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Autor Tema: Domina dómina juana, vacaciones a mi servicio  (Leído 415 veces)
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« en: Junio 09, 2006, 11:40:12 »

Hací­a ya algun tiempo que fantaseaba imaginandome transformada en una reina del sado.




En una de aquellas dominas de aspecto severo pero tremendamente sexual ante las que cierto tipo de hombres se rinden hasta renunciar por completo a su voluntad y cuyo maximo placer es contemplar a la mujer a la que rinden culto postrados en el suelo, sirviendole de felpudo. Si. Me apetecía una relación de dominación, llevar a la práctica aquello que alimentaba mis fantasías sexuales. Había visitado algunas páginas web en las que encontré fotografías de hombres sirviendo a sus amas como dociles perritos y debo reconocer que ante algunas de ellas acabé masturbándome. También me atraía la idea de ver mi cuerpo enfundado en una segunda piel de cuero negro. De hecho, el negro es el color que mejor me sienta por lo que suele ser habitual en mi indumentaria, desde el calzado hasta la sombra de ojos. Me gusta parecer una "dama de negro". Pero lo que ahora quería no era sólo poner un punto de sensualidad en mi apariencia cotidiana si no vestirme de una forma que me parecía tremendamente excitante. Revestirme con aquella segunda piel de cuero negro para verme yo misma como una puta (por que no ?), una insaciable diosa del sexo en busca de placer que hiciese estremecer de puro fetichismo a los hombres que cayeran a mis pies.

La caza de mis primeras presas fue mas facil de lo que esperaba. Me bastó pasearme luciendo pantalones y botas de montar por los salones del club para que pronto revolotoasen a mi alrededor mas moscardones de los habituales. Unos me invitaban a montar y a cabalgar con ellos, porque al parecer también practicaban la equitación. Pero los que me interesaron de verdad fueron aquellos que se fijaban en mi pero acto seguido dejaban caer su mirada hacia las relucientes botas de montar de caña alta, adornadas con espuelas. Los probé uno por uno y el que supo quitarme las botas con mas mimo tuvo la oportunidad de repetir. Era un chico atlético, realmente bien dotado, pero tímido e inexperto, de los que se dejaba llevar. Exactamente lo que buscaba. Bastó con forzar suavemente su galantería (traeme eso por favor, ayudame en aquello, me gusta que me beses la mano...) para que pronto se comportase como un sirviente.

De criado a esclavo pasó el día en que, como si fuese un juego, le impuse un collar de perro y monté a caballo sobre sus espaldas. Luego no tardó en entrar de lleno en el reino del sado y ha acabado siendo un juguete en mis manos con el que he practicado y he gozado, a la vez que me he realizado como domina

Para las que algun día os inicieis en esto os diré que el juego seducción-dominación-captura del hombre es algo tremendamente excitante (no dejeis escapar la oportunidad de practicarlo !) y que lo que buscan los esclavos de verdad -aquellos que no son simples curiosos, si no que llevan dentro el morbo del sado aunque no saben como sacarlo- son dominas que que les ayuden a vencer sus propios temores pero que, una vez conseguido esto, los traten con refinada crueldad y sobretodo alimenten sus fantasías, en las que suele haber una gran dosis de fetichismo.

Muchos hombres que alardean de machos indomables acaban derritiendose como helados de crema ante una hembra vestida de cuero que con un látigo en la mano los agarra por la polla, les mira a los ojos y les ordena que la chupen o que le abrillanten sus botas. En la mayoría de los casos es lo que suspiran por hacer, aunque no saben como empezar.

Lo que a continuación voy a relataros es la experiencia que viví el último verano. Fue en las islas, y mis esclavos dos hombres -creo que forman pareja- que cacé en una cena de amigos y que tras los primeros contactos con uno de ellos en los que hablamos libremente de nuestras fantasías me invitaron a su casa a pasar unos días. Eran gente culta y liberal, que vivia el sado sin angustias si no como un placer refinado, por lo que me pareció razonable aceptar su invitación. Además, me obsequiaron con un maravilloso par de botas altas en piel de serpiente con el que acabaron de convencerme. La tentación de calzarlas y dominar con ellas era asolutamente irresistible.

