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« en: Junio 08, 2006, 01:15:27 » |
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Hola, tengo 25 años y vivo en Salou con mi novio, con el que llevo saliendo casi 6 años (fue mi primer amor a los 19 y con él perdàmi virginidad). El trabaja en una empresa de informática y yo soy profesora interina, y estamos esperando a que yo tenga una plaza fija para poder casarnos y establecernos en un sitio fijo.
Lo que voy a contarles es como perdà mi virginidad. Cuando esto sucedió yo tenia 18 años. Estudiaba la carrera de Administración de Empresas y tenia unos excelentes compañeros de clase. En esta etapa de mi vida yo era la única virgen de mi grupo de amigas y no obstante eso no me hizo querer perderla rápido y con quien fuera. Lo que os voy a contar ocurrió el invierno del año 2003, ya que me llamaron para trabajar en un pueblo cercano a Valencia y me tocó irme a quedar allÃ. El domingo al mediodÃa mi novio me llevó con el coche y buscamos una pensión para pasar los primeros dÃas, sólo habÃa una pero estaba bastante bien, asà que cogimos la habitación, subimos las maletas y mi novio se volvió a Salou para acostarse pronto e ir a trabajar al dÃa siguiente. La pensión era tranquila y, según nos habÃa dicho el encargado, hasta el dÃa siguiente no habrÃa nadie allà asà que estarÃa muy tranquila. Yo me arreglé un poco la habitación y decidà bajar a buscar algún bar y cenar algo antes de volver a subir para descansar, y cuando pasé por recepción para dejar la llave Jorge el encargado me dijo:
- Ha habido un pequeño problema, sin darme cuenta la he puesto en una habitación que no funciona el agua caliente, le voy a dar esta otra llave y cambie sus cosas.
Un escalofrÃo recorrió mi cuerpo de los pies a la cabeza… ya bajando las escaleras noté un olor extraña, pero ahora se habÃa hecho más intensa y me daba una sensación rara.
- Ah! Perdone - intenté disimular que me habÃa quedado atontada y casi sin palabras, mientras me daba la llave - Pero si estoy en la 105 y me da la 202, yo sola no podré subir la maleta.
- No se preocupe, yo la ayudaré.
Asà nos dirigimos a mi habitación y empecé a encontrarme cada vez más extraña. Cuando entramos empecé a poner las cosas que habÃa sacado de la maleta dentro, pero hubo un momento en que ya me quedé quieta, casi sin fuerzas, de pie delante de la cama. En ese momento Jorge se acercó hacia mÃ, era un hombre de unos 45 años, con pelo canoso, bigote y mal afeitado, tenia un poco de tripa y se puso delante de mÃ, recorriéndome todo el cuerpo con la mirada.
- Cuando has entrado por la puerta, no he podido evitar mirarte bien, pero ahora que te veo mejor me parece que eres muy guapa y atractiva.
No pude ni contestarle, parecÃa que me habÃan quitado las fuerzas ni para abrir la boca, y a duras penas conseguÃa mantenerme de pie. Jorge me desabrochó los botones de mi camisa y la dejó entreabierta, pudiendo ver el contorno de mis pechos y me desabrochó los pantalones quedándose inmóvil delante de mis varios minutos. Me sentÃa horrible sin poder hacer nada para evitar aquello, y mi cuerpo sudaba y sudaba de manera muy nerviosa. Me reclinó sobre la cama y empezó a acariciar todo mi cuerpo, muy suavemente, noté que lo hacÃa con mucho cariño y me entraron ganas de llorar. Yo siempre habÃa sido fiel a mi novio y ni antes ni después de conocerlo habÃa estado con nadie. Me sentÃa horrible, pero los escalofrÃos que seguÃan recorriendo mi cuerpo parecÃan hacerme sentir excitada incluso contra mi voluntad.
Casi sin darme cuenta, Jorge empezó a quitarme los pantalones y al quitarme el tanga empezó a acariciarme muy suave, hasta que acercó la boca a mi clÃtoris y empezó a lamerlo con mucha intensidad. Ahà si que no pude aguantar y empecé a notar que me estaba dando placer, su lengua y el roce de su bigote me hicieron sentir algo que nunca habÃa sentido. Mi vagina estaba humedeciéndose y noté como me introducÃa un dedo, dándome más placer aún. Sin poder ni moverme me llegó un orgasmo inminente y me entraron ganas de ponerme a llorar al mismo tiempo, a chillar, a pedir ayuda, pero cualquier intento era en vano. Estaba paralizada. Deseaba que todo acabara ahÃ, ni por todo el placer del mundo querÃa que me pasara lo que me estaba pasando, pero realmente estaba viviendo unas sensaciones que nunca habÃa vivido. Jorge paró, pero no porque se retiraba, sino que vi como se quitaba los pantalones y sus calzones para sacar su enorme miembro. Nunca habÃa visto nada asÃ, ni en la tele, y la tenÃa casi el doble que mi novio (seguro que eran más de 25 cm.).
Cuando la puso frente a la entrada de mi vagina, pensé que me iba a matar. Sin embargo empezó a metérmela con mucha suavidad, primero sólo el glande, me lo restregaba por mis labios, por el clÃtoris, y me lo volvÃa a introducir, y poco a poco iba metiendo más. Noté como mi vagina se iba dilatando para que siguiera introduciéndose, y notaba todo el calor que emitÃa dentro de mÃ. Cada vez llegaba más lejos y cada vez me gustaba más, ese mete y saca me hacÃa ver estrellas en cada movimiento. Llegó un momento en que noté que me la metÃa toda entera, y cada incursión me provocaba casi un orgasmo, nunca me habÃa sentido tan llena con ese calor dentro de mi. La entrada era interminable, y cuando salÃa notaba como se revolvÃa del placer que le estaba dando. Los movimientos se fueron haciendo cada vez más bruscos y más rápidos, incrementando mi placer y haciendo que me sintiera en una nube. Finalmente, noté como le vino a Jorge y el calor que sentÃa dentro de mi se convirtió en una hoguera de su semen que fluÃa por mi interior.
Cuando terminó se levantó rápidamente, me cubrió desnuda con una sábana y dos mantas y se marchó dejándome en una nube, y sin fuerzas para nada. Pero no tardé en quedarme dormida debido a todo, a el mareo y la flojedad que sentÃa desde que bajé a recepción y por el enorme placer que me dio con su verga.
Al dÃa siguiente me levanté, hice la maleta, y no pude resistir el quedarme ni un solo dÃa más allÃ, no fui ni a trabajar y dejé la llave en recepción sin mirar al chico que estaba en el turno de mañana, dejé el dinero y me fui a la estación de trenes para volverme a Salou con mi chico. La verdad es que nunca olvidaré aquella noche, aquel hombre, aquellas sensaciones, pero yo no soy asà y quiero estar con mi chico el resto de mis dÃas. Sin embargo, siempre le estaré agradecida a aquella pensión, por haberme hecho sentir tantas cosas al menos una vez en mi vida.
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