admin
Administrator
Hero Member
    
Mensajes: 1180
|
 |
« en: Junio 13, 2006, 01:41:05 » |
|
Me lo habÃÂa ganado a pulso
Durante varios meses habÃa estado provocando a aquellos jovenzuelos a través de mi ventana.
Ellos trabajan en un edificio en construcción frente a mi apartamento y un dÃa observé cómo se apretaban uno contra otro para espiarme mientras me cambiaba de ropa.
La historia se fue repitiendo dÃa tras dÃa a la hora en que yo llegaba a casa después de trabajar.
Un dÃa decidà divertirme con ellos y me desnudé completamente en el dormitorio, que tenÃa la ventana por la que era espiada y me fui a dar una ducha.
Cuando volvÃ, envuelta en una toalla, allà estaban las tres cabezas, semi-escondidas entre los ladrillos de la nueva construcción.
No dándome por enterada, me tumbé sobre la cama quitándome la toalla y me puse de forma que mis abiertas piernas quedaran frente a la ventana.
Comencé a masturbarme suavemente observando como las tres caras, a diez metros de distancia, se esforzaban por no perder detalle.
La morbosidad de la situación me llevó al climax en breves minutos y mis convulsiones y jadeos no fueron fingidos si no provocados por los sucesivos orgasmos que yo misma me estaba produciendo.
Fui repitiendo la escena cada dÃa a la misma hora, esforzándome en las poses para permitir que me observaran con el mayor detalle posible mientras yo me masturbaba.
Mientras me imaginaba a los tres albañiles sacudiéndose las pollas en fantásticas pajas dedicadas a mÃ.
Mis orgasmos eran contÃnuos y me pasaba más de una hora exibiendo mi coño a sus atentas miradas.
Hoy, como cada dÃa, me he masturbado frente a la abierta ventana, despatarrada sobre la cama hasta la hora de finalizar las tareas en la obra pero las semi-escondidas cabezas no se han retirado hasta que he alcanzado un nuevo orgasmo, retorciéndome y exagerando al máximo mis contorsiones.
Por fin he dado la sesión por concluida, he limpiado mi coño con una toalla y me he ido al baño a lavarme.
Justo al salir del baño, ha sonado el timbre de la puerta. Me he puesto una corta bata sobre mi desnudo cuerpo y he ido a abrir. Seguro que es mi amiga Ana que me ha anunciado su visita para esta tarde.
Abro decidida y me encuentro con ... ellos.
Vienen los tres juntos, aún vestidos con los monos de trabajo.
- ¡Buenas tardes señora...! - dice uno de ellos - Perdone la molestia. Somos de la obra de enfrente y abusando de su amabilidad querÃamos comprobar desde su ventana el acabado de la fachada...
Me he quedado cortada. Aquà va a pasar algo. Estos no vienen a ver la fachada. Estos vienen a por mÃ.
Los invito a pasar y los llevo hasta mi dormitorio. Abro la ventana . - Ahà tienen, desde aquà pueden ver la fachada de su obra...
Aunque estoy segura de que la fachada les importa un comino, los tres se asoman a la ventana y hacen unos ligeros comentarios sobre unos supuestos defectos que observan....
Satisfecho el motivo aparente de su visita, se vuelven para marcharse.
- ¡Señora, muchas gracias.. ! - dice el mismo que habló antes - ¡Por cierto. Le han dicho antes que es usted muy atractiva..!
Ya comienza el ataque. Por mi parte he decidido dejarme seducir por aquellos tres fornidos mozalbetes. A mis cuarenta y tres años no se deben desaprovechar las pocas oportunidades que se presentan.
- ¡SÃ, claro..! - contesto - ¡Me lo dicen todos los que buscan algo..!
- ¡Pues se lo estarán diciendo constantemente, porque está usted de un bueno...!
- ¡Y se hace unas pajas.....! - dice otro.
- ¡Y tiene un coño....! - suelta el tercero
Me hago la asombrada mientras noto que me estoy excitando a tope
- ¡Pero, qué estan diciendo, sinvergüenzas...!
- ¡Eso, eso, lo estamos diciendo sin vergüenza, vamos que tiene usted un polvo de tres pares de cojones. Los que nosotros llevamos puestos...!