A mi llegada al aeropuerto me esperaba uno de ellos, que hizo de chofer. Para trasladarme hasta la casa, situada en las afueras de la capital, puso a mi disposición una limusina. Estaba claro que se habían propuesto complacerme por todo lo alto y que el juego iba muy en serio, por lo que ya en el interior del vehiculo cambié la ropa comoda del viaje por la propia de una domina.

Cuando, al llegar a destino, me abrieron la puerta y descendí majestuosamente de la limusina, luciendo aquellas botas y un body a juego que me hacía parecer la mujer serpiente, los tuve completamente rendidos. Tomando la iniciativa les había demostrado que iba a mandar desde el principio y que no iban a ser necesarios los prólogos. Las reglas de juego las imponía yo, así que puesta frente a elllos y mirándolos fijamente, pero sin mediar palabra, señalé el suelo y les di a entender que los quería de rodillas.

Ama, perdona pero es que nos has pillado por sorpresa...

Crucé la cara del que habló con dos bofetones y alcé la voz para decirles las normas que imponía

Desde ahora mismo y durante toda esta semana vais a ser mis esclavos. Dormireis en el suelo junto a mi cama. Comereis en el suelo como perros la comida que os arrojaré y andareis desnudos por la casa. Sexualmente os comportareis como putas y hareis lo que a mi me plazca.

Con estos collares que ahora mismo os pondreis (y que diciendo esto lancé frente a ellos) y con las cadenas que los sujetan sereis amarrados y sacados a pasear. Esas serán vuestras unicas prendas de vestir. No necesitais mas, miserables.

Teneis completamente prohibido dirigirme la palabra, salvo que yo os autorice a hablarme.

Cuando lo hagais me llamareis siempre "ama"

Tampoco podeis mirarme directamente a los ojos, que enfocareis siempre hacia la punta de mis pies o de mis botas.

Cuando pase cerca de vosotros dejareis cualquier cosa que esteis haciendo y os arrodillareis hasta que me aleje.

Soy vuestra ama y me habeis traido aquí como dueña de vuestras voluntades así que lo unico que quiero de vosotros es que os esforceis a cada momento para darme el maximo placer.

Para vosotros tengo reservados los mas exquisitos y crueles castigos como unica compensación.

Si aceptais, firmad ahora mismo vuestro contrato de esclavitud,

Lo hicieron rápidamente en completo silencio, estampando su firma ante la hoja que les ofrecí. Acto seguido tomé posesión de sus pollas y de sus culos, colocando a cada uno un arnés-slip de los que por un lado sujetan la polla y por el otro penetran el culo con un plug..

De esta forma vuestras pollas quedarán totalmente bajo mi control y solo las liberaré cuando me apetezca que las useis. Y ahora os quiero en el suelo, a cuatro patas.

Puestos ambos a cuatro patas, frente a mi, ofrecían entonces aquella imagen que había visto fotografiada tantas veces y de la que ahora mismo era yo la protagonista.

Despues de aquel inicio, pasamos al salon de la casa. Los puse en pie en el centro del salón, con las piernas bastante separadas para poderlos manejar libremente y examiné atentamente sus cuerpos durante un buen rato, tal como se hace con el ganado. Los pellizcos en sus partes mas sensibles y los gestos bruscos alternaron con las caricias de mis manos enguantadas sobre su piel, que quería sensibilizar al máximo.

A uno, al que la polla empezó a ponersele dura, le retorcí los huevos mirándole fijamente a los ojos hasta que se tragó la expresión de dolor.

Luego me coloqué a sus espaldas y seguí trabajando su piel, arañándola suavemente y recorriendola delicadamente con la punta de la fusta que de vez en cuando hacía silbar en el aire amagando el azote.

Entonces sus cuerpos se tensaban, preparandose para la descarga, que no tardó en llegar después de varios amagos. Fue una serie de azotes corta pero intensa, que dejó marcadas sus espaldas.

