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« en: Junio 08, 2006, 12:50:55 » |
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Mi madre tenÃÂa la cabeza de Laisa entre su manos y la presionaba sobre su sexo con tal calentura que se corrieron abrazadas. Apenas se cerró la puerta tras ellas, mi hermana y yo, nos fundimos ya sin ningún cuidado en un abrazo frenético besándonos como locas y dejando que la calentura acumulada hiciera presa de nuestros cuerpos
Martina
es una mujer fÃsicamente atractiva. Sin embargo ella parece ignorar esa cualidad y habla de cualquier otro tema como si quisiera voluntariamente ignorar ese tipo de atributos. Es como si se avergonzara de ser hermosa. A mi me habrÃa gustado tener su figura , sus movimientos graciosos y su rostro bonito, pues no soy agraciada en exceso aunque dentro de mi cuerpo un torrente de pasión se mantiene inalterable. Ha de ser por esos caracteres opuesto que somos dos hermanas muy unidas como si cada una tratara de encontrar en la otra su perfecto complemento y aunque yo soy quien contara lo que esta sucediendo la verdad es que hablo en nombre de las dos
Era evidente que nuestro tÃo Samuel pretendÃa a nuestra madre cuya viudez exuberante pedÃa a gritos la satisfacción de podrÃa darle un hombre como mi tÃo y aunque mi hermana y yo veÃamos con buenos ojos aquella posible relación la verdad era que nada nos podÃa demostrar que aquello se hubiese consumado. HabÃamos examinado el cuarto de mamá con todo detalle sin dejar rincón por explorar sin que nada nos dijera que en ese cuarto podrÃa haberse desarrollado intensas sesiones de sexo y en el cuarto de mi tÃo por su lado ni siquiera una fotografÃa ni una carta ni nada que delatara una relación entre ellos más allá de lo puramente formal. En tono de broma habÃamos tratado de obtener de parte de Laisa, la empleada de la casa, alguna información confidencial, pero ella nos afirmó con vehemencia que a su juicio, nuestras ideas eran una pura locura pues ella nunca habÃa observado nada al respecto. Lo que más nos intrigaba era que en realidad mi madre, una mujer de gloriosos 40 años lucÃa en todo momento como una mujer satisfecha y feliz como si ni su mente ni su cuerpo tuviesen carencia alguna en el plano sentimental ni erótico.
En eso estábamos cuando mi hermana me contó con mucha parsimonia como correspondÃa a su carácter, que habiendo despertado a media noche habÃa escuchado ruidos sospechosos en la planta alta de la casa y que juraba que habÃa visto a mi madre subir las escaleras que conducÃan hasta la espaciosa mansarda en que se guardaban esos muebles antiguos y todo lo que estaba ya desechado. Mi imaginación comenzó a girar en forma acelerada y mil imágenes imposibles y candentes poblaron mi mente, porque de inmediato todo pareció calzar a la perfección y estaba segura y convencà a mi hermana que habÃamos descubierto el lugar secreto en que mi madre y su amante se entregaban a las delicias de un sexo que ellos seguramente querÃan ocultar de nosotras. Si bien mi hermana fue reticente al comienzo , logré convencerla que la noche siguiente nos ocultáramos en la pieza abandonada para poder observar de primera mano lo que allà estábamos seguras se desarrollarÃa. Esa noche nos acomodamos entre las frazadas extendidas en el suelo y estábamos allà ya hacÃa más de una hora sin que nada sucediera, pero a los pocos minutos la puerta se abrió lentamente y la figura esbelta de mi madre se perfiló claramente a pesar de la penumbra .
Ella caminó con seguridad hacia el extremo del amplio recinto y comenzó a acomodar en el suelo un sin fin de frazadas y plumones sobre los cuales imaginamos se entregarÃa al sublime ataque de su amante que no tardó en aparecer en escena. El recién llegado fue más cauteloso de modo que nos escondimos un momento y solo cuando llegó junto a nuestra madre nos atrevimos a retomar nuestros puestos de observación. Mi madre se desnudó completamente extendiéndose sobre el improvisado lecho dejándonos por primera vez contemplar su cuerpo voluptuoso cuyos pechos redondos y tersos apuntaban al cielo y sus muslos se separaban para dejar a la intemperie su tajo rosado y delicioso en medio de su sexo poblado de vellos rubios reluciente de humedad. Fue tan impactante la visión de esa mujer desnuda que busqué la mano de mi hermana en la oscuridad tan solo para comprobar que estaba nerviosa y caliente como la mÃa. Fue en ese momento que la figura que estaba de rodillas ante mi madre se inclinó deslizando su rostro entre sus muslos llegando hasta su sexo y pudimos darnos cuenta que ese cuerpo moreno de larga cabellera pertenecÃa a Laisa. Lo que sucedió en seguida desencadenó en nosotras un torrente de sensaciones calientes desconocidas porque la escena era de un contenido erótico mortÃfero.
