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« en: Junio 13, 2006, 01:15:16 » |
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Todo estaba listo para el viaje a la playa ese fin de semana, al dÃÂa siguiente Mario y un grupo de amigos irÃÂan a las playas al oeste de la ciudad.
La salida se planeó a mas tardar a las 6:00 AM, para facilitar esto todos saldrÃan desde un mismo punto, la vecindad de Mario. En el grupo que irÃa en el viaje estaba Verona, la chica de las tetas de fantasÃa, los muslos para comérselos, el culo astronómico y fuego en la sangre. En casa de Mario, cuyos padres habÃan salido por el fin de semana, pasarÃan la noche Verona y el primo lejano de Mario, WÃlfred, después de preparar todo para salir temprano solo les quedaba comer algo y dormir lo suficiente para poder levantarse a la hora adecuada.
-OK, en la heladera solo hay para hacer emparedados de pollo, ¿quieren eso?-
DecÃa Mario mientras revisaba la heladera, en lo que Verona y WÃlfred acomodaban las mochilas.
-Lo que sea estará bien.-
Dijo Verona y el primo WÃlfred asintió con la cabeza porque tenÃa una sabana sujeta con los dientes.
-Muy buenos tus emparedados primo, creo que deberás ser el chef del viaje.-
DecÃa WÃlfed mientras masticaba el último bocado de su cena.
Los jóvenes tenÃan todo listo, y solo les quedaba dormir, pero ninguno parecÃa tener sueño, la TV podrÃa resultar como un buen somnÃfero, pero esa noche no habÃa nada bueno en ninguno de los canales.
-¡Que fiasco! no hay nada que ver.-
Dijo Mario mientras pasaba los canales con el control remoto, el y WÃlfred se levantan de los cojines acomodados en el suelo frente a la TV, Verona toma el control y luego de pasar unos canales fija su atención en un espacio muy especial de un canal de cable.
Una rubia desnuda de largas piernas y bellas tetas saltarinas, tenÃa una pierna apoyada en la pared y se contoneaba al ritmo de las envestidas de un negro que le clavaba el garrote desde atrás, el volumen de la TV estaba algo bajo y la ardiente escena solo era contemplada por la atenta Verona que no perdÃa un solo detalle, el débil sonido de los gemidos y gritos de la rubia en la TV tardó en llegar a los oÃdos de los chicos que fueron atraÃdos hacia la TV como lobos a la carne.
-Esta es la hora de las mejores pelÃculas en este canal.-
-Casi lo olvido por Uds. que solo estaban pensando en ver algún aburrido partido.-
Dijo Verona al notar el interés de sus amigos en el programa.
-No sabÃa que dieran pelÃculas XXX en ese canal.-
Dijo sorprendido WÃlfred al tiempo que la escena terminaba con la despampanante rubia recibiendo un baño de semen en su cara por parte del dotado negro.
-Sea como sea esto es mas interesante que El Clon, la NBA u otra mierda.
Dijo Mario a lo que los tres se acomodaron en los cojines dispuestos en el suelo.
La tanda para adultos estaba muy buena, se estaban tirando porno del mejor, la calidad de la programación se podÃa notar en el abultamiento creciente en los shorts de Mario y WÃlfred. Las cosas fueron tomando una temperatura ardiente, en una escena de sexo grupal, en la que a penas se distinguÃan nalgas, piernas, tetas y mucha piel Mario no aguantó mas y le fue echando mano a Verona, comenzó a sobarle las tetas para lo cual se posicionó recostado detrás de ella; todo eso a la sorprendida vista de WÃlfred quien no daba crédito a lo que veÃa.
Aún cuando WÃlfred estaba asombrado no dijo ni una palabra, se limitó a mirar la TV y a sus vecinos de estancia. Verona disfrutaba de las caricias de Mario y esta llevó sus manos (las de Mario) debajo de su camiseta (de Verona), la chica no tenÃa brassier y al contacto de la piel de sus senos con las manos de Mario Verona comenzó a gemir ligeramente, a todo esto WÃlfred estaba a 100, pero seguÃa callado y muy quieto.
El primo WÃlfred vio como Mario metió la mano debajo del short de Verona y como esta gemÃa mas y comenzó a menearse un poco sobre su cojÃn, cuando Mario cambió de posición fue para quitarle la camiseta a Verona y empezó a lamer suavemente uno de los apetitosos pezones de la bella Verona.
WÃlfred se sintió mas en confianza y al no poder mas con la emoción se abrió la bragueta de su short y se sacó la pinga que ya tenÃa bastante rato de estar tiesa y con fluido lubricante saliendo de su único ojillo, WÃlfred comenzó a hacerse una paja mientras sus amigos parecÃan estar muy ocupados para notarlo.
