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« en: Junio 08, 2006, 12:29:02 » |
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Sonia no vio la pequeña motito hasta que fue demasiado tarde y la golpeó con su Volkswagen escarabajo....maldijo por lo bajo, por ser tan apurada y querer ganarle al semáforo, debió detenerse al ver la luz amarilla. Bajó de inmediato del coche a auxiliar a la persona que conducÃÂa la motito, que estaba en el piso...preocupada se cercioró que respiraba y se estaba moviendo.
Tranquilo...llamaré a la emergencia... Quién conducÃa la motito se quitó el casco, y el cabello largo y castaño bajó hasta los hombros...era una muchacha, joven, con un gesto de dolor en la cara, que se sentó para tomarse el pie izquierdo. Luego miró la motito con gesto desolado, y la bolsa con correspondencia esparcida en la calle. - Tengo que juntar las cartas... - Tranquila, hay tiempo...tenemos que llamar una emergencia...quédate quieta. Desde su teléfono móvil llamó primero a una emergencia médica y luego a su asegurador. Luego se puso en cuclillas junto a la joven, que parecÃa algo mareada y muy asustada. - ¿Quieres llamar a alguien?. - Tengo que avisar en la empresa de esto...para que envÃen a juntar la correspondencia... - Yo lo haré...me refiero a familiares. - No tengo familia aquÃ...soy del interior. - ¿Alguna amiga?. - No...no tengo amigas aquÃ. - ¿Cómo te llamas?. - Verónica Castro...pero no soy la actriz respondió la joven. Sonia sonrió, era increÃble que aún en esa situación la otra mantuviera el sentido del humor. Sonia tomó uno de los sobres del piso y llamó a la empresa de reparto de correspondencia, dándole los datos del cruce donde estaban. Llegaron casi al mismo tiempo la emergencia, la gente de la empresa y el móvil del seguro. Respondió preguntas mientras la emergencia atendÃa a Verónica. La gente del seguro tomó fotografÃas y pidió los datos de ambas....fue entonces que Sonia supo que la motito no estaba asegurada, y se sintió apenada...la verdad es que habÃa llevado la peor parte en el choque...y era por su culpa, por querer llegar al Juzgado mas temprano. Vio que la gente de la emergencia ponÃa a Verónica en una camilla y fue con ellos. - ¿Dónde la llevan?. - A un hospital...tiene una lesión en el pie, necesita atención...esta muy dolorida y asustada. - DÃganme a cual irán. - Al Central...ya hemos hablado allÃ. - Bien....yo iré mas tarde. Verónica completo el papeleo, habló con la gente del seguro, hizo que llevaran la motito a su taller de confianza. Fue hasta el Juzgado a dejar los expedientes que cargaba en el Volkswagen y de ahà al hospital. Verónica ya estaba ingresada y con el pie enyesado, según le explicaron (pensando que era un familiar) tenÃa una lesión en el cuello del pie, y para unas seis semanas de yeso para recuperarse. Pasó a ver a la muchacha, que estaba pálida, aunque ya no se veÃa tan asustada, tendida en una cama de la sala general. - Me siento terrible...no sé cómo disculparme, creo que debes tener ganas de matarme. - No...bueno, sà un poco....creo que me has trastornado la vida. Lo que me preocupa es el trabajo...no me han echado, pero gano por sobre que reparta....y serán semanas sin trabajar. Verónica se veÃa realmente preocupada. Sonia bajó la cabeza...¿cómo pudo ser tan tonta?. - Bueno, pero puedes ir con tu familia al interior mientras te recuperas....yo te llevarÃa con mi auto, no hay problema con eso. - No puedo ir con mi familia. Y preferirÃa que no preguntaras el por qué. - ¿Y qué harás?. - No lo sé...realmente no lo sé. Me quedaré en la pensión...tengo tres meses pagos por adelantado...espero recuperarme....el problema es la moto. No tengo dinero para repararla...realmente es un gran lÃo este. Sonia se sentÃa terrible. Verónica no le gritaba, ni le hacÃa reclamos, pero estaba en una situación muy angustiante y por su culpa. TenÃa la obligación moral de ayudarla...además de que, cómo abogada que era, sabÃa muy bien que Verónica podÃa demandarle y quitarle una buena suma de dinero, ya que la responsabilidad absoluta del accidente era suya, y no tenÃa forma de evadirla. Sonia habÃa estado con una pierna enyesada cuando jovencita y sabÃa bien que era muy difÃcil que Verónica pudiera manejarse sola en un cuarto de pensión. No podÃa dejarle sola, mas sabiendo que no tenÃa amigos en la ciudad, ni familia que se ocupase de ella. - Escucha...voy a proponerte algo. Vivo en un apartamento con dos cuartos...creo que serÃa conveniente que te quedaras allá mientras te recuperas. No estoy en casi todo el dÃa, pero si hay un portero que puedes llamar...y en las noches yo estarÃa para ayudarte. - No sé...ni siquiera sé cómo te llamas...no creo que fuera buena idea. - Soy Sonia Laurenti...me gustarÃa haberte conocido en otras circunstancias...pero bueno, siento mucho haber trastornado tu vida, te pido que cuando menos me permitas ahora ayudarte. SerÃa mas cómodo para ti...y debo confesar que me sentirÃa menos culpable si estás en mi casa que sabiéndote sola en un cuarto de pensión y sin trabajo por mi culpa. Verónica sonrió vagamente...vaya que sà era sincera esa mujer...no evadÃa responsabilidades, y decÃa exacto lo que sentÃa. Además debÃa admitir que le serÃa difÃcil estar sola en la pensión...y con poco dinero, ya que la en la mensajerÃa le pagaban por dÃa, pero el tratar de que la moto