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« en: Junio 09, 2006, 11:31:33 » |
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Ir a fiestas con desconocidos puede depararte muchas sorpresas. Fijate sino en lo que le ha ocurrido a la protagonista de esta historia...
Esta historia ocurrió hace dos años, yo todavÃa estaba en la universidad, pero por esos tiempos no estaba muy animada con los estudios y muchas veces me salÃa de la universidad para irme a fiestas que organizaban amigos o simplemente conocidos. En una ocasión una amiga pasó a verme a mi clase de historia para decirme que se estaba organizando una fiesta en la casa de unos chicos que habÃamos conocido una semana antes en otra reunión, y sin pensarlo demasiado, me salà de la clase para ir con ellos. Yo estudiaba en el turno vespertino, asà que eran como las cuatro de la tarde cuando salimos de la universidad, la casa a la que Ãbamos no estaba muy lejos de ahÃ, asà que no tardamos mucho en llegar. No nos costó mucho reconocer la casa por la música tan fuerte que ya estaban tocando, cuando entramos estaban los seis chicos que habÃamos conocido, y unas diez personas más, en cuanto entramos los chicos nos abordaron, platicamos un rato y después nos pusimos a bailar. En unas dos horas mi amiga y yo ya estabamos un poco mareadas por lo que habÃamos bebido, aunque yo me asusté un poco porque no habÃa bebido mas que una copa, asà que sospeche que me habÃan drogado.
Estabamos bailando en un rincón cuando dos de los chicos me dijeron que yo les gustaba, y que querÃan que fuera amable con ellos, yo me reÃa porque no imaginaba las consecuencias de mis actos, además pensaba que estaban bromeando porque jamas me sentà muy guapa, me han dicho que tengo muy linda cara pero yo estaba acomplejada porque mis senos son mas bien pequeños y aunque no estoy pasada de peso, tampoco estoy muy flaca, lo único que podrÃa haberles atraÃdo son mis nalgas que siempre fueron grandes y duras y mis piernas rellenitas y un poco largas.
Cuando se dieron cuenta de que yo tomaba a broma sus comentarios, me jalaron del brazo hacia una habitación y me dijeron que mejor cooperara con ellos porque me iban a coger y que si me resistÃa iba a tener que ser por la fuerza. Uno de ellos me dijo que no me preocupara que no me iban a golpear al grado de dejarme marcas en el cuerpo, pero que me advertÃa que a ellos les gustaba el sado, mientras me decÃa esto me apretaba el cuello, cuando comencé a toser me soltó y el otro me tomo de la cintura y me beso en la boca, yo no podÃa evitar resistirme, y cuando entraron otros dos chicos a la habitación empecé a gritar.
Como obviamente no querÃan que nadie se enterara me amordazaron y me dieron una bofetada que me tiró en la cama. Entonces comenzaron a desvestirme entre dos de ellos mientras los otros dos sacaban un portafolio grande de debajo de la cama. Me dejaron solo con la ropa interior, yo tenÃa puesta una pantaleta de encaje blanco y el sostén igual. Me ataron las manos juntas en uno de los barrotes de la cabecera de la cama, me abrieron las piernas y las ataron a cada extremo de la cama, como era de tamaño matrimonial, me costaba trabajo mantener las piernas tan abiertas. Comencé a llorar. Entonces se desnudaron todos . Estaba totalmente expuesta e indefensa, en ese momento podÃan hacerme lo que quisieran. Se sentaron dos a cada lado mÃo y comenzaron a tocarme, uno de ellos comenzó a apretar mis senos, mientras otro me manoseaba el coño por encima del calzón, los otros dos me ponÃan sus penes en la cara . Yo intentaba soltarme de las cuerdas pero era inútil, de repente dos de ellos sacaron una navaja y mela empezaron a pasar por el cuerpo, yo me movÃa como loca tratando de soltarme, hasta que uno de ellos me puso la navaja en el cuello y me grito: — tranquilizate putita porque de todas formas nadie te escucha— fue entonces que caà en la cuenta de que ya no se escuchaba ningún ruido en la casa y no dude que hubieran corrido a todos y que los otros dos amigos se estuvieran encargando de mi amiga.
Siguieron pasando la navaja por mi cuerpo y cortaron las tiras del brassiere y de las bragas dejándome completamente desnuda, el frÃo de la navaja hizo que mis pezones se endurecieran.
Yo seguÃa con las piernas bien abiertas y uno de ellos comenzó a introducir dos de sus dedos en mi coño, como estaba completamente seco se enfureció y me dio un golpe muy fuerte en los muslos.
Del portafolio sacaron un consolador de tamaño mediano, lo introdujeron en mi coño lentamente y lo encendieron para que comenzara a vibrar, entonces lo sacaban y lo metÃan y yo sentÃa como mi rostro se ponÃa rojo del placer, cuando se dieron cuenta de esto, lo sacaron y trajeron oro que era un poco mas pequeño y tenÃa púas. Me lo metieron y yo me queje, pero comencé a gritar cuando encendieron el consolador y este se comenzó a inflar dentro de mi. Comenzaron a moverlo yo ya no podÃa mas y comencé a llorar de nuevo.
