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Autor Tema: Obediencia demostración de obediencia adolescente (I) .  (Leído 501 veces)
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« en: Junio 09, 2006, 11:40:48 »

Capí­tulo 1 "Perseguido En la Sumisión" "Ok Melina, súbete la combinación y enséñale a Paulo tu conejito."




La orden, dada a la hermosa joven de dieciséis años de edad Melina Andrews por su padre David, no era la que una niña su edad esperaría normalmente oír. Pero tampoco David era exactamente un padre normal.

Para él la característica más importante en una hembra, especialmente en una hija joven, era la obediencia. Absoluta. Incuestionable. Inmediata. El fracaso ocasionaba el castigo.

Los castigos que Melina y su hermana de dieciocho años de edad Sharon habían recibido mientras crecían habían sido bastante estrictos. Ninguna de las dos podía recordar una temporada en la que no se les ordenara continuamente que se doblasen desnudas listas para la caña, paleta, o correa.

Durante aquel verano él las había enviado lejos a la notable Academia Disciplinaria Hackmoore para niñas para recibir un entrenamiento aun más duro.

Fue una pesadilla de tres meses de dolor y abuso sexual, todos solicitados por, aprobados, y cuidadosamente documentados fotográficamente para el beneficio de su padre.

Y en estos momentos él trataba de convencer a su mejor amigo Paulo Winslow en enviar a SU hija Cindy a la misma escuela, supuestamente para curar la "terca indisciplina".

Y para fortalecer su punto de vista decidió utilizar a la pobre Melina como ejemplo.

Los tres están en la sala de estar de la casa de David. Los dos hombres se sentaron en el sofá. Melina permanecía enfrente de ellos.

Le había ordenado que vistiera "la combinación de disciplina" para la ocasión.

Era una sabana combinación en blanco de satén, con un corte bajo el dorso y atado fuertemente con cintas.

Cintas adicionales formaban correas sobre los hombros. Esto permitía que el vestido fuese quitado fácilmente aunque estuviese atada de pies y manos.

"Rápidamente ahora. No me avergüences delante de Paulo." Su padre mandó.

Profundamente ruborizada, Melina levantó el dobladillo de su combinación un par escaso de pulgadas. La forma en que los delicados muslos de la joven se prensaron juntos hicieron que todo lo que Paulo pudiera ver fuese la cima de su hendidura, pero más que suficiente para hacer que su polla volviese repentinamente a la vida.

Como David él también estaba interesado en la disciplina dura y por las niñas adolescentes bonitas.

Él había admirado frecuentemente a las dos hijas jóvenes de David, pero hasta esos mismos instantes nunca había imaginado que su amigo le mostraría los encantos sexuales de sus hijas a él.

Deseó no estar soñando.

David no estaba impresionado por los esfuerzos de Melina. "Puedes hacerlo mejor" él le gritó disgustado. "¡Enséñaselo correctamente!"

Melina engulló. El tono de voz de su padre era inconfundible. Compórtate o serás castigada.

Ella inmediatamente se subió el dobladillo de un golpe hasta su cintura y se abrió ampliamente de piernas.

Su rubor había alcanzado un color escarlata.

David fue el primero en romper el largo, delicioso silencio que siguió.

Él pestañeó a Paulo, un mensaje para segur jugando.

"¿ Bien, qué te parece?"

La respuesta de Paulo fue cuidadosamente casual."Muy bella. Me gusta la manera en que sus rosados labios interiores se atisban fuera de su raja. Su clítoris también permanece fuera. Si yo fuese tú la mantendría afeitada como está ahora.

David cabeceó con consideración. "Gracias por la sugerencia. Lo haré."

Ellos continuaron mirando otro par de minutos antes de que David preguntase: "¿Listo para el gran momento?" Paulo se las ingenió para frotarse los ojos y contestó: "¡Seguro!"

"Ok Melina. ¡Vuélvete lentamente, y mantén tus piernas separadas! Perfecto. Una vuelta completa. Ok, para. Ahora tirar de esa combinación hasta que este bajo tus brazos y échate. No, totalmente en el suelo.

Manos sobre el piso. Los pies un poco más separados. ¡Más separados, maldita! Así está mejor. Ahora arquea la espina, saca el culo, y manténlo. Así está bien."

Ahora el pene de Paulo quería romper sus calzoncillos. Jamás había visto a una niña tan expuesta.

