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« en: Junio 13, 2006, 01:16:32 » |
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SofÃÂa tomaba el sol como si tal cosa, pero su mente no paraba...
Desde que habÃa llegado aquel hombre a su paraÃso privado, estaba un poco alterada. Al principio, se molestó y se preguntó porqué diablos habÃa llegado hasta allÃ. La verdad es que la calita en cuestión no solo era difÃcil de localizar por no ser excesivamente conocida, sino que además para acceder a ella por tierra se requerÃa un gran esfuerzo fÃsico incluso sin hacer calor, asà que con la que estaba cayendo (35 grados a la sombra), exigÃa mucho espÃritu de sacrificio. No solo habÃa que subir una colina desértica, sino que después habÃa que bajar por una pared de rocas que era prácticamente vertical en algunos tramos.
Sin embargo, después se obtenÃa una grata recompensa. Era un sitio recóndito y pintoresco, poco conocido y perfecto para tomar el sol a solas en un entorno precioso. La época también era idónea para ese fin: Junio, calor, pero sin gente de vacaciones que irrumpiera para romper la armonÃa...salvo por aquel extraño.
El hombre se habÃa colocado a unos quince metros de ella, es decir, casi en el extremo opuesto de la calita y se habÃa desnudado completamente. A SofÃa después de la incomodidad inicial, la verdad es que le gustó verlo desnudo, y sus sentimientos para con ese desconocido empezaron a cambiar paulatinamente. Era un tipo atlético, como ella, bastante alto, con una media melena morena y ondulada, y lo único que llevaba puesto era varias pulseras en la muñeca derecha, un colgante y algunos tatuajes. Además, por lo que se veÃa, no estaba mal en ningún aspecto.....
Descansaba después de un baño, sentado sobre la arena blanca de la orilla, disfrutando del frescor del agua, que se colaba entre sus piernas, y de la ligera brisa que agitaba sus cabellos mojados.
La imagen excitaba la imaginación de SofÃa, que ya llevaba un rato largo observando al extraño a hurtadillas. Alguna vez le habÃa pillado a él mirando también en su dirección, lo que la excitaba aún más. Pero porqué no iba él a mirarla, se decÃa a sà misma, solo llevaba un tanguita y sabÃa que estaba de muy buen ver; con su rizada melena pelirroja, los ojos de un azul casi eléctrico, los pechos naturales muy bien formados y firmes, que no se podÃa decir que fueran pequeños, si bien estaban lejos de la hinchada tendencia actual. TenÃa unos pezones rosados preciosos y muy sexys, un vientre casi plano (con esa ligera curvita que tanto excitaba a los hombres), y un culo que quitaba el hipo, según le decÃan todos sus amigos.
Tras mucho pensárselo se quitó el tanga, quedándose completamente desnuda....
SabÃa que eso llamarÃa la atención del desconocido. En realidad, aunque habitualmente hacÃa top-less, nunca antes habÃa practicado nudismo. Pensó que serÃa una sutil invitación que fomentarÃa nuevas miradas de aquel del extraño, que sin duda se sentirÃa atraÃdo por su ligero triangulito de vello púvico, tan pelirrojo como su cabello, y por la piel blanca que lo rodeaba, que delataba que en realidad se habÃa desnudado para él.
Cuando llevaba un rato tumbada, dándole vueltas a su mente lujuriosa, decidió ir a darse un baño tratando de aparentar en sus movimientos toda la naturalidad del mundo, pero lo cierto es que ya estaba muy húmeda y excitada. En realidad anhelaba provocar al extraño las mismas sensaciones que ella estaba teniendo. La táctica funcionó porque el hombre la siguió con la mirada, según pudo observar por el rabillo del ojo.
