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« en: Junio 13, 2006, 01:40:24 » |
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Lesb. Un marido engañado por su mujer prepara una venganza para la infiel: ya que rechaza las relaciones homosexuales tiene que dejarse follar por dos mujeres.
Antes que nada, quiero decir que esta historia tiene unos prolegómenos muy largos, pero creo que merecen la pena.
Empecé a sospechar de mi mujer en los primeros meses en que nos casamos.
Demasiadas ausencias, demasiadas cuestiones que no encajaban. Tengo cuarenta años, dos años más que cuando me casé. Comprendo que dedico mucho tiempo a mi trabajo, pero esa era mi vida de soltero, eso es lo que requiere mi trabajo, y es el tipo de vida que ella tanto admiraba cuando me conoció.
Como soy un perro viejo, contraté a un detective privado para que vigilara a aquella chica de veinticuatro años con la que me habÃa casado. Tengo que decir que estaba locamente enamorado de ella.
Moira es rubia, alta y esbelta. PodrÃa haberse dedicado a la moda o a actriz, pues no le falta belleza. Sus ojos son marrones claros y almendrados y sus labios cortos y sensuales. Su nariz es respingona y sus cejas delgadas y arqueadas. Su cara es redonda. En fin, es una "barbie".
Tiene las caderas anchas y la cintura estrecha, un culito bien puesto y respingón. Sus piernas son largas y torneadas. Tiene un ombligo perfecto, unos senos perfectos, ni muy grandes ni muy pequeños, con unos pezones rosados y bien definidos, con la punta bien abultada. Su espalda es ancha y sus brazos como sus piernas, se acaban en unas manos largas y finas, con unos dedos larguÃsimos.
Mi nombre es Enrique. Desde hace unos años estoy un poco calvo, moreno de pelo y de piel clara. Soy un tipo no muy alto y un poco bajito que he conseguido estar donde estoy un poco como los toreros: arriesgando mucho y no guardándome nada. Esto es otro asunto.
Cuando el detective me mostró aquellas fotos comprometedoras, aquellas direcciones de hoteles, aquellas listas de teléfonos y distintos nombres de amigos me di cuenta de que en realidad Moira era una desconocida.
Por lo demás, me lo tomé con mayor sangre frÃa de lo que pensaba. Cuando la vi, al llegar a casa y le dije que querÃa hablar con ella, me notó sólo al verme que la habÃa descubierto. ¿Se me verÃan tanto los cuernos?.
Moira me negó categóricamente que hubiera sido infiel, asà que comencé por darle los nombres de sus amantes. Luego le enseñé la lista de las llamadas realizadas y recibidas, a lo que Moira siguió negándose a todo. Asà que al final tuve que decirle los sitios donde se habÃan visto, las horas, los dÃas... Y finalmente las fotos. Sólo cuando vio las fotos Moira se puso a llorar aMoiramente, jurándome que me amaba, que lo ocurrido era injusto pero que pasaba demasiado tiempo sola, demasiadas noches en las que yo llegaba cansado...
No podÃa odiar a Moira, la deseaba, la amaba, no tenÃa ganas de hacer otra cosa que perdonarla a pesar de lo decepcionado que estaba y lo dolido que habÃa quedado mi orgullo pero por otra parte, sentÃa la necesidad de vengarme, por eso, después de dejarla llorar aMoiramente, cuando se disponÃa a hacer las maletas y huir, la paré y la espeté:
-¿Qué piensas hacer? - - Me voy - -¡Qué fácil! ¡Me abandonas!- -¿Qué quieres que haga?
Bueno, me ablandé. Me pidió perdón y yo la perdoné. Estaba tan guapa. La besé en la cara y luego en la boca y antes de que quisiera darme cuenta estábamos follando como unos locos, encima de la alfombra del dormitorio. A mà no me dio tiempo ni a quitarme la ropa. Me tumbó sobre la alfombra y me desabrochó la cremallera, me sacó la minga y se puso a comérsela. Ella sabe que a mà eso me vuelve loco. Asistà entre deseoso y crispado a sus intentos de congraciarse conmigo, observando con sentimientos encontrados su pelo liso y dorado cubrir aquella cabecita que se afanaba por complacerme.
Cuando estaba a punto de caramelo, se quitó rápidamente el vestido y se bajó las bragas y se empotró en mÃ, se bajó los tirantes del sostén y dejó desnudos sus pechos y me cabalgó hasta dejarme rendido. Sentà botar su cuerpo encima de mÃ, apoyado en el suelo por sus rodillas que se extendÃan a ambos lados de mi cuerpo mientras su vagina caliente y húmeda devoraba mi miembro erecto. Me corrà rápido y ella gritó como si le acabaran de echar el polvo de mi vida. Luego se quedó rendida encima mÃa, sobre mi pecho que habÃa buscado desabrochando mi camisa con premura.
Pero la verdad es que a mà no me habÃa conseguido engañar con la escenita, por más reconfortante que pareciera. Deseaba una venganza y después de estar hablando un rato, le puse que la única condición que le ponÃa para estar conmigo era que debÃa acceder a mi venganza. Aceptó.
DebÃa ser una venganza que la humillara como me habÃa ella humillado a mÃ, que no la alejara de mi lado, pues la deseaba junto a mÃ, y que supusiera para ella un escarmiento. Pensé que lo mejor era darle un escarmiento para aplacar sus apetencias sexuales, excesivas. Para ello lo mejor podÃa ser someterla a una experiencia intensiva de sexo; Encerrarla en una habitación con cuatro hombres para que la tomaran uno detrás de otro.
