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« en: Junio 09, 2006, 01:41:39 » |
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Como me inicie en el sexo
Hola, iré de frente al grano Esto sucedió hace algún tiempo atrás, cuando yo tenÃa unos 15 o 16 años de edad. Aunque no era ni buen estudiante ni deportista, todos en la escuela me conocÃan, por mi apodo, o sobre nombre, de "pie grande". La razón de ese sobre nombre, no era precisamente por la talla de mi calzado. Debido a mi ejecución escolar, por lo general siempre me quedaba castigado, y mis notas escolares eran regularmente bajas, por los que mis padres tomaron la decisión de ponerme una maestra en casa. El primer dÃa que llego la señorita Yolanda que asà era como se llamaba la maestra, fue un duro choque para mi, alta delgada de cabello castaño claro, recogido en un moño ridÃculo, de tez extremadamente blanca casi cadavérica, y para completar usaba unos lentes en montura de pasta que hacÃan que sus ojos parecieran, un par de pequeños puntos. La señorita Yolanda vestÃa de falda larga de color oscuro, chaqueta y blusa blanca, todo de corte muy conservador. Al verme nuestro primer dÃa de clase lo primero que criticó fue el desorden en mi cuarto, el cual tuve que recoger de mala gana, luego nos dedicamos a las materias en sÃ. Al dÃa siguiente volvió con la misma historia, "ordena tu cuarto, y ponte a estudiar". Ya habÃa pasado una semana y continuábamos igual que el primer dÃa de clase, como una especie de guerra frÃa entre ella y yo. A la semana siguiente la señorita Yolanda cambio de táctica, primero me hablo de los sacrificios de mis padres para que yo estudiase, pero al ver que era inútil su acercamiento, se molesto conmigo y me pregunto de mala manera que era lo que más me gustaba en la vida, a lo que yo le respondà de mala gana también hacerme la puñeta, al decirlo pensé de esta me deja tranquilo y se marcha, pero no fue asÃ, por lo contrario su tono de voz cambio, al preguntarme que cuantas veces me la hacia, yo extrañado le respondà que dos, y ella dijo a la semana, y yo le corregà diciéndole todos los dÃas. Al llegar ese punto dentro de la conversación, ella decidió cambiar el tema, y sentándose de su silla, dijo algo de que hacia mucho calor por lo que se iba a quitar su chaqueta, yo no le habÃa puesto atención hasta que se sentó a mà lado nuevamente para corregir mi tarea, cuando ella me dirigió de nuevo la palabra voltee a verla, y me quede sorprendido, cuatro de los botones de su blusa blanca se le habÃan abierto y ella no se habÃa dado cuenta, lo que me permitÃa ver por primera vez sus blancos y redondos senos.
Como nunca habÃa estado en tal situación, me comencé a excitar rápidamente, y el bulto entre mis piernas comenzó a crecer, me encontraba por una parte con mis ojos clavados en sus senos, pero por otra trataba de disimular mi erección. De repente la señorita Yolanda se distrajo y se le callo su lápiz entre mis piernas y cuando ella lo fue agarrar, yo automáticamente las abrÃ, lo que hizo que el lápiz cayera al piso, yo ya lo iba a recoger cuando ella con rapidez se inclino, al tiempo que me decÃa que ella lo recogÃa, por lo que me quede quieto, con mis dos manos sobre mi bulto tratando inútilmente de disimular la erección, por su parte ella con su mano y brazo derecho se inclino mas para recoger el lápiz pero muy lentamente, rozando mi muslo con su brazo, esto me éxito mas, y comencé a sudar como un caballo, ella agarro el lápiz con mucha delicadeza, y comenzó a subir su brazo rozando entre mis muslos lentamente, al incorporarse se me quedo viendo y dijo, ves que te dije hace un calor infernal, tu estas sudando a mares, mejor vamos a descansar un rato, date un baño para que te refresques, y luego continuamos con la clase. Como ella vio que yo no me movÃa me pregunto que esperaba para desvestirme y meterme al baño, yo titubeando le dije que esperaba que ella saliera del cuarto para desvestirme, a lo que me respondió, que no hacia falta, ya que ella era mi maestra y podÃa quedarse en el cuarto, como lo dijo con una gran seguridad, yo me comencé a quitar el pantalón, cuando me acorde que no tenia interiores puestos, y me pare en seco, sentada frente a mi ella dijo, que te pasa se te olvido el calzoncillo, no te preocupes, a mi hay dÃas que se me olvida ponerme las pantaletas como hoy por ejemplo, al escuchar ese comentario de ella me excite mas aun le