estuviera siempre en buenas condiciones se comÃa el dinero que ganaba...asà que seis semanas sin trabajar serÃan difÃciles de superar, sin tener entradas. Por otra parte sentÃa que era una total locura irse a vivir en el departamento de una mujer a la que no conocÃa en absoluto...mas que como conductora atolondrada de un Volkswagen bastante duro. Sonia veÃa a la joven dudar, y no la culpaba...también ella sentÃa que quizás no hacÃa bien en invitar a una mujer que no conocÃa para nada a vivir por seis semanas en su apartamento, al que cuidaba tanto de visitantes...su casa era su refugio, su bunker...pero era responsable por la situación de Verónica. - Escucha...sé lo que piensas...no nos conocemos para nada, no sabes quién soy ni yo sé quién eres..creo que tenemos que hacer un pacto de no agresión y convivencia pacÃfica en estas semanas...yo estarÃa mas tranquila sabiéndote con mas posibilidades de estar cuidada, y tú estarÃas en un lugar cómodo. Quizás hasta lleguemos a ser amigas. - Esta bien...acepto. En realidad no tenÃa muchas mas opciones, la oferta de Sonia era como la tabla de salvación para Verónica. Sonia sonrió, un poco mas tranquila. - Escucha....¿qué pasó con mi moto?. - La hice llevar a mi taller....no te preocupes, mi seguro se hará cargo de las reparaciones...estará lista para cuando puedas usarla de nuevo. Si en la empresa donde trabajas te mantienen el empleo...bueno, creo que no será tan grave el problema...te ayudaré en lo que pueda, ya que soy la responsable de ponerte en este aprieto. - Gracias... - No, por favor. Mañana podrás irte de aquÃ, me lo dijo el médico....iremos por tu ropa, y luego te instalas en mi casa. - Está bien. - Tengo que irme al trabajo...regresaré en la tarde. Gracias por permitir que te ayude. Sonia se fue y Verónica la siguió con la mirada. Si estuvieran en otra situación, y si supiera que esa mujer fuera gay, ya estarÃa pensando en el modo de atraerla un poquito...porque le gustaba el chispeo de los ojos negros y la seguridad que tenÃa al hablar, además del modo de hacer que los problemas se vieran menores. - "Una mujer asÃ, de seguro que no es gay. Al menos debo agradecer que aunque me atropelló, me esta tendiendo la mano sino estarÃa metida en una situación más que difÃcil. Detesto estar en inferioridad de condiciones...realmente lo detesto...tan bien que me estaba yendo". Verónica llevaba año y medio en la capital. Después de tener una discusión terrible con sus padres por su orientación sexual, descubierta del modo menos suave para ellos (leyeron unas cartas que PÃa le escribiera en tono mas que amoroso), le habÃan dado dos opciones: o cambiaba o se iba de la casa. Verónica tomó sus bolsos, la motito que le regalaran cuando cumplió 18 años, y se vino a la ciudad. No estaba dispuesta a renunciar a su forma de sentir las cosas. TenÃa 25 años, muchas ganas de pelear por vivir según su sentir, y además estaba enamorada...habÃa conocido a PÃa mientras esta veraneaba en la ciudad balnearia donde Verónica habÃa vivido toda la vida, se habÃan relacionado, PÃa iba frecuentemente al balneario para estar juntas...durante tres años habÃan vivido su relación de encuentros cada tantos meses, Verónica querÃa ir a la capital para estar con ella pero PÃa siempre encontraba algún problema para estar juntas. Cuando llegó a la capital con sus bolsos y su moto supo cuál era el principal problema de PÃa para estar con ella a tiempo completo...PÃa tenÃa pareja en la capital, una pareja que llevaba mas de cuatro años de existencia, una pareja a la que no querÃa dejar. La verdad fue difÃcil de digerir...sobre todo después de esperar frente al edificio donde PÃa vivÃa por horas solo para verla llegar con la otra mujer. PÃa no podÃa creer cuando la vio. Entró al edificio con la otra, salió unos minutos después y le dijo que la esperara en el bar que estaba a dos calles de allÃ. Media hora después se presentó, y solo entonces, después de tres años de relación le dijo toda la verdad. Le juró que no habÃa querido lastimarla, que en verdad estaba enamorada de ella, pero que era demasiado débil como para cortar el vÃnculo que la unÃa con Rita...le pidió tiempo, pidió disculpas, dio excusas y explicaciones, habló por mas de una hora....pero Verónica no cedió. Aquel dÃa dio por terminada su relación con PÃa, del mismo modo en que habÃa terminado antes su relación con Marta cuando sospecho que su compañera de estudios no asumÃa seriamente el hecho de ser lesbiana, sino que lo consideraba como algo que se le "pasarÃa" algún dÃa. Con un dinero que tenÃa ahorrado alquiló el cuarto de pensión, y consiguió el empleo en la mensajerÃa para repartir correo privado. No era un gran trabajo, pero le permitÃa sobrevivir en la ciudad. Ya no podÃa regresar a su casa familiar por el sencillo hecho de que teniendo tan asumida su homosexualidad, no podÃa aceptar el regresar allá a fingir que nada pasaba y vivir según lo que sus padres esperaban. Y se quedó en la capital a luchar. Trabajaba en la mensajerÃa, mantenÃa en buen estado su moto que era la herramienta de trabajo, la herida causada por la desilusión con PÃa fue cerrando...conoció algunos lugares gay que no le agradaron, a veces se sentÃa con ganas de comerse al mundo y otras se sentÃa demasiado sola. Pero cuando menos era fiel a sà misma...y eso era mas de lo que otras mujeres podÃa decir.