Sin embargo mientras salÃa del agua, observó con sorpresa y bastante vergüenza, que el desconocido se acercaba hacia donde ella estaba. Una cosa era imaginar y otra distinta ... Los pezones se le endurecieron aun más y no precisamente por efecto del frÃo, y a duras penas podÃa desviar la mirada del cuerpo de aquel hombre, una de cuyas partes también parecÃa que comenzaba a cambiar de textura. El extraño, le mostró la palma de su mano derecha, y sonriendo le dijo:
- Hola perdona, me llamo Héctor, no quiero molestarte pero es que antes mientras buceaba entre las rocas, me he ido a apoyar justo encima de un erizo, que sospecho que me ha clavado todas las púas que ha podido el muy......!!. He conseguido sacarme unas pocas, pero tengo las uñas muy cortas y hay algunas que no salen. He pensado que a lo mejor a ti se te da algo mejor....
SofÃa ya no sabÃa donde mirar. De cerca parecÃa aún más apetecible, tendrÃa treinta y pocos años, y un aspecto de surfista bohemio, que le volvÃa loca. Un tatuaje tribal le cubrÃa gran parte del hombro izquierdo y le llegaba casi al antebrazo. Nunca habÃa visto uno asÃ, era como un conjunto de hojas que formaban una intrincada enredadera. Lo cierto es que, a pesar de lo grande que era, le quedaba muy bien. Además, tenÃa otro cerca del pubis en la parte derecha, que le pareció algo más ‘heavy’ pero muy sexy; eran unas llamas de vivos colores que le subÃan por el costado.
Sin embargo, todo eso lo observó en apenas un segundo, pues le daba vergüenza mirarle detenidamente, ya que estaba enfrente de ella completamente desnudo... Pero ella..... ella también estaba como Dios la trajo al mundo!!!, pensó azorada. Él notando su incomodidad, la miró con aire compungido:
- No querÃa molestarte,..... pensé que tal vez podrÃas.... Bueno es igual, perdona...- y comenzó a darse la vuelta.
SofÃa le agarró del brazo del tatuaje, pero de pronto le soltó, al encontrarse con la mirada perpleja del desconocido, sorprendida por su propia reacción. Mirando al suelo, tÃmidamente le dijo:
- Venga, enséñame esa mano.- La voz le salió en un hilillo.
Héctor se la mostró, y SofÃa vio que tenÃa como de diez a quince púas clavadas.
- En fin, mejor será que nos sentemos- Sentenció la muchacha, cogiendo la mano sana del hombre y dirigiéndolo hacia su toalla.
Se sentaron, y se miraron a los ojos por un momento. SofÃa sonrió pero inmediatamente desvió la mirada, al encontrarse de nuevo con unos ojos de color marrón verdoso que le recordaron a los ojos de un tigre o algo asÃ; una mirada felina muy expresiva que denotaba deseo. Héctor pensó que habÃa sido una suerte haberse encontrado con aquel erizo, para tener una excusa para acercarse a aquella chica.
Ella estaba roja como un tomate, su corazón se le salÃa del pecho, lo que hacÃa que respirase con cierta dificultad, de un modo casi jadeante, pero el tono de su piel y el color de su pelo contribuÃan a disimular ese sonrojo, por lo que confiaba que él no notase su excitación. Gracias a Dios!!!, pensó.
Intentando mostrarse confiada le miró directamente a los ojos otra vez y sonriendo le dijo:
- Has tenido suerte chaval, me he traÃdo mis pinzas...
Héctor se morÃa de deseo, tenÃa que besarla... La volvió a mirar a los ojos ladeando ligeramente la cabeza hacÃa el hombro derecho, un gesto que ella ya habÃa detectado que era natural en él, y que le conferÃa mayor intensidad a aquella mirada felina.
Ella se giró con la excusa de buscar las pinzas en su bolsa, pero en realidad intentaba que él no notase su excitación. En ese momento, Héctor le puso la mano en el vientre y girándola suavemente la besó en los labios.
- TodavÃa no me has dicho como te llamas pelirroja...
- SofÃa....- Prácticamente no podÃa articular palabra, a causa de su respiración entrecortada...
Él la atrajo hacia sà con fuerza. Ya no podÃa más. Sus bocas volvieron a juntarse, y ella le concedió su lengua sin poner reparos, es más tenÃa la acuciante necesidad de dársela, y de buscar ávidamente la de él.