Miré a los tres jóvenes de arriba a abajo comentando despectiva:
- ¡Vuestros cojones no están hechos para damas, si no para zorras de prostÃbulo...!
El que parecÃa el encargado, me soltó un manotazo abriéndome la bata dejando toda mi delantera a la vista de sus ojos.
Me hice la ofendida e inmediatamente trate de volver a cerrar la bata, pero no me dejaron. Me sentaron sobre mi cama y uno de ellos se sacó la polla.
- ¡Vas a ver como también nosotros sabemos hacernos pajas para que nos vean...!
Los otros dos también sa las sacaron y comenzaron los tres a masturbarse delante de mis narices.
Yo ya estaba a tope viendo aquellas tres pollas sacudidas por sus propietarios a un metro de mis ojos.
Yo estaba en dique seco desde hacÃa más de cinco años.
Desde que Ramón me habÃa dejado para irse con su secretaria, yo no me habÃa comido un rosco y mi únido desahogo habÃa sido la masturbación.
Ahora era mi oportunidad y no pensaba desaprovecharla.
El más joven de los albañiles, de unos veinte años, tenÃa una polla preciosa, larga y gruesa, completamente descapullada, con un glande brillante y ya húmedo por la excitación.
Me levanté y acabé de quitarme la bata, quedando completamente desnuda frente a ellos. Introduje mi mano por entre las piernas uniéndome a la masturbación colectiva. Me tumbé de nuevo sobre la cama mientras frotaba mi erecto clÃtoris que sobresalÃa desafiante por entre los labios vaginales totalmente empapados de flujo.
Los mozos ante el espectáculo, pararon de pajearse y el más joven comenzó a desnudarse siendo imitado por los otros dos.
En unos instantes estábamos los cuatro en pelotas y los tres machos me atacaron.
Fue salvaje.
Yo querÃa ser penetrada en primer lugar por la polla del más joven pero no le dieron tiempo.
El que parecÃa el capataz, se colocó entre mis abiertas piernas y casi sin dejarme respirar, me la clavó de una descomunal estocada.
Mi lubricado coño admitió aquella polla que de una sola vez entró hasta que los huevos del hombre chocaron contra mis muslos.
Solté el aire de los pulmones y me fui a los cielos. Cinco años sin sentir aquel inmenso placer en mi interior.
Mi mano se apartó del clÃtoris y agarré aquellas peludas pelotas apretándolas contra mis labios vaginales, empapándolas con mis flujos.
En aquel momento, el chaval más joven situó su hermosa polla ante mi boca que abrà para permitirle la entrada.
¡Qué sensación...!
Penetró hasta la garganta y allà comenzó a follarme mientras mi lengua hacÃa verdaderas filigranas en su suave glande.
El que me estaba follando el coño, se tumbó de medio lado dándome un cuarto de vuelta, posición que aprovechó el tercero para situarse a mi retaguardia.
Me metió un dedo por el culo, después me metió otro dedo. Yo notaba como la polla del delantero chocaba con los dedos del trasero a través de los anillos de mis agujeros y los chispazos de placer se acumulaban en mi cerebro.
Me empecé a correr entre gritos mientras el que estaba a mis espaldas sustituia los dedos por la polla.
Me la fue clavando poco a poco a medida que mi esfinter iba permitiendo la entrada.
Me abrasaba el interior del culo, pero era una gozada.
Mis orgasmos se repetÃan uno detrás de otro y mis gritos sonaban por toda la casa a pesar de tener la boca llena de polla.
Fue la primera en descargar. El chaval se puso unos momentos rÃgido y apretó su verga hasta lo más profundo de mi garganta y disparó
Me soltó una descomunal lechada a plazos descargándola directamente en mi estómago justo en el momento que sentÃa dentro de mi vagina la segunda descarga de ardiente sémen que vació los huevos del capataz.
Quedó unicamente el que me daba por el culo y que libre ya de sus dos competidores acabó de ponerme con la tripa contra el colchón y me trabajó el trasero a placer.
Me la sacaba lentamente hasta tenerla casi fuera del ano y después me la volvÃa a clavar de un solo golpe.
Mis orgasmos continuaban y yo con mis manos agarraba sus nalgas apretándome más y más contra aquella polla que estaba haciendo mis delicias hasta que noté el primer borbotón de sémen en mi intestino. Despúes el segundo, otro más.
