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« en: Junio 09, 2006, 11:40:34 » |
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CapÃÂtulo 2 "Zumbidos"
Ambos rápidamente desnudaron a Melina y la llevaron escaleras abajo al sótano. Como habÃa sido prometido su hermana de dieciocho años Sharon ya estaba allÃ, desnuda sobre el caballete, su insolente culito elevado. Estaba amordazada, cosa que evitaba un montón de preguntas innecesarias. Ella estaba obviamente sorprendida al ver a los dos hombres acarrear a su hermana pequeña, desnuda, sollozante, dentro de la habitación.
Arrojaron a Melina sobre una gran cama, abierta de brazos y piernas, y esposaron tanto sus tobillos como sus muñecas a cada uno de las patas de la cama. Un cojÃn colocado bajo sus glúteos elevaba su cadera.
Unas manivelas convenientemente colocadas les permitÃa aumentar la apertura de las piernas. Al final consiguieron que la hinchada hendidura quedase indefensamente expuesta a cielo abierto.
"Encontraras absolutamente lo que necesites en alguno de estos armarios" dijo David señalando una hilera de cuatro armarios colocados en la pared. "No dudes a la hora de hacer uso de ninguno de ellos".
Miró fijamente a su hija más joven, cruelmente elevada y le guiñó a su amigo: "Tampoco te preocupes de usarla como creas conveniente".
David salió pitando para llegar a la hora de la partida de bridge cerrando la puerta del sótano a su salida.
Antes de marcharse le aseguro a Paulo que estaba completamente insonorizado.
Una vez que Paulo ya estaba seguro de que nadie le molestarÃa echo el pesado cerrojo.
Con esto empezó a aprovisionarse. Dentro de un gran armario habÃa todo tipo de látigos, paletas, correas, cañas y bolas imaginables. Otro armario ocultaba un tesoro de consoladores y vibradores, algunos de los cuales imposiblemente grandes para jóvenes de la edad de Melina o Sharon. El tercero estaba lleno de elementos de bondage. En el cuarto se ocultaba lo que parecÃa instrumental médico, surtido de lubricantes. Paulo se frotaba las manos. Manos a la obra.
Lo primero que buscó fue un vibrador apropiado para Sharon. Encontró uno que medÃa más de diez pulgadas y tan ancho como la muñeca de la joven. TenÃa una docena de hileras de pequeñas y puntiagudas protuberancias a lo largo del mismo; y aún mejor, estaba equipado con una unidad vibradora de corriente alterna. Perfecto. Cogió igualmente un arnés y un bote de vaselina.
Le costó cerca de diez minutos de meter, empujar y mover el consolador hasta que entró hasta la base en el estrecho conducto de Sharon. Para su satisfacción la pobre jovencita pataleaba y gritaba todo el rato, especialmente cuando los pequeños pinchos empezaban a hundirse en la piel de tambor de las paredes interiores de su coño.
Paulo de hecho podÃa observar las pequeñas protuberancias moviéndose. No le hacÃa ninguna falta el arnés. No cabÃa la posibilidad de que el consolador se fuese a escapar por su propia voluntad. Pero poniéndoselo y ciñéndolo entre las piernas de la niña el se aseguraba que la cabeza del falo quedarÃa fuertemente aprisionada en lo más profundo de su útero, sin importar la violencia de las sacudidas.
Sharon empezó a mover frenéticamente la cabeza cuando Paulo cogió el enchufe, sus grandes ojos marrones pedÃan piedad. En aquellos instantes el consolador parecÃa dividirla en dos.
Paulo sonrió, se agachó e introdujo la clavija en un enchufe de la pared. Sharon se puso tensa. Sus ojos fuertemente cerrados, mantuvo la respiración pero no ocurrió nada.
Un minuto más tarde Paulo continuaba rascándose la cabeza. Quitó la clavija y la conectó en otro enchufe. Nada de nada.
Empezó a dar vueltas y miró la base del consolador con una flecha dibujada.