Héctor saboreó los carnosos labios de SofÃa, tomó con su mano izquierda uno de sus preciosos pechos, y comenzó a jugar con su pezón rosa que se puso duro como una roca. Ella comenzó a jadear. Él bajó besando el cuello de aquella belleza, comiéndosela toda hasta el otro pezón, que mordió muy ligeramente. Su piel sabÃa a sal. A SofÃa se le escapó un grito. Por su mente pasó como un relámpago la posibilidad de que alguien llegara y les viera, pero eso también lo hacÃa más excitante... casi lo deseaba.
Decidió buscar a tientas la verga del aquel formidable ejemplar de hombre-felino. Lo ansiaba ya dentro. Se esforzó por verla. Al tocarla, se mojo aún más, estaba dura como una piedra y pensó que era de un buen tamaño. Hija mÃa, se dijo, cada dÃa eres más guarra!. Comenzó a pajearle, y él se arqueó un poco suspirando. - Sigue.... – dijo. Casi sin dar crédito a lo que hacÃa, SofÃa empezó a comerse entero al desconocido, desde el cuello hasta el ombligo, sorprendiéndose de no encontrar casi vello, pero no estaba depilado, el chaval era asÃ... perfecto para ella... Pensar en eso hizo que quisiera probar su miembro.
Al fin lo encontró, durÃsimo y orgullosamente erguido. Lo chupó un poco, amorosamente, paseando la lengua en cÃrculos por el glande, bajando por el tronco, y finalmente subiendo de nuevo, hasta llegar al pequeño orificio justo a tiempo de beberse una gotita de lÃquido preseminal que le salÃa en ese momento, lo que le pareció delicioso y excitante.
Se la metió en la boca, y comenzó a hacerle una mamada que no olvidase fácilmente. La chupaba delicadamente al principio, pero su propia excitación era tal, que enseguida empezó a hacerlo con más fuerza, arriba y abajo, sin parar, masajeándola con la mano, que resbalaba por ese gran pene, y mirándole a la cara de vez en cuando. Él permanecÃa tumbado completamente estirado en la toalla, en tensión, extático, extasiado mientras esa espectacular belleza pelirroja le devoraba.
Le pidió entre suspiros, que por favor parase, que no podÃa más, pero ella querÃa bebérselo entero, y no estaba dispuesta a acceder a esa petición, aunque eso supusiese que después tendrÃa que esperar un poco a la recuperación de ese formidable desconocido.
Comenzó a acariciarle los testÃculos, y a chuparlos con la misma devoción que hacÃa con el enhiesto miembro, alternando los lametazos que le suministraba con pasión. Utilizó sus dientes para rozar levemente el glande que estaba a punto de estallar, para después cogiéndole de los huevos tragarse amorosamente toda aquel nabo que le ponÃa a mil. Pero qué pedazo de tÃo!. Quiero ser su esclava- pensaba.
Asà sintió como llegaba el orgasmo de aquel hombre, al que - aun sorprendida de si misma - estaba subyugando en el sexo.
Él al principio intentó separarla, preocupado por si ella tenÃa reparos en que se corriese en su boca, pero ella se negó en rotundo resistiéndose denodadamente, y asà presa del delirio la tomó por el pelo, para atraerla más hacia sÃ, viniéndose entre espasmos, a lo que ella respondió succionando y besando con pasión la cabeza púrpura, mientras se bebÃa mares de una leche, que como la cálida promesa anterior, le supo a gloria.
SofÃa siguió limpiando con su boca aquel magnÃfico miembro, embriagada con la experiencia que acababa de vivir, y tan cachonda que prácticamente no se reconocÃa a sà misma, mientras besaba con deleite la el nabo de aquel desconocido, y se extasiaba con el sabor de su semen.