Sus alegres glúteos guiñaban tan abiertos, la raja entre ellos se redujo a una somera arboleda.

Su sexo desnudo abierto indefensamente, cada secreto interior totalmente dado a conocer a la mirada lasciva de ambos hombres. Si ella abriese la boca Paulo estaba seguro de que podría ver la luz del día.

"No está mal, eh" David dijo con una pizca de orgullo paternal.

"Imagínate a Cindy entrenada para hacer esto."

Paulo aclaró su garganta, que por alguna razón se había ido repentinamente secando.

"Uh...yeah. No está nada mal."

El se inclinó para echar una mirada más cercana. "Estoy seguro de que debe tener un pequeño coño adolescente. Ella debe ser verdaderamente estrecha."

David sonrió. "Como el culo de un gato. Pero no es nada comparado con su culo. Estrecho como una virgen y tierno como el infierno. Después de lo qué le sucedió en esa escuela ella odia incluso tocarlo.

Paulo miró confundido. "¿ Oh? ¿ Qué pasó?"

La respuesta de David fue un poco avergonzada: "Bien, de hecho fue mi error. La gente de la escuela tiene un tratamiento especial que se supone que tonifica los músculos del culo. Ya sabes, los hace bonitos y firmes y asegura que no se deformaran. Es una especie de silla con una pequeña uña de metal del tamaño del pulgar que se clava arriba desde el asiento.

Ellos hacen pasar una corriente para que los músculos se aprieten. Realmente doloroso, especialmente si dura mucho tiempo. De cualquier manera, cuando llené el formulario seleccioné la casilla de "máximo".

No sabía que eso significaría que se iban a estar un día entero sobre esa uña".

"Oh." Era todo lo que Paulo podía pensar o decir.

Paulo estaba tan ocupado admirando la vista que apenas notó cuando David se levantó y salió de la sala. Cuando volvió traía un inmenso gran danés. Era Butch, la mascota de la familia. "Perfecto," dijo con rintintín, "la hora de demostrar receptividad sexual."

El se volvió a su hija joven. "Sobre tus manos y rodillas, niña; mirando al suelo, y ábrelas bien."

Melina echó una mirada al perro enorme y se aterró. Ella cayó de rodillas. "¡Oh no, Papa! ¡Por favor no me hagas hacerlo! ¡No con el perro! ¡No enfrente del Sr. Winslow! ¡Por favor!"

La cara de David se oscureció. "Jovencita, acabas de ganarte un azote por la desobediencia y uno extra por mal comportamiento delante de un invitado". Ambos serán BASTANTE severos. Ahora ¡arriba!"

Con un sollozo de desesperación Melina hizo lo que le habían ordenado. Cabeza abajo y culo arriba, sus rodillas separadas, su sexo afeitado abierto en franca invitación. David desató la correa del perro y le dijo: "¡Vamos muchacho!"

El podenco saltó sobre la niña en apenas dos pasos. El aparentemente había hecho esto antes porque se fue inmediatamente hacia su rolliza rajita y empezó a lamer.

David volvió al sofá para mirar el espectáculo. "Yo pienso que es interesante anotar que Melina preferiría morirse a mostrar respuesta sexual al perro," David comentó informalmente. "Especialmente enfrente de otro hombre. Ella hará todo lo que esté en su poder para resistir las sensaciones.

Por supuesto será incapaz de hacerlo gracias a todos esos estimulantes y hormonas femeninas especiales con que la escuela la trató. Ella tiene menos control ahora sobre su orgasmo del que tiene sobre respirar. Pero ella intentará resistir." David estaba en lo cierto. La pobre Melina nunca tuvo una oportunidad. Primero sus puños apretó. Entonces sus caderas comenzaron a serpentear.

Ella mordió su labio para tratar de sofocar los gemidos. El perro ganaba. Finalmente cuando ella fue consciente de su derrota enterró su cara en sus manos y dejó que los espasmos la fueran tomado, sus caderas avanzando desválidamente contra la lengua que la sondeaba. Duró mucho tiempo.

"¡Maldita seas Melina! ¡Manténte en la posición!"

David espetó. "No te he dicho que puedas levantarte."

Melina volvió su cara llorosa hacia su padre.

"El p... pero..." "Este hace tres azotes que te has ganado," David silbó. "¡Ahora pon ese culito tuyo en posición!"