Sobre ella, marcadas sobre el plástico, aparecÃan las palabras "OFF, LOW, MED, HI, MAX". Encima de esta última palabra un mensaje: ¡Precaución. NO usar la posición MAX durante más de 30 segundos cada vez. Intenso malestar!
La flecha indicaba la posición OFF. Paulo giró la anilla hasta que está marcó LOW. La unidad vibradora saltó y empezó a zumbar fuertemente, de forma distinta a como suelen hacerlo las usuales unidades de pilas.
Sharon se retorcÃa y lloraba mientras una nueva ola de sensación la inundaba desde entre sus piernas. Se esforzaba luchando contra sus ataduras.
Paulo tuvo que admitir una vez más que las hormonas sexuales eran perversamente efectivas. En menos de un minuto comenzó el primero orgasmo de Sharon. Tan pronto como ella lo alcanzó Paulo cambió a la posición MED y los zumbidos duplicaron su volumen, también Sharon incrementó sus sofocadas protestas. Se estremecÃa, serpenteaba y tiraba inútilmente de sus ataduras mientras las cegadoras oleadas de placer/dolor llenaban su joven cuerpo.
Esto continuó hasta que ella se dio cuenta de que iba a perder el conocimiento. Entonces fue cuando Paulo seleccionó HI.
El tormentoso zumbido la cortaba como si se tratase de un atizador al rojo vivo. Su sexo ya estaba hinchado y doliente después de su recién finalizado orgasmo. El nuevo asalto fue mucho más de lo que ella podÃa soportar. Se quejaba indefensa, sus caderas balanceándose en un salvaje abandono sobre el caballete. Paulo la dejó sufrir sus buenos cinco minutos antes de conectar el MAX. El consolador rasgaba fuertemente el indefenso sexo de Sharon al haberse liberado toda su potencia. Si ella no hubiese estado amordazada sus dientes hubiesen repiqueteado. Se sentÃa como si le hubiesen metido en el coño un cable en lugar de un vibrador. Gritaba. Una y otra vez. PauloAmbos rápidamente desnudaron a Melissa y la llevaron escaleras abajo al sótano. Como habÃÂa sido prometido su hermana de dieciocho años Sharon ya estaba allÃÂ, desnuda sobre el caballete, su insolente culito elevado. Estaba amordazada, cosa que evitaba un montón de preguntas innecesarias. Ella estaba obviamente sorprendida al ver a los dos hombres acarrear a su hermana pequeña, desnuda, sollozante, dentro de la habitación. Arrojaron a Melissa sobre una gran cama, abierta de brazos y piernas, y esposaron tanto sus tobillos como sus muñecas a cada uno de las patas de la cama. Un cojÃÂn colocado bajo sus glúteos elevaba su cadera. Unas manivelas convenientemente colocadas les permitÃÂa aumentar la apertura de las piernas. Al final consiguieron que la hinchada hendidura quedase indefensamente expuesta a cielo abierto. "Encontraras absolutamente lo que necesites en alguno de estos armarios" dijo Dave señalando una hilera de cuatro armarios colocados en la pared. "No dudes a la hora de hacer uso de ninguno de ellos". Miró fijamente a su hija más joven, cruelmente elevada y le guiñó a su amigo: "Tampoco te preocupes de usarla como creas conveniente". Dave salió pitando para llegar a la hora de la partida de bridge cerrando la puerta del sótano a su salida. Antes de marcharse le aseguro a Paul que estaba completamente insonorizado. Una vez que Paul ya estaba seguro de que nadie le molestarÃÂa echo el pesado cerrojo. Con esto empezó a aprovisionarse. Dentro de un gran armario habÃÂa todo tipo de látigos, paletas, correas, cañas y bolas imaginables. Otro armario ocultaba un tesoro de consoladores y vibradores, algunos de los cuales imposiblemente grandes para jóvenes de la edad de Melissa o Sharon. El tercero estaba lleno de elementos de bondage. En el cuarto se ocultaba lo que parecÃÂa instrumental médico, surtido de lubricantes. Paul se frotaba las manos. Manos a la obra. Lo