Nunca habÃa hecho algo asà antes. Todas sus relaciones sexuales habÃan tenido lugar tras conocer, aunque fuera superficialmente a sus elegidos, y aunque era ardiente y desinhibida nunca lo habÃa demostrado con tanta libertad. Desde luego jamás se habÃa comido tan ferozmente una polla, y menos aún la de un completo extraño con el que apenas habÃa cruzado un par de palabras. De todas formas estaba contenta, aunque ansiosa por sentir dentro de sus entrañas toda la potencia del tal Héctor, pero también de darle placer absoluto e incondicional, atendiendo cualquier petición que pudiera hacerle. Estaba embriagada de su sexo y querÃa más, aunque por el momento tenÃa que dejarlo descansar.
- ¿ Tú no estabas mal herido? – preguntó jocosa, mientras acariciaba el pene de Héctor. Desde luego no tenÃa ya sentido mostrarse tÃmida.
Él pareció desorientado y confuso. Nada que ver - pensó ella divertida - con el despliegue de seguridad en si mismo del que habÃa hecho gala unos minutos antes, cuando se habÃa acercado desnudo a una completa desconocida con la excusa de las púas del erizo, o cuando sin mediar palabra le cogió por sorpresa y le besó en los labios.
- Lo siento, no he podido...
- No te preocupes.- Le cortó ella.- Ha estado bien.... De todas formas, no creerás realmente que te voy a dejar escapar tan pronto.
Héctor sonrió, mostrando una hilera de dientes blancos y perfectamente alineados. SofÃa pensó, que el tÃo era un cañón. La verdad es que estaba cachondÃsima. Mientras, Héctor se habÃa perdido en la mirada azul eléctrica de ella...
- ¿Eres de la isla? – Preguntó Héctor.
- No, he venido a pasar una semana, que me he tomado de vacaciones...
- ¿Merecidas?.
- Eso creo.
- ¿ A qué te dedicas?.
- Soy publicista.
- ¿Trabajas para una agencia ?
- Yo soy mi propia agencia....
- ¿Y te va bien ?.
- Pues no va mal... aunque siempre podrÃa ir mejor.
- ¿Siempre preguntas tanto?. – dijo ella sonriendo.
- Perdona.
Ella, se acercó y sin más, comenzó a comerle la boca lujuriosamente. La erección de él, que prácticamente no habÃa menguado después del orgasmo, se hizo sin embargo más patente, y ella la vio.
Fue SofÃa quien tomó la iniciativa, y acariciándole la polla mientras le seguÃa besando con pasión consiguió que él estuviera nuevamente preparado a pesar de lo breve del descanso. Héctor se puso a SofÃa a horcajadas sobre él, de manera que su verga rozase su entrada, sin llegar a penetrarla, para frotarle el clÃtoris con su glande. Ella le tomó la polla con la mano, y empezó a masajear con ella su clÃtoris. Estaba mojadÃsima y gemÃa de placer.
TenÃa un coñito precioso, rasurado, hinchado y húmedo por la excitación y con el clÃtoris de rojo intenso totalmente erecto. Héctor quiso probarlo de inmediato, y asà tumbó boca arriba a SofÃa, que abrió las piernas totalmente. Estaba flotando....
Comenzó a besar su pubis, con la ligerÃsima mata rojiza, hasta llegar a su húmeda raja, que se abrÃa ante él por efecto del deseo. SofÃa gemÃa como nunca lo habÃa hecho. Se corrÃa y corrÃa, no podÃa parar, ni querÃa que parase. Héctor puso su boca justo sobre la raja, y empezó a besarla como si de otra boca se tratase. Ella deliraba. Le metió suavemente un par de dedos, mientras chupaba y mordisqueaba el clÃtoris de la preciosa pelirroja que se debatÃa en éxtasis.
Cuando la marea pasó un poco, ella se incorporó y entre jadeos le dijo:
- ¿ Puedo pedirte algo?.
Él la miró y asintió expectante.
- Me gustarÃa ver como te masturbas, mientras me lo haces con la boca...
Él enarcó un poco las cejas y sonrió. SofÃa casi no daba crédito a lo que acababa de decir. Estaba avergonzada. ParecÃa que habÃa sido completamente poseÃda por su yo más morboso, y le habÃa pedido a ese desconocido que hiciese realidad una de sus secretas fantasÃas.