* * *
Después de cuatro dÃa, ese jueves temprano en la mañana Sonia estaba en el hospital para buscar a Verónica. HabÃa conseguido unas muletas alquiladas, asà que la muchacha podÃa desplazarse con cierta independencia. Fue un poco dificultoso entrar al apretado Volkskwagen, pero con ingenio todo se puede. - Escucha..diremos que somos primas ¿sÃ?...en tu pensión y en mi edificio...si no tienes inconvenientes. - No, claro que no respondió Verónica aliviada que Sonia pensara en eso. No querÃa lÃos en la pensión, donde la dueña se llevaba la palma de oro a la mujer curiosa. Pasaron por la pensión, donde Sonia se encargó de poner en bolsos ropa de Verónica. Tal como habÃa acordado le dijeron a la mujer que Sonia era prima de Verónica y que debido al accidente se quedarÃa en su casa hasta que se recuperase. Lo mismo dijeron al llegar al edificio, donde Sonia le presentó al portero. Una vez en el apartamento Sonia instaló a Verónica en el cuarto pequeño donde tenÃa la computadora y los papeles de los casos, en la cama marinera que habÃa comprado por las dudas. Verónica curioseo un poco los papeles de Sonia antes de preguntar: - ¿En qué trabajas?. - Soy abogada. - Ah, que bien. Yo hice preparatorio humanÃstico, pensaba dedicarme a las leyes. - ¿Y qué pasó?. - No pudo ser...tuve unos problemas familiares, asà que al fin me recibà de profesora de Inglés y durante mucho tiempo di clases en mi pueblo...cuando vine aquà estudie computación, solo para estar preparada por si alguna otra oportunidad de empleo surgÃa. - Veo que eres una mujer inquieta...y si sabes de computación podrás echarme luego una mano con esta máquina que insiste en no obedecerme. En la heladera hay comida, cualquier cosa llamas al portero....ah, y aquà te dejo anotado mi celular....regresare como las siete de la tarde....espero que no te aburras mucho. En el living esta el televisor mas grande, hay unos videos....no sé, tú ves lo que haces. - Esta bien, no te preocupes... - Bueno...nos vemos entonces al rato...ah, en la biblioteca del living hay una gran cantidad de libros, quizás encuentres algo interesante por allÃ....no sé, si te gusta leer digo... - Me encanta leer, asà que asaltaré tu biblioteca. Sonia esbozó una sonrisa y salió del apartamento, apurada. TenÃa un par de casos que atender en ese dÃa. Verónica quedó sola en el departamento, descansó un rato y luego se decidió a ver la famosa biblioteca. Efectivamente habÃa una enorme cantidad de libros atestando el mueble, que no era pequeño, y otros tantos prolijamente apilados en el suelo. Le llamó la atención ver "Los poemas de Bilitis" de Pierre Louys, y algunos libros de Cristina Peri Rossi, también algo de Paul Verlaine...tomo una novela de Peri Rossi, y regresó al cuarto pequeño dispuesta a disfrutar de la lectura. Verónica era una lectora ávida, asà que en poco tiempo terminó el libro, sorprendiéndose al encontrar tres relatos en el mismo alusivos al lesbianismo, en forma directa en dos de ellos y como referente en el tercer relato. Luego recordó que Cristina Peri Rossi era lesbiana...alguien se lo habÃa dicho hace tiempo, pero hasta ese momento no habÃa tenido oportunidad de conocer algo de su obra. Volvió a sorprenderse cuando comenzó a leer a Pierre Louys...las alusiones al tema lésbico eran mas que evidentes. Fue en ese momento que empezó a pensar que Sonia tenÃa un interés muy marcado por el tema y que quizás podrÃa ser lesbiana. Se quedó unos minutos pensando en ello, para luego desechar la idea...caramba, por tener dos libros referentes al tema no podÃa ya encasillarla como gay. Seguramente en muchas bibliotecas existÃan los mismos libros, porque mas allá del particular interés de Verónica por la temática, debÃa reconocer que eran excelentes obras literarias. Sonrió para sà misma...sÃ, claro que serÃa bonito que Sonia fuera lesbiana, porque quizás con un poco de astucia, y un poco de ejercicio del arte de la seducción podrÃa hacer que se interesara en ella...era una mujer muy interesante, y habÃa demostrado un gran sentido de la responsabilidad y muy buenos sentimientos al ayudarla del modo en que lo estaba haciendo. Pero también serÃa demasiada suerte, demasiada....
* * *
Sonia se quitó los anteojos y se restregó los ojos...llevaba tanto tiempo leyendo que ya comenzaban a molestarle...seguramente tendrÃa que visitar pronto al oculista, evidentemente esos anteojos tenÃan algún problema. - "Oh quizás el problema es que te estás poniendo viejita Sonia, y no quieres reconocerlo". - pensó, sonriendo para sus adentros. A veces se maravillaba de lo rápido que pasaba el tiempo. Estiró los brazos y giró la cabeza, para darle un poco de alivio a sus hombros. Miró el reloj que tenÃa sobre el escritorio...eran mas de las siete de la tarde. Entonces recordó que tenÃa a Verónica en casa, y que seguramente debÃa estar hambrienta...rápidamente se puso de pie, tiró todo dentro de su maletÃn y salió del estudio...caramba, tendrÃa que tener en mente que ahora no estaba sola en casa. Ahora la esperaba alguien...sonrió un poco irónicamente. Desde que compartiera la casa con Adela que nadie la esperaba....aunque a decir verdad, eran pocos los dÃas que llegaba a casa y Adela ya estaba allÃ. La convivencia no fue buena idea en el caso de ellas dos...paulatinamente se fueron alejando la una de la otra, pero no por eso Sonia habÃa dejado de creer en la convivencia...simplemente no habÃan tenido suerte con Adela, o quizás se habÃa forzado a estar juntas, aún cuando se daban cuenta de las diferencias entre ellas. Paro en la rotiserÃa donde solÃa comprar su comida muchas veces en la semana...era una cocinera perezosa, y además un total desastre para lograr mantener el refrigerador con algo que cocinar. Llegó a casa casi a las ocho de la noche...la verdad es que su papel como cuidadora estaba quedando por los suelos. Entró al apartamento y la extraño el silencio...a esa hora esperaba que Verónica estuviera viendo televisión. Dejó los paquetes en la cocina y fue hasta el cuarto pequeño. Verónica dormÃa, con un libro sobre el pecho, el cabello desparramado sobre la almohada, las piernas cubiertas por una frazada. Le tocó la mejilla para comprobar que no se hubiese enfriado...no, estaba tibia...y también muy suave, deslizó una suave caricia antes de ir a la cocina a preparar los platos. Trozó el pollo al spiedo, puso una porción de ensalada con una porción de pollo en cada plato, sirvió la gaseosa en sendos vasos. Regresó al cuarto pequeño, abrió