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« en: Junio 11, 2006, 01:48:03 » |
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En mi relato anterior les platiqué como mi personalidad femenina salió a flote, como fue mi primera vez como mujer y como mi vida comenzó a cambiar.
En esta ocasión voy a relatar como comencé a manejar mi personalidad femenina y lo que sucedió con mi amigo. A partir de ese dÃa comencé a usar lencerÃa todo el tiempo. Para ir a la escuela, debajo de la ropa normal de hombre siempre me ponÃa prendas de mujer, es decir, tanga, brasier y hasta panty medias cuando hacÃa frÃo por la mañana o cuando sabÃa que el dÃa completo estarÃa frÃo. Incluso, en ocasiones me ponÃa toallas femeninas también. Siempre esperaba con ansia la hora de llegar a casa para vestirme completamente de mujer. Empecé a rasurarme las piernas y las axilas frecuentemente. El vello de mis brazos y del resto de mi cuerpo en general es más bien fino y pasa como vello de mujer, asà que no era necesario rasurar o depilar. DormÃa siempre con pijamas femeninas. En la escuela miraba mucho a las chicas para ver como se vestÃan e imaginaba como me verÃa yo con su ropa. En clase me sentÃa como una chica más y tenÃa muchÃsimas ganas de estar con ellas para platicar de mujeres. Pero eso solo quedó en deseos. Toda la gente que me conocÃa tenÃa la imagen de mi de un chico normal, nadie sabÃa de mis gustos por lo femenino y yo no tenÃa intenciones de darlo a conocer. Desde entonces y hasta ahora creo que es mejor mantener todo esto en secreto, siento que si todo mundo supiera de mi tendencia femenina, vestirme de mujer perderÃa el encanto. Considero que es mucho más interesante llevar mi personalidad femenina a escondidas, tiene más riesgos, hay que tener más cuidado, es más excitante. Volvà a ver a mi amigo el siguiente fin de semana, cuando me llamó para decirme que querÃa verme, tuve sensaciones extrañas, no sabÃa como reaccionar ante él. DÃas antes descubrió y me hizo descubrir la mujer que habÃa en mi, pero ahora no sabÃa que intenciones tenÃa conmigo, sobretodo por que él siempre habÃa tenido relaciones clásicas, de hecho estaba intentando salir con una chica y la situación conmigo era muy diferente y muy complicada, ni él ni yo querÃamos que la gente supiera lo que pasó entre nosotros. Lo que era claro es que las cosas nunca volverÃan a ser como antes, yo sentÃa que no podÃa volver a comportarme con él como hombre, habÃamos sido hombre y mujer en la cama yo no me veÃa de otra manera con él. Asà que le pregunté en que plan venÃa y le aclaré que ante él yo ya solo podrÃa estar en mi plan de mujer. Su respuesta no fue ni de aprobación ni de rechazo, fue más bien de confusión. Asà que esperarÃa a que llegara para saber la situación. Me preparé para recibirlo, me puse un pantalón color beige ajustado que torneaba bien mis caderas y mis piernas, una blusa con varios colores claros combinados, debajo un coordinado de tanga y brasier color blanco; para ocultar todo rasgo masculino me puse unas panty medias debajo de la tanga, de esta manera de la cintura para abajo lucÃa muy femenina. Para darme forma de mujer de la cintura para arriba el brasier era de copa grande y firme, asà no requerÃa de relleno. Me puse también unas zapatillas cerradas color rojo y algunos accesorios para completar el toque femenino a mi apariencia, es decir, perfume, maquillaje discreto, aretes, pulseras y un collar. Cuando llegó me dijo que me veÃa muy bien con esas prendas. Platicamos respecto a lo que sucederÃa con nosotros. Y luego de dar cada quien sus razones, acordamos dejar pasar un poco de tiempo para aclarar la situación de cada quien, para asimilar completamente lo que ocurrÃa entre nosotros y para saber que era lo que realmente