Al acabar hice que me besasen los pies en señal de agradecimiento y mientras se esmeraban en ello arrojé alcohol sobre la piel enrojecida de sus espaldas para aumentar el efecto del castigo.

La infinita sensación de dominio, unida a la excitación que me producía ver reflejada la escena en una luna y a mi con mi indumentaria de serpiente, sobrealzada por los agudos y estilizados tacones de las botas, me provocó una enorme descarga de flujo y me hizo sentir ganas de correrme.

Para eso tenía a los esclavos, así que dejé a uno completamente inmovilizado con grilletes y cadenas mientras que el otro recibió la orden de acompañarme hasta mi habitación.Allí lo estrené como mi WC particular, meandome a chorro en su boca abierta.

Luego hice que me limpiase y finalmente busque el orgasmo tumbandome en la cama con las piernas bien abiertas y el coño completamente expuesto, sobre el que restregué su cara, su bigote y su lengua. Lo hizo bien el muy cabrón, trabajandome el clitoris a la perfección, y consegui una intensa sucesión de orgasmos.

Para relajarme me hice preparar un buen baño mientras que al esclavo le apreté fuertemente la polla con las correas del arnés para contener su excitación. También le taponé la boca con un enorme consolador -para que sigas chupando, mamón- y lo tuve de rodillas mas de una hora. Luego le hice limipar todo aquello como una criada y con un simple puntapié le ordené que regresase al salón, que liberase al otro y que aguardasen en posición de espera.

Me tomé mi tiempo para preparar mi aparición en el salón, y reaparecí con una nueva indumentaria de aspecto mucho mas agresivo. El traje y las botas de serpiente habían sido cambiados por un sujetador, muñequeras y un collar adornados con pinchos, cadenas y remaches metálicos. Llevaba gafas oscuras, gorra de plato y en la cintura me había colocado una polla artificial, negra y enorme, como una amenaza permanente para el culo de aquellos esclavos. En mis manos se agitaba inquietantemente un látigo de siete colas y cada uno de mis pasos sonaba con fuerza a causa del remate metálico de los tacones de aguja de mis botas de charol negro.

Sin mediar una sola palabra, me pasee un buen rato alrededor de los esclavos, como examinandolos. Ellos permanecían expectantes, cabizbajos. Solo se oía su respiración nerviosa y el paso firme de mis tacones.

Subitamente, de un fuerte tirón, puse a uno de aquellos perros a cuatro patas y me senté sobre su espalda, usandolo como taburete. Al otro lo tumbé en el suelo, boca arriba, y empecé dandole a chupar los tacones y la puntera de las botas, pero impidiendo que se recreara. Por ello, cuando veia que se entusiasmaba. le metía toda la bota dentro o le azotaba los huevos con el látigo. Pero inmediatamente seguía con el juego mientras le clavaba el afilado tacón de la otra bota en los pezones o le daba algún puntapié en el flanco.

Despues de quitarle el arnes-slip acabé usandolo de alfombra, puesta en pie sobre su culo, en el que quedaron estampadas las huellas de mis botas. Tampoco pude resistir la tentación de hurgar con el tacón en su culo y de acabar follandolo con mi enorme polla artifical, aunque debia ser el quien me lo suplicase de rodillas

Por favor, ama, follame el culo, te lo suplico. Toma posesión de mi agujero Meteme lo que quieras en el. Revientalo. Lo consideraré un honor, porque es todo lo que puedo ofrecerte. No soy mas que tu puta, tu perro y tu miserable esclavo..aaaggg....mmmmm...

Le interrumpí metiendole aquel cañón por la boca para que lo lubricase con su propia saliva y luego lo penetré empujando con fuerza, mientras el otro esclavo recibía la orden de darle a chupar su polla.

Estuve follandolos alternativamente un buen rato, ahora uno luego el otro, acompasando el ritmo con latigazos sobre la espalda del que me quedaba debajo. Al final, sólo permití que se corriese uno de ellos, y le ordené que lo hiciese sobre el rostro del otro, que luego tuvo que lamer para tragarse de nuevo toda la leche que derramó.