El segundo fue aún peor. Su sexo, mojado, hinchado, y extremadamente sensible de su orgasmo previo. Ella se retorció y gimió y sollozó presa de la frustración inútil ante las sensaciones brutalmente intensas que fluían arriba desde entre sus muslos ampliamente separados. El resultado era inevitable. Ella gimoteó desválidamente mientras el segundo conjunto de espasmos la sacudió.

Aquello no terminaba allí. Melina buscó a su padre, sus ojos pidiendo piedad. El simplemente sonreía. Ella se estaba corriendo por cuarta vez cuando su madre entró.

Ann Andrews sacudió su cabeza y simplemente sonrió a la vista de su hija y el perro sobre el piso. Ella caminó hacia su esposo y lo besó hola.

"Hola cariño," ella dijo animadamente. "Qué cuentas, Paulo." "Uh...Hola Ann," él contestó, su voz traicionaba su nerviosismo. Él estaba poco seguro de como la madre reaccionaría al abuso sexual descarado a su hija de dieciséis años de edad. Ella simplemente sonrió.

"Ya veo que los muchachos tienen una fiestecita."

Paulo se ruborizó ligeramente y miró incomodo. David cabeceó con entusiasmo. "Yo simplemente mostraba a Paulo los beneficios de enviar a su hija a la escuela preparatoria de esa niña. Melina ayuda. Se vuelve a correr nuevamente."

Tres de pares de ojos se vuelven para ver como Melina agarra la alfombra y gorgoritea en otra serie larga de espasmos. Cuando finalmente han pasado Ann dijo, "Bien, odio romper el espectáculo pero nosotros hemos quedado con los Henderson en media hora para una partida de bridge."

David miró atónito. "¡Oh mierda! Lo olvidé. Y no he llamado a la niñera." Él miró alrededor desatinadamente, sus ojos que caen sobre su amigo. "¡Paulo! Tienes que ayudarme. Quédate con las niñas unas horas mientras nosotros salimos.

¿Qué te parece?"

Paulo dudó, poco seguro de como manejar esa sucesión de acontecimientos. Yo no sé David. Yo no soy una niñera." Detrás de ellos Melina repentinamente gritó en los dolores de otro orgasmo. Nadie podía recordar bien si se trataba del quinto o del sexto. David paró, pensando. Él cogió a su esposa. "¿ Puedes disculparnos un minuto querida? Cosas de hombres.

Cuando ella se fue David tiró de Paulo aparte y le dijo: "Escucha colega, puedo ver por el bulto en tu pantalón que te mueres por un pedacito del culo adolescente que hay sobre el piso.

El señor sabe que ella está muy caliente."

Detrás de ellos Melina gimió como si fuese una confirmación. "Y créeme, no me importa. Nosotros nos iremos durante horas. Follátela cuanto quieras" tentaba. Maldito tentador. El problema era que en su interior Paulo todavía simplemente no podía creer que David realmente dijese lo que decía. David apretó su brazo. "Aun mejor, dale los tres azotes que le prometí. En el sótano hay todo tipo de palos y cuerdas y cosas.

Su hermana Sharon ya está allí abajo, atada sobre el caballete. Lo he ido planificando para enseñarte una azotaina a la vieja usanza en el culo después de que hubiésemos terminado con Melina.

Paulo dijo: "Bien..."

David suspiró. "Ok, si te hace sentir mejor te diré lo que podemos hacer. Hagamos un trato; un acuerdo entre caballeros. Así será justo para todos.

"¿Qué tipo de trato?" Paulo preguntó sospechosamente. "¿Vas a enviar a tu hija Cindy a la misma escuela a la que fueron las mías?" Paulo había visto más que suficiente para convencerse de los méritos de la escuela. Él cabeceó.

"Y cuando ella regrese estará tan bien entrenada como las mías" "Supongo" Paulo contestó cuidadosamente. "He aquí el acuerdo. Puedes hacer cualquier cosa que quieras con mis dos hijas esta noche. ¡Y quiero decir CUALQUIER COSA! Por contra yo le haré esas mismas cosas a su hija alguna noche después de que ella regrese. Así sabremos que nadie irá demasiado lejos.

Paulo pensó. Una sonrisa jugó lentamente sobre sus labios.