Mi madre se entregaba a los placeres que le proporcionaba su empleada con la cómplice ayuda de la soledad que ella creÃa disfrutar mientras su morena amante hacÃa prodigios con su lengua en el interior de su vagina seguramente incandescente. Los infernales besos de Laisa ocasionaban contorciones de placer en mi madre , que levantaba los muslos mientras le hablaba como si necesitara descargar en las palabras parte de la pasión endiablada que la consumÃa. ... sigue negra querida,, vuélveme loca... por favor sigue... entra ..ahà sigue más ,, por favor...no te detengas... busca en mi lo que deseas... vamos entra... más entra más...
MI hermana estiró una de su piernas desnudas entre mis muslos y llegó a tocar mi sexo con su pie por encima de mis bragas y yo me acomodé de forma de hacer presión para que el contacto fuese aún más intenso. No podÃamos hacer muchos movimientos porque podrÃamos ser descubiertas pero este contacto aceptado por las dos nos encendió hasta lÃmites insospechados mientras observábamos como la lengua de Laisa hacÃa descargar a mi madre uno tras otros sus orgasmos desesperados. Ahora mi madre tenÃa la cabeza de Laisa entre su manos y la presionaba sobre su sexo con movimientos de vaivén con tal calentura que la morena se deslizó hasta montar totalmente a la mujer y ahora se corrÃan abrazadas mientras sus besos ahogaban los gritos de placer que seguramente habrÃan emitido como un par de yeguas desesperadas. Luego de un momento de reposo Laisa se puso de pie y cubriéndose con su abrigo abandonó rápidamente el cuarto. La Rubia se puso su camisón de noche y siguió el mismo camino, Nosotras mientras tanto como obedeciendo a un acuerdo tácito , apenas se cerró la puerta tras ellas nos fundimos ya sin ningún cuidado en un abrazo frenético besándonos como locas y dejando que la calentura acumulada hiciera presa de nuestros cuerpos, nos acostamos ahora sin recato alguno sobre las frazadas buscándonos bajo la ropa tratando de destrozar nuestras bragas mojadas, hurgando entre los labios de nuestros sexos como tratando de encontrar algo que no sabÃamos que era pero sabÃamos que estaba allà hasta que nos invadió el más violento de los orgasmos que aceptamos con deleite inusitado.
Al dÃa siguiente un panorama completamente nuevo se habÃa abierto para nosotras. Ahora entendÃamos el origen de la placidez y la satisfacción de nuestra madre al mismo tiempo que su natural indiferencia por el tÃo. Por otro lado las caracterÃsticas de su relación con Laisa habÃa abierto en nosotras una inquietud y una curiosidad cuya primera manifestación habÃa sido nuestro mutuo encuentro nocturno. Desde ese momento mi relación con mi hermana se tornó fluida y ardiente. Comentamos en detalle lo que habÃa pasado y todas las posibilidades que ahora se nos abrÃa en el plano erótico. El cuerpo moreno y ardiente de Laisa era nuestro centro de estÃmulos y nos calentábamos a mil al recordar las formas de sus nalgas , sus pechos morenos que suponÃamos de una dureza ardiente y sobre todo la pericia de su lengua . Fue asà como nos decidimos a hacer lo que harÃamos esa noche.
Esperamos pacientemente que nuestra madre desapareciera en la escalera y cuando vimos subir a Laisa nosotras nos encaminamos calmadamente al cuarto vacÃo de la criada. SabÃamos que tenÃamos al menos unos treinta minutos para estar allÃ. Lo primero que nos llamó la atención fue percibir que el cuarto estaba impregnado del perfume de mamá. Seguramente ella se lo habÃa regalado o quizás si se habÃan acostado en algún momento allÃ. HabÃa ropa Ãntima de mamá junto a la de EloÃsa y esa intimidad de mujer nos excitó . Nos denudamos y comenzamos a vestir bragas y sujetadores tanto de mamá como de Laisa. Eso nos excitaba mucho y asà vestidas nos acariciamos con pasión y nos besamos metiendo largamente nuestras en lenguas en la boca. Era delicioso. No nos habÃamos dado cuenta como habÃa transcurrido el tiempo y cuando escuchamos pasos nos metimos desnudas en la cama de Laisa y apagamos la luz esperando en silencio.
