grande! Miró hacia donde tenÃa metida su polla. Era una pelvis. ¡¡¡¡SE ESTABA FOLLANDO A UN ESQUELETO!!!! Se cagó en todo pero repitió.
¡Oh, Dios mÃo! Mi amado me ha poseÃdo. Afortunada he sido, aunque esto después de mi muerte haya ocurrido. Ven, amado mÃo, yace aquà conmigo, hasta la eternidad. Nuestros lazos son inseparables ya. Ven y fóllame, don Gotix...
Gotix estaba follándose otra vez al esqueleto cuando de pronto vio pasar una comitiva por el cementerio. Se cansó de darle al asunto y hacia allá se dirigió para ver quién era el muerto, mientras se subÃa los pantalones, andando como un pingüino al principio para recuperar luego su habitual gallardÃa. Se plantó delante de la comitiva y preguntó a un tipo:
-''Eh, tú, ¿a quién coño estáis enterrando? '' -'' Estamos enterrando a don Gotix de Montiaver, que falleció hace unas horas después de asesinar a un tal don Diego. En esa misma escena del crimen habÃa una mujer también muerta, dicen los médicos que no se sabe por qué, simplemente se le paró el corazón... Su muerte es un misterio.'' -''¿De qué ha muerto ese Montiaver?'' -'' De sobredosis...'' -'' A ver, hijo del mal, ¿no ves que yo soy Montiaver(rima y juega feliz)?'' -Perdoneme. No le conozco a usted, al igual que no conocÃa a Don Gotix. Ahora si me permite.-Y le empujó bruscamente. Don Gotix se sintió ofendido y sacó su pistola. Pero en el momento en que iba a disparar, la blanca figura volvió a aparecer y él, con su enorme ego y corta memoria, volvió a perseguirla impetuosamente. El espectro se dirigÃa de nuevo hacÃa el cementerio. Pasaron el pórtico, se introdujeron en un panteón y justo en el momento en el que Don Gotix se avalanzaba sobre la visión, ella se giró vestida repentinamente de novia y con una voz de ultratumba le exigió pasar por la vicarÃa antes de volver a follar. Don Gotix, aturdido por la sorpresa y perturbada su mente por el deseo, aceptó sin dilación. El ataúd central se abrió con un trueno y de entre una nube de ceniza se vislumbró un abad. Un padre nuestro inundó sus oÃdos, pero él, blasfemo por naturaleza, pronunció su propia versión: Puto capullo que me atas al suelo, mil veces maldito sea tu nombre...
Sintiéndose ofendido el abad, pero forzado por la blanca figura, interrumpió la oración y promulgó los votos. La figura aceptó y Don Gotix jadeó un sà quiero que no escondÃa su lujuria. Nada más pronunciar el abad las palabras ''puede besar a la novia'', Don Gotix se lanzó sobre ella y mil veces se la folló. Pero no vio que una nube de espectros se le venÃa encima, susurrando su nombre y ordenándole ir con ellos, mientras les lanzaban tierra encima, sepultándolos para siempre en su tumba. Gotix sólo hacÃa que follar y follar, hasta que Elvira (que era la blanca figura, para el que vaya un poco retrasadito en la historia) le dijo entre gemidos:
Gotix, huye de aquÃ, sálvate mientras puedas, sal de aquà por peteneras, no pienses sólo en follar. Su ira tú no puedes aplacar, su fuerza no se puede igualar, vamos, huye, y sácamela ya. Estás muerto, Gotix, y con los muertos te llevan, intenta revivir, intenta como Cristo del sepulcro salir.
Gotix se paró en seco. Por primera vez en su vida, intentó ser racional. Pero una vida entera de prepotencia, blasfemia y sobre todo de haber conseguido siempre lo que se habÃa propuesto, le habÃa dado una visión erronea de la vida y a lo único que llegó es que a él no le salÃa de los huevos irse. Que para algo él era Don Gotix
y que ni siquiera Dios le echarÃa de allà si él no querÃa. Volvió a penetrarla y a balancearse. Estaba a punto de correrse... pero derrepente se produjo un terremoto. A sus pies, el suelo comenzó a resquebrajarse y para su asombro, una mano negra apareció del suelo, y, sin siquiera dejarle tiempo para arrepentirse, le condenó eternamente, lo agarró y lo arrastró al infierno.
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