Entonces me desataron los pies y me taparon los ojos con un antifaz negro, también me desataron las manos y mientras uno me doblaba los brazos hacia atrás otro me lamÃa y mordÃa los pezones. De repente llego otro y me jaló fuerte el cabello, me dijo que me quedara quieta y entonces, trajeron una cuerda y la pusieron muy apretada al rededor de todo mi cuerpo, primero alrededor del cuello, después los brazos y los senos que se saltaban por lo apretado de la cuerda y asà por todo el cuerpo, las manos me las ataron por detrás y me tiraron en el suelo, me colocaron una especie de mordaza que me mantenÃa la boca bien abierta, entonces uno por uno me levantaban del cabello hasta que quedaba arrodillada y sentÃa como me metÃan el pene en la boca, agitaban mi cabeza cada vez mas rápido hasta que terminaban, yo ya no podÃa mas del asco pero me advirtieron que si me atrevÃa a vomitar me irÃa muy mal. Cuando los cuatro terminaron dentro de mi boca me quitaron la mordaza y volvieron a aventarme en el suelo. TenÃa el cuello y el pecho escurriendo del semen que no me habÃa podido tragar.
Me levantaron y me pusieron boca abajo en la cama, comenzaron a darme nalgadas hasta que se cansaron. Entonces pusieron unas almohadas debajo de mi vientre, lo que mantenÃa mi culo levantado, y me desataron las cuerdas solo de la cintura para abajo, me separaron las piernas y comenzaron a cogerme por el coño, mientras uno me cogÃa otro metÃa su mano para estimularme el clÃtoris , y los otros dos me manoseaban las nalgas y los senos. Otra vez los tres restantes hicieron lo mismo que el primero, cada vez que me lo hacÃan yo terminaba en orgasmos largos pero humillantes.
Se alejaron de mi y de repente oà la música muy fuerte, esta vez dentro de la habitación, como no podÃa ver nada era evidente que habÃan puedo la música para que yo no escuchara nada y sorprenderme cuando menos pensara. y asà fue, cuando menos lo imaginaba, sentà un golpe en los muslos que me hizo gritar, me dijeron que por gritar me merecÃa un castigo, asà que me pusieron esta vez una mordaza que tenÃa una especie de consolador muy grande que me entraba en la boca casi hasta la garganta. Me pusieron unas pinzas en cada pezón de las que colgaban dos cadenas, no podÃa gritar y tuve que aguantarme todo el dolor que sentÃa, comenzaron a jalar de las cadenas, en una ocasión tan fuerte que la pinza se soltó. Entonces pararon.
Uno de ellos me puso incada y me puso boca abajo en un banco, me amarraron las muñecas y los tobillos a cada pata del banco, yo quedaba a cuatro patas apoyada en el. Entonces trajeron un consolador muy grande, solo me quitaron le antifaz para mostrarme lo que me iban a meter, yo seguÃa teniendo la mordaza de consolador y comencé a tratar de gritar, el aparato era muy grande. No tuve tiempo de nada cuando sentà que trataban de meterme el consolador, les costo bastante trabajo por sus grandes dimensiones, cuando se desesperaron uno de ellos tomo mis labios vaginales y me abrió a la fuerza, mientras otro me lo metÃa hasta el fondo, sentà una mezcal de placer y dolor que comenzó a gustarme.
Encendieron el vibrador y comenzaron a moverlo, asà estuvieron un rato, de pronto sentà como me separaban las nalgas, entonces comencé a mover la cabeza desesperadamente, yo no era virgen pero jamas lo habÃa hecho por el culo y sentà mucho miedo, pero ellos no pensaban precisamente en mi, y comenzaron a introducirme algo que parecÃa un consolador muy delgado en el ano, lo sentà un poco mas grueso que un dedo, me dolió bastante, pero me lo dejaron ahÃ, me levantaron y me pusieron encima de uno de ellos en la cama, su pene era grande y mi coño ya estaba muy lastimado pero empezó a moverse y a follarme muy fuerte, yo seguÃa atada pero me sentÃa tan débil que aunque me desataran no hubiera podido moverme, de repente otro de ellos me sacó el consolador del ano y me empujo hacia adelante, comencé a temblar cuando sentà que me estaba metiendo el pene en el culo, me sacaron el consolador de la boca y me quejaba con la poca fuerza que me quedaba pues me estaban follando por el ano y por el coño a la vez, pero no era todo, no me habÃan quitado la mordaza para dejarme descansar, asà que otro de ellos me metió el pene en la boca y comenzó a moverse, el cuarto tipo metió la mano por debajo para estimularme el clÃtoris, mientras se hacÃa una paja, en ese lapso termine dos veces.
Después de esto me dejaron descansar en la cama, me quede dormida unos veinte minutos, después me despertaron y me metieron al baño y me bañaron entre los cuatro, me empezaron a decir que no me preocupara porque cuando me habÃa desmayado la primera vez me habÃan colocado un ovulo anticonceptivo antes de penetrarme. Me preguntaron si me habÃa gustado todo lo que pasó, yo tenÃa miedo pero me habÃan hecho sentir mucho placer también, no supe contestar, y me dijeron que de hoy en adelante yo iba a ser su esclava
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