la mesa plegable que tenÃa para poner en la terraza y trajo la cena. Luego movió suavemente el hombro de Verónica, que despertó sobresaltada. - Hora de cenar...un poco tarde, lo siento... - Hola...buenas noches... - Vamos a cenar, que debes estar muerta de hambre. Prometo tratar de regresar mas temprano, pero me dejo envolver con el trabajo. - No te preocupes Sonia... - respondió Verónica, mientras se ponÃa de pie, ayudándose con las muletas. Después de practicar en el dÃa habÃa logrado una cierta pericia en su uso, y transportarse fácilmente. Se sentó frente a Sonia, y al ver el plato se dio cuenta que tenÃa hambre. Comenzó a comer con una cierta avidez que hizo sonreÃr a Sonia. Cuando se dio cuenta que habÃa dejado el plato limpio cuando Sonia recién estaba por la mitad del suyo, se puso algo colorada. - Creo que sà tenÃa hambre y no me habÃa dado cuenta. - Ya te sirvo más...creo que me he descuidado, no te he dejado casi nada en la heladera. El sábado iremos al supermercado y llenamos la heladera. Verónica sonrió levemente, estar haciendo ese tipo de plan con Sonia era extraño...esa forma de hablar le hacÃa sentir como si estuvieran casadas. Miraba comer a Sonia, con calma y hasta con una cierta elegancia. De pronto sus miradas se cruzaron y Sonia le sonrió. El comer acompañada era algo que llevaba mucho tiempo sin hacer. - Te traigo más... - No... - Vamos mujer...que yo también tengo hambre. - Bueno..entonces sÃ... Sonia sirvió unas porciones mas pequeñas, y trajo la botella de gaseosa al cuarto. Esta vez disfrutaron mas del sabor de la comida, y Sonia buscó conversación. - ¿Y cuantos años tienes?. - 28...bueno, cumplo 29 en dos meses.... - Luces mucho mas joven, pensé que tenÃas poco mas de 20 años...¿cómo haces?. - Quizás el crecer junto al mar te hace parecer mas joven...aunque tú no puedes ser mucho mayor que yo. - ¿Eso piensas?. ¿Cuántos años crees que tengo? - Unos 30...un poquito mas quizás... - Cumplà 34 hace dos semanas...ya estoy viejita..tanto que debo usar lentes para leer. - Ah, pero tú no digas que estas viejita...di que te gusta usar lentes porque te dan aire intelectual. La ocurrencia de Verónica hizo que Sonia soltara una risita. No era la primera vez que Verónica daba muestras de su buen humor...incluso inmediatamente después del accidente le habÃa hecho sonreÃr con el comentario sobre su nombre y el ser actriz. - ¿Y qué hiciste en el dÃa?...espero que no te hayas aburrido mucho. - No, no me aburrÃ...estuve leyendo una novela de Peri Rossi, y ahora estaba con el libro de poemas de Louys, que me parece muy interesante. - Te gusta mucho leer entonces, hay gente que critica mis gustos literarios. - SÃ, me gusta leer, aunque bueno...no tengo mucho dinero para invertir en libros, pero cerca de la pensión hay una biblioteca pública, y saco libros de allÃ...lo malo es que no tienen una gran abundancia de temas Cuando me toca ir por el Centro a repartir correspondencia voy a la Biblioteca Nacional, me hice socia poco después de llegar a la capital...allá hay mas abundancia de material, lo malo es que te dan poco tiempo para leerlos, y con el trabajo...pues a veces es difÃcil tener tiempo. - Es verdad...también se me complica leer cuando estoy atorada con los casos. Sin embargo es un placer al que trato de no renunciar, además...no puedo con la condición, si estoy cerca de una librerÃa es como el canto de las sirenas, tengo que entrar...y si entro termino comprando algo. Me alegra que alguien mas que yo aprecie esos libros, deben sentirse muy solos en los anaqueles. - Pues con el tiempo que estaré aquà podré hacer buen uso de tus libros. - Y recuerda que tendrás que echarme una mano con la famosa computadora. - Claro que lo recuerdo, solo tienes que decirme en qué cosa. - Pues ve prendiendo la máquina...mientras yo llevo los platos a la cocina...digo, si te sientes bien... - Claro que estoy bien...es un poco molesto este yeso, pero hoy no me ha dolido...de todas maneras antes de acostarme tomaré un calmante, por las dudas... - Me parece buena idea....espera, te arrimo una silla. Verónica se instaló frente a la computadora de Sonia, mientras esta llevaba los platos a la cocina, y plegaba la mesa par dejarla de nuevo en la terraza. Encendió la máquina...vaya, era un AK 6, buena máquina....los programas cargaron velozmente, asà que cuando Sonia estuvo sentada a su lado y a estaba listo para ser usado. - Tú dirás... - Primero que nada miremos el Outlook...no corrige los errores de ortografÃa como se supone deberÃa hacerlo. En pocos minutos Verónica resolvió el tema...el diccionario estaba mal indicado. Después le hizo una firma digital para todos los correos salientes, y le creo carpetas para los entrados. En poco menos de una hora todo el tema de correo electrónico estaba reparado y ordenado. Sonia estaba sorprendida. - Eres muy buena en esto.... - No tanto, solo me gusta mucho. - ¿No has buscado empleo para hacer este tipo de trabajo?. - Algunas veces hago algo en la mensajerÃa....en la noche, me lo pagan como extra, cuando hay mucha entrada de correspondencia, también les he hecho algunas planillas para manejo de gastos. - ¿Y no les has pedido para estar en la oficina, en lugar de arriesgarte en la calle?. Es peligroso... - SÃ, sobre todo cuando una esta cerca de los VW - dijo Verónica muy seria, riendo de inmediato al ver la cara azorada de Sonia - estoy bromeando mujer. Sucede que económicamente me es más redituable la entrega de correspondencia que estar dentro por un sueldo fijo mensual. Por eso prefiero seguir en la calle en el dÃa, y hacer alguna cosa en las noches si lo necesitan pero con pago aparte. - Aja, comprendo - respondió Sonia. DebÃa resultar difÃcil para una chica como Verónica estar totalmente sola en la ciudad. Vio que Verónica bostezaba tratando de disimular, asà que se dijo que era hora de terminar la faena por ese dÃa. - Me voy a dormir, creo que ambas estamos cansadas. Te traje agua para tomar el calmante...si me necesitas me llamas - Gracias, pero puedo levantarme...de todos modos, te llamaré si es necesario. Sonia se fue a su cuarto. Estaba mas tranquila de tener a Verónica en casa...si era como estaba demostrando, no serÃa una molestia tenerla allÃ, ni un problema a futuro. Se quitó la ropa con cuidado, como siempre, y se metió en la cama de plaza y media, realmente cansada...habÃa sido un dÃa demasiado largo. Pero definitivamente...tener a Verónica en casa al regresar le daba otra sabor al regreso.