El que no se corrió me lo reservé para otras cosas que os contaré proximamente.

En una de aquellas dominas de aspecto severo pero tremendamente sexual ante las que cierto tipo de hombres se rinden hasta renunciar por completo a su voluntad y cuyo maximo placer es contemplar a la mujer a la que rinden culto postrados en el suelo, sirviendole de felpudo. Si. Me apetecí­a una relación de dominación, llevar a la práctica aquello que alimentaba mis fantasí­as sexuales. Habí­a visitado algunas páginas web en las que encontré fotografí­as de hombres sirviendo a sus amas como dociles perritos y debo reconocer que ante algunas de ellas acabé masturbándome. También me atraí­a la idea de ver mi cuerpo enfundado en una segunda piel de cuero negro. De hecho, el negro es el color que mejor me sienta por lo que suele ser habitual en mi indumentaria, desde el calzado hasta la sombra de ojos. Me gusta parecer una "dama de negro". Pero lo que ahora querí­a no era sólo poner un punto de sensualidad en mi apariencia cotidiana si no vestirme de una forma que me parecí­a tremendamente excitante. Revestirme con aquella segunda piel de cuero negro para verme yo misma como una puta (por que no ?), una insaciable diosa del sexo en busca de placer que hiciese estremecer de puro fetichismo a los hombres que cayeran a mis pies. La caza de mis primeras presas fue mas facil de lo que esperaba. Me bastó pasearme luciendo pantalones y botas de montar por los salones del club para que pronto revolotoasen a mi alrededor mas moscardones de los habituales. Unos me invitaban a montar y a cabalgar con ellos, porque al parecer también practicaban la equitación. Pero los que me interesaron de verdad fueron aquellos que se fijaban en mi pero acto seguido dejaban caer su mirada hacia las relucientes botas de montar de caña alta, adornadas con espuelas. Los probé uno por uno y el que supo quitarme las botas con mas mimo tuvo la oportunidad de repetir. Era un chico atlético, realmente bien dotado, pero tí­mido e inexperto, de los que se dejaba llevar. Exactamente lo que buscaba. Bastó con forzar suavemente su galanterí­a (traeme eso por favor, ayudame en aquello, me gusta que me beses la mano...) para que pronto se comportase como un sirviente. De criado a esclavo pasó el dí­a en que, como si fuese un juego, le impuse un collar de perro y monté a caballo sobre sus espaldas. Luego no tardó en entrar de lleno en el reino del sado y ha acabado siendo un juguete en mis manos con el que he practicado y he gozado, a la vez que me he realizado como domina Para las que algun dí­a os inicieis en esto os diré que el juego seducción-dominación-captura del hombre es algo tremendamente excitante (no dejeis escapar la oportunidad de practicarlo !) y que lo que buscan los esclavos de verdad -aquellos que no son simples curiosos, si no que llevan dentro el morbo del sado aunque no saben como sacarlo- son dominas que que les ayuden a vencer sus propios temores pero que, una vez conseguido esto, los traten con refinada crueldad y sobretodo alimenten sus fantasí­as, en las que suele haber una gran dosis de fetichismo. Muchos hombres que alardean de machos indomables acaban derritiendose como helados de crema ante una hembra vestida de cuero que con un látigo en la mano los agarra por la polla, les mira a los ojos y les ordena que la chupen o que le abrillanten sus botas. En la mayorí­a de los casos es lo que suspiran por hacer, aunque no saben como empezar. Lo que a continuación voy a relataros es la experiencia que viví­ el último verano. Fue en las islas, y mis esclavos dos hombres -creo que forman pareja- que cacé en una cena de amigos y que tras los primeros contactos con uno de ellos en los que hablamos libremente de nuestras fantasí­as me invitaron a su casa a pasar unos dí­as. Eran gente culta y liberal, que vivia el sado sin angustias si no como un placer refinado, por lo que me pareció razonable aceptar su invitación. Además, me obsequiaron con un maravilloso par de botas altas en piel de serpiente con el que