Me la clavó al máximo y siguió descargando su leche en mi recto hasta que se vació del todo.
Lentamente la fue sacando y yo me sentà como vacÃa, parecÃa que me habÃan quitado algo mÃo.
Los cuatro agotados por la paliza no sentamos a descansar.
Luego los invité a merendar, cosa que hicimos tal como estábamos en pelotas, hasta que poco a poco la cosa se empezó a animar de nuevo.
Las tres pollas ya apuntaban al frente y mi coño volvÃa a rezumar lÃquidos.
Mientras iba y volvÃa de la cocina llevando platos me metÃan mano al pasar y yo pajeaba una u otra polla hasta que comenzamos de nuevo.
Volvimos al dormitorio y nos lo montamos al revés.
El chaval más joven se tumbó con la polla apuntando al techo y yo me situé sobre él clavándome lentamente en su estoque. Mi irritado coño absorbió aquel miembro como si fuera el de un bebé y el calor subÃa por mi cuerpo hasta hacerme palpitar las sienes.
Lo sentÃa dentro de mà y comencé a cabalgarlo, primero despacio pero poco a poco fui acelerando el ritmo hasta que me tumbé sobre él besándolo y buscando su lengua con la mÃa.
El capataz aprovechó la postura y se me montó por detrás. Fue buscando con su dedo mi orificio trasero y me lo introdujo dentro. El tercero me agarró de los pelos e hizo que separase mi boca de la boca del chaval y levantándome la cara me puso entre sus labios su tiesa polla, que no dudé en tragarme.
Mientras el capataz ya habÃa apuntalado su glande en mi agujero trasero y estaba apretando a fondo.
La verga se fue introduciendo por mi ano mientras el chaval de delante me soltaba su primera descarga y yo alcanzaba un fenomenal orgasmo como vanguardia de una cadena de ellos reprimidos durante varios años sin una polla que llevarme a los agujeros.
En mi excitación mordà la verga que tenÃa en la boca y casi se la corto. Me tuvo que soltar una bofetada para que abriera los dientes y la pudo sacar en el momento que se corrÃa soltándome la leche por la cara.
El capataz se echó a reir al ver la cara de dolor y sorpresa de su compañero y entre carcajada y carcajada se pegó la gran corrida en mi culo. Vuelta a descansar un rato y nueva ronda de orgasmos y corridas cambiando cada uno de agujero.
Esta vez le tocó al capataz la mamada mientras el chaval intentaba metermela torpemente por el culo y el tercero acertaba perfectamente en el coño.
El joven enculador no acertaba ni a tiros. Se le salÃa y se aflojaba, aunque mi mano acariciaba sus huevos. Cuando ya la tenÃa casi dentro, la polla de su compañero que me perforaba el coño llenándolo por completo le impedÃa consumar la penetración.
Por fin el del coño descargó sus huevos con violentas lechadas y se desinfló, momento que aprovechó el joven zaguero para encularme a fondo.
Yo le ayudaba todo cuanto podÃa y me permitÃan los constantes orgasmos por los que era sacudida mientras chupaba y lamÃa el pollón del capataz que a los pocos instantes me descargó una colosal corrida que desbordó mi boca, chorreando por la barbilla.
Quedó solo el chaval que disfrutó de lo lindo.
Me clavaba la verga en el culo con tal fuerza que parecÃa que a cada empujón se le hacÃa más larga y gruesa haciendome pasar por el cielo y por el infierno, en un contraste de sensaciones que disparaban una y otra vez mis continuos orgasmos. Metà una de mis manos por entre las piernas y le agarré de los huevos estrujándoselos hasta que se corrió.
Sentà sus ardientes descargas en mi recto mientras con la otra mano sacudÃa mi coño provocándome una última corrida.
Todo acabó.
Me dejaron hecha una mierda, pero feliz como una crÃa recien desvirgada.
Se vistieron y se fueron, despidiéndose... ¡Hasta mañana...!
Y asà fue... dÃa tras dÃa hasta que finalizó la obra, que me imagino que duró tres meses más de lo previsto, por el tiempo que me dedicaban y por lo descojonados que volvÃan a la tarea de poner ladrillos después de cepillarse cada dÃa y cada uno a una tÃa como yo por la boca, por el coño y por el culo.
|