* * *
Los viernes eran dÃas agitados para Sonia, asà que salió muy temprano de casa...tanto que Verónica aún no despertaba, asà que le dejó una nota en la pantalla de la computadora. " Regreso como a las siete de la tarde...traigo la cena. Llama a la rotiserÃa, es el 713 20 19 para pedir algo para el mediodÃa, les dices que lo pongan en mi cuenta. Tardaran como media hora en traerlo, asà que haz tus cálculos para no morir de hambre en la espera. Cualquier emergencia me llamas al celular." Verónica despertó hacia media mañana..probablemente los medicamentos provocaban esa inusual cantidad de horas de sueño. Vio la nota y sonrió, era del estilo de Sonia. Se puso un equipo deportivo y fue hasta la sala, encendió el televisor y buscó algo con que entretenerse...pero a esa hora solo habÃa programas de cocina, o novelas. Abrió las puertas del mueble bajo junto al televisor en busca de algún video para ver. Se llevó una nueva sorpresa...prolijamente alienados en los estantes del mueble habÃa varias copas de pelÃculas con temática lésbica...desde la divertida "La amante de mi mujer" hasta la excelente "Cuando cae la noche". Puso el video de "Cuando cae la noche" porque habÃa oÃdo hablar mucho de esa pelÃcula, pero nunca habÃa tenido la oportunidad de verla...se metió tanto en la historia que cuando el teléfono sonó, se sobresaltó...por unos minutos dudó en responder, pero luego pensó que quizás era Sonia quién llamaba, asà que levantó el tubo. - Hola. - ¿Quién habla? - preguntó una voz femenina, en un tono no precisamente amable. Verónica mantuvo la calma, y respondió. - ¿Con quién desea hablar?. - ¿Es la casa de Sonia Laurenti?. - SÃ, pero ella no se encuentra. ¿Quiere dejarle algo dicho?. - ¿A qué hora regresa?. - Como a las siete de la tarde... DÃgame quién es asà se lo digo cuando regrese. - Soy Adela Introini...la llamaré mas tarde, gracias....¿quién sos vos?. - Yo...soy prima de Sonia, estoy pasando unos dÃas aquÃ. - Ajá....claro....bueno, si la ves le dices que llamo mas tarde. Realmente la tal Adela no se destacaba por su simpatÃa, pensó Verónica mientras regresaba a terminar de ver la pelÃcula. Agradeció sus conocimientos de inglés, porque la pelÃcula no tenÃa subtÃtulos..seguramente Sonia compraba por Internet, porque hasta donde Verónica sabÃa no era nada fácil encontrar este tipo de videos en la ciudad. Cuando terminó esa pelÃcula pidió algo para comer en la rotiserÃa y se dispuso a elegir lo que verÃa en la tarde.
* * *
- Doctora, la busca la señora Introini. - Que pase.... - dijo Sonia a la recepcionista del estudio. Alquilaban ese lugar entre cuatro abogados, y entre todos pagaban el sueldo de Ana MarÃa. Se quitó los lentes...le sorprendÃa que Adela viniera a verla, seguramente estaba de paso por la ciudad, porque llevaba ya un par de años trabajando en Brasil. Se puso de pie justo en el momento en que Adela entraba a la oficina. Se miraron por unos segundos, y fue Adela quién tomó la iniciativa y le dio un abrazo a Sonia. - Te ves linda como siempre... - Gracias...también tú te ves muy bien - dijo Sonia, sin poder disimular que la situación le incomodaba un poco...el abrazo de Adela se le antojó demasiado efusivo, y eso lograba siempre envararla. Fiel a su estilo hiperfemenino en el vestir, Adela traÃa un falda negra ajustada y con un largo que permitÃa ver mas que largamente sus hermosas piernas. El sweater turquesa completaba un conjunto muy atinado, el cabello rubio y largo caÃa mas allá de los hombros, cuidadosamente cepillado. Adela quebraba todos los estereotipos sobre cómo debÃa lucir una lesbiana, porque poquÃsimas mujeres heterosexuales podÃan competir con ella en lo que a despliege de femineidad se referÃa. - ¿Y qué haces por la ciudad?. - Vine a presentar la nueva lÃnea de calzado...y a testear un poco el mercado aquÃ, estaré unos dos meses en al ciudad. - Ah...que bien... - No pareces muy contenta con la noticia.... - SÃ, sà estoy contenta.. Y sorprendida también...pero me alegra verte, sabes que es asÃ. - Pues que bueno...porque a mi SI me alegra verte de nuevo - dijo Adela, tomando la mano de Sonia y reteniéndola un poco, antes de soltarla...lo suficiente para hacer que Sonia la mirara, y que las miradas de ambas se cruzaran. Sonia sintió que el rubor subÃa a sus mejillas...detestaba que eso le pasara, porque la ponÃa en evidencia cuando algo la ponÃa nerviosa, pero no podÃa evitarlo. Y no le gustaba que Adela la viera ponerse nerviosa por un comentario suyo. - ¿Quieres un café?. - Mas que café...mujer, es hora de almorzar, veo que no pierdes la costumbre de ser una desorganizada con las comidas...¿por qué no dejas es papeles y me acompañas?...he pasado tanto tiempo fuera de la ciudad que casi no reconozco nada. - Tengo mucho trabajo Adela y.... - Por favor...