di la espalda y me baje el pantalón sin mirarla, la señorita Yolanda se me acerco por la espalda, coloco sus manos en mi cintura y me dijo en un tono de voz suave que levantase los brazos para ayudarme a quitar el suéter que yo tenia puesto, a medida que fue subiéndome el suéter me fue pasando sus calientes manos por mi espalda, y pego su cuerpo al mÃo, realmente yo estaba asustado por varias razones, nunca habÃa estado en esa situación, lo mas que yo habÃa hecho era tener relaciones con la viuda de los cinco hijos, la manuela, o como le dicen cientÃficamente masturbase. Una ves que me quito el suéter, me senté para quitarme los zapatos y el pantalón, al tiempo que trataba de ocultar la erección de mi pinga, cuando ella se recogió la falda un poco dejando ver algo de sus blancos muslos, al mismo tiempo que se agachaba frente a mi sin aparentemente ponerle atención a mi bulto, me quito uno de los zapatos y los calcetines, y termino de retirarme el pantalón, al terminar de hacerlo se incorporo, me tomo por mis brazos he hizo que me parara, sin inmutarse un poco por la erección de mi pene, me dio media vuelta y empujándome hacia el baño me dijo ve bañándote que yo voy a enjabonarte la espalda, al tiempo que me daba una pequeña nalgada. Yo entre al baño, ya me encontraba mas tranquilo, me reÃa de los pensamientos que habÃan corrido por mi mente momentos antes, ya habÃa abierto la regadera y me encontraba bajo el agua cuando la sentà entrar al baño, mi pene que se habÃa ablandado algo se volvió a poner erecto, yo me encontraba mirando por la pequeña ventana del baño, dándole la espalda a la señorita Yolanda, ella tomo el jabón y una pequeña esponja con la que comenzó a frotarme la espalda, a la ves que me hablaba suavemente, diciéndome que me encontraba muy tenso, que debÃa relajarme, que eso lo hacia pensando en algo agradable, lo malo era que en lo que yo pensaba me excitaba cada ves mas y mas, yo procuraba con mis dos manos de tapar mi "Pie Grande", en eso sentà que sus manos bajaron hasta mis nalgas, por un momento pero continuaron hasta mis piernas, con suavidad me hizo abrir las piernas, y me enjabono por todas partes, yo me encontraba disfrutando de los masajes que me daba la señorita Yolanda en la parte posterior de mis muslos, cuando con suavidad volvió a pasar sus tibias manos entre mis nalgas, al hacerlo yo me volvà a poner tenso, nunca nadie desde que yo era grandecito me habÃa tocado esa área, ella se dio cuenta de mi malestar, y bajo de nuevo el masaje al área de mis piernas, luego de un rato me tomo por los hombros y me volteo hacia ella, yo baje mi mirada ya que me daba vergüenza, el que me viera completamente desnudo y con mi miembro totalmente erecto. La señorita Yolanda parecÃa que me leyera la mente, ya que de inmediato comento, que no debÃa sentirme avergonzado, que por lo contrario debÃa estar orgulloso de lo que tenia y en las condiciones que se encontraba, al tiempo que decÃa eso me retiro mis manos de mi pene y con las suyas comenzó a enjabonarlo con mucho cuidado, yo me encontraba tan excitado que me corrà luego de que ella lo manoseara por unos instantes, al suceder eso me puse a llorar como un niño de la vergüenza, la señorita Yolanda me conforto por un momento diciéndome que eso no tenia importancia, que lo realmente importante era que yo lo hubiera disfrutado, cosa que asentà con la cabeza, al decir eso ella cerro el agua me tomo por la mano y me llevo a mi cama. Tomó una toalla y comenzó a secarme con calma, primero comenzó por mi cabeza, secándome el pelo, luego siguió por mi espalda, los brazos, el torso, la cintura y la cadera, al llegar a este punto me habÃa vuelto a excitar, de tal forma que mi pene se levanto de nuevo, cuando yo iba a poner mis manos encima, ella las aparto con delicadeza, se arrodillo y con sus labios comenzó a jugar con mi miembro, yo francamente no sabia que hacer, es verdad que habÃa visto una que otra pelÃcula porno, pero nunca pensé que eso me fuera a pasar a mi. A medida que sus labios y su lengua jugaban con mi pene, ella se fue despojando de su ropa, se soltó el ultimo botón de su blusa y se la quito con calma, como les dije anteriormente no tenia puesto ningún sostén, sus senos era perfectos como los de las estatuas griegas, como decÃa mi abuelo debÃan caber en una copa de champán, luego continuo con su larga falda, y en efecto no tenia puesta las pantaletas, desde mi punto