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Autor Tema: Edilma, la del servicio (II)  (Leído 535 veces)
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« en: Junio 06, 2006, 09:13:30 »

lucían indescriptiblemente suaves y tersos.
El paciente tuvo una crisis tan fuerte que, tomándose el cráneo con ambas ma
Anteriormente les conté la historia de la primera vez que lo hice con edilma y que fue de locura, pues la chica es realmente de lo más caliente que se puedan imaginar y aparte de perversa, es viciosa de sexo.


Recuerdo un domingo que luego de nuestra primera aventura yo estaba descansando y leyendo el periódico en mi sofá reclinable, mi esposa se había ido al mercado sola por no despertarme ya que el domingo es el único día que puedo descansar y los niños estaban donde mi suegra desde temprano, así que me levanté desayuné y me puse a leer el periódico pensando que estaba solo, cuando escuché que abrieron la puerta y era Edilma que venía del supermercado cercano con unas compras.
- Buenos días! me dijo con sonrisa picara.
- Hola Buenos días! le dije - Pensé que me habían dejado solito.
- No se preocupe que yo lo voy a cuidar mientras viene su esposa.
Y como yo solo estaba en la bata de baño la desabrochó y con la mano tomó mi verga que comenzaba a crecer inconteniblemente.
- Huy! como está creciendo! dijo Edilma con esa su sonrisa perversa y enseñándome su lengüita rosada.
Y le la metió en la boca comenzando a chupármela con suavidad y deleite, mientras yo botaba mi periódico al suelo y la tomaba por la cabeza.
Que deleite era sentir esa mamada, me pasaba la lengua por el glande y luego se la metía hasta el fondo de su garganta y comenzaba a tragar y tragar ante lo cual yo sentía que me era a mí a quien tragaba completo, luego suavemente la sacaba de su boca, la apretaba con su mano, y con su lengua recorría todo el tronco y la cabeza que pulsaba como un gran corazón rojo de placer.
-Mmmmm que rico Leño tiene Ud. doctor!, me decía y volvía a la carga.
- ¿Te gusta mamacita? - Si!, me encanta chupársela!Y siguió así por un buen rato más, hasta que yo sentí que ya no podía más, ella al verlo comenzó a pajearme rápidamente poniendo mi verga entre su lengua y apuntando a su boca y me dijo...
- ¡Venite papito! ¡¡Dámela toda!! - ¡Tomaaa puttaaaaaa! ¡Aaaaaaaaaaaahhhhhhhh! Y exploté en su boca con un verdadero torrente de semen que ella hábilmente se tragó y con los últimos borbollones se pintaba los labios con mi verga chorreante mientras me miraba con lujuria creciente jugueteando con mi flácida polla.
De pronto me miró en forma fija, se levantó y me besó con verdadera pasión, mezclando mi propia leche con su saliva y la mía, eso me excitó aún más y se tradujo en una nueva erección.
- Eso me gusta de usted doctor. Que rápido se calienta de nuevo.
- Lo que pasa es que sos una puta buenísima Edilma y "tienes tremendo Culo!" le canté. Ella se rió y comenzó a desvestirse, yo le ayudé quitándole la blusa, quedando al aire sus dos pequeños pero bien formados senos, ella ya se había quitado la falda y su diminuta tanga que usaba y se subió encima mío, parándose a horcajadas del sofá reclinable que estaba extendido como una cama y poniéndome su concha al nivel de mi cara.
- Ahora le toca a Ud. me dijo, tomándome de la cabeza Inmediatamente me puse a lamerle toda la vagina, y poniéndole mis manos en sus hermosas y grandes nalgas me la empujaba hacia mi lengua con la que saboreaba toda aquella concha húmeda, caliente y pulsante que burbujeaba de excitación. Edilma me tomaba de la cabeza y yo de sus nalgas y parecía que me quisiera meter dentro de si mientras ella gritaba de placer.

-¡Ayyy! ¡Que rico papi! ¡Comete toda mi torta! ¡Es tuya papi! Yo le introducía la lengua hasta donde podía y mamaba su clítoris que estaba a su máxima expresión y sentía sus jugos correr por mis labios y empaparme la barbilla.