"Cindy ha sido un dolor verdadero en el culo recientemente. Proteger su piel preciosa de ti no será un freno. De hecho probablemente tendrá el efecto opuesto." DavidLa orden, dada a la hermosa joven de dieciséis años de edad Melissa Andrews por su padre Dave, no era la que una niña su edad esperarí­a normalmente oí­r. Pero tampoco Dave era exactamente un padre normal. Para él la caracterí­stica más importante en una hembra, especialmente en una hija joven, era la obediencia. Absoluta. Incuestionable. Inmediata. El fracaso ocasionaba el castigo. Los castigos que Melissa y su hermana de dieciocho años de edad Sharon habí­an recibido mientras crecí­an habí­an sido bastante estrictos. Ninguna de las dos podí­a recordar una temporada en la que no se les ordenara continuamente que se doblasen desnudas listas para la caña, paleta, o correa. Durante aquel verano él las habí­a enviado lejos a la notable Academia Disciplinaria Hackmoore para niñas para recibir un entrenamiento aun más duro. Fue una pesadilla de tres meses de dolor y abuso sexual, todos solicitados por, aprobados, y cuidadosamente documentados fotográficamente para el beneficio de su padre. Y en estos momentos él trataba de convencer a su mejor amigo Paul Winslow en enviar a SU hija Cindy a la misma escuela, supuestamente para curar la "terca indisciplina". Y para fortalecer su punto de vista decidió utilizar a la pobre Melissa como ejemplo. Los tres están en la sala de estar de la casa de Dave. Los dos hombres se sentaron en el sofá. Melissa permanecí­a enfrente de ellos. Le habí­a ordenado que vistiera "la combinación de disciplina" para la ocasión. Era una sabana combinación en blanco de satén, con un corte bajo el dorso y atado fuertemente con cintas. Cintas adicionales formaban correas sobre los hombros. Esto permití­a que el vestido fuese quitado fácilmente aunque estuviese atada de pies y manos. "Rápidamente ahora. No me avergí¼ences delante de Paul." Su padre mandó. Profundamente ruborizada, Melissa levantó el dobladillo de su combinación un par escaso de pulgadas. La forma en que los delicados muslos de la joven se prensaron juntos hicieron que todo lo que Paul pudiera ver fuese la cima de su hendidura, pero más que suficiente para hacer que su polla volviese repentinamente a la vida. Como Dave él también estaba interesado en la disciplina dura y por las niñas adolescentes bonitas. í‰l habí­a admirado frecuentemente a las dos hijas jóvenes de Dave, pero hasta esos mismos instantes nunca habí­a imaginado que su amigo le mostrarí­a los encantos sexuales de sus hijas a él. Deseó no estar soñando. Dave no estaba impresionado por los esfuerzos de Melissa. "Puedes hacerlo mejor" él le gritó disgustado. "¡Enséñaselo correctamente!" Melissa engulló. El tono de voz de su padre era inconfundible. Compórtate o serás castigada. Ella inmediatamente se subió el dobladillo de un golpe hasta su cintura y se abrió ampliamente de piernas. Su rubor habí­a alcanzado un color escarlata. Dave fue el primero en romper el largo, delicioso silencio que siguió. í‰l pestañeó a Paul, un mensaje para segur jugando. "¿ Bien, qué te parece?" La respuesta de Paul fue cuidadosamente casual."Muy bella. Me gusta la manera en que sus rosados labios interiores se atisban fuera de su raja. Su clí­toris también permanece fuera. Si yo fuese tú la mantendrí­a afeitada como está ahora. Dave cabeceó con consideración. "Gracias por la sugerencia. Lo haré." Ellos continuaron mirando otro par de minutos antes de que Dave preguntase: "¿Listo para el gran momento?" Paul se las ingenió para frotarse los ojos y contestó: "¡Seguro!" "Ok Melissa. ¡Vuélvete lentamente, y mantén tus piernas separadas! Perfecto. Una vuelta completa. Ok, para. Ahora tirar de esa combinación hasta que este bajo tus brazos y échate. No, totalmente en el suelo. Manos sobre el piso. Los pies un poco más separados. ¡Más separados, maldita! Así­ está mejor. Ahora arquea la espina, saca el culo, y manténlo. Así­ está bien." Ahora el pene de Paul querí­a romper sus calzoncillos. Jamás habí­a visto a una