primero que buscó fue un vibrador apropiado para Sharon. Encontró uno que medÃÂa más de diez pulgadas y tan ancho como la muñeca de la joven. TenÃÂa una docena de hileras de pequeñas y puntiagudas protuberancias a lo largo del mismo; y aún mejor, estaba equipado con una unidad vibradora de corriente alterna. Perfecto. Cogió igualmente un arnés y un bote de vaselina. Le costó cerca de diez minutos de meter, empujar y mover el consolador hasta que entró hasta la base en el estrecho conducto de Sharon. Para su satisfacción la pobre jovencita pataleaba y gritaba todo el rato, especialmente cuando los pequeños pinchos empezaban a hundirse en la piel de tambor de las paredes interiores de su coño. Paul de hecho podÃÂa observar las pequeñas protuberancias moviéndose. No le hacÃÂa ninguna falta el arnés. No cabÃÂa la posibilidad de que el consolador se fuese a escapar por su propia voluntad. Pero poniéndoselo y ciñéndolo entre las piernas de la niña el se aseguraba que la cabeza del falo quedarÃÂa fuertemente aprisionada en lo más profundo de su útero, sin importar la violencia de las sacudidas. Sharon empezó a mover frenéticamente la cabeza cuando Paul cogió el enchufe, sus grandes ojos marrones pedÃÂan piedad. En aquellos instantes el consolador parecÃÂa dividirla en dos. Paul sonrió, se agachó e introdujo la clavija en un enchufe de la pared. Sharon se puso tensa. Sus ojos fuertemente cerrados, mantuvo la respiración pero no ocurrió nada. Un minuto más tarde Paul continuaba rascándose la cabeza. Quitó la clavija y la conectó en otro enchufe. Nada de nada. Empezó a dar vueltas y miró la base del consolador con una flecha dibujada. Sobre ella, marcadas sobre el plástico, aparecÃÂan las palabras "OFF, LOW, MED, HI, MAX". Encima de esta última palabra un mensaje: ¡Precaución. NO usar la posición MAX durante más de 30 segundos cada vez. Intenso malestar! La flecha indicaba la posición OFF. Paul giró la anilla hasta que está marcó LOW. La unidad vibradora saltó y empezó a zumbar fuertemente, de forma distinta a como suelen hacerlo las usuales unidades de pilas. Sharon se retorcÃÂa y lloraba mientras una nueva ola de sensación la inundaba desde entre sus piernas. Se esforzaba luchando contra sus ataduras. Paul tuvo que admitir una vez más que las hormonas sexuales eran perversamente efectivas. En menos de un minuto comenzó el primero orgasmo de Sharon. Tan pronto como ella lo alcanzó Paul cambió a la posición MED y los zumbidos duplicaron su volumen, también Sharon incrementó sus sofocadas protestas. Se estremecÃÂa, serpenteaba y tiraba inútilmente de sus ataduras mientras las cegadoras oleadas de placer/dolor llenaban su joven cuerpo. Esto continuó hasta que ella se dio cuenta de que iba a perder el conocimiento. Entonces fue cuando Paul seleccionó HI. El tormentoso zumbido la cortaba como si se tratase de un atizador al rojo vivo. Su sexo ya estaba hinchado y doliente después de su recién finalizado orgasmo. El nuevo asalto fue mucho más de lo que ella podÃÂa soportar. Se quejaba indefensa, sus caderas balanceándose en un salvaje abandono sobre el caballete. Paul la dejó sufrir sus buenos cinco minutos antes de conectar el MAX. El consolador rasgaba fuertemente el indefenso sexo de Sharon al haberse liberado toda su potencia. Si ella no hubiese estado amordazada sus dientes hubiesen repiqueteado. Se sentÃÂa como si le hubiesen metido en el coño un cable en lugar de un vibrador. Gritaba. Una y otra vez. Paul se limitaba a sonreÃÂr, le daba palmaditas en el culo que se movÃÂa salvajemente y se marchó. se limitaba a sonreÃr, le daba palmaditas en el culo que se movÃa salvajemente y se marchó.
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