Pensaba en estas cosas mientras leÃa un periódico, ojeando los titulares, bebiendo lentamente el café en un bar por la mañana. Sin darme cuenta llegué a las páginas de anuncios y allÃ, sin darme cuenta leà algunos anuncios en la sección de relax.. Hubo un anuncio que de verdad me llamó la atención.
Eran dos chicas que estaban dispuestas a hacer el amor con un hombre a la vez. El anuncio me llamó la atención, pues en un momento pensé que podÃa obligar a mi mujer a hacer el amor junto con otra mujer, a compartirme con alguna lagartona.
Nunca habÃa navegado por Internet buscando contactos, pero a partir de ese momento comencé a navegar y pronto conocÃa bien los recovecos de la red y no fue difÃcil acceder a un montón de chicas que buscaban relaciones sexuales con parejas, con otras chicas, etc...
Se me ocurrió entonces que mi venganza podrÃa ser obligar a mi mujer a follar con mujeres, con dos mujeres. Pensé que serÃa un buen escarmiento, pues no era lesbiana, y le habÃa oÃdo hablar con asco de las experiencias que alguna vez habÃa tenido con "toconas", como ella las llamaba.
La cuestión era más complicada de lo que parecÃa. Primero tendrÃa que involucrar a una chica en mi proyecto de darle a mi mujer una lección. Para ello puse un anuncio en una página de contactos de Internet. Lo ponÃa en nombre de mi mujer, acompañado de una foto suya que le hice durante la luna de miel en la que tomaba el sol en bikini en una playa caribeña de arena blanca y aguas de color añil, en la que le disimulaba la cara. El texto decÃa:
"Soy Moira, una señora casada que desea mantener relaciones con chicas para satisfacer los caprichos de mi marido. También estoy dispuesta a satisfacer los tuyos".
Recibà un montón de respuestas. Algunas de hombres comentándome lo buena que estaba, mensajes de parejas que se ofrecÃan y nos invitaban a intercambios, lo mismo que las de un montón de profesionales que aunque no lo decÃan directamente, se intuÃa que lo eran...
No fue fácil seleccionar a la chica. TenÃa que comprobar su carácter y para ello, después de explicarle mi plan, que era que se follara a mi mujer, engañándole diciéndole que ella estarÃa de acuerdo, a lo que ellas me respondÃan que querÃan hablar con mi mujer, y yo les decÃa que ya habrÃa tiempo.
Eliana, que asà se llamaba la chica que habÃa elegido, era una chica morena, menuda, es decir, no muy alta y era bastante delgada, a pesar de lo cual, tenÃa un enorme atractivo, por su cara, su nariz y sus labios finos y alargados. Sus ojos eran oscuros y su piel bastante morena. TenÃa unas manos parecidas a las de mi mujer, alargadas y de dedos interminables y finos. Era bisexual.
Era una chica muy agradable y en seguida congeniamos. Le pregunte a qué se dedicaba, y me dijo que era enfermera. Deseé ponerme enfermo por un momento para que me diera sus mimos, aunque no perdÃa de vista que el destino último de sus mimos era el cuerpo de mi mujer. Era una chica de edad parecida a mi mujer. Le pedà que me mostrara una foto, pues aunque podÃa adivinar que su cuerpo era agradable, tenÃa que cerciorarme. Eliana me mandó al dÃa siguiente unas fotos bastante calientes a través del correo electrónico.
Era como me la habÃa imaginado: de caderas anchas y cintura estrecha y nalgas firmes. Sus pechos eran deliciosos, de esos que el pezón, plano sostiene la parte inferior del seno, volviéndolo casi plano.
Quedé con Eliana otro dÃa y me pareció tan adorable como el primer dÃa. Le expliqué a Eliana que mi deseo en realidad era llevar a cabo una fantasÃa, en la que yo seguramente no participarÃa más que como espectador y posiblemente, desde una habitación distinta.
Le expliqué que mi fantasÃa consistÃa en que ella y otra mujer, que todavÃa no habÃa seleccionado poseyeran a Moira. Le expliqué que mi fantasÃa era entregarle a mi mujer y que dispusieran de ella a su antojo, durante una noche. Mi mujer estaba convencida, le aseguré, mintiéndole, pues todavÃa no habÃa hablado con ella.
Me comentó que ella nunca habÃa tenido experiencias en grupo de sólo mujeres, pero que una amiga suya, Rosa, sà y que precisamente ella sà que tenÃa un perfil claramente adecuado para mi aventura. Le entresaqué algunas de sus experiencias. Eliana era una chica a la que le gustaba tomar un papel activo y pasivo. Le gustaba tener iniciativas y que la sorprendieran también. Me contó algunas experiencias de Rosa. A Rosa le gustaba mandar, exhibirse y hacer que se exhibieran por ella.
Mi fantasÃa era que Moira debÃa obedecer las órdenes que ambas le dieran y ser solÃcita antes los deseos de las dos que la disfrutarÃan por turnos o bien, si se ponÃan de acuerdo, las dos a la vez. Le pedà a Eliana que contactara con Rosa y que la convenciera, si fuera necesario.