Mientras le mamaba el coño, ella soltó una mano de mi cabeza y me tomó el pene que estaba palpitando con la mano y me lo acarició masturbándome suavemente. Estuvimos así por un buen rato hasta que ella comenzó a culear en mi cara, mientras, de nuevo, me tomó de la cabeza con las dos manos y me inundó la boca y la cara con dulces jugos que fluían de su concha en erupción. Luego levantó una de sus formidables piernas y se dio vuelta poniéndome al alcance de mi boca su esplendoroso culo y atacando al mismo tiempo mi polla que estaba nuevamente lista para un nuevo round. Con las dos manos le abrí las nalgas y le metí la lengua en el botoncito rosado de su culo, dedicándome a lamerlo como si fuera de chocolate.
-¡Siii! El culoooo mamáme el culo assssiiiiiiiiiiiiiiii... Assssiiiiiiiiiiiiiiii... ¡Ahhhhhhhh! ¡Que delicia! -¡Me vuelvo loca!Decía entre chupada y chupada que daba a mi polla, al parecer el placer que sentía la aturdía al punto que no sabía ni lo que hacía porque automáticamente me chupaba la verga, aullaba como perra en brama o decía toda clase de cochinadas. Por fin había encontrado el punto G de esta puta y lo iba a aprovechar al máximo, así que me concentré en acariciarle el culo con mi lengua hasta que ella se puso de cuclillas, poniendo un pie en cada brazo de mi sofá reclinable, y despacio en forma circular se fue sembrando mi polla en el ojito del culo hasta que sus nalgas me toparon al abdomen.
Yo me sentía derretir de ver sembrada a mi verga a esta puta tan caliente.
-¡siiii! papi... ¡que rico este tronco, siii! quiero ser tu puta loca.. ¡Metémela assssiiiiiiiiiiiiiiii....assssiiiiiiiiiiiiiiii! -¿te gusta puta degenerada? -si papi soy tu puta... mira que rico te voy a hacer... Y comenzó a flexionar sus poderosas piernas hacia arriba y hacia abajo suavemente, sacándose mi polla del culo hasta el glande, y luego volviéndose a sembrarla hasta la raíz, mientras yo la tenía de su cinturita solo siguiendo sus movimiento de arriba abajo, sentía mi verga a punto de quebrarse por la mitad, pero Edilma sabía lo que hacía, estaba haciendo realidad mis más oscuras fantasías, no sabía que era tan rico dar por el culo y la visión de todo ese caderamen y nalgas subiendo y bajando, y la sensación indescriptible de estar penetrando ese culito tan dulce me tenían totalmente en éxtasis.
Como ya había sido ordeñado antes, esta vez si pude soportar el inmenso placer que me causaba estarle penetrando el culito. Y ella estaba como en trance con una mano apoyada en mi brazo elevando su enorme culo y bajándolo a ritmo lento, empapada de sudor, y flexionando sus poderosas piernas, mientras con la otra se masturbaba el coñito húmedo y se metía los dedos con ardor. De pronto ella aceleró el ritmo y daba verdaderos gemidos de placer, más no pronunciaba palabra alguna, solo mmmmmm, ahhhhhhhh, mmmhhhhh. Aaaaaaaaaaaay, siiiiiiii. La sensación fue de puro deleite y llegamos a nuestro clímax casi al mismo tiempo, yo explotaba dentro de su culito y ella se sentó del todo en mi verga mientras convulsionaba de placer culeando en falso y gritando como loca. Se quedó así en éxtasis unos segundos con mi verga clavada y pulsando dentro de su culo, hasta que logró reaccionar y a desgano se la sacó de su culo palpitante, se levantó un poco mareada y se acostó sobre mí para besarme y chuparme los labios mientras me decía cariñosas obscenidades.