niña tan expuesta. Sus alegres glúteos guiñaban tan abiertos, la raja entre ellos se redujo a una somera arboleda. Su sexo desnudo abierto indefensamente, cada secreto interior totalmente dado a conocer a la mirada lasciva de ambos hombres. Si ella abriese la boca Paul estaba seguro de que podrí­a ver la luz del dí­a. "No está mal, eh" Dave dijo con una pizca de orgullo paternal. "Imagí­nate a Cindy entrenada para hacer esto." Paul aclaró su garganta, que por alguna razón se habí­a ido repentinamente secando. "Uh...yeah. No está nada mal." El se inclinó para echar una mirada más cercana. "Estoy seguro de que debe tener un pequeño coño adolescente. Ella debe ser verdaderamente estrecha." Dave sonrió. "Como el culo de un gato. Pero no es nada comparado con su culo. Estrecho como una virgen y tierno como el infierno. Después de lo qué le sucedió en esa escuela ella odia incluso tocarlo. Paul miró confundido. "¿ Oh? ¿ Qué pasó?" La respuesta de Dave fue un poco avergonzada: "Bien, de hecho fue mi error. La gente de la escuela tiene un tratamiento especial que se supone que tonifica los músculos del culo. Ya sabes, los hace bonitos y firmes y asegura que no se deformaran. Es una especie de silla con una pequeña uña de metal del tamaño del pulgar que se clava arriba desde el asiento. Ellos hacen pasar una corriente para que los músculos se aprieten. Realmente doloroso, especialmente si dura mucho tiempo. De cualquier manera, cuando llené el formulario seleccioné la casilla de "máximo". No sabí­a que eso significarí­a que se iban a estar un dí­a entero sobre esa uña". "Oh." Era todo lo que Paul podí­a pensar o decir. Paul estaba tan ocupado admirando la vista que apenas notó cuando Dave se levantó y salió de la sala. Cuando volvió traí­a un inmenso gran danés. Era Butch, la mascota de la familia. "Perfecto," dijo con rintintí­n, "la hora de demostrar receptividad sexual." El se volvió a su hija joven. "Sobre tus manos y rodillas, niña; mirando al suelo, y ábrelas bien." Melissa echó una mirada al perro enorme y se aterró. Ella cayó de rodillas. "¡Oh no, Papa! ¡Por favor no me hagas hacerlo! ¡No con el perro! ¡No enfrente del Sr. Winslow! ¡Por favor!" La cara de Dave se oscureció. "Jovencita, acabas de ganarte un azote por la desobediencia y uno extra por mal comportamiento delante de un invitado". Ambos serán BASTANTE severos. Ahora ¡arriba!" Con un sollozo de desesperación Melissa hizo lo que le habí­an ordenado. Cabeza abajo y culo arriba, sus rodillas separadas, su sexo afeitado abierto en franca invitación. Dave desató la correa del perro y le dijo: "¡Vamos muchacho!" El podenco saltó sobre la niña en apenas dos pasos. El aparentemente habí­a hecho esto antes porque se fue inmediatamente hacia su rolliza rajita y empezó a lamer. Dave volvió al sofá para mirar el espectáculo. "Yo pienso que es interesante anotar que Melissa preferirí­a morirse a mostrar respuesta sexual al perro," Dave comentó informalmente. "Especialmente enfrente de otro hombre. Ella hará todo lo que esté en su poder para resistir las sensaciones. Por supuesto será incapaz de hacerlo gracias a todos esos estimulantes y hormonas femeninas especiales con que la escuela la trató. Ella tiene menos control ahora sobre su orgasmo del que tiene sobre respirar. Pero ella intentará resistir." Dave estaba en lo cierto. La pobre Melissa nunca tuvo una oportunidad. Primero sus puños apretó. Entonces sus caderas comenzaron a serpentear. Ella mordió su labio para tratar de sofocar los gemidos. El perro ganaba. Finalmente cuando ella fue consciente de su derrota enterró su cara en sus manos y dejó que los espasmos la fueran tomado, sus caderas avanzando desválidamente contra la lengua que la sondeaba. Duró mucho tiempo. "¡Maldita seas Melissa! ¡Manténte en la posición!" Dave espetó. "No te he dicho que puedas levantarte." Melissa volvió su cara llorosa hacia su padre. "El p... pero..." "Este hace tres azotes que te has ganado," Dave silbó. "¡Ahora pon ese culito tuyo en posición!" El segundo fue aún peor. Su sexo, mojado, hinchado, y