Eliana tenÃa dos fotos de Rosa, una de cuerpo entero y otra de cara. Era una chica de facciones suaves pero gesto duro y mirada de loba. Rubia, de pelo corto, por sus medidas debÃa ser de alta como mi mujer pero estaba algo más rellenita y era unos tres o cuatro años mayor que ella. Me quedé con la idea de que en realidad, en lo estético, tal vez hiciera mejor pareja yo con ella que con mi propia mujer, pero el problema es que compartÃamos las mismas aficiones: el amor a las mujeres.
Era una chica de pecho generoso, pero bien puesto y muslos y nalgas bien provistas, tenÃa un cuerpo de esos que nos gusta a los hombres maduros. Una chica "maciza". TenÃa los ojos de color claro, y luego comprobé que eran de color gris.
De boca ni grande ni pequeña, de labios ni gordos ni delgados, una cara redonda en la que la mandÃbula le daba una expresión de feminidad y dureza.
TenÃa un tatuaje pequeño en la parte izquierda de su vientre que luego descubrà como una pequeña rosa roja.
Por otra parte, mi deseo era, darle más morbo a la situación, por eso le sugerà si podÃa hacer por conocer a Moira por su cuenta. Yo le darÃa indicaciones de sus horarios y sus hábitos y ella harÃa por entablar amistad con ella. Le advertà que la misma sugerencia le darÃa a Rosa. Eliana llamó a Rosa allà mismo delante de mà y quedamos para explicarle un poco y conocernos mejor. Se comprometió a hacer por conocer a mi mujer. Le proporcioné en los dÃas siguientes la información necesaria y un buen dÃa me encontré a Eliana tomando café con mi mujer en mi casa.
Eliana se divirtió echándome miradas picaronas cuando mi mujer no nos veÃa e incluso intentándome provocar, haciéndome posturitas mientras estaba sentada con las piernas cruzadas en el sillón de la casa. Luego se puso a lanzarme piropos delante de Moira, cosas como "hay que ver qué marido más apañado tienes ", lo que me hacÃa ponerme colorado como un tomate. Moira se reÃa pero notaba que hacÃa unos esfuerzos enormes por volver a recuperar ella el protagonismo de la reunión. Pensé que muy pronto iba a ser la principal protagonista de una reunión que nunca olvidarÃa.
Hablé con Eliana por teléfono al dÃa siguiente y me informó que habÃa contactado con Moira en el club, ya que tenÃan una amiga común. La amiga la invitó al club y de forma casual se la presentó. Entablaron una conversación, e hicieron muy buena amistad. Le pedà que se hiciera muy amiga de ella y que luego la intentara acosar. QuerÃa que cuando se la entregara a Eliana, se la entregara a una mujer a la que habÃa rechazado. QuerÃa también confirmar si Moira sentÃa la repugnancia que decÃa sentir hacia el sexo homosexual.
Decir que desde ese dÃa el nombre de Eliana salÃa en todas las conversaciones que tenÃa con Moira, pero un buen dÃa, se convirtió en una mujer innombrable. Pregunté a Moira por este cambio y ella me dijo que habÃa descubierto que no era buena amiga. Yo sabÃa ya, porque Eliana me informaba, lo de los intentos de besarla en el coche, los mensajes amorosos en su buzón de voz, las notas por debajo de la puerta, las llamadas interminables a mitad de la mañana. Eliana me dijo que realmente le hubiera gustado hacer el amor con mi mujer, a la que consideraba una criatura deliciosa. -Todo llegará- Le dije- Todo llegará.-
Eliana me comunicó que Rosa deseaba hablar con nosotros, Moira y yo, para conocernos. Me puse en contacto con ella a través de un chat utilizando un seudónimo previamente fijado a través del correo electrónico, haciéndome pasar por Moira, interesándome por ella. Rosa me respondió explicándome que ella estaba dispuesta a conocer a Moira, pero que era lesbiana y no bisexual y que en principio era reacia a que yo participara. Le respondà , en nombre de Moira, mi mujer, diciendo que yo sólo presenciarÃa el espectáculo y que lo que sà era necesario es que participara Eliana pues lo que deseaba era verla a Moira poseÃda por varias mujeres a la vez. Le expliqué que Moira no tenÃa experiencia con mujeres pero que deseaba ofrecerse por darme el gusto a mÃ. Deseaba Moira, para complacerme, obedecer dócilmente las órdenes que le diera.
Recibà después de esto un mensaje muy apasionado de Rosa. Un mensaje caliente y excitante en el que comunicaba a Moira el deseo de obligarla a hacer el amor con su amiga y con ella misma.
Durante todo este perÃodo que duró la preparación, tuve una actitud muy calculadora y frÃa con Moira. HacÃa el amor más que antes, pero eso sÃ, me volvà más egoÃsta. Iba más a buscar mi placer, a echar el polvo para mi satisfacción y la verdad es que aunque procuraba que ella se corriera, lo principal era que yo me corriera a mi gusto. Le hacÃa los buenos regalos de siempre y nos divertÃamos un poco más que antes.
Nos reunimos Eliana, Yo y Rosa en una cafeterÃa de un pueblo cercano. Era una cafeterÃa tranquila que yo utilizaba para mis reuniones de negocios, ya que habÃa una gran confidencialidad en el ambiente. Conocà a Rosa personalmente.
Me gustó menos que Eliana, pues veÃa en ella una competidora potencial, tenÃa mirada dominadora y una conducta un poco bronca.
