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« en: Junio 08, 2006, 01:34:22 » |
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Ella me sorprendió diciéndome que qué ninfa tan hermosa
Le consesé lo que habÃa ocurrido durante mi estanca en el hotel, ella se mostró realmente interesada en Leticia, haciéndome un interrogatorio en tercer grado mientras me acariciaba suavemente. Ella estaba absolutamente caliente, deseosa de un buen polvo marital que encantado le concedÃ, pero en mi mente estaba Leticia, no mi hermosa mujer y ella se dio cuenta casi en el acto.
-No te la puedes quitar de la cabeza-afirmó.
-Perdóname, estoy obsesionado.
-A mi también me gusta mucho.
-¿Cómo? ¿Te gustan las adolescentes?
-Perdona que no te lo haya dicho antes, pero me gustan las mujeres. Durante nuestro noviazgo, además de contigo, también me lo montaba con mi compañera de habitación en la residencia. Hacia mucho tiempo que mis fantasmas lésbicos parecÃan haberme abandonado pero con esa ninfa con cara de angel han vuelto todos de golpe. Perdoname.
-Sabes que nunca te he pedido que me seas fiel pero, ¿lo has hecho con alguna mujer desde que nos casamos?
-Un par de veces con una compañera de trabajo-ella era profesora de instituto-Me encanta comer almeja. La verdad es que las confesiones estaban llegando demasiado lejos pero mi sentimiento de culpabilidad habÃa cambiado sensiblemente. Consensuamos un plan; ambos querÃamos disfrutar de la juventud y de la belleza de Leticia, con lo que yo me reafirmé en mi intención de seducirla para nosotros.
-Coño, se me olvidaba, tengo que reparar el coche.
Fuimos juntos hacia el lugar en que estaba mi coche y con mis escasos conocimientos de mecánica arregle el pequeño desaguisado. Arranqué el motor y ella, sentada a mi lado, se recostó y empezó a lamerme el pene; realmente hacia las mamadas cono madie, en aquellos instantes lo hubiese dado todo por tener "una almeja" en mi entrepierna. Me corrà en su boca y ella se lo tragó todo.
Aquella noche estabamos los dos tan calientes que follamos como locos durante horas e incluso me permitió que le follara el culo, lo que solo ocurrÃa en ocasiones muy puntuales, no es que no le gustase solo que al dÃa siguiente estaba toda dolorida. Leticia llegó temprano a la clase siguiente. Me guiñó un ojo y casi se me sale el pene del calzoncillo. Tanto Leticia como Chelo estaban en el mismo grupo, el de los más expertos y aunque ninguno de los dos tenÃa madera de profesional, jugaban realmente bien. Pese a todo la mejor jugadora a mis ordenes era Penelope, el ser más asexuado que yo haya conocido y con un fuerza solo comparable a su fealdad. Yo estaba lanzando bolas y mis alumnos las golpeaban de reves.
Leticia golpeaba a dos manos y el gesto técnico no era del todo bueno, tardaba mucho en impactar y la bola salÃa alta. Ordené a Penelope que lanzara ella bolas a Leticia, y el resto de los alumnos se pusieron a jugar un partido de dobles en una pista adyacente. Yo miraba a Leticia fijamente, acariciándome la entrepierna disimuladamente con el mango de mi raqueta. Era maravilloso ver lo gracilmente que se desplazaba y como sus pechos botaban ligeramente bajo su remera, apostarÃa yo que sin sujetador. Pero el gesto continuaba siendo técnicamente deficiente.
Le dije a Penelope que parara un momento y me coloqué al lado de Leticia, a su espalda, con mi protuberante entrepierna pegada a su faldita de tenis. Ella tenÃa firmemente cogida la raqueta con una empuñadura más que correcta.
Le cogà ambas muñecas y le hice repetir el gesto, acariciando con mi codo sus pechos, duros y con los pezones erectos. RepetirÃamos el gesto en infinidad de ocasiones, me estaba poniendo como una moto y creo que ella también. Volvà a lanzarle bolas y el resultado mejoró sensiblemente.
Di por terminada la clase con los preceptivos estiramientos para todos menos para Leticia, que continuó pegando reveses, cada vez con mejor estilo. Chelo, antes de irse, me dio las gracias sin especificar porqué, no hacÃa falta.