Héctor incorporó un poco a aquella preciosa ninfa, poniéndola a horcajadas, y se coló por debajo de sus piernas, para seguir chupándola jugando con aquel precioso clÃtoris con sus labios y su lengua, mientras con la mano derecha cogÃa su enorme y durÃsima polla, y comenzaba a pajearse al principio despacio, porque pensó que asà le gustarÃa más a ella, y después con el salvajismo con el que lo hacÃa habitualmente. SofÃa enardeció al verlo y sentir aquella boca en su coñito, y empezó a correrse nuevamente entre combulsiones y gritos:
- SÃ...oh sÃ, sÃ, oh....... cariño, oh sà cómetela toda.... pajéate bien oh....sIIIIiÃ....
Ése orgasmo de SofÃa fue el más largo e intenso que podÃa recordar, creyó que habÃa concatenado varios. Después de recuperar un poco el ritmo de su respiración, se tumbó junto a Héctor y le dijo con devoción:
- Haz conmigo lo que quieras...
- Concedido... – dijo él.
Héctor, dejó que permaneciese tumbada pero le dio suavemente la vuelta hasta ponerla de lado, para meter cuidadosamente su hinchado miembro en esa preciosa conchita desde atrás. Cuando entró, no podÃa creer lo maravillosamente cálida y húmeda que estaba. Empezó a penetrarla despacio, mientras ella gemÃa de placer.
- SÃ, por favor dámela.....Venga cariño....
No habÃa nada que le diese más morbo que una mujer como aquella le hablase de ese modo, asà que la incorporó para ponerla en cuatro, y comenzó a darle poco a poco más fuerte, lo que a ella le enardeció aun más.
Justo en ese momento comenzó a bajar por la pendiente rocosa, otra joven pareja del otro lado de la cala, a unos veinte metros. SofÃa y Héctor los podÃan ver porque estaban colocados justo de cara a ellos. Era evidente que estaban fornicando, pero ninguno de los dos querÃa parar, y aunque hubieran querido difÃcilmente habrÃan podido. Estaban demasiado excitados.
Lo cierto es que a SofÃa la presencia de los nuevos le ponÃa aún más cachonda, y no se cortaba en disimular sus gemidos. De hecho, cuando vio que se desnudaban completamente y que miraban en su dirección, comenzó a correrse de nuevo, sollozando:
- Vamos....vamos...oh.....oh sÃ......ah, ah, ah.........fóllame Héctor, fóllame bien, clávamela toda!!!!.
Héctor incrementó exponencialmente la potencia de sus embestidas, mientras SofÃa fuera de sÃ, miraba a los jóvenes que ahora tenÃan a unos quince metros de distancia, y entraban en la orilla. Entre sus espasmos de placer pudo ver sin ningún género de dudas que el chico de enfrente se estaba empalmando. La chica que iba con él también miraba en su dirección....
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- Has visto a esos, no chavalÃn? - Preguntó Marta a Alex, divertida.
Él contestó afirmando con la cabeza, y dijo:
- No te lo vas a creer, pero creo que el tÃo es el guitarrista de Usurpadores, el grupo de rock.
- Ah sÃ?.- dijo ella.- pues parece que se lo monta muy bien.- y mientras decÃa esto, cogió la polla de su compañero, acariciándola suavemente con lo que consiguió una total erección.
Marta era una morena escultural de curvas generosas y pubis rasurado, con unos ojos verdes impresionantes, y una boca de las que hacen soñar a los hombres. TenÃa 33 años, aunque era tan lozana que parecÃa más joven, con sus enormes pechos totalmente erguidos. TenÃa un bonito "tatoo" con motivos tribales, que le enmarcaba las lumbares, lo que hacÃa destacar su orgulloso, enhiesto y precioso culo. Otro pequeño tatuaje enmarcaba la zona superior de su pubis rasurado.
