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« en: Junio 06, 2006, 09:14:23 » |
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"Aída, una mujer sensual a la que al fin pude gozar Voy a relatar una deliciosa aventura sexual, en la cual mi coprotagonista es Aída, una compañera de la oficina en la que yo trabajo.
Aída y yo trabajamos en la misma empresa y por tanto nos conocemos hace más de 15 años. He llevado con ella una muy estrecha relación de amistad y se puede decir que los dos hemos tenido alguna cercanía, mucho mayor que la que es posible mantener con otros compañeros de oficina. Me encanta hablar con Aída, incluso me satisface ponerla al tanto de cuestiones de las que no hablaría con otra persona.
Pero ese conocimiento y el trato diario, ha hecho que empiece a sentir por Aída algo más que una simple amistad o un afecto especial. De un tiempo para atrás había comenzado a mirarla mas detenidamente, a observar sus formas, su cuerpo y paulatinamente empecé a sentir por ella un deseo, en otras palabras, mirándola llegué a excitarme y a imaginar con ella deliciosos momentos de sexo, sin que, por cierto, ella se diera cuenta o, al menos, disimulaba muy bien.
Sin embargo, hay algunas muestras que me indican que ella también siente algo por mi. En son de broma la he abrazado, o tomado de la mano y ella no lo impide o no reacciona, creo que le satisface. Me encanta verla con la ropa que viste, generalmente blusas transparentes o muy ceñidas que dejan ver unos senos maravillosos, duros, de pezones salientes. En ocasiones se viste con falda, y eso regala una hermosa visión de unas piernas redondas y provocativas, pues sus faldas son minifaldas. Cuando se viste con pantalón, es igualmente deseable.
En una oportunidad yo debí viajar a la capital de mi país y por ello me trasladé hasta el aeropuerto sin antes haber pasado por la oficina. Y OH ¡ que sorpresa, Aída se hallaba igualmente en el aeropuerto y me contó que por razón de los estudios de uno de sus hijos, a quien iba a matricular, debía igualmente viajar al mismo destino que yo. Es decir, terminamos embarcándonos en el mismo vuelo.
Al llegar a la capital, Aída me dijo que se iba a hospedar en un hotel, al igual que yo y por eso acordamos ubicarnos en uno muy central, que facilitaría la realización de nuestras diligencias.
Antes de registrarnos, y como ya eran casi las 8 de la noche cuando arribamos a la ciudad, le dije a Aída que la invitaba a comer, lo que ella aceptó sin ningún problema. Fuimos a un restaurante no sin antes dejar nuestro equipaje en el hotel escogido. Cenamos, tomamos algunos tragos, hablamos de todo, especialmente de cómo había sido nuestra relación en la oficina y entre trago y trago se nos hicieron cerca de las 11 de la noche, pero ni ella ni yo teníamos prisa. Fue en ese momento cuando le dije que éramos personas desconocidas en la ciudad y que debíamos aprovechar para disfrutar esa noche. Aída me dijo que proponía y le dije que fuéramos a una discoteca a bailar un rato. Y así fue.
Fuimos a una discoteca muy elegante y pedimos champaña, la que se sumó a los tragos que ya habíamos consumido a la hora de la comida. Aída y yo estábamos muy contentos de poder estar un rato solos, sin el temor que alguien nos mirara, porque los dos éramos casados. En el sitio que escogimos y en esa ciudad, nadie, absolutamente nadie nos conocía. Bailamos mucho, Aída lo hace estupendamente. Esa noche ella estaba vestida con una mini de cuero azul y blusa semitransparente, medias de seda, zapatillas de tacón, estaba muy elegante, excelentemente maquillada.
Al bailar ni ella ni yo ocultamos el gusto mutuo que nos teníamos, yo no tuve inconveniente alguno en entrelazar su mano con la mía, ni ella al aceptarlo. Pero fuimos más allá, dimos rienda suelta a lo que nos atraía uno a otro, yo, al bailar música romántica, apreté a Aída hacia mi y le hice que sintiera mi verga que para ese momento ya estaba muy dura y húmeda, ella simplemente dejó hacer no sin antes mirarme a los ojos y rozar su cara con la mía, yo seguía apretándola cada vez más, haciendo que Aída se diera cuenta de que me encontraba muy excitado, que era el momento de demostrarle que la deseaba mucho. Al terminar la tanda musical, fuimos al apartado que habíamos escogido y luego de sentarnos, Aída cruzó sus hermosas piernas, una vista que yo no había tenido oportunidad en anteriores ocasiones, unas piernas cubiertas por media de seda que pusieron a cien mi libido, empecé a tocarlas, a acariciarlas, a sobarlas, mientras ella consumía otro trago, yo estaba muy excitado, continué tocando esos muslos maravillosos y subí mi mano, Aída se recostó en mi hombro y abrió sus piernas para facilitar la entrada de mi mano, yo la toqué hasta el fondo, hasta su vagina, toqué el panty que llevaba puesto y me di cuenta que estaba húmeda, ella también estaba excitada. Cuando coloqué su mano en la vagina, encima del panty, Aída me ofreció sus labios para que los besara y así lo hice, mientras mi mano se dirigía ahora a palpar lo redondo de sus senos, a pellizcar sus pezones que estaban erectos, duritos.
Nuestra excitación nos llevó a pagar la cuenta, a tomar un taxi y a dirigirnos al hotel que escogimos; al llegar, no pedimos habitaciones individuales, le dijimos al encargado que éramos un matrimonio de profesionales que permaneceríamos máximo dos noches y nos registramos sin ninguna dificultad. Para mejor apariencia, aunque nadie nos conocía, nos tomamos de la mano mientras subíamos en el ascensor.
Al llegar a la habitación, los dos sabíamos a que íbamos. Nos besamos, estando de pie, yo la tocaba, especialmente sus senos, le besaba el cuello y Aída respondía sobando con su mano mi verga que quería salirse del pantalón. Fue ella quien me dijo que quería que hiciéramos el amor, que me deseaba tanto como yo a ella y nos fuimos a la cama. Yo le pedí que me gustaría gozarla con su minifalda puesta y solamente su brasier. Asi lo hizo.
Cómo gocé esa noche a Aída. Lamía sus piernas, le besaba el cuello, alzaba su minifalda hasta poder tocarla mas y mas adentro. Hice a un lado su brasier y me dedique a chuparle los senos, a lamérselos, a mordisquear delicadamente sus pezones, ella estaba muy excitada, a cada instante se excitaba más y mas, porque en un momento bajó su mano y tomó mi verga como queriéndome masturbar, la apretaba, ella deseaba ser penetrada, pero no quería que terminara tan pronto la excitación en la que estábamos los dos. Bese sus labios, metiendo mi lengua hasta el fondo, ella hacia lo mismo, y me besaba el cuello, se movía, estaba verdaderamente deseosa de que yo la penetrara. Así lo hice, la penetré alzando sus piernas para que mi verga entrara hasta el fondo, Aída sintió mi tronco dentro de ella y se estremeció, gimió de placer mientras movía su culo como buscando que la penetración fuera más a fondo. Que rico, que rico, era lo que ella atinaba a decir en esos momentos de placer, yo la tenia penetrada mientras mis manos agarraban sus senos, en algunos momentos tomaba su culo y lo apretaba más hacia mi, buscando la penetración que ella quería. Seguía exclamando “que rico, que rico, que rico” y esas palabras me excitaban más, hasta que no aguanté y la llené de semen, ella se agarrò mucho más de mi espalda para no dejar una sola gota en mi verga. Esa noche dormimos así, ensartados uno al otro
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