¿te niegas a acompañarme?...me haces sentir muy solitaria... Los ojos verdes de Adela estaban clavados en los ojos negros de Sonia, con esa mirada que parecÃa querer traspasarla...Sonia flaqueo, y cerrando las carpetas dijo: - Bueno, pero no me retengas hasta las mil y quinientas, que tengo mucho que hacer. - Lo prometo...te soltaré temprano. Fueron a un restaurante japonés, muy cercano adonde Sonia tenÃa el estudio....en la zona vieja de la ciudad habÃan proliferado los restaurantes en el último tiempo. Ordenaron y fue Adela quién inició la conversación. - Y cuéntame, qué has hecho en este tiempo. - Pues lo mismo de siempre...estar en el estudio, tengo casos, asà que no me va tan mal...pero no es algo muy excitante ser abogado, ya lo sabes. - Claro...claro que lo sé. Vivà contigo ¿lo recuerdas?. - ¿Y tú, en donde estas ahora? - preguntó Sonia, haciendo oÃdos sordos al comentario tan directo de Adela. - En Calzados Fiore...estoy diseñando algo allÃ, pero mi trabajo es testear qué puede gustar en cada uno de los paÃses donde esta la marca, verificar los puntos de venta...asà que viajo mucho. - Cosa que a ti te encanta. - SÃ, no puedo negarlo...tengo alma gitana, me encanta viajar, conocer gente, hacer conocer la marca en nuevos mercados. Sonia asintió, pensando que Adela siempre estarÃa "casada" con su trabajo...las prioridades de Adela eran el trabajo, luego ella misma...y en un pobre tercer lugar la persona que fuera su pareja. Sin embargo, siempre habÃa candidatas para ese puesto, porque Adela era hermosa y tenÃa un charme que pocas mujeres poseÃan...además de deslumbrar con su aire mundano. - Que bueno, creo que es el trabajo ideal para ti. - Es verdad...satisface mi sentido trashumante...pero a veces extraño la estabilidad y el poder tener raÃces en algún lugar. Creo que conozco mas los cuartos de hotel que las paredes del apartamento que tengo en RÃo. - Eso no deberÃa serte ajeno - respondió Sonia. Durante e tiempo que estuvieron juntas, Adela pasaba mas tiempo viajando que en casa, asà que dudaba que recordara con exactitud la disposición de los cuartos del apartamento que compartieron, y en donde Sonia vivÃa ahora. - No me es ajeno, es verdad...pero quizás me estoy poniendo mayor, y quisiera otra cosa con mi vida. El camarero llegó con el pedido y Sonia suspiró, aliviada...no le gustaba el rumbo que estaba tomando la conversación. Adela probó el vino, y luego dio la orden para que lo sirvieran. La comida estaba deliciosa, y Sonia tuvo que reconocer que estaba hambrienta. Adela seguÃa todos sus movimientos con esa mirada felina que en otro tiempo encantaba a Sonia, pero que ahora solo lograba ponerla nerviosa. - ¿Estás nerviosa?. - No. - Te conozco Sonia, estas nerviosa. - Te aseguro que no - OK, si tú dices que no...¿te gusta el vino?. - Delicioso....siempre has tenido buen gusto para los vinos. - Claro. Y dime....¿qué otros lugares han abierto en la ciudad y que yo no conozco?. ¿Algún nuevo bar?. Sonia sabÃa que la pregunta se referÃa exclusivamente a sitios lésbicos. Ellas se habÃan conocido en un bar para lesbianas, en una de las pocas ocasiones en que Sonia se habÃa animado a ir a uno. Adela en cambio conocÃa todos los de la ciudad, siempre habÃa estado muy metida en el ambiente. - No sé Adela...sabes que no suelo ir a bares. - O sea que sigues siendo una miedosa. - SÃ, sigo siendo miedosa. Me siento incómoda en un lugar gay. - Lo sé...aún recuerdo la cara de susto que tenÃas el dÃa que te conocÃ...y cuando te hablé casi te mueres, por un momento temà que tuviera que hacerte respiración boca a boca....aunque no hubiera sido tan mala idea.... - Harás que me avergüence. Sonia recordaba muy bien ese dÃa. Entró al bar después de estar casi por media hora estacionada en la acera de enfrente, espiando cómo eran las mujeres que entraban al lugar y si lucÃa decente o no. Al fin, cuando consideró que por la cantidad de gente serÃa mas fácil pasar desapercibida, entró...el bar no era muy grande, tenÃa varias mesitas y una gran barra hacia el fondo, estaban pasando música suave aún porque era bastante temprano y el baile se armaba un poco mas tarde. Fue a la barra y pidió un refresco, ante la mirada un poco extrañada de la barman. Entonces Adela, que estaba junto a ella le habló: - Creo que deberÃas tomar algo mas fuerte....te ves muy pálida. Sonia casi habÃa muerto del susto al oÃr esa voz tan cerca...al levantar la vista y encontrarse con la mirada felina de Adela casi se muere de nuevo, pero no del susto, sino de la impresión que se llevó al ver el rostro bello de Adela. - Te quedaste con la mente en las nubes Sonia...regresa a la tierra la voz de Adela la sacaron de sus recuerdos, mientras veÃa como la rubia llenaba de nuevo su copa de vino. - No puedo tomar tanto, tengo que regresar al trabajo. - Entonces no tomamos mas ahora, pero mañana salimos, me averiguas con alguna de tus conocidas que sà vayan a bares cual es el de moda y me llevas. - ¿Crees que soy tu chofer acaso?. - Pues....casi, casi. Estoy pretendiendo pasar bien estas dos semanas que estaré en la ciudad, y que mejor que contigo como guÃa. - Veré si puedo.... - Haz el esfuerzo, por favor dijo Adela, tomándole la mano sobre la mesa, y usando su voz baja y suplicante, estremecedoramente seductora. Sonia casi vuelca su copa de vino ante el contacto suave de esa mano sobre la suya. - Haré el esfuerzo...llámame en la tarde...y veremos....ahora, de verdad...tengo que volver al estudio dijo Sonia, mientas le hacÃa una seña al mozo. Adela hizo un gesto con la mano. - Yo me hago cargo de la cuenta mujer....ve tranquila a ese trabajo, que estas inquieta desde hace rato, y yo mañana te llamo. - Esta bien. Regreso a la oficina enojada consigo misma...no podÃa permitirse ser tan débil con Adela, sabÃa de lo encantadora que podÃa ser cuando querÃa algo...pero también sabÃa que era muy peligroso sentirse de nuevo atraÃda por ella. No querÃa que eso le sucediera. El resto de la tarde casi no pudo concentrarse en lo que hacÃa, asà que al fin, cerca