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« en: Junio 13, 2006, 01:28:37 » |
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Me sacaron el bañador y como dos auténticas alimañas deseosas de verga comenzaron a lamerme de arriba abajo y yo las empecé a acariciar. Aquellos cuerpos eran algo increÃÂble, dulces, suaves las llené de caricias que me eran devueltas en todo su esplendor.
Cuando me senté a desayunar no podÃa sacar de mi cabeza lo que habÃa ocurrido y comencé a darle vueltas a aquello empinándoseme mi polla de una manera alucinante.
Esa mañana decidimos acercarnos a la playa que habÃa cerca del camping y al llegar a ella mi sorpresa fue mayúscula al encontrarme con aquellas dos muchachas en la playa con sus tanguitas puestos y en top-less exponiendo todos aquellos encantos a todo el mundo.
Se me caÃa la baba al pensar en lo mucho que aquella joven me habÃa hecho disfrutar. Cómo se me volvÃa a poner dura y ante la presencia de mi mujer decidà entrar en el agua y nadar hasta una barca que estaba como a unos doscientos metros y hasta allà llegó la muchacha rubia que yo habÃa visto al principio y que me dijo que su amiga le habÃa contado lo acontecido y que ella también querÃa su parte.
De espaldas a la playa, yo sentado en la barca y ella en el agua, comenzó a menearme mi verga que no tardó nada en ponerse dura y fue entonces cuando se la llevó a la boca y posó sus carnosos labios en mi verga y lamió como una posesa hasta que me corrà dentro de su boca.
Al acabar me dijo que ya nos volverÃamos a ver en la ducha esa misma tarde cuando regresáramos. Volvà junto a mi mujer y pasé un dÃa de playa alucinante observándolas en todo momento.
Era increÃble lo que me pasaba pues me parece que no soy una persona que arrase con las mujeres pero aquellas dos chicas me ponÃa a cien a cada momento. Cuando llegó la tarde y de vuelta al camping me fui a duchar para luego cenar. De camino a las duchas no vi a "mis amigas" en su tienda.
Entré en una de las duchas disponibles y salieron de una de las duchas de al lado las dos jóvenes y cerraron la puerta detrás suyo. ¡Qué placer para mi vista! Las dos jóvenes se sacaron la toalla que les tapaban sus preciosos senos y quedaron delante de mà con sus diminutos tangas.
Me sacaron el bañador y como dos auténticas alimañas deseosas de verga comenzaron a lamerme de arriba abajo y yo las empecé a acariciar. Aquellos cuerpos eran algo increÃble, dulces, suaves las llené de caricias que me eran devueltas en todo su esplendor.
Se pusieron las dos de espaldas con el agua mojándonos y comencé a introducir mi dura verga en su agujeros primero en una y luego en otra, aquellos coñitos depilados eran lo más hermoso que mi verga habÃan penetrado nunca.
La corrida fue inmensa, las llené de leche y ellas me lo agradecieron con una gran mamada. Nos fuimos, pero aquà no se acabó todo, pero esto es asunto para un nuevo relato.
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