Eliana no se anduvo por las ramas. -Mira, Enrique, creemos que nos están engañando y que tu mujer no sabe nada de esto ni quiere nada de nada con mujeres. Ya tenemos experiencia en estas cosas.-
Rosa intervino - No queremos que nos pongas los dientes largos para nada ¿Sabes? Queremos saber qué coño te propones-
Bueno, tuve que explicarles que Moira me habÃa estado poniendo los cuernos, mientras escuchaba las acusaciones de machismo que Rosa me lanzaba, cuando le expliqué que Moira habÃa aceptado mi derecho a vengarme y que mi venganza era que Moira deberÃa participar en una aventura con mujeres.
Rosa me miró incrédula, asà que para convencerla, les garanticé de todas las maneras que la aventura tendrÃa lugar, si no con ellas, con otras. Rosa me increpó. -Si no fuera por lo buena que está tu señora te mandábamos a la mierda -
Me extrañó que conociera a mi mujer. Rosa, en un tono más distendido me explicó que Eliana se la habÃa presentado para intentar, como yo le habÃa sugerido, conquistarla. Rosa tocaba a Eliana y la besaba delante de mi mujer y Moira miraba estupefacta. Lo pasó fatal, me aseguraron ambas. Estaba realmente tensa e incómoda, asà que no comprendÃan como podrÃa convencerla.
Las tranquilicé. -No os preocupéis, en dos semanas tendréis noticias mÃas -.
Empecé a preguntar a Moira por Eliana, y me respondÃa que no sabÃa qué era de ella. Le dije que la invitara a comer un dÃa. Se negaba en rotundo. Lo único que querÃa era enrabietarla.
Un dÃa, decidà hablarle claro y para ello, la cité en mi despacho. -Moira.
Ven a la oficina esta tarde a las siete. SÃ tiene que ser aquÃ. Muy bien te espero.-
Moira se presentó vestida como si fuéramos a ir a cenar o algo asÃ. Le tenÃa preparada una sorpresa. Era una joya me habÃa costado una fortuna y que tenÃa guardada para regalársela desde antes que sospechara que me ponÃa los cuernos, en la caja fuerte de la empresa. No me anduve por rodeos:
- Moira, tengo que recordarte mi derecho a vengarme de ti.- Moira puso cara de circunstancias - Ya he decidido cuál será mi venganza. Dado que te gusta follar con todo el mundo, he pensado que no te importará follar esta vez. Si accedes, te regalaré esta joya, si no accedes, entonces mi venganza la diseñará mi abogado.
Moira me miró orgullosa, despectiva, como una romana esperando la muerte. -
Y...¿Con quién tengo que hacerlo? - Ya lo verás.- Le contesté-
Su cara reflejaba una honda preocupación. - Le dije para tranquilizarla.-
Con una de las personas te une una gran amistad y a la otra la conoces ligeramente. Una de ellas ha querido hacer el amor contigo y la rechazaste.-
Le dije eso sabiendo que pensarÃa en un amigo nuestro bastante desfavorecido, para que asociara la experiencia a él y luego se llevara la sorpresita al ver a Eliana.
-A la otra la conoces poco, pero la conoces, y seguro que te dejó una honda impresión. Uno de los dÃas que vengas, te encontraras a las dos personas y tendrás que entregarte a ellas.-
Desde ese dÃa, Moira se presentó siempre que la llamaba extremadamente arreglada, a la caÃda de la noche en la oficina y yo la llevaba a cenar y a divertirnos. Me recreaba mirándola bella y desenfadada y esperando el dÃa de mi venganza.
Llegó el dÃa y compré una delgada colchoneta en unos grandes almacenes.
Despedà media hora antes a mi secretaria y recibà a Eliana y Rosa a eso de las seis.
Eliana venÃa con un vestido de cuero blanco que resaltaba sus rasgos morenos, unos zapatos de tacón blancos también. Una minifalda estrecha y corta y unas medias blancas que les daba a sus piernas un tono rosa pálido y la parte de arriba del conjunto, de una sola pieza, se abrochaba por un cremallera delantera que llegaba hasta más abajo del ombligo. Llevaba las uñas pintadas de blanco, lo mismo que las de los pies, y los labios pintados de color naranja, el pelo recogido en un trenza.
Rosa iba vestida muy convencional, con unos zapatos de tacón pequeño y unos vaqueros, ajustados, eso sÃ, y con unos adornos metálicos. TraÃa una camiseta ajustada negra sin mangas y ligeramente escotada, y podÃa adivinarse que no llevaba sostén por la nitidez con que se le notaba el pezón y el suave bamboleo de sus senos al moverse. Sus uñas y labios iban pintados color rojo intenso y se habÃa cortado su ya menuda cabellera.
Quitamos las cosas de la mesa que estaba más cerca de mi despacho, que era la que tenÃa una mayor visibilidad e hicimos un hueco suficiente delante de ella, para poder utilizar el suelo si era necesario. Luego, Rosa sacó de su bolso unos guantes de cuero negros que tenÃa recortados los dedos y una gorra negra que le daban un aspecto ligeramente militarizado. Las chicas reÃan cuando sonó el portero automático, por lo que les pedà que se metieran en mi despacho.
Moira llegó tan bella como siempre. Llevaba un vestido de una sola pieza que se colocaba desde la cabeza. Era un vestido verde plátano muy estrecho y escotado tanto por delante como en la espalda y en el propio escote y bastante corta la falda. Para colmo no llevaba medias. Moira no solÃa pintarse las uñas pero ese dÃa las llevaba pintadas de rosa y los labios los tenÃa pintados muy discretamente.