Alex, era un chico de 24 años no muy alto, pero sà fibroso, rubio y con los ojos azules que solÃa tener bastante éxito con las mujeres, por no decir que siempre lo tenÃa.
Marta se arrodilló dentro del agua y empezó chupar la durÃsima polla de de su joven compañero con deleite. SofÃa y Héctor seguÃan en lo suyo, pero él al ver lo que sucedÃa en frente, quiso que su pareja le hiciese otra felación, de rodillas como estaba Marta, mientras él veÃa como lo hacÃa ésta que lo estaba poniendo cachondÃsimo, con las miraditas que le dedicaba mientras se comÃa el pene a su compañero. Asà se lo pidió a SofÃa, quien al oÃr la petición se sacó el miembro del coñito, y dándose la vuelta empezó a darle placer oral.
Alex, le dijo a Marta que parase un momento, y le preguntó que si alguna vez habÃa probado el sexo en grupo. Ella contestó que no, pero que no le importarÃa probar con aquellos dos. Asà comenzaron a acercarse a la otra pareja.
SofÃa seguÃa chupando la polla a Héctor con total abnegación sin saber que se acercaban, pues estaba de espaldas y muy concentrada en lo que hacÃa. Mientras con la mano izquierda se masturbaba, lo que excitaba aun más a Héctor que no sabÃa cuanto podrÃa aguantar.
Ello unido al hecho de ver acercarse a la otra pareja provocó que Héctor, a pesar de sus denodados esfuerzos por aguantar, al ver a la espectacular morena que ya tenÃa delante, se corriese abundantemente en la cara de su preciosa pelirroja. Pero SofÃa estaba excitadÃsima, con el coño hinchadÃsimo y le encantó jugar con el semen de él en su cara restregándose aquel estupendo pene, y metiéndose hasta tres dedos en su almejita.
Marta y Alex, ya habÃan llegado. Saludaron, y tras unos segundos de desconcierto Marta besó sin ningún recato a Héctor en la boca, que tras la sorpresa inicial, la cogió por la cintura y devolvió con total soltura ese cariñoso saludo. SofÃa, entró en el agua y se lavó la cara. Por un momento se quedó Alex empalmado y solo, pensando que su invasión habÃa molestado a la pelirroja.
Sin embargo, ella volvió inmediatamente, echó una mirada a la apasionada presentación entre Marta y Héctor, el cual volvÃa a estar completamente empalmado, lo que le hizo pensar que aquel hombre no era de este mundo, y mirando al nuevo compañero, decidió que convenÃa darle igual bienvenida. DejarÃa que la morena disfrutase un poco de aquel semental, mientras ella probaba al chico rubio, ¡que demonios!.
SofÃa cogió suavemtente a Alex, lo tumbó en la arena, y empezó a morrearle, para un momento después, mientras le mordÃa el lóbulo de la oreja, susurrarle:
- Soy SofÃa. ¿ Quien eres tú ?. Me gusta saber a quien me follo.
- Soy Alex- suspiro él, con una notable excitación.
A SofÃa ya no le sorprendÃa nada de lo que estaba siendo capaz de hacer ese dÃa, asà que sin cortarse un pelo, se sentó sobre la verga de Alex y empezó a cabalgar. Miró a Héctor y a la morena, que ya estaba arrodilla frente al él comiéndole la polla, y dijo entre suspiros:
- ¿Te gusta que te la chupen, eh hombretón!?. Pues ven si quieres que te la chupemos las dos....
Marta sonrió y se acercó a SofÃa, cogiendo a Héctor de la polla, como si lo llevase de la mano. El chico rubio estaba alucinado, le excitaba muchÃsimo la fiera pelirroja que tenÃa encima, pero ver a Marta comérsela a otro hombre casi le ponÃa más aún.
Asà empezaron las dos mujeres una felación a dúo de la dolorida e hinchada polla de Héctor, que no podÃa disimular el gusto que sentÃa a pesar de los dos orgasmos que ya llevaba. SofÃa gemÃa con la boca llena, puesto que además cabalgaba a Alex, quien, desde abajo, la embestÃa con la misma pasión con la que ella recibÃa su miembro.