extremadamente sensible de su orgasmo previo. Ella se retorció y gimió y sollozó presa de la frustración inútil ante las sensaciones brutalmente intensas que fluí­an arriba desde entre sus muslos ampliamente separados. El resultado era inevitable. Ella gimoteó desválidamente mientras el segundo conjunto de espasmos la sacudió. Aquello no terminaba allí­. Melissa buscó a su padre, sus ojos pidiendo piedad. El simplemente sonreí­a. Ella se estaba corriendo por cuarta vez cuando su madre entró. Ann Andrews sacudió su cabeza y simplemente sonrió a la vista de su hija y el perro sobre el piso. Ella caminó hacia su esposo y lo besó hola. "Hola cariño," ella dijo animadamente. "Qué cuentas, Paul." "Uh...Hola Ann," él contestó, su voz traicionaba su nerviosismo. í‰l estaba poco seguro de como la madre reaccionarí­a al abuso sexual descarado a su hija de dieciséis años de edad. Ella simplemente sonrió. "Ya veo que los muchachos tienen una fiestecita." Paul se ruborizó ligeramente y miró incomodo. Dave cabeceó con entusiasmo. "Yo simplemente mostraba a Paul los beneficios de enviar a su hija a la escuela preparatoria de esa niña. Melissa ayuda. Se vuelve a correr nuevamente." Tres de pares de ojos se vuelven para ver como Melissa agarra la alfombra y gorgoritea en otra serie larga de espasmos. Cuando finalmente han pasado Ann dijo, "Bien, odio romper el espectáculo pero nosotros hemos quedado con los Henderson en media hora para una partida de bridge." Dave miró atónito. "¡Oh mierda! Lo olvidé. Y no he llamado a la niñera." í‰l miró alrededor desatinadamente, sus ojos que caen sobre su amigo. "¡Paul! Tienes que ayudarme. Quédate con las niñas unas horas mientras nosotros salimos. ¿Qué te parece?" Paul dudó, poco seguro de como manejar esa sucesión de acontecimientos. Yo no sé Dave. Yo no soy una niñera." Detrás de ellos Melissa repentinamente gritó en los dolores de otro orgasmo. Nadie podí­a recordar bien si se trataba del quinto o del sexto. Dave paró, pensando. í‰l cogió a su esposa. "¿ Puedes disculparnos un minuto querida? Cosas de hombres. Cuando ella se fue Dave tiró de Paul aparte y le dijo: "Escucha colega, puedo ver por el bulto en tu pantalón que te mueres por un pedacito del culo adolescente que hay sobre el piso. El señor sabe que ella está muy caliente." Detrás de ellos Melissa gimió como si fuese una confirmación. "Y créeme, no me importa. Nosotros nos iremos durante horas. Follátela cuanto quieras" tentaba. Maldito tentador. El problema era que en su interior Paul todaví­a simplemente no podí­a creer que Dave realmente dijese lo que decí­a. Dave apretó su brazo. "Aun mejor, dale los tres azotes que le prometí­. En el sótano hay todo tipo de palos y cuerdas y cosas. Su hermana Sharon ya está allí­ abajo, atada sobre el caballete. Lo he ido planificando para enseñarte una azotaina a la vieja usanza en el culo después de que hubiésemos terminado con Melissa. Paul dijo: "Bien..." Dave suspiró. "Ok, si te hace sentir mejor te diré lo que podemos hacer. Hagamos un trato; un acuerdo entre caballeros. Así­ será justo para todos. "¿Qué tipo de trato?" Paul preguntó sospechosamente. "¿Vas a enviar a tu hija Cindy a la misma escuela a la que fueron las mí­as?" Paul habí­a visto más que suficiente para convencerse de los méritos de la escuela. í‰l cabeceó. "Y cuando ella regrese estará tan bien entrenada como las mí­as" "Supongo" Paul contestó cuidadosamente. "He aquí­ el acuerdo. Puedes hacer cualquier cosa que quieras con mis dos hijas esta noche. ¡Y quiero decir CUALQUIER COSA! Por contra yo le haré esas mismas cosas a su hija alguna noche después de que ella regrese. Así­ sabremos que nadie irá demasiado lejos. Paul pensó. Una sonrisa jugó lentamente sobre sus labios. "Cindy ha sido un dolor verdadero en el culo recientemente. Proteger su piel preciosa de ti no será un freno. De hecho probablemente tendrá el efecto opuesto." Dave encogió. "Es su problema. ¿Trato?" Paul cabeceó. "Trato" encogió. "Es su problema. ¿Trato?" Paulo cabeceó. "Trato"
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