- Pasa Moira, verás... han venido a verme dos amigas tuyas... ¡Salid!- A Moira se le cambió la cara cuando vio aparecer a Eliana y a Rosa.- - -¿Qué haceis aqu�- Bueno- Le respondió Eliana -Hemos venido a hacerle un favor a tu marido que dice que le tenemos que ayudar a cobrarse no sé que deuda, ¿Sábes tú algo de eso? Preciosa.-
Moira me miró incrédula pero yo asentà con la cabeza. Rosa se adelantó poco a poco hasta Moira y poniéndole la mano con decisión en el conejo y acercándose mucho le dijo:
- Eres nuestra. Más te vale que cooperes con nosotras .- Ante esta exhibición de poder, Moira no tuvo más remedio que mostrar su aceptación con una mueca.
-Obedece a estas chicas, yo mientras, la verdad es que tengo mucho trabajo... estaré en mi despacho.- Le dije a Moira, a lo que Rosa apuntó a continuación.- Vamos, nena, vete quitando el vestido ese que llevas, quiero ver de qué color tienes las bragas.-
Moira se quitó el vestido por la parte de arriba, desnudando las piernas en primer lugar y luego mostrando sus braguitas de color blanco y su vientre plano con su perfecto ombligo y su sujetador con encajes. Tiró el vestido de manera despectiva sobre una de las sillas.
Rosa le volvió a ordenar.- Aquà ninguna de nosotras lleva sostén. ¿A qué estás esperando para deshacerte de él?.- Moira se llevó la mano a la espalda y se deshizo del sostén, cruzando vergonzosa los brazos sobre sus senos para ocultarlos de las miradas hambrientas de las chicas.
-Mejor serás que te olvides de la vergüenza. Entre nosotras se va establecer una relación de mucha confianza.- Le dijo Eliana cariñosamente y riéndose. Yo ya observaba la escena a través de la mampara de vidrio que separaba la oficina de mi despacho.
Rosa, sentada en una de las sillas, al lado de Eliana, que estaba apoyada en el hombro de la misma silla, seguÃa ordenando a Moira.- Veo que tienes un cuerpo muy bonito... Date la vuelta...Tócate las tetas... con más cariño... sà asÃ... ahora tócate los pezones... tómalos entre tus dedos...-
Moira obedecÃa mirando a Rosa con desprecio. - Nena...Métete una de las manos en las bragas... más metidas... más. AhÃ. Tócate nena, tócate... No me digas que no te has masturbado en la vida...- Se veÃa la mano de Moira dentro de las bragas, sus dedos parecÃan hincarse en su sexo.
- Mira, a mà no intentes engañarme...Siéntate en esa silla y ábrete de piernas... Ahora métete otra vez la mano en las braguitas y acarÃciate...- -
- Ahora tenÃamos los tres una imagen perfecta del toto de Moira, cubierto por las bragas, pero se percibÃa perfectamente la trayectoria de sus dedos elegantes. Moira debió de darse por vencida y comenzó a acariciarse y a mostrar un alto grado de excitación. - Más, métete ahora el dedo en el sexo... venga... más... asÃ... asÃ...- Moira parecÃa a punto de correrse.
- ¡Deja ya de tocarte! ¡Ahora te vas a poner a gatas! ¡Venga! ¡A pasear!-
- Moira paseaba a cuatro patas, dejando caer sus pechos libremente y mostrándonos a todos el delgado talle de su cintura y un trasero delicioso, cuando las circunstancias de su paseo asà lo requerÃa.
-¡Ya está bien! Mira... Eliana está tristÃsima porque la rechazaste.- Eliana puso cara de tristeza simulada e incluso hizo algunos pucheros.- Tienes que darle una compensación, asà que acércate a ella y bésala.-
Moira se fue a incorporar pero rápidamente, Rosa se acercó a ella, y haciendo fuerza sobre su hombro le dijo .- ¿Qué vas a hacer? ¡Ve a gatas y bésale la punta de sus zapatos!-
Moira se acercó a gatas a Eliana, que la esperaba de pié y sonriendo. -
¡Vamos, a qué esperas !- Rosa la animaba gritándole. A Moira le costó pero por fin empezó a besar la punta de los zapatos blancos, limpios y nuevos.
Besó una punta y luego la otra. Rosa le ordenó que siguiera besando a Eliana.
-Bésale la piel del pie... ahora las rodillas... Ahora un poco más arriba.-
Eliana se iba subiendo la falda escotada y Moira iba dando besos asexuales sobre las medias blancas de Eliana. - Ahora... ¡Bésale el coño!-
Eliana se subió la falda y mostró su pubis negro, sin duda depilado. No llevaba bragas. Las medias se acababan hasta una altura considerable y a partir de ahà sólo quedaba la piel.
Moira se colocó junto a Eliana, que la miraba desde arriba y comenzó a besar los muslos muy cerca del sexo de su amiga. Rosa tuvo que intervenir. -¡Te he dicho que le beses el coño!- Se acercó a Moira y agarrándola del cuello la obligó a frotar su boca contra el sexo de Eliana. Moira se animó por fin a besar el conejo de Eliana, cuya mano cariñosa habÃa reemplazado la mano autoritaria de Rosa y acariciaba ahora la cabeza de mi mujer. LamÃa la concha de Eliana, que parecÃa agradecer las lamidas discretas que Moira daba con remilgos y que se habÃa abierto de piernas, tomando una posición en jarra .