Marta nunca habÃa tenido una experiencia bisexual, pero le estaba apeteciendo muchÃsimo probar. Asà que aprovechando la felación en equipo, no solo chupaba la polla y los huevos de Héctor, sino que además de vez en cuando metÃa la lengua en la boca de SofÃa.
La pelirroja al principio se sorprendió un poco, pensaba que habÃa sido accidental, pero no le habÃa desagradado en absoluto, y a pesar del torbellino de sensaciones que en ese momento la arrastraba, en su mente también se estaba empezando a forjar la idea de probar a otra mujer.
Marta fue la primera que se decidió a ir más allá. Dejó por un momento toda la polla de Héctor a su compañera y mientras SofÃa se la comÃa, comenzó a acariciarle los pechos, para empezar después a besarle los pezones con fruición. En ese momento SofÃa se sacó la polla de Héctor de la boca manteniéndola en la mano, y al ver lo que estaba pasando su excitación fue tal que empezó a correrse otra vez, mientras cabalgaba furiosamente a Alex, y suplicaba a Marta que siguiese. Alex a duras penas podÃa aguantar más pero querÃa correrse en la boca de una de las chicas, preferiblemente en la de SofÃa, pues eso realmente le estaba volviendo loco y se lo estaba imaginando desde que llegó a la playa y vió como ella se la comÃa a Héctor.
Héctor estaba de pie expectante, con su polla en la mano de SofÃa, alucinado con el espectáculo, y deseando clavársela a Marta, a quien miraba desde arriba y que le parecÃa una diosa. SofÃa fue frenando paulatinamente a medida que descendÃa de las nubes del climax, de manera que Alex se la pudo sacar y saliendo del abrazo de sus piernas, le pidió que favor se la chupara que querÃa llenarle la boca de semen.
Una petición asà probablemente hubiera estado fuera de lugar en cualquier otra parte y en cualquier otro momento, pero allà y entonces a SofÃa le pareció encantadora, y deseó darle placer a ese chico, que a pesar de lo que le excitaba, curiosamente le recordaba a su hermano pequeño.
AsÃ, comenzó a lamer el miembro considerablemente duro de Alex, que en un segundo se estaba corriendo abundantemente en su boca y su cara. Mientras tanto Marta se puso a cuatro patas, y miró hacia atrás invitando con la mirada a Héctor para que la penetrara. Él no se hizo esperar, y acercándose por detrás se la clavó a la impresionante morena con tal fuerza, que ésta no pudo reprimir un grito al sentir entrar toda esa verga.
SofÃa que habÃa terminado con Alex, se giró para ver a como Héctor se la metÃa a Marta. TenÃa aun la cara cubierta por el semen de Alex. Se le ocurrió que ni siquiera sabÃa el nombre de la otra chica, pero querÃa que le limpiase la cara con la boca y la lengua.
- ¿Y tú como te llamas preciosa?.
- Marta....- respondió ésta entre jadeos.
- Yo me llamo SofÃa, y mira como me ha puesto tu chico...
Asà se acercó poco a poco a la espectacular morena, a la que comenzó besar con pasión, mientras Héctor la taladraba. Marta bebió los restos de semen de Alex que tenÃa SofÃa en la cara y siguió besándola, mientras ésta última le acariciaba sus enormes tetas.
Entonces mientras Marta disfrutaba de las potentes embestidas de Héctor, SofÃa se coló debajo de ella para probar sus pezones, y acariciar su clÃtoris que se veÃa perfectamente, en su coñito rasurado. Un segundo después Marta estaba corriéndose por primera vez, y aullaba su placer
- ¡¡¡ SÃ, sÃ, sÃ, fóllame!!!, oh, oh, oh, oh!, ah!. Chúpamelo SofÃa, por favor, ah, ah!!.... cómeme el clÃtoris.