-¡ay papi que sabroso sos! -quiero ser tu puta papi, quiero que me des por el culo por la boca y por la concha. Me decía mientras me lamía los labios como si fuera perrito, y se estrujaba contra mi cuerpo. ¡Por Dios que sí era caliente esta nena! Mientras me lamía y me acariciaba, nuevamente sentí que bajaba la sangre a mi ya exprimida verga, y ella al sentirla, me dijo: - ¡Bárbaro! ya está vivo de nuevo, hay que exprimir al gusano... ¡¡¡hasta que no se levante!!!Y se puso de horcajadas sobre mí, metiéndose esta vez en su conchita húmeda mi polla martirizada, que al sentir contacto con su suave carne se templó al máximo de nuevo. Ella estaba jadeando todavía por el esfuerzo recién realizado y en sus pechos se veía palpitar aceleradamente su corazón por el deseo y la agitación, esta vez le dije que se estuviera quieta, y tomándola de sus nalgas comencé yo a culear con fuerza y a chupar sus pequeñas pero firmes tetas, ella solo gemía de placer y automáticamente se ponía a culear también, era ya el instinto lo que la hacía culear al tener una polla dentro. ¡Cálmate mami!.. Estas muy cansadita, ¡dejame a mi! Le decía yo mientras le mordía los pezoncitos y chupaba la punta de los mismos, al mismo tiempo no dejaba de culear, metiéndole y sacándole la verga con violencia. Le metí el dedo medio derecho en la boca y lo chupó con fruición, y luego ya bien lubricado le busqué el culito y se lo metí despacio, lo que le arrancó un gemido de placer y ya con el dedito mío totalmente sembrado en su caliente culito me di a la tarea de cogérmela como se debe coger a una mujer. Ella se puso nuevamente en trance, gimiendo y sacando su perversa y rosada lengua lamiéndose los labios, como ya era el tercer polvo al hilo, pude resistir lo suficiente como para lograr que ella alcanzara un nuevo orgasmo que la puso a temblar y estremecerse sobre mi cuerpo. Quedó exánime sobre mí mientras yo le sacaba el dedo del culo y seguía dándole con todo lo que tenía hasta el punto de alcanzar mi tercera eyaculación dentro de esta Nena.
Nos quedamos ahí abrazados y plenamente satisfechos. Luego nos fuimos a bañar procurando no dejar huellas de nuestro encuentro. Era la primera vez que lo hacíamos dentro de la casa y el morbo que representaba nos ponía más cachondos de lo habitual.
producido, cayó al piso boca arriba; la bella enfermera que en ese preciso instante pasaba por allí se percató y acudió en su auxilio intentando reanimarlo de todas las formas posibles, sin darse cuenta que en un momento estuvo de pie con las piernas separadas encima de él, que quedó totalmente quieto viendo aquellos muslos de ensueño por debajo de la minifalda; las medias le llegaban casi encima de medio muslo y tenía un calzón negro que contrastaba con su minifalda blanca y le decían que esos impresionantes muslos estaban visibles en toda su dimensión y magnitud.
Al observar ella lo que producía la posición en la que estaba decidió sentarse sobre él con las piernas separadas; ¿te gusta lo que ves? Le preguntó desafiante; si, contestó él tímidamente. Claro, le dijo ella, se que te gustan mis piernas, ¿no?. Si; contestó el sin salir del asombro y con cierto temor; tienes unos muslos bellísimos. Ya lo se, siempre me fijé que los mirabas, por eso te los he venido enseñando en todo este tiempo. Montándosele encima añadió; ahora se que de esta manera puedo controlar las extrañas crisis que te dan. ¡Bésame los muslos!, quiero que sientas lo suaves que son. Presionó el rostro del joven entre sus muslos quien creía estar en el paraíso; sólo él sabía el inmenso placer de ver y sentir los muslos de aquella bellísima mujer y quedar anonadado mirándole el sensual calzón que contrastaba con la minifalda del uniforme.
Ella le hizo una caricia muy suave en el rostro y se puso de pie quedando con las piernas abiertas encima de él que aún continuaba echado boca arriba contemplándola por debajo de la minifalda; entonces ella le advirtió: por ahora debes saber que cuando te den estas crisis te ayudaré enseñándote y haciéndote sentir mis muslos como ahora, pero si se que lo haces en falso entonces te castigaré; te atraparé entre mis muslos y te agarraré a cachetadas hasta que te rindas y me pidas perdón mientras te aplasto montada encima de tí y te arrepentirás de haberme intentado mentir. Mis muslos te pueden gustar, pero también te puedo aprisionar entre ellos para castigarte. Dicho esto le sonrió muy pícara y seductoramente y dándole un beso volado salió caminando encima de él con las piernas separadas pasando sobre de su rostro que no dejaba de admirar el espectáculo.