-Me parece que tú todavÃa no estás preparada para esto. Tenemos que hacer un buen trabajo ¿Sabes? Tu marido nos ha dado mucho dinero para que tú disfrutes. - Era mentira, yo no le habÃa dado ni un duro y no les di nada después. Me imaginé que lo dijo para darle más morbo a la situación. - Yo se lo voy a coger, pero HEliana me ha dicho que lo va a hacer gratis. Sólo desea hacerte el amor... ya que tú la despreciaste.- ProseguÃa Rosa.
-Túmbate en el suelo.- Moira obedeció.- Rosa colocó uno de sus zapatos entre las piernas de Moira y metió su pié calzado debajo de las nalgas de Moira.
-Te vamos a quitar esos humos que tienes y te vamos a enseñar a que quieras a tu marido y a que sepas valorar las distracciones que tu marido te proporciona.-
Rosa acariciaba con la puntiaguda punta de su zapato el sexo indefenso de Moira oculto bajo las bragas. - Vaya, si te estas quieta será porque te gusto ¿No?- Rosa dijo a Moira, que automáticamente empezó a mover su cintura a un lado y otro. Entonces Rosa se descalzó, ante la imposibilidad de seguir acariciando el sexo en estas condiciones y colocó toda la planta de su pié descalzo en el sexo de Moira. Rosa apretaba su pié y lo restregaba contra el conejo de Moira adivinando su intenciones.
Eliana se acercó descalza y empezó a acariciar el cuerpo de mi mujer. Primero acarició sus muslos y luego acarició su vientre y sus senos, intentando pellizcar con sus dedos los pezones de mi mujer, que agarraba el pié de Rosa, más como precaución que por otra cosa. Eliana colocó su pie a la altura de la boca de Moira y metió los diminutos dedos en la boca mientras Moira se afanaba en lamerlos ante las exigencias de Rosa, que palpaba a su vez el sexo de mi mujer con toda la extensión de la planta de su pié. Luego, Eliana le ofreció la planta del pie a Moira que lamÃa en toda su extensión de largos lengüetazos y entreteniéndose golosamente en los entresijos de sus dedos.
- Anda, ahora ponte a gatas y sigue besando los pies de Eliana.- Moira obedeció al instante. -Pero mueve el culo como si fueras una perrita cariñosa.- Eliana movÃa el culo de un lado a otro. Desde mi silla se veÃa los cachetes, que asomaban por los exteriores de las bragas. Rosa se acercó y colocó una pierna entre las nalgas de Moira.
- ¡Vaya! ¡Si parece que te empieza a gustar esto del tortilleo!- Dijo Rosa de nuevo, que era la única que hablaba. Rosa se puso de rodillas delante de ella y de un hábil manotazo se hizo con las bragas de Moira y se las bajó hasta las rodillas.
-Qué coño más bonito tienes...y que rico tiene que estar...Uhmmmm...- CreÃa que Rosa le iba a tocar el conejo, pero se limitó a cogerle de las nalgas y a separárselas para verle mejor el sexo. Eliana se puso de pié mientras Rosa seguÃa tocando las nalgas de Moira, con sus guantes de cuero que dejaban asomar sus dedos. Rosa magreaba ahora con una fuerza moderada las nalgas de Moira, que aguantaba pacientemente apoyada sobre sus brazos.
Eliana se deshizo de la minifalda y del corpiño y se quedó desnuda, tan sólo con las medias blancas. Eliana estaba mucho más buena en la realidad que en las fotos. Rosa le hizo una indicación para que se sentara en la silla. Rosa se levantó y agarró a Moira de la cabellera obligándola a ir de rodillas hasta la silla donde Eliana la aguardaba, con una pierna distendida y la otra flexionada sobre su cuerpo, y el pié sobre el asiento de la silla.
-Ahora vas a aprender a darle placer a una mujer... No te quiero ver que te mueves de ahà hasta que Eliana no se haya corrido en tu boca...¡Venga!-
Moira comenzó a lamer la almeja de Eliana que se abrÃa de piernas, colocando cada una de ellas sobre los hombros de la silla y agarraba la cabeza de mi mujer cariñosamente, enredando sus manos y sus dedos entre los dorados cabellos de mi mujer.
Rosa se colocó por detrás de Moira, de rodillas y comenzó a acariciarle las nalgas y los muslos, pero podÃa intuirse por la cara que ponÃa que esta vez no se iba a conformar con calentarla; Acariciaba los muslos de Moira, acercándose cada vez más a su sexo, hasta comenzar a acariciar y palpar sus labios y a acariciar su clÃtoris, que se arrugaba y sobresalÃa excitado.
Entonces lo apretada contenido a todo lo largo de sus dedos mientras que Eliana le acariciaba y amasaba sus senos.
Moira lamÃa golosa el caramelo lÃquido que Eliana le ofrecÃa mientras que Rosa, ambiciosa habÃa comenzado a introducir despacio su dedo Ãndice en la rica fruta de almÃbar que era el sexo de Moira. Pude ver cómo Moira echaba la cabeza hacia atrás cuando sintió introducirse el dedo de Rosa en toda su longitud. Rosa agitaba los dedos dentro de Moira, que se afanaba en comer el sexo de Eliana, que empezaba a moverse fuera de sà de manera armoniosa pero abandonada, dedicándose ahora a acariciarse sus propios senos y pellizcarse sus pezones.