querÃamos los dos. Pero ese mismo ida, no dejamos pasar la oportunidad de repetir lo del fin de semana anterior, la oportunidad de acariciarnos, de besarnos, de desnudarnos, de poseernos, de recorrer nuestros cuerpos, de darnos el placer que un hombre y una mujer pueden darse cuando están juntos. Volvà a hacerlo mÃo cuando tuve otra vez su pene a mi merced, disfruté muchÃsimo jugar con la cabeFuente su miembro y oÃr sus voz llena de placer. Y luego él volvió a hacerme suya, volvà a sentir mi sensualidad y mi feminidad a flor de piel cuando me despojó de mi blusa y mi pantalón. En ese momento solo querÃa ser mujer para él, empezó a penetrarme suavemente para acoplar su pene a mi ano y para no lastimarme, lo metÃa y lo sacaba dándome mucho placer, de vez en cuando me lo introducÃa todo de una sola vez, eso era algo que me encantaba. Ambos volvimos a disfrutarlo enormemente. El fin de semana siguiente volvimos a hablar. Después de otra sesión Ãntima hombre-mujer concluimos que hubo un momento en el que él como hombre me habÃa aceptado a mi como mujer, un momento en el que yo me acepté a mi misma como mujer y a él como hombre. Y en realidad habÃamos empezado a ser pareja en ese mismo instante de aceptación, casi sin darnos cuenta habÃan pasado ya dos semanas de ese primer dÃa. Acordamos que llevarÃamos esa relación al margen de nuestras respectivas actividades sociales y laborales. SerÃa nuestro secreto, lo cual requerÃa de una discreción absoluta en todos los sentidos. Era algo nuevo para los dos, él habÃa desistido en su idea de salir con la chica a quien intentaba conquistar, asà que yo representaba su nueva conquista y sobretodo su primera relación fuera de lo clásico y él para mi se convertÃa asà en el primer hombre en mi vida de mujer. La idea de ser y sentirme la novia de un chico me parecÃa algo fantástico, no sabÃa cuanto podÃa durar, asà que decidà disfrutar cada momento al máximo. Asà pasaron casi cinco meses. Nos veÃamos dos veces por semana, al principio era él quien venia a mi departamento, a veces nos quedábamos ahÃ, platicábamos y hacÃamos el recuento de lo que pasaba. Otras veces salÃamos a caminar a las afueras de la ciudad o a cualquier lugar donde supiéramos que no habÃa gente y siempre para cerrar perfectamente nuestra jornada juntos, terminábamos en la cama para satisfacer nuestros deseos. Cada dÃa lo disfrutábamos un poco más. Yo sentÃa que cada vez aprendÃa algo nuevo como mujer, siempre ponÃa mi mejor esfuerzo para ir mejorando la manera de hacerle sexo oral y de darle mayor placer. Y él también buscaba como penetrarme mejor, como satisfacerme completamente. Nos divertÃamos buscando nuevas posiciones y repetÃamos muchas veces las que nos gustaban más. Cada momento tenÃa algo especial, pero habÃa dos especÃficamente que me volvÃan loca, el primero cuando me quedaba semidesnuda ante él, me encantaba por que recordaba el primer ida que me quitó mi vestido y recordaba que fue en un momento asà en el que me sentà completamente mujer por la primera vez. El segundo momento que me enloquecÃa era el orgasmo de los dos. SentÃa una gran satisfacción cuando él terminaba y depositaba su semen dentro de mi, el hecho de provocarle un orgasmo a un hombre era mi mayor recompensa como mujer y el hecho de que yo tuviera un orgasmo producido por la penetración de un pene en mi ano era mi realización como mujer. Las cosas iban bien. Tanto él como yo habÃamos aprendido a llevar esa doble vida, no sin incidentes ni momentos de angustia, sobre todo por que habÃa que disimular ciertas cosas todo el tiempo. Por ejemplo, el usar lencerÃa me obligaba a cuidar siempre mi vestimenta. Siempre usaba tanga y a veces panty medias, para evitar que se notaran, casi siempre era suficiente usar pantalones de