Aún con la imagen de aquel maravillosos par de piernas de la bella enfermera y sin salir del asombro de lo que había visto y sentido, la imaginaba nuevamente sentada encima de él; mientras tanto, ella se había cambiado de ropa y estaba en minifalda casual y un par de botas que le llegaban justo debajo de las rodillas. Al prepararse ella para salir de la casa, el joven simuló otra crisis en el momento en que ella pasaba frente a él y tomándose con ambas manos el cráneo se tiró en el piso boca arriba. La guapa enfermera se colocó de pie con las piernas separadas encima de él, que quedó nuevamente contemplando esos muslos femeninos que por su propia belleza lo tenían dominado; efectivamente, ella se había cambiado de ropa y ahora lucía una minifalda negra con una abertura al costado de uno de sus muslos y el calzón blanco que contrastaba con la minifalda nuevamente le decía que aquellos hermosos muslos femeninos estaban visibles en toda su dimensión y magnitud, mientras que las botas altas hasta debajo de la rodilla la hacían verse como una bella heroína castigadora. Naturalmente, ella había acudido con el afán de ayudarle, pero al ver la sonrisa del muchacho se dio cuenta que él estaba simulando, por lo que le sonrió muy pícara y seductoramente diciéndole ¿Así que creíste que ibas a engañarme? Colocando sus manos en la cintura en gesto dominante le dijo ¿no te imaginas lo dolorosas que pueden ser las cachetadas que te voy a dar? ¿alguna vez fuiste castigado entre los muslos de una mujer?; sentándose encima de él le dio una cachetada suave diciéndole ¿quieres que te pegue? Y enseguida le dio un fuerte par de bofetadas con el derecho y el revés de la mano y presionó el rostro del joven bajo sus muslos que se sentían suaves, tersos y excitantes, separándolos y montándosele encima le dio cuatro cachetadas más con el derecho y el revés de ambas manos, luego de lo cual procedió a cubrirle el rostro debajo de su minifalda, aplastándolo debajo del sensual calzón le ordenó: besa los muslos de la mujer que te castiga.
Le presionó el rostro sin dejar de cubrirle debajo de la minifalda, permaneciendo montada encima de él, la guapísima supermujer liberó el rostro del muchacho retrocediendo sólo para propinarle otras cuatro cachetadas más con el derecho y el revés de ambas manos; su sensual, seductora y pícara mirada sonriente se posó en los ojos del joven, quien sin salir del asombro de lo que le pasaba disfrutaba de aquellos impresionantes muslos a pesar del dolor producido por el castigo de la guapísima piernona, quien le volvió a dar otro par de cachetadas con ambas manos ordenándole: bésame los muslos, lo cual hizo sin mayor esfuerzo ya que estaban casi aprisionando ambos lados del rostro del muchacho que sentía la excitante suavidad y tersura de la piel de la bella enfermera que seguía montada sobre el pecho del paciente que ya sentía el intenso dolor de los golpes que había estado recibiendo mientras contemplaba y sentía los muslos y el calzón de la mujer que tenía montada encima de él, luego de recibir una suave caricia en el rostro y otro par de cachetadas de la guapa y sonriente mujer le dijo, me rindo, con voz muy suave; ella le dio otro par de bofetadas sonriéndole seductoramente mientras le decía, no es tan fácil, te seguiré castigando hasta que de verdad te duela, mírame mis muslos y sonriéndole le hizo una caricia y le dio otras cuatro cachetadas con el derecho y revés de ambas manos haciendo que el rostro del paciente se vuelvan una y otra vez a ambos lados encontrándose con los blancos y bellísimos muslos que lo tenían rendido e hipnotizado del placer de verlos y sentirlos a pesar del dolor de las bofetadas, que ella había venido intercalando con seductoras caricias en el rostro del paciente, quien contemplando el bello rostro de la guapa enfermera montada sobre él le dijo, me rindo, perdóname.
Montada encima de él y enseñándole sus bellísimos muslos hasta el sensual calzón blanco que contrastaba con su minifalda; ella continuaba sonriéndole seductoramente con dulce mirada y le dijo, está bien, te voy a perdonar. El le dijo, piernona, me has castigado, tus golpes duelen de verdad, ¿lo sabías?. Por supuesto; le dijo ella con voz suave; se que te han dolido y también se que al montarte te tengo indefenso contemplando mis muslos. En realidad no quise hacerte más daño del necesario. Besa y siente mis muslos; cerró los muslos presionando debajo de ellos contra el piso el cráneo del paciente quien creía estar en el paraíso al sentir la extrema suavidad de los muslos de la joven sobre el rostro, quien volvió a separar los muslos dejando entre ellos el rostro de su víctima y acariciándolo le dijo, esta vez te perdono, pero debes saber que te puedo provocar aún más dolor sentándome encima de ti; se sentó un momento en el rostro del muchacho haciéndole besar su calzón blanco, volvió a montar sobre su pecho liberando el rostro del joven, lo acarició una vez más, le dio una violenta cachetada y le dijo, esto es para que no olvides el castigo que te di. Se puso de pié con las piernas separadas encima de él y las manos en la cintura con gesto dominante, le miró sonrientemente, le dio un beso volado y caminando pasando sobre su rostro con las piernas abiertas salió de la habitación.
Firma: perrito ambicioso lamedor
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