Bienvenido(a), Visitante. Favor de ingresar o registrarse.
Agosto 29, 2008, 06:16:08
Inicio Ayuda Buscar Ingresar Registrarse
Noticias: Ya pueden publicar sus relatos;)

+  RELATOS EROTICOS : Relatos porno
|-+  General Category
| |-+  Transexuales
| | |-+  Inocencia adios a mi inocencia
« anterior próximo »
Páginas: [1] Imprimir
Autor Tema: Inocencia adios a mi inocencia  (Leído 931 veces)
admin
Administrator
Hero Member
*****
Mensajes: 1180


Ver Perfil Email
« en: Junio 11, 2006, 01:53:45 »

Inicio de una travesti con el padre de su mejor amiga. ADIOS A MI INOCENCIA



Todas las tardes, a eso de las tres y media, esperaba
a quedarme solo en casa, cuando mi madre se iba a
limpiar casas ajenas. Entonces comenzaba
verdaderamente el día para mí. Iba hasta un pequeño
galpón en el fondo del patio y sacaba de debajo de
unas maderas, un pequeño bolso que contenía mi
felicidad. Allí estaba la ropa de niña que me había
regalado Carolina, una compañera de escuela a quien le
había contado mis amarguras de encontrarme con un
cuerpo y vida de varón que detestaba. Y así comenzó
todo como un juego, prestándome sus ropas y arreglando
mi cabello y pintándome las uñas como ella misma había
aprendido. Maquillaba levemente mi rostro y hasta
recuerdo que me perfumaba con una fragancia suave para
mujercitas.
Así pasaba toda la tarde, con su ropa y vestida como
una niña bastante hermosa. Mi rostro se transformaba
totalmente y mi nuevo ánimo me daban una estética
provocativa que odiaba tener que dejarla cuando se
terminaba la tarde. Carolina entonces me dio sus ropas
para que las tuviera todo el tiempo que quisiera y
para que me pudiera vestir a cualquier hora del día
sin depender de que ella estuviera disponible.
Mi madre jamás sospechó durante mis once años lo que
yo hacía o sentía. Llegaba agotada por las noches y
apenas me preguntaba si había hecho mis tareas
escolares. Era lo único que le preocupaba, que yo
estudiara y no terminara como ella o mi padre que ni
sabía por dónde andaba.
En esas tardes solitarias en mi casa, caminaba como
una niña y hablaba y cantaba con la voz que realmente
yo quería tener. Me sentaba con mis piernas cruzadas
frente a un espejo y me miraba un y mil veces el
rostro tratando de mejorarlo con un último toque de
maquillaje. Me levantaba el corto vestid de Carolina
para ver mis piernas y mi culo blanquito con la
pequeña bombacha rosa metida en mis nalgas. ¡Qué feliz
que me sentía entonces! Parecía que la vida comenzaba
a tener sentido verdadero para mí. Había encontrado lo
que buscaba.
Un día me animé y salí a la calle por la tarde
vestida de niña para ir a lo de Carolina. Al entrar
así a su casa se asustó de que alguien me viera en su
casa con sus ropas y vestida de tal manera. Subimos
rápidamente a su cuarto y nos tiramos en la cama a
reírnos a carcajadas por mi locura.
Pero ella tenía razón en su temor, su padre me había
visto y se había dado cuenta de lo que vio. Y allí
comenzaría una especie de vida que encerró para mí más
contradicciones de las que traía hasta ese momento. El
padre de Carolina se apareció una tarde en mi casa
golpeando la puerta de entrada mientras yo estaba
vestida de nena. Intenté simular una ausencia total en
la casa, pero él insistió diciéndome que sabía
perfectamente que yo estaba allí.
Abrí la puerta con un profundo temor de encontrar a
alguien encolerizado, pero me encontré una situación
sorpresiva. El padre de Carolina traía un hermoso ramo
de flores que ni bien me vio lo extendió hacia mí con
una seductora sonrisa. Tomé las flores y lo hice
pasar. Él se sentó en un sofá que había en la sala ni
bien se entraba a mi casa y no paraba de sonreírme. Me
hizo una seña para que me sentara cerca de él y así lo
hice. Ni bien me senté a su lado comenzó a acariciarme
el rostro y a decirme lo hermosa que era, que estaba
más bonita que una niña de verdad y que el vestido de
Carolina me quedaba mejor que a ella.
Ahora al tiempo recuerdo todo la situación con una
sonrisa, pero en ese momento confieso que en cierto
modo me encontraba entre asustada y excitada por lo
que sucedía, me gustaron sus caricias y sus palabras y
esa primera actitud de traerme flores. Me preguntó
cómo quería que me llamara y yo le dije que por favor
me llamara Analía, que ese era el nombre de mis
sueños. Luego tomó mi rostro con sus dos manos y me
besó profundamente, lo hizo de una manera muy
caballerosa y sensual. ¡Sabía cómo hacerlo! Sus manos
se metieron debajo de mi falda y comenzó a bajarme la
pequeña bombacha que su propia hija me había regalado.
Sacó su lengua de mi boca y me introdujo un dedo
indicándome que lo chupara. Así lo hice medio temerosa
y medio excitada. Analía estaba con un hombre en
definitiva. ¿Por qué no aprovecharlo después de todo?
Entonces con su dedo lubricado por mi saliva me lo
introdujo en mi ano totalmente virgen. Comenzó a