de vista no alcanzaba a ver su vagina, en eso ella me empujo con suavidad sobre mi cama, y me deje caer. En la cama la señorita Yolanda continuo jugando con mi pene en su boca, lo chupaba, lo lamÃa, me lo mordisqueaba, yo estaba a punto de correrme de nuevo cuando ella suspendió su juego con mi pene, en eso se irguió sobre sus rodillas, y me dijo ahora tu me vas hacer lo mismo, en ese momento pude ver su concha, lo que mas me llamo la atención fue que la tenia totalmente afeitada. A medida que la acercaba a mi rostro me sentà muy nervioso, ella se dio cuenta, me tomo por la cara con sus dos manos, diciéndome "primero cierra tus ojos, segundo siéntela en tu rostro, y relájate, tercero dale rienda suelta a tu imaginación", en ese momento yo fui haciendo lo que ella me indicaba con su suave vos, al momento en que cerré mis ojos, sentà el calor de su vulva, al principio con mi rostro tÃmidamente se lo iba pasando por su vagina, poco a poco comencé a percibir su aroma, al solo me limite a pasar mi cara por hay, pero a medida que tenia contacto con su piel, iba sintiendo una cierta humedad, mis labios habÃan hecho contacto con los suyos, mi lengua fue emergiendo, hasta encontrarse con su clÃtoris, fue una sensación que jamás habÃa tenido, su sabor inmundo mi boca, provocándome una oleada de placer como nunca antes lo habÃa sentido, a medida que mi boca, mi lengua y mi nariz tenÃan contacto con sus labios su clÃtoris y parte de su vagina, la señorita Yolanda movÃa sus caderas, al principio muy lentamente, pero a medida que yo me saboreaba su concha, los movimientos fueron mas largos y fuerte, hasta que llego el momento en que ella dio un grito de placer, y de la misma forma que comenzó lo terminó, una ves que se dio su gusto y yo el mÃo, ella se acostó a lo largo de la cama, me tomo por una mano y me trajo hacia ella, diciéndome con suavidad " ahora vas a tener una experiencia nueva y distinta a las anteriores, lo que te voy a decir trata de recordarlo y ponerlo en practica, cada ves que estés con una mujer, y siempre serás bien recordado y buscado, por lo contrario, si no me haces caso, te pueden echar a un lado y hasta olvidarse de ti, aunque seas un bien dotado", a medida que ella hablaba se iban grabando en mi mente sus palabras. Poco a poco la señorita Yolanda me fue acomodando sobre su cuerpo, yo me movÃa con torpeza, pero aun asà continuamos, su mano fue acomodando mi pene dentro de ella, la sensación fue indescriptible, me indicó como colocar mis brazos y mis piernas, a la ves que ella comenzaba a mover sus caderas con suavidad, pasados unos segundos yo me inspire y comencé a tomar velocidad a medida me la cogÃa, en eso ella me llamó la atención diciéndome "vas muy deprisa, si continuas asà de rápido te vas a correr y yo no voy a disfrutar nada, tómalo con calma, suavemente mueve tus caderas al compás de las mÃas, y asà los dos lo disfrutaremos más", al principio me costo concentrarme, pero luego fue fácil, el hecho era que los dos lo disfrutásemos, a medida que mi pene entraba y salÃa de su vagina, en eso ella me pidió cambiar de posición, ella se coloco boca abajo y yo la penetre en su vagina desde atrás, asà lo estuvimos haciendo un rato y cuando yo ya me estaba calentando más de lo que yo podÃa soportar, la señorita Yolanda dejo de moverse y me pidió que la penetrara por su culo, pero antes me insinúo que se lo lamiera para que pudiera entrarle con facilidad, algo que hice de inmediato como un autómata, cerré mis ojos y con mi lengua fui explorando entre sus nalgas hasta que encontré el centro de mi atención, a medida que le pasaba la lengua por entre sus nalgas, ella se movÃa con mayor Ãmpetu hasta que me pidió que la penetrara, ella se encontraba en un frenesà salvaje, yo la tome por las caderas y la penetre de un solo viaje sin compasión, yo pensaba que me habÃa extralimitado, ya que dio un grito que me pareció de dolor, pero lentamente fue moviendo su culito con mi pito adentro de ella. Tomo una de mis manos y la coloco entre sus piernas, yo por instinto o por quien sabe que comencé a sobársela, hasta que con mis dedos agarre su clÃtoris, cada ves que la penetraba yo lo disfrutaba más y más, y ella disfrutaba del mismo deleite, hasta que los dos llegamos al clÃmax, la realidad era que ella, habÃa alcanzado el clÃmax en varias oportunidades, y yo me corrà dentro de su ano.
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