Eliana comenzó a gemir al ritmo que movÃa la cintura mientras se llevaba la mano al pelo y agarraba de nuevo la cabeza de Moira, y colocaba ambos pies sobre los hombros de mi mujer, ofreciéndole todo su sexo rezumante. Moira dejó de lamer el sexo de Eliana que descansaba de su orgasmo, acariciando la cabeza de Moira, pero Rosa no le daba descanso, y mientras una la acariciaba, la otra le movÃa los dedos sabiamente, provocando la inminente llegada del primer orgasmo lésbico en la vida de mi mujer. - ¿Ya has dejado de lamer, zorrita?.-
Moira se amasaba los senos mientras restregaba su cara por los muslos y el vientre de Eliana, que le decÃa palabras de consuelo, hasta que no pudo más y lanzó un chillido de verdad, no de los que fingÃa cuando lo hacÃa conmigo.
Era un chillido de gata desesperada, de hembra desahogándose. Rosa no dejó de mover sus dedos dentro de mi mujer hasta que esta no acabó su orgasmo, quedando sobre Eliana, con la respiración entrecortada, y la boca que entreabierta, besaba los muslos de Eliana.
-¡ La muy zorrilla resulta que ahora te quiere, Eliana!- proseguÃa Rosa.
Tomaron a Moira de la mano y comenzaron a pasearla. Moira sólo llevaba puesto los zapatos de tacón y un collar de perlas, aparte de algunas joyas en la muñeca. Rosa intentó besarla en la boca pero Moira la rechazó. En cambio, parecÃa aceptar los besos de Eliana que se aproximaba a ella y le besaba en la boca cada vez con mayor confianza, hasta que le intentó meter la lengua, cosa que mi mujer volvió a rechazar.
Asà que Eliana habló: -Será mejor que la llevemos a la mesa y sigamos intentando que sea cariñosa..- Llevaron a Moira a la mesa y la sentaron encima de ella, sobre la colchoneta. Eliana se colocó detrás de ella con cada pierna a un lado de su trasero, y se sentó sobre sus pantorillas, y Rosa se sentó delante de ella, en la silla, de tal forma que Rosa tenÃa el sexo de mi mujer muy accesible para su boca.
Eliana comenzó a sobar el pecho de mi mujer y a comerle el cuello y la oreja.
Moira parecÃa apasionada ante tan sensuales caricias. Rosa lamÃa la punta del pezón de Moira que asomaba entre los dedos de la mano de Eliana. Mi mujer se volvÃa loca ante la lengua experimentada de Rosa, que volvÃa a coger su sexo, separándole los labios que cubren su clÃtoris y rozándolo levemente.
Moira chupeteaba el dedo que Eliana le habÃa colocado en la boca, mientras Rosa le volvà a colocar otro dedo en su otra boca, tras lo cual susurró.
-Vamos a probar cómo sabe el chocho de esta niña pija.- tras lo cuál, se olvidó de los pezones de Moira y su boca comenzó una trayectoria descendente que sólo se interrumpió en el ombligo de Moira, que inundó con la saliva de su lengua.
Rosa lamió el botón que se le ofrecÃa en el sexo abierto de Moira, al separarle sus labios, mientras ella acariciaba los muslos de Eliana. Rosa besó el clÃtoris conquistado y lo presionó con los labios, estirando de ellos, lo que provocó una evidente excitación en Moira que intentaba zafarse de Rosa agarrándola del pelo, pero Eliana le agarró de las manos y Rosa volvió a repetir su estirón, con más saña.
Rosa entonces se dedicó a lametear el sexo húmedo de Moira, mientras Eliana tiraba de mi mujer hacia atrás, con lo cuál, su sexo quedaba más expuesto a la lengua de Rosa que se empeñaba en utilizarlo como un pequeño falo que intentaba penetrarla. Inesperadamente, Rosa extendió su lengua cuanto pudo y dio un lametón que casi alcanza el agujero oscuro de Moira, que volvió a demostrar de nuevo su sobre excitación.
- Eliana, échala sobre la mesa.- Eliana se retiró poco a poco y Moira quedó tumbada sobre la mesa. Eliana fue al frigorÃfico que tengo en la oficina para el personal y sacó dos cervezas mexicanas, "Coronitas". Las abrió y observaba cómo Rosa se desvestÃa, quitándose los zapatos y el pantalón y unas bragas negras y dejaba al descubierto una enorme mata de pelo marrón.
Luego se deshizo del corpiño y se colocó justo donde quedaba la cabeza de Moira. - Se tiró a la mesa y comenzó a andar a gatas hacia el sexo de Moira, no sin antes parar en la zona donde estaban los pezones excitados de Moira sobre el pecho aplanado por la postura. Rosa se metió todo lo que pudo de las tetas de Moira en la boca mientras mi mujer también mamaba como un chivo del más abundante pecho de Rosa, que le caÃa generoso sobre la boca.
Luego avanzó hacia el vientre de Moira y se puso a lamer su barriga y sus ingles y los muslos, obligando por otra parte a que mi mujer pusiera su cabeza sobre sus pies. El sexo de Rosa quedaba a la altura de la boca de Moira, tanto que Eliana derramó un poco de la cerveza entre las nalgas de Rosa y fue a caer sobre el rostro de mi mujer.
Rosa comenzó a comerse de nuevo el clÃtoris de Moira, pero esta vez le metÃa también el dedo en su dulce tesoro. Por otra parte, cruzó un poco más sus piernas y sus sexo se incrustó contra la nariz de Moira a la que no le quedaba más remedio que beberse la cerveza que Eliana derramaba poco a poco, mezclada con el almizcle sexual de Rosa.