de las 7 de la tarde puso los legajos en su maletÃn....mejor los estudiaba en la casa, Verónica debÃa estar esperándola. Llamó a la rotiserÃa antes de salir, para que llevaran algo a la casa alrededor de las 8 de la noche...no tenÃa ganas de parar por el camino. Cuando llegó a casa Verónica estaba leyendo en la sala. Le sonrió al verla entrar y Sonia se sintió extrañamente reconfortada. Dejó el maletÃn y las carpetas en el cuarto junto a la computadora y vino a sentarse junto a ella. - ¿Cómo te fue?. - Bien...bastante bien ¿cómo pasaste tú el dÃa?. - Entretenida...vi unos videos, dormà un rato....hace apenas media hora me levanté y me puse a leer. - ¿Te has sentido bien en general?. - Bueno, un poco adolorida a veces....pero nada serio, creo que estoy bastante bien. - Me alegra...ordené pasta a la rotiserÃa, la traen como a las 8 de la noche...si quieres otra cosa estamos a tiempo de detener el pedido. - No, no, esta bien. ¡Ah, casi lo olvido!. Te llamó Adela Introini hoy en la mañana, dijo que llamarÃa mas tarde pero no ha vuelto a llamar hasta ahora. - Ah....gracias murmuró Sonia...ahora entendÃa un poco mas la "aparición" de Adela por su estudio, cosa que ni cuando vivÃan juntas habÃa hecho jamás. Adela estarÃa muerta de curiosidad por saber quién era que vivÃa en su apartamento. Verónica tomó la repentina seriedad de Sonia como un signo de reprobación, asà que siguió hablando. - Le dije que era tu prima porque ella preguntó. - Esta bien Verónica, no hay problemas...vi a Adela hoy, asà que no creo que llame, no hasta mañana al menos. ¿Qué lees?. - Algo de Stephen King..."Cujo"...es interesante King. - Tendrás pesadillas esta noche...es por eso que dejé de leerlo. - Ah, yo nunca tengo pesadillas, no te preocupes. Sonó el portero y Sonia fue a atender. Era el mensajero de la rotiserÃa, con la comida. Le dejó pasar, le pagó y fue a la cocina con los paquetes. Preparó los platos y desde la cocina le preguntó a Verónica: - ¿Quieres comer allà en el living o pasamos a la mesa?. - Pues...estoy un poco dolorida, no tengo muchas ganas de caminar.... - Quédate ahà entonces. Llevo la bebida, los platos y los cubiertos. La salsa que estaba sobre los spaghettis parecÃa mas que apetitosa, asà que por unos minutos solo se dedicaron a comer...mas tarde Sonia se estiró hacia atrás en el sillón, después de dejar el plato sobre la mesilla, perezosa. - Después de todo lo que comà hoy tendré que hacer dieta el fin de semana. - Como si lo necesitaras con esa figura que tienes. - Ah, pero tengo que cuidarme, no creas. - Pues no te creo, y como estaré aquà un tiempo lo comprobaré con mis propios ojos respondió Verónica...pensado maliciosamente que en realidad le gustarÃa comprobarlo con sus propias manos, asà que sus ojitos brillaron pÃcaros y Sonia se quedó viéndola, encantada por ese brillo. Sonrió también, preguntándose que estarÃa pensado Verónica. - Me gusta verte sonreÃr ¿sabes?. - También a mà me gusta que tú sonrÃas...creo que no lo haces a menudo. - Puede ser...creo que una pierde la costumbre. - Pues no deberÃas, te ves totalmente diferente cuando sonrÃes....tan cálida, es como ver un poco dentro de ti, y descubrir a otra Sonia. - ¿Otra Sonia?. - SÃ...otra Sonia mas humana, no tan seria y estructurada. - Ajá....piensas que soy demasiado seria entonces. - No digo que seas demasiado seria....lo pareces...pero creo que escondes algo de tu personalidad, la parte divertida....¿te estoy molestando con mis apreciaciones?. - No, para nada....me sorprendes. En seis dÃas digamos que has logrado "adivinarme", cosa que otra gente no ha podido hacer en años. - Quizás no han prestado suficiente atención. Sonia pensó en Adela...no, nunca le habÃa prestado suficiente atención. La noche en que se conocieron, después de ofrecerle un trago la invitó a bailar...ella se habÃa negado, sin embargo un rato después habÃa accedido, quizás envalentonada por causa de las dos cervezas que habÃa tomado. Adela intentó besarla un rato mas tarde, y ahà fue donde Sonia se ofendió bastante....seguramente Verónica no hubiera hecho algo asÃ.. - "Pero que tonterÃas estás pensando Sonia Laurenti....Verónica no hubiera hecho algo asà sencillamente porque no es gay, no seas estúpida". - ¿DecÃas algo? preguntó Verónica, y Sonia la miró con una mezcla de susto y estupor...¿acaso leÃa el pensamiento?. - No... - Me pareció entonces. Me voy a acostar....disculpa, pero que camine mucho hoy.... - Esta bien...te acompaño.... - No, no es necesario, quédate tranquila....todavÃa que me tienes que servir solo falta que también tengas que ayudarme a acostar, serÃa el colmo. Hasta mañana. - Hasta mañana. Sonia encendió el televisor y lo puso en el Discovery Channel. No se habÃa dejado besar por Adela en esa ocasión, pero sà cuatro dÃas después...pensado en retrospectiva, quizás habÃa permitido que las cosas fueran demasiado rápido entre ellas....pero caramba, tampoco era fácil resistir al encanto de una mujer tan bella. Se entredurmió en el sofá del living, pensando en eso...despertó al sentir quejido provenientes del cuarto de Verónica. Rápidamente fue hasta allá...Verónica se quejaba, seguramente presa de una pesadilla...se sentó en la cama y le acarició el cabello. - Verónica...despierta...vamos.... Verónica estaba llorando en sueños, asà que Sonia le secó las lágrimas e insistió. - Despierta, es solo un sueño...despierta mujer... Mientras tanto