-Vamos a jugar un rato-le dije a Leticia cuando ya no quedaba nadie más en las pistas. Empece jugando muy suave, ella tampoco era una experta pero no podÃa confiarme. Poco a poco golpeaba mis golpes más fuerte castigándole el reves, ella se defendÃa bastante bien. Gane el set 6-1 y nos acercamos a la red donde le tendà la mano.
-Perdona la indiscreción, Leticia, ¿cómo estuvo la otra noche?
-Supongo que bien, yo esperaba bastante más.
-¿Era la primera vez de Chelo
?
-El dice que no pero yo creo que si. Tal vez hubiese sido mejor con alguien con más experiencia. Esto último lo dijo guiñándome un ojo. SabÃa que la tenÃa a huevo, pero no sabÃa como lanzar el ataque definitivo.
-Vamos a hacer estiramientos-propuse.
Ella se apoyaba en mi para soltar sus musculos y sus sudorosas manos recorrÃan parte de mi cuerpo.
Casi sin quererlo sus labios se encontraron con los mÃos y nos fundimos en un beso humedo, compartiendo lenguas.
Yo le acariciaba las nalgas por debajo de su falda corta y otro tanto hacÃa ella.
-Mejor vamos a mi casa-le dije-No me gustarÃa nada que nadie nos sorprendiera. Una vez en mi casa retornamos al beso y ella me bajó el pantaloncillo quedando sorprendida al ver mi pene totalmente erecto y empezó a acariciarlo con su suave mano derecha.
Yo le levanté la camiseta y empecé a lamerle los senos, prestandole especial atención a sus deliciosos pezones. Por cierto, no llevaba sujetador. Practicamente le arranqué la minifalda y empecé a acariciar suavmente los labios de su vagina.
Su respiración se entrecortaba mientras continuaba masturbándome (muy torpemente). Sin que ninguno de los dos nos dieramos cuenta apareció mi mujer quien se sorprendió de vernos tan compenetrados tan pronto. Leticia no la vio y ella se escondió. Instantes más tarde la vi con la camara grabandonos mientras se masturbaba con un consolador de majestuosas dimensiones. Me eché en el sofa (dejándole a mi mujer un plano magnÃfico) y me atrajé a Leticia. Cogà un condón de no sé muy bien dónde (o si, todo estaba preparado) y me lo coloqué sin desplegarlo en la punta del pito.
-Pónmelo-le dije a Leticia.
Ella alargó las manos pero yo le dije que lo hiciera con la boca. Me miró con cara de extrañeza y me dijo:
-No he tenido nunca una polla en la boca.
-Alguna vez tenÃa que ser la primera, tampoco te preocupes.
Lo hizo delicadamente y con una habilidad impropia de las principiantes. Practicamente acabó con una señora polla enterita entre sus labios. Empezó a lamermela, subiendo y bajando, lubricando el preservativo.
Yo, mientras tanto, jugaba con su coñito y le metà un dedo durante la mamada.
Me coloqué a la entrada de la chorreante vagina y de un golpe y sin la menor dificultad se la metà entera. Su vagina era realmente estrecha pero estaba tan mojada que no le hacÃa daño.
Se movÃa como una loca y daba todas las muestras de estar pasándoselo fantástico. No tardó nada en correrse por primera vez pero antes de que pudiera repetir (o yo hacerlo por vez primera) apareció mi mujer, que habÃa dejado la camara grabando en un tripode.
-Aparta, pequeña putita-le dijo a Leticia y ocupó su lugar, colocándose mi polla a punto de caramelo en el su no tan estrecho coño-Lameme los pezones.
Leticia, absolutamente acojonada, cumplió con las ordenes y obtuvo como gratificación de mi señora dos dedos su coño que la estaban enloqueciendo, alcanzando orgasmo tras orgasmo.
No tardé nada en correrme (sin condón, ella me lo habÃa quitado) dentro de Verónica (asà se llama mi mujer).
Verónica nos redistribuyó, ella echada en el sofá, yo comiéndole el coño mientras ella le comÃa la almejita a Leticia que estaba arrodillada sobre su cara.
Asà estuvimos durante largo rato y...
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