Rosa no paraba de ordenar al principio- ¡Muévete, coño!- luego -¡Lame de una puta vez!.- Al final, Rosa volvió a provocar el orgasmo tremendo de mi mujer que esta vez no chilló sino que se quedaba callada y se limitaba a intentar abarcar todo el sexo de Rosa con su boca. Rosa se puso de rodillas sobre la cara de Moira y empezó a vocear.-SIIII... Me vieneeee...Ya ya yaaaaaa...aahhhhh...aahhhh.-
-No ha estado mal.- Dijo Eliana mientras le daba un poco de cerveza a Moira que seguÃa tumbada sobre la mesa.- No ha estado mal.- Y le hizo una seña a Rosa para que se bebiera la otra cerveza y volvÃa a ofrecer un trago de cerveza a Moira que se prolongó hasta que a la cerveza le quedaba un sorbo.
-Me toca a mÃ.- Eliana se colocó frente el sexo de Moira y empezó a mover la punta de la botella entre los labios que rodean su agujero, vertiendo el espumoso resto sobre su sexo, causando un aluvión de frescor y espuma. Eliana miraba fijamente el sexo de Moira. -Sabes, siempre he envidiado el pene de los hombres,.- Y al decir esto introdujo el cuello de la botella de "Coronita", que es algo más gordo y largo que un dedo, pero más corto y delgado que un pene, levemente en el sexo de Moira, que se movÃa nerviosa y tensa.
-¡Ah!., no quieres que te lo meta por aquÃ...entonces te lo puedo meter por ahÃ.- Y al decir esto, sacó la botella para presionar levemente contra el agujero oscuro de mi mujer que le suplicaba que no lo hiciera.- ¡No! ¡Por favor! Soy virgen de ahÃ. -Pero si sólo es un poquito, tonta,- Y Eliana seguÃa presionando.
Moira enterneció a Eliana. -Bueno, bueno, pero déjame que te meta el dedo.
Sólo el dedo.- Moira aceptó tácitamente pero sin dejar de gimotear. Entonces Eliana se chupó el dedo y empezó a presionar con su dedo Ãndice en el oscuro agujero que pronto cedió al empuje. Eliana dejó el dedo allà metido y aproximó su boca al sexo de Moira, pellizcando el clÃtoris con la boca como le habÃa enseñado Rosa a hacerlo. Moira, por iniciativa propia se introdujo un par de dedos en el sexo y comenzó a masturbarse. Al ver esto, Eliana sacó su dedo y introdujo de nuevo el cuello de la botella en el sexo de Moira, cuyos dedos ahora se limitaban a separar los labios de la vagina para facilitar el paso al improvisado ariete. Rosa se habÃa bebido la cerveza y se habÃa puesto unas bragas que tenÃan enganchadas un miembro postizo viril. Eliana sonrió y se retiró. Moira vio estupefacta la silueta de Rosa acercarse y no pudo reaccionar cuando la cogió del pelo y la obligó a levantarse y ponerse de cara a la mesa. Moira no decÃa nada. SabÃa que con Rosa era inútil.
- Te voy a follar con esta polla, que es lo que te gusta a ti...las pollas.-
Rosa agarró el miembro y lo colocó entre las piernas de Moira y tras un par de intentos, el miembro reconoció su camino y se empotró sin problemas en la lubricada vagina de Moira, que miraba detrás de la mampara de vidrio, esperando encontrar una mirada que estaba allÃ, observando el miembro incrustado entre sus muslos y sus tetas bailando por las embestidas que Rosa le propinaba.
Eliana entretanto observaba terminándose la cerveza de Rosa. -Yo también quiero polla, pero no de esa.- Se presentó en mi despacho y se acercó a mÃ.
Me desabrochó la bragueta, mojado por el semen que habÃa derramado hacÃa tiempo y me sacó el miembro.- Ven cariñito..- me decÃa estirándome de la corbata hacia ella, que se tumbaba en el suelo. No tuve más opción que agarrar mi miembro e introducirlo como lo habÃa visto hacer antes a Rosa en mi mujer.
¡Cómo se movÃa aquella morenita! VeÃa a mi mujer, penetrada, cuyo sexo estaba en poder de Rosa que lo estimulaba, agarrándolo entre los dedos de su mano abierta y por un momento creo que adivinó que nos mirábamos a los ojos.
No lo hubiera resistido de no ser porque Rosa intuyó la proximidad del orgasmo de Moira y empezó a mover sus caderas más rápidamente y ya Moira no miraba sino al cielo y al suelo con los ojos cerrados mientras emitÃa unos hondos susurros de placer Yo me corrà en Eliana que también se corrió un poco más tarde.- Tú no te has follado a mà mujer.- le advertÃ.- No, prefiero que no esté Rosa, es una egoista...lo quiere todo para ella.- Me respondió. Rosa y Eliana se vistieron y se despidieron de Moira dándole un beso en la boca que Moira apenas quiso responder.
Nos fuimos a casa. A Moira le costó reconocer que jamás la habÃan satisfecho sexualmente de aquella manera y me reconoció que Eliana no le desagradaba, aunque a Rosa no la querÃa. Un dÃa, llamé a Eliana y la invité a tomar café.
Moira se sorprendió al verla pero al final, las dos acabaron follando y dejando que yo las follara. Moira
tiene un cuarto permanente ahora en nuestra casa, para cuando viene a dormir invitada, aunque casi siempre acaba follando, digo, durmiendo en nuestra cama.
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