Entre quejidos y gritos de placer la escena del sexo grupal llegaba a su fin con la masiva eyaculación de los actores sobre las enloquecidas actrices porno, mientras Verona acariciaba la cabeza de Mario quien permanecÃa pegado a su pezón, la deleitada muchacha giraba su cuello suavemente en señal de su goce, en lo que ve a WÃlfred con su herramienta en la mano, la chica se sonrÃe al verle y con la mano le invita a participar del festÃn.
WÃlfred aún incrédulo, pero no inmóvil, se levanta rápidamente y se apodera del otro pezón de Verona. Ambos chicos saborean los ricos y grandes pezones dándole besos, chupadas y lamidas haciendo la delicia para Verona. Mario comienza a bajar el short de Verona y ella se acomoda para que el pantaloncillo pueda salir mejor, Verona debajo lucÃa un gran panty blanco, una pieza nada sexy, pero con las curvas de Verona hasta un hábito de monja lucirÃa provocador; las manos de los chicos casi volaron hacia la pelvis de ella, el roce de sus manos sobre la suave tela del panty estimulaba a Verona al punto que ella misma se sacó el panty para mostrar sus atributos a los cada vez mas excitados chicos; el carnoso y rasurado coño, las tersas y duras nalgas y ni hablar de el par de tetas que ya gozaban WÃlfred y Mario.
Ambos muchachos tomaron unos segundos para desnudarse, asà podÃa verse el parentesco de Mario y WÃlfred, ambos muchachos de contexturas y estaturas similares, Verona no pudo dejar de notarlo.
-Vaya que Uds. son familia, si hasta sus vergas se parecen.-
-Los dos flacos, las pingas del mismo largo y circuncidados.-
-Bueno, lo importante es que se sientan igual, ¿no chicos?-
DecÃa Verona a lo que Mario soltaba una risa y WÃlfred parecÃa perplejo, no obstante ambos chicos no demoraron en volver a ocupar los pezones de Verona, ahora mas libres y mas excitados.
Mario jugaba con el culo de Verona, le acariciaba las nalgas y le metÃa la mano entre ellas para buscar el ano y joderlo con sus dedos, el ano de Verona soltaba rápido y Mario pudo encajarle primero uno y luego dos dedos. WÃlfred hacÃa labores manuales en el coño de Verona, el delicioso sexo de la muchacha ya estaba bien mojado y los dedos de WÃlfred podÃan entrar sin mayor problema, el chico con gran habilidad podÃa hurgar la vagina de Verona y a la vez estimular el clÃtoris a lo que la chica se sentÃa estallar de placer.
Verona le susurró algo al oÃdo de Mario.
-Mario, la doble, la doble.-
Entre los gemidos de Verona Mario casi no le entiende, pero el captó el mensaje y le respondió.
-SabÃa que querrÃas hacerlo de nuevo, lo sabÃa te quedaste con las ganas, ¿verdad?-
-OK, yo pido el culo en esta vuelta, dale a probar a mi primo las delicias de tu coño galopante.-
Dijo Mario mientras se ponÃa de pie, Verona lo seguÃa mientras se dirigÃa a WÃlfred.
-WÃlfred, ¿te gusta estar abajo?-
-Recuéstate que haremos algo muy rico, ya verás.-
WÃlfred solo veÃa a Verona acercarse a el y irse colocando como si fuera a montarle, Mario estaba detrás de ella, Verona le dice a WÃlfred.
-Wilfredsito, tu me vas a cojer por el coño y Mario va a darme por el culo, ¿que te parece?-
WÃlfred le responde.
-¡Ah! eres muy golosa, pero no importa, ven y montame que me siento como un corcel.-
Mario le dice a WÃlfred.
-OK corcel, no te vengas a la primera, que aún falta.-
WÃlfred le responde a su primo.
-Si, señor, acá lo que sobra es aguante.-
respuesta que va acompañada por un saludo militar y una sonora risa.
Luego Mario le dice a Verona.
-Verona, dame una chupadita, tu culito está algo dilatado ya, pero no quiero meterte la pinga asà en seco.-
-Ven y humedéceme la pinga con tu lengüita.-
Verona mira con picardÃa a Mario y le dice.
-Tengo una mejor idea.-
Verona se coloca en reversa hacia Mario y con su coño busca su verga, Mario consigue penetrarla, pero Verona solo sube y baja en la pinga de Mario una, dos y tres veces, lo suficiente para que la herramienta de Mario se humedeciese, el erecto pene de Mario quedó brilloso por las abundantes secreciones del coño jugoso de Verona.