La mujer agotada seguramente con la sesión de sexo no encendió la luz y despojándose del abrigo se metió desnuda en la cama, En ese momento yo le tapé la boca y la pusimos entre las dos. Al percibir nuestros cuerpos desnudos la mujer aflojó la tensión y se entregó de inmediato. Yo la acariciaba mientras mi hermana le hablaba cosas calientes.... Asà Laisa caliente yegüita .. únete a nosotras.. danos tu calentura grande.. pórtate como la putita que eres, mira que te haremos feliz.. asà ahora.... Laisa ya se habÃa incorporado a nuestro juego. Su cuerpo ardiente nos brindaba el perfume de hembra excitada que nos enloquecÃa. La besamos entera , la lamÃamos sin dejar ningún rincón sin visitar mientras su lengua respondÃa buscando en nuestros besos los placeres diferentes que le brindábamos dos hembras jóvenes y asà aparecÃan los orgasmos de cada una en forma cada vez más gloriosa mordiéndonos suavemente los pezones y buscando entre nuestras nalgas zonas prohibidas plenas de placer. La morena mujer era un juguete maravilloso en nuestro poder logrando con ella todo tipo de combinaciones mientras ella nos enseñaba todos los trucos que desarrollaba con nuestra madre. Poco antes del amanecer nos marchamos a nuestro cuarto.
Yo no se si Laisa habÃa contado a mi madre lo que habÃa pasado la noche anterior en su cama con nosotras pero la verdad era que al dÃa siguiente todo era sonrisa entre ellas que casi sin cuidado ahora se miraban y a veces se tocaban como por casualidad y volvÃan a reÃrse. Por mi parte yo estaba francamente caliente con la Laisa , ahora la miraba sin recato algunos y la visión del perfil de sus nalgas y de sus pechos me tenÃa latiendo de la mañana a la noche de modo que en un momento determinado sin poder aguantarme le dije que me siguiera y nos metimos juntas al baño. Allà me saqué las bragas y ella que también estaba ardiendo conmigo, pegó su boca a mi sexo y me sometió a tal tratamiento con su lengua que me corrà en su boca de forma maravillosa haciendo luego yo lo mismo con ella hasta lograr que soltara un lÃquido denso que me pareció un manjar , luego nos besamos largamente haciéndonos promesas terribles que nos dejaron casi más calientes que antes.
Cerca del atardecer Laisa nos dijo que querÃa decirnos algo y por lo serio de su rostro yo pensé que mi madre se habÃa dado cuenta de todo y que pondrÃa atajo a lo que sucedÃa en su casa. Pero lo que Laisa nos dijo tan seriamente fue que ella se habÃa dado cuenta que nosotras dos éramos tan calientes y lesbianas como nuestra madre y que por lo tanto lo mejor era sincerar la situación y asà poder tirar todas tranquilas. Nos dijo que esa noche ella y mamá iban a tirar en el cuarto de mi madre y que lo mejor era que nosotras fuéramos hasta allá y nos incorporáramos a eso y que ella estaba segura que nada malo pasarÃa sino todo lo contrario. Asà fue como cerca de la medianoche fuimos con mi hermana desnudas hasta el cuarto de mamá y nos dimos cuenta que ellas ya estaban tirando desde hacÃa rato pues mamá tenia montada a la Laisa y levantándole los muslos morenos hasta los hombros agitaba su sexo sobre el de ella mientras Laisa reÃa de placer llenando la pieza de alegrÃa mientras que, mi hermana comenzó a pajearse como loca con la escena, tendida en el sofá sin dejar de mirar a mi madre. .
El ver como mamá si tiraba a la Laisa despertó en mi la más frenética de las calenturas porque era justamente eso lo que yo habÃa estado desando todo el dÃa de modo que me acerqué a la cama de mamá que estaba casi enloquecida de calentura y le dije que querÃa tirarme a la Laisa a lo que ella riendo me dijo que si que todo estaba permitido...... Laisa se puso de pie y nos fuimos hasta el sofá donde estaba mi hermana y para que nos dejara el sofá la Laisa le dijo... Vamos anda donde tu mamá que te tiene un regalo delicioso. Entonces mientras nos tendÃamos en el sofá yo vi como mi madre separaba los muslos para mi hermana y vi en su rostro la calentura más grande que habÃa visto y vi que ella se tocaba el sexo y le decÃa a mi hermana... ven amor que esto es solo para ti... y la verdad es que me quedé paralizada al ver que mi madre tenÃa en el vértice superior de su sexo el clÃtoris más grande y hermoso que se podÃa imaginar. TenÃa la forma exacta de un pené de unos cinco a seis centÃmetros , rosado terso y duro que se agitaba como vibrando . Mi hermana se inclinó para besarlo con el rostro casi desfigurado por la calentura y cuando desapareció en su boca mi madre se agitaba como enloquecida de placer y yo no pude ver más porque la Laisa me estaba montando como loca haciendo me gritar de gusto y es lo último que recuerdo conscientemente porque después la locura del deseo me hizo entrar como en trance.
Ahora solo se que vivimos un mundo perfecto en que cada una tiene lo que desea y puede darle a la otra cualquiera de nosotros que sea todo el sexo en su justa medida
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