mezclilla, pero si la camisa o playera quedaba fuera corrÃa el riesgo de que se me notara la tanga al agacharme o algo asÃ. En cuanto al brasier, las cosas eran más complicadas, para ir a la escuela me ponÃa brasier de copa chica y muy delgaditos en todos los sentidos, para ocultarlo más, debÃa ponerme primero una playera pegadita, que a veces también era de mujer y ya encima la playera normal de hombre. Varias veces estuvieron a punto de descubrirme. Pero un ida, platicando con algunos compañeros uno de ellos me dio palmaditas en la espalda y sintió la presencia del brasier, sentà que la tierra se habrÃa bajo mis pies, afortunadamente alguien nos llamó desde el salón, lo cual acaparó la atención de todos y él no tuvo tiempo de decirme nada, todos fueron hacia el salón y yo me dirigà al baño para quitarme mi brasier y evitar cualquier altercado posterior, pero mi compañero se dio cuenta y me siguió; antes de que pudiera despojarme de mi prenda femenina, me dijo lo que habÃa sentido cuando las palmaditas y lo que pasó por su mente, los nervios no me ayudaron para inventar alguna excusa convincente asà que decidà explicarle mi gusto por lo femenino y mis tendencias. Le pedà que no lo divulgara, la verdad es que me tenÃa a su merced y yo tenÃa miedo de que pudiera chantajearme, afortunadamente entendió la situación y aceptó no decir nada bajo la condición de que me alejara progresivamente del grupo de compañeros. Volvà a respirar, la condición no serÃa difÃcil de respetar por que el final del semestre estaba cerca y era muy probable que yo cambiarÃa de escuela para el siguiente año. Platiqué con mi novio del incidente. No hubo mayores problemas y continuamos nuestra relación. Asà pasaron casi dos meses más. Todo iba bien, pero sabÃamos que todo podrÃa terminar pronto, le habÃan propuesto una promoción en el trabajo, un puesto muy atractivo pero en otra ciudad. Y yo planeaba cambiar de escuela para adecuar mi carrera a mis gustos profesionales, asà que probablemente irÃa a otra ciudad que no serÃa la misma a la que él irÃa. Mientras llegaba el momento de decidir seguÃamos aprovechando el tiempo para continuar nuestra relación. Yo estaba disfrutando tanto con mi rol de mujer que cada vez que Ãbamos a la cama me preguntaba si el placer que sienten los hombres es igual de intenso al que sentimos nosotras, quizás si o quizás no, pero como quiera que sea creo que yo no cambiarÃa por nada mi placer de mujer. Finalmente ambos tuvimos respuestas positivas de nuestras respectivas actividades profesionales y entendimos que ahà terminarÃa todo. Sin embargo acordamos que antes de decir adiós, pasarÃamos algunos dÃas juntos. Sus papás tenÃan una gran casa, un rancho más bien, en un pueblo un poco alejado de la ciudad. Como ellos tendrÃan vacaciones en perÃodos diferentes no hubo problemas para tener la casa solo para nosotros dos durante algunos dÃas. Pasamos 9 dÃas juntos, solo él y yo. 9 dÃas en los que la única ropa masculina con la que tuve contacto fue con la suya cuando lo desnudaba para hacerlo mÃo y ser suya. 9 dÃas en que fui mujer de tiempo completo, en que me tuvo a su disposición como mujer y en que él estuvo ahà para ser mi hombre. Fueron 9 dÃas maravillosos que pusieron fin a mi primer relación como mujer. Después de eso, cada quien seguirÃa su camino para buscar otras experiencias, quizá él volverÃa a buscar otra chica como yo, quizá volverÃa a tener relaciones clásicas, por el momento no lo sabÃa. Y yo, tal vez buscarÃa otro chico, tal vez no, tampoco lo sabÃa por el momento, lo único cierto es que habÃamos terminado con una época en nuestras vidas que nos dejaba hermosos recuerdos. Y ahora cada quien debÃa continuar su vida en ciudades diferentes.
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