SofÃa, no podÃa creer lo que le excitaba esa petición, asà que, desde abajo, buscó sitio, y se apresuró a cumplirla. Su lengua se movÃa alrededor del clÃtoris de la espectacular morena, de pubis completamente rasurado, cuyas generosas tetas, rozaban su vientre. Marta se corrÃa otra vez....
- SÃ, ah, ah, ah. Dame, dame más Héctor. Chúpame...chúpame, cómemelo todo SofÃa!!!.
La pelirroja estaba mojadÃsima, y realmente se sentÃa como una guarra, pero una guarra feliz. Empezó entonces a masturbarse, pero Alex que estaba delante, le hizo el favor de comerle el coño, que en ese momento era lo que más le apetecÃa que le hicieran.
- Sà Alex.... Ah, ah, ah.... Es todo tu tuyo. SÃ, sÃ, muérdelo!!!. Solo oÃr los gemidos y gritos que las chicas emitÃan hubiera provocado el orgasmo de cualquiera. Pero Alex y Héctor ya habÃan descargado y podÃan aguantar un poco más. Marta no podÃa más:
- SÃ, sÃ...Vamos tÃo clávamela... ah, ah, ah sÃ, soy tuya, soy tu putita...ah, ah, ah.... me corro otra vez, ah, ah, ah.... Oh Dios!!!
- Córrete!- ordenó Héctor y susurrándole al oÃdo le dijo– Quiero metértela por detrás. Tienes un culo increÃble!.
Y asà siguió bombeando, hasta que Marta alcanzó el cenit de su tercer orgasmo. Después sacó su poderosa verga del coñito rasurado de la morena, completamente empapada por sus flujos y lo puso delicadamente en la entrada de su ano. Suavemente lo restregó y frotó para humedecer, ese precioso culito limpio de vello. Lo vió tan limpio y bonito, que por primera vez en su vida le apeteció comerse un culo. Dicho y hecho, Héctor empezó a chupar con pasión el culo de la preciosa morena, que por sus gemidos parecÃa que fuera a correrse otra vez. Antes de que ello sucediera, Héctor volvió a poner la punta de su polla en el culito de aquella ninfa, y con un leve empujoncito entró toda su cabeza. Mientras, SofÃa seguÃa repartiendo amorosos lenguetazos por su clÃtoris. Marta deliraba:
- SÃ, sÃ, ah, ah, ah, seguid, por favor. Oh, oh, oh, SofÃa .... Métemela bien hijo puta. Clávamela toda!!. Oh, oh, oh, oh, ah, ah…. Fóllame el culo!!!!
Héctor empujó más fuerte y metió toda su polla en aquel culo tan espectacular. Entonces SofÃa metiendo tres dedos en el coño de Marta y acariciando su clÃtoris con el pulgar, empezó a chuparle los huevos a Héctor, que ya estaba a punto de correrse. Marta ya lo estaba haciendo de nuevo.
Alex estaba que otra vez durÃsimo quiso follarse el culito de SofÃa, pero su posición actual no era la más adecuada para ese fin si no querÃa fastidiar a los demás, asà que, pensó que ya le darÃa luego y se conformó a penetrar su preciosa conchita pelirroja mientras besaba a Marta en la boca. Al notar como el pene de Alex volvÃa a taladrarla, comenzaron nuevamente los espasmos de SofÃa, pero a pesar de ello no querÃa renunciar a los trabajos en el coñito de la morena y los huevos de Héctor.
Héctor no podÃa más. Era demasiado sentir en su polla el apretado culito de la morena, y la humeda boca de la pelirroja recorriendo sus testÃculos. gimió:
- ¿Quieres mi leche Marta?.
Repentinamente sacó su miembro del ano de la chica , y una sorprendentemente copiosa lluvia de lefa, mojó la cara de SofÃa, tan abundante fue, que incluso dio tiempo a que Marta se girase, y pudiese metérselo en la boca para seguir bebiendo la esencia de ese semental.
Héctor cayó hacia atrás, no habÃa forma de aguantar más. Marta siguió limpiándole bien la polla con abnegación, como si fuera su dios, mientras éste descansaba exhausto tumbado en el suelo.
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