acabaron de convencerme. La tentación de calzarlas y dominar con ellas era asolutamente irresistible. A mi llegada al aeropuerto me esperaba uno de ellos, que hizo de chofer. Para trasladarme hasta la casa, situada en las afueras de la capital, puso a mi disposición una limusina. Estaba claro que se habí­an propuesto complacerme por todo lo alto y que el juego iba muy en serio, por lo que ya en el interior del vehiculo cambié la ropa comoda del viaje por la propia de una domina. Cuando, al llegar a destino, me abrieron la puerta y descendí­ majestuosamente de la limusina, luciendo aquellas botas y un body a juego que me hací­a parecer la mujer serpiente, los tuve completamente rendidos. Tomando la iniciativa les habí­a demostrado que iba a mandar desde el principio y que no iban a ser necesarios los prólogos. Las reglas de juego las imponí­a yo, así­ que puesta frente a elllos y mirándolos fijamente, pero sin mediar palabra, señalé el suelo y les di a entender que los querí­a de rodillas. Ama, perdona pero es que nos has pillado por sorpresa... Crucé la cara del que habló con dos bofetones y alcé la voz para decirles las normas que imponí­a Desde ahora mismo y durante toda esta semana vais a ser mis esclavos. Dormireis en el suelo junto a mi cama. Comereis en el suelo como perros la comida que os arrojaré y andareis desnudos por la casa. Sexualmente os comportareis como putas y hareis lo que a mi me plazca. Con estos collares que ahora mismo os pondreis (y que diciendo esto lancé frente a ellos) y con las cadenas que los sujetan sereis amarrados y sacados a pasear. Esas serán vuestras unicas prendas de vestir. No necesitais mas, miserables. Teneis completamente prohibido dirigirme la palabra, salvo que yo os autorice a hablarme. Cuando lo hagais me llamareis siempre "ama" Tampoco podeis mirarme directamente a los ojos, que enfocareis siempre hacia la punta de mis pies o de mis botas. Cuando pase cerca de vosotros dejareis cualquier cosa que esteis haciendo y os arrodillareis hasta que me aleje. Soy vuestra ama y me habeis traido aquí­ como dueña de vuestras voluntades así­ que lo unico que quiero de vosotros es que os esforceis a cada momento para darme el maximo placer. Para vosotros tengo reservados los mas exquisitos y crueles castigos como unica compensación. Si aceptais, firmad ahora mismo vuestro contrato de esclavitud, Lo hicieron rápidamente en completo silencio, estampando su firma ante la hoja que les ofrecí­. Acto seguido tomé posesión de sus pollas y de sus culos, colocando a cada uno un arnés-slip de los que por un lado sujetan la polla y por el otro penetran el culo con un plug.. De esta forma vuestras pollas quedarán totalmente bajo mi control y solo las liberaré cuando me apetezca que las useis. Y ahora os quiero en el suelo, a cuatro patas. Puestos ambos a cuatro patas, frente a mi, ofrecí­an entonces aquella imagen que habí­a visto fotografiada tantas veces y de la que ahora mismo era yo la protagonista. Despues de aquel inicio, pasamos al salon de la casa. Los puse en pie en el centro del salón, con las piernas bastante separadas para poderlos manejar libremente y examiné atentamente sus cuerpos durante un buen rato, tal como se hace con el ganado. Los pellizcos en sus partes mas sensibles y los gestos bruscos alternaron con las caricias de mis manos enguantadas sobre su piel, que querí­a sensibilizar al máximo. A uno, al que la polla empezó a ponersele dura, le retorcí­ los huevos mirándole fijamente a los ojos hasta que se tragó la expresión de dolor. Luego me coloqué a sus espaldas y seguí­ trabajando su piel, arañándola suavemente y recorriendola delicadamente con la punta de la fusta que de vez en cuando hací­a silbar en el aire amagando el azote. Entonces sus cuerpos se tensaban, preparandose para la descarga, que no tardó en llegar después de varios amagos. Fue una serie de azotes corta pero intensa, que dejó marcadas sus espaldas. Al acabar hice que me besasen los pies en señal de agradecimiento y mientras se esmeraban en ello arrojé