Ambos chicos se excitaron al doble, si eso era posible, con la picardÃa de Verona quien ahora si se disponÃa a dejarse penetrar por WÃlfred, el se hallaba recostado sobre unos cojines con las piernas abiertas y la pinga expectante, pero no esperó mucho, Verona se dejó caer lentamente sobre el garrote de WÃlfred, la sensación de ese coño mojado, cálido y bambolearte hacÃan las delicias para la pinga de WÃlfred, mientras Mario aún no penetraba el culo de Verona, en su lugar se daba a la tarea de besar y lamer las bellas nalgas de la chica, con una mano separó ambos glúteos y comenzó a besar y lamer los alrededores del ano, la húmeda lengua de Mario daba electrizantes caricias a la arrugada intimidad trasera de una fascinada Verona, en realidad a Verona le encantaba que Mario le lamiese el culo, pero eso era algo que el no hacÃa mucho y ahora ella lo disfrutaba junto con la verga de WÃlfred metida hasta el fondo en su coño.
Mario dijo que ahora si estaba listo y se acomodó para poder sodomizar a Verona, se arregló como pudo con las piernas extendidas del primo WÃlfred, pero al fin pudo cuadrar la pose y con su verga aún húmeda gracias al mismo coño de Verona Mario le comenzó a meter la pinga en su estrecho culito.
Con gran suavidad Mario encajó su garrote hasta el fondo del recto de Verona quien se hallaba al máximo con sus entrañas llenas por las vergas de los dos chicos.
Al tiempo que, en la TV, un sujeto corpulento y velludo le clavaba su pinga a una chica de cabellos muy negros y lacios que estaba a cuatro patas mientras se comÃa el coño de una pelirroja acostada en una cama, mientras, sobre los cojines del suelo Verona meneaba sus caderas al ritmo del fondo musical de la escena que tenÃa un inconfundible sabor antillano. Los deliciosos movimientos de Verona, arriba, abajo, a un lado y a otro con los penes de ambos chicos en su culo y coño terminaron por arrastrar a la propia Verona a un violento y descomunal orgasmo.
WÃlfred y Mario echaban mano de todo su aplomo para no venirse allà mismo y acompañar a Verona en su convulso clÃmax.
Ella se sujetaba la cabeza con ambas manos, gemÃa y gritaba, su respiración temblorosa y los flujos que bañaban la pelvis de WÃlfred eran prueba del brutal orgasmo que Verona sentÃa al tener un pene culeándola por el coño y otro sodo mizandola. En mas de una ocasión Verona en el pico de su excitación arañó y rasguñó el pecho de WÃlfred quien veÃa con complacencia los ojos volteados hacia arriba y la piel sudorosa de Verona mientras esta no solo se venÃa, sino que regresaba y se volvÃa a ir.
Verona se dejó caer sobre WÃlfred quien la recibió con un abrazo y ella le regaló un beso que mas parecÃa una cojida de lenguas.
-Aún no terminamos contigo Veronita, mi pinga quiere mas y estoy seguro que la de el también.-
-Ponte en cuatro que aún falta mas.-
Dijo Mario mientras se sobaba la dura y brillosa verga luego de haber taladrado el culo de Verona, ella lo obedeció, no por sumisión, sino porque ella sabÃa que faltaba mas gozadera para ella misma. Mario volvió a ponerse detrás de ella y le levantó la pelvis y con la erecta verga la penetró por segunda vez en el coño aún mojado por los flujos orgásmicos, WÃlfred también se incorporó y Verona se apoyó en su cadera con un brazo, luego con el otro quedando suspendida como un puente, y con su boca buscó la pinga de WÃlfred y comenzó a chuparla con gran delicadeza y una ansiedad únicas.
Mario le daba y le daba por el coño, asà estuvieron por algún rato, la chica con una pinga metida en su boca y otra en su coño, ella movÃa su lengua sobre toda la verga de WÃlfred y apretaba su coño para maximizar su placer y el de Mario lo que lo llevó al tope de su aguante y al acelerar sus bombeos Verona tuvo otro orgasmo con dos pingas de por medio, Mario al notar esto soltó su freno de seguridad y sin mayor reparo se vino dentro del coño de ella, pero WÃlfred aún no se venÃa y Verona succionó con fuerza su glande y el chico sintió como si su vida se le escapara por la pinga, pero no se vino, pero al instante dijo.
Ah!! ahora si me vengo, me vengo,.-
Rápidamente Verona se sacó la pinga de la boca, la apuntó hacia abajo y la comenzó a pajear hasta que WÃlfred derramó su semen sobre el suelo, y vaya que ese chico tenÃa leche guardada.