meterlo de a poco y haciéndolo circularmente. Yo daba
pequeños grititos que me di cuenta enseguida que lo
excitaban terriblemente. Transformé mi pequeño dolor
por un placer que comenzaba a descubrir. A los pocos
instantes tenía todo su dedo medio metido en mi culito
de niña. Sabía lo que venía y comencé a tener un poco
de miedo.
El padre de Carolina sacó su enorme miembro y lo puso
frente a mi cara, pasándolo excitado por todo mi
rostro hasta que me ordenó que lo metiera en mi boca.
Esa, mi primera vez que me metí un miembro en mi boca,
fue inolvidable para mí. Sentí que me poseía
totalmente y me tenía a su merced. Pero que un poco
también él era mío, porque podía darle placer con mi
lengua y dominarlo a mi modo. Luego, cuando su miembro
estuvo erecto en su totalidad, me dio vuelta y
levantándome la falda comenzó a introducir su miembro
en mi culo. Un dolor profundo invadió todo mi cuerpo y
de repente sentí que ya lo tenía adentro mío. Lloré de
verdad pidiéndole alocadmente que me la sacara para
pasar a decirle de repente que me la metiera y que lo
amaba y que era un hijo de puta por lo que me hacía.
Tomándome de los cabellos me la sacó y la puso una vez
más frente a mi rostro. Sacó de su miembro un
preservativo que no había visto ponérselo y de repente
me metió nuevamente la verga en mi boca y me la llenó
de semen, no dejándome que se me escapara ni una sola
gota, gritándome que me la tragara, mientras me decía
putita y yegua de mierda.
Fue mi primer tragada se semen y una de las más
excitantes, por cierto. El padre de Carolina se tiró
exhausto sobre un costado, agitado y satisfecho por su
eyaculación. De pronto, a los pocos segundos volvió a
meter su mano debajo de mi vestido y comenzó a
manosear mis testículos y mi pequeño miembro. Yo
seguía llorando entre emocionada y dolorida, cuando de
repente se arrodilló frente a mí y se metió todo en su
boca mientras volvía a meterme sus dedos en mi culo.
Yo lo tomé de los pelos y lo apretaba contra mis
piernas. Comenzó a tener otra erección a la vez que se
masturbaba sin sacar de la boca mis huevos y mi verga
de travesti pequeña de once años. Estuvo chupándome y
metiendo sus dedos durante un largo rato hasta que le
pedí por favor casi a los gritos que no me hiciera más
daño en mi culo. Se puso de pie y nuevamente metió su
miembro en mi boca, estallando a los pocos segundos e
inundándome nuevamente de semen casi hirviendo.
Después de eso me puso de pie tomándome por la
cintura y me llevó hasta el baño donde lavó mi boca y
mi culo dolorido. Me pidió perdón por el dolor
provocado mientras me sonreía de una manera dulcísima.
Volví a maquillarme con lo que su hija me había
regalado y otra vez fui una Analía sonriente y un poco
provocativa.
Una larga charla siguió a aquella primera relación.
Yo conté mis sentimientos y necesidades y él contó sus
fantasías con travestis de poca edad. Su beso de
despedida fue uno de las más largos y profundos que
recibí en mi vida. La relación que mantuvimos duró
casi tres años, durante los cuales terminé mi escuela
primaria para no pisar más un establecimiento
educativo. Al año siguiente de lo que acabo de contar,
le confesé todo a mi madre, quien no salió, todavía
hoy, diez años después, de su asombro. Pero su falta
de carácter o su resignación lograron que yo impusiera
mi voluntad de transformarme en una travesti de trece
años, feliz con mi nueva vida.
El padre de Carolina dejó de ser mi amante cuando un
día casi me mata a golpes al encontrarme con tres
jóvenes del barrio penetrada y con el rostro lleno
semen, luego de una búsqueda desesperada por toda la
ciudad sabiendo que ya no le estaba siendo fiel. Ahora
lo comprendo aunque no le perdono el daño que me hizo.
Carolina se peló conmigo espantada por lo que ella
misma había contribuido a hacer.
Hoy llevo su nombre un poco en su homenaje, un poco
por recordarla y por cierta envidia sana de su
hermosura. Aunque no puedo ni debo quejarme, he
alcanzado una belleza que jamás pensé se podía
alcanzar desde un cuerpo de varón. Mis atributos son
sorprendentes y mi femineidad es absoluta. Y para
quien llegue a conocerme podrá darse cuenta que
todavía sigo tragando el semen de mi pareja como
aquella tarde inolvidable en el sofá de mi casa a mis
once años.
En línea
Páginas: [1] Imprimir 
« anterior próximo »
Ir a:  


Ingresar con nombre de usuario, contraseña y duración de la sesión

pareja amateur Inmobiliarias Barcelona Vehiculos Bilbao juegos gratis Empleo en Madrid sexo duro Automóviles y Transporte juegos Computadoras e Internet Salud y Belleza articulos php Automobile et transport foto de puta Economie locale juegos online Informatique et internet culo negra Accion Cine Deportes mujer negras Belleza y Estilo Deportes Restaurantes amateur desnuda
Powered by MySQL Powered by PHP Powered by SMF 1.1.3 | SMF © 2006-2007, Simple Machines LLC XHTML 1.0 válido! CSS válido!