alcohol sobre la piel enrojecida de sus espaldas para aumentar el efecto del castigo. La infinita sensación de dominio, unida a la excitación que me producí­a ver reflejada la escena en una luna y a mi con mi indumentaria de serpiente, sobrealzada por los agudos y estilizados tacones de las botas, me provocó una enorme descarga de flujo y me hizo sentir ganas de correrme. Para eso tení­a a los esclavos, así­ que dejé a uno completamente inmovilizado con grilletes y cadenas mientras que el otro recibió la orden de acompañarme hasta mi habitación.Allí­ lo estrené como mi WC particular, meandome a chorro en su boca abierta. Luego hice que me limpiase y finalmente busque el orgasmo tumbandome en la cama con las piernas bien abiertas y el coño completamente expuesto, sobre el que restregué su cara, su bigote y su lengua. Lo hizo bien el muy cabrón, trabajandome el clitoris a la perfección, y consegui una intensa sucesión de orgasmos. Para relajarme me hice preparar un buen baño mientras que al esclavo le apreté fuertemente la polla con las correas del arnés para contener su excitación. También le taponé la boca con un enorme consolador -para que sigas chupando, mamón- y lo tuve de rodillas mas de una hora. Luego le hice limipar todo aquello como una criada y con un simple puntapié le ordené que regresase al salón, que liberase al otro y que aguardasen en posición de espera. Me tomé mi tiempo para preparar mi aparición en el salón, y reaparecí­ con una nueva indumentaria de aspecto mucho mas agresivo. El traje y las botas de serpiente habí­an sido cambiados por un sujetador, muñequeras y un collar adornados con pinchos, cadenas y remaches metálicos. Llevaba gafas oscuras, gorra de plato y en la cintura me habí­a colocado una polla artificial, negra y enorme, como una amenaza permanente para el culo de aquellos esclavos. En mis manos se agitaba inquietantemente un látigo de siete colas y cada uno de mis pasos sonaba con fuerza a causa del remate metálico de los tacones de aguja de mis botas de charol negro. Sin mediar una sola palabra, me pasee un buen rato alrededor de los esclavos, como examinandolos. Ellos permanecí­an expectantes, cabizbajos. Solo se oí­a su respiración nerviosa y el paso firme de mis tacones. Subitamente, de un fuerte tirón, puse a uno de aquellos perros a cuatro patas y me senté sobre su espalda, usandolo como taburete. Al otro lo tumbé en el suelo, boca arriba, y empecé dandole a chupar los tacones y la puntera de las botas, pero impidiendo que se recreara. Por ello, cuando veia que se entusiasmaba. le metí­a toda la bota dentro o le azotaba los huevos con el látigo. Pero inmediatamente seguí­a con el juego mientras le clavaba el afilado tacón de la otra bota en los pezones o le daba algún puntapié en el flanco. Despues de quitarle el arnes-slip acabé usandolo de alfombra, puesta en pie sobre su culo, en el que quedaron estampadas las huellas de mis botas. Tampoco pude resistir la tentación de hurgar con el tacón en su culo y de acabar follandolo con mi enorme polla artifical, aunque debia ser el quien me lo suplicase de rodillas Por favor, ama, follame el culo, te lo suplico. Toma posesión de mi agujero Meteme lo que quieras en el. Revientalo. Lo consideraré un honor, porque es todo lo que puedo ofrecerte. No soy mas que tu puta, tu perro y tu miserable esclavo..aaaggg....mmmmm... Le interrumpí­ metiendole aquel cañón por la boca para que lo lubricase con su propia saliva y luego lo penetré empujando con fuerza, mientras el otro esclavo recibí­a la orden de darle a chupar su polla. Estuve follandolos alternativamente un buen rato, ahora uno luego el otro, acompasando el ritmo con latigazos sobre la espalda del que me quedaba debajo. Al final, sólo permití­ que se corriese uno de ellos, y le ordené que lo hiciese sobre el rostro del otro, que luego tuvo que lamer para tragarse de nuevo toda la leche que derramó. El que no se corrió me lo reservé para otras cosas que os contaré proximamente.

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