-Que desperdicio, Verona, hubieras recibido leche en la boca también.-
Dijo WÃlfred con humor mientras miraba la mancha de su esperma en el piso.
-Verona nunca ha probado el semen, y menos lo ha tragado.-
Dijo Mario mientras se revolcaba sobre un cojÃn.
-Es eso cierto, una chica como tu que hace todas estas locuras no se ha tragado una lechita jamás?-
Preguntó muy sorprendido WÃlfred.
-Eso si que es sorpresa, bueno, esta ha sido la noche de las sorpresas, porque yo jamás sospeché que Uds. fuesen novios y menos de los "liberales".-
Hablaba WÃlfred a lo que ambos, Verona y Mario soltaron una carcajada, dando Verona esta respuesta.
-Liberales si somos, novios, no que va.-
-Yo no le harÃa esa maldad a Mario y el no me la harÃa a mi.-
Dijo Verona.
-Si, si nos podemos cojer y gozar no nos hace falta nada mas.-
-Pero, Verona, sabes, WÃlfred tiene razón, como es que tu hasta un coño te has comido, y te gustó, y como es eso que no vas a querer ni tocar el semen.-
Inquirió Mario mirando fijamente a la chica mientras WÃlfre permanecÃa estupefacto al oÃr que Verona se habÃa comido un coño.
-Creo que ahora es la hora, hoy pruebas la leche.-
Dijo Mario levantándose y dirigiéndose hacia Verona quien decÃa.
-Yo no se, eso me da asco, es caliente y viscoso.-
-No, no, que va, yo no la pruebo y menos tragarla, que va.-
-Tu me dijiste una vez que tenÃas la fantasÃa de comerte dos pingas, OK, acá están las dos pingas, cumple tu fantasÃa y en el gusto te vas y nos dejas venirnos en tu boquita bonita, ¿si?-
Dijo Mario alzando su pene el que iba tomando dureza una vez mas, WÃlfred lo imitó y ambos se colocaron frente a la nerviosa Verona, que no podÃa resistir la tentación de tocar y sobar los dos garrotes.
Efectivamente entre los toques y caricias Verona fue besando y lamiendo las dos pingas y paulatinamente comenzó a chupar las vergas y su fantasÃa iba cobrando forma.
Ella estaba de rodillas y gozaba enormemente al mamar dos vergas a la vez, al mirar hacia abajo vio como Mario con su dedo gordo del pie le frotaba el coño dándole una riquÃsima sensación.
Verona solo gemÃa ligeramente al no poder hablar o gritar. Las pingas se pusieron mas duras y en esta ocasión los chicos no tenÃan intención de aguantarse las ganas.
Verona sabÃa que era cuestión de instantes para que los chicos eyaculasen, ella debÃa decidir si harÃa lo de siempre, apuntar hacia abajo y listo o dejar que el semen de dos penes erectos y cálidos se derramasen en su cara o tal vez en su boca, y quien sabe, tal vez tragar algo.
Como suele pasar a menudo el momento llega sin avisar, la primera verga en venirse fue la de WÃlfred y a los pocos segundos Mario lo siguió, pero Verona no tuvo tiempo de reaccionar, el semen se derramaba sobre su rostro y buena parte se iba hacia su boca. La leche abundante empapaba su cara lo que casi la hace ahogarse, en el reflejo de abrir la boca para buscar aire buena parte de ese semen entra en la boca de Verona. La sensación del fluido caliente y espeso deslizándose en sus mejillas, por sus dientes y sobre su lengua hizo que Verona se sintiese de manera extraña, el sabor indescifrable del semen no le era repulsivo ni agradable, lo único que sabÃa era que ese sabor jamás lo habÃa probado.
Esa extraña sensación impulsó a Verona a deglutir todo el semen que pudo, con su lengua se relamÃa los bordes de su boca y las cabezas de las pingas recién descargadas, probablemente ella pudo tener un orgasmo mientras saboreaba la leche de sus compañeros o solo fue la emoción de hacerlo por primera vez, eso es algo que solo Verona sabrÃa.
Luego de eso los chicos se fueron a duchar, como solo habÃa dos baños Verona decidió esperar y se quedó allà en la sala, desnuda, y aún con el sabor del semen en su paladar.
-Si me he atrevido a esto, podrÃa hacer quien sabe que cosas mas.-
Pensaba ella mientras jugaba con un mechón de su cabello.
A la mañana siguiente otros amigos Raúl, Raquel su novia y Keila se les unirÃan a Mario, Verona y WÃlfred para ir a la playa, este singular grupo en una casa de playa todo un fin de semana, serÃa difÃcil predecir lo que podrÃa pasar.
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