reparó en la remera que Verónica traÃa para dormir...con una lambda color rosa bordada a la altura del seno izquierdo....una lambda...no era un sÃmbolo común, y una lesbiana sabÃa lo que significaba...Verónica despertó. - ¿Estas bien?. - No...estaba teniendo un mal sueño.... - Te quejabas mucho...anda, ven dijo Sonia, atrayéndola hacia sÃ, abrazándola llora, creo que necesitas hacerlo. No se atrevió a preguntar que estaba soñando Verónica, pero la sintió llorar un rato antes que se calmara totalmente....todo ese tiempo la mantuvo cerca de su cuerpo, abrazada, simplemente siendo su soporte emocional. Verónica estaba soñando con PÃa, mas exacto con el dÃa en que descubrió el secreto de PÃa....muchas veces le pasaba, el soñar con ese dÃa...y despertar llorando, como si las lágrimas que se negó a llorar ese dÃa pugnaran por salir. Solo que nunca antes se habÃa permitido seguir llorando como ahora lo estaba haciendo en brazos de Sonia...lloró hasta que sintió que las cosas estaban bien....que ya no era necesario derramar mas lágrimas por aquello. Sonia le ayudó a secarse la cara, le acomodó el pelo con una ternura que no habÃa pensado que poseyera. - ¿Ya pasó?. - Creo que sÃ....gracias....no tienes idea de cómo me has ayudado. - No des gracias...te traeré agua...¿te han recetado algo para dormir?. - SÃ, ya lo tomé.... - Agua entonces...ya regreso. Tardó poco en venir con el agua, Verónica tomó unos tragos y se acomodó en la cama. Sonia la tapó cuidadosamente y se quedó junto a ella hasta que volvió a dormirse...una vez dormida le acarició el cabello. - "DeberÃa preguntarle si es lesbiana....serÃan mas fáciles las cosas". ¿ Mas fáciles....para qué?..fue la pregunta que Sonia se hizo a sà misma ante ese pensamiento. Y no se atrevió a responderla.
* * *
- ¿Cómo es que me preguntas por un bar lésbico, justamente tú? fue lo que Adriana respondió cuando Sonia le llamó para averiguar por bares, en lugar de responder. - Es que Adela está en la ciudad y quiere saber cual es el lugar de moda....y como yo no voy no pude decirle - ¿Adela en la ciudad?. ¿Y ya la has visto?...huyy, muy mal... - No te preocupes, no hay peligro. - Lo mismo dijiste cuando la conociste.... - Entonces era joven y tonta. - Ahora eres treintona y un poco menos tonta....pero Adela también está mas grande, y por ende...mas astuta. El zorro sabe mas por viejo que por zorro. - Ya Adriana...¿piensas que soy idiota?. - No lo sé...¿cómo se le llama a una mujer que después de tres años de romper con su pareja, que además la trataba muy mal....no ha ni siquiera intentado conocer a otra mujer para intentar una nueva relación?. - Se llama abogada muy ocupada con su profesión....y ya dame la dirección de algún bar. - Esta bien, esta bien....el "ParaÃso" esta en la zona Sur.... Sonia anotó cuidadosamente la dirección y la hora en que el bar abrÃa. Adriana le dio la dirección de otro lugar, pero lo desecho porque estaba en la Ciudad Vieja, que era la zona donde ella tenÃa su estudio....era tonto, porque a esa hora nadie de la gente conocida estarÃa por ahÃ, pero las precauciones no estaban de más. Cortó con Adriana y fue a ver a Verónica, que aún dormÃa. El teléfono sonó y lo atendió rápidamente, para que no se despertara. - Hola - Hola - Mujer...¿a estas horas levantada?. - Es que aún no me acuesto....me reunà con algunas viejas conocidas y nos fuimos de fiesta por ahÃ. - Debà recordar que hablaba con una experta en juergas. - Y yo debà recordar que hablo con una abogada aburrida y no decirte esto. ¿Conseguiste alguna dirección?. - SÃ, tengo la dirección de un lugar. - Entonces puedo considerar que me invitarás a ese bar. - Considera sÃ, que te invito... - OK...te llamo mas tarde, después de dormir un rato para ver adonde iremos. Sonia colgó...Adela no cambiaba. Se puso en pie, pensando que quizás Verónica habÃa despertado y no se equivocó, la muchacha estaba sentada en la cama desperezándose. - Buenos dÃas. - Hola, buenos dÃas. - Finalmente pudiste dormir bien. - SÃ. - ¿Estás con ánimo de paseo?...tenemos que ir al super, y quizás serÃa mejor almorzar por ahÃ. - Pues sÃ...pero para salir tengo que pedirte un favor... - Claro.... Verónica se puso colorada de pronto, mientras Sonia la miraba. En realidad le daba vergüenza pedirle el favor, pero no tenÃa mas remedio. - ¿Me ayudas a bañarme?....estos dÃas me he lavado, pero para bañarme tengo que estar sentada bajo la ducha para poder mantener fuera el pie enyesado, y no lo hice porque me da miedo caer al ponerme de pie....necesito ayuda para hacerlo. - Entonces.... - Que tendrás que estar cerca de la puerta del baño, asà yo puedo llamarte cuando termine y me ayudas a ponerme de pie....no quiero caerme en el baño y lastimarme. - Pero mujer...¿por qué tanta vergüenza?. - Crecà fuera de la ciudad...somos un poco tÃmidos los de afuera respondió Verónica para zafar de la situación. En realidad le daba vergüenza porque cada dÃa que pasaba sentÃa mas atracción por Sonia, y la idea de que la viera desnuda la turbaba, temÃa descubrirse a sà misma. Sonia la miraba, presintiendo que habÃa algo mas que vergüenza y timidez en Verónica, pero no alcanzaba a saber qué mas. - Bueno, vamos...en campaña....preparemos la ropa...¿esta en estos cajones?. - SÃ.... - A ver....ropa interior...¿camiseta?. - SÃ... - TA....listo....medias...bueno, una media...el resto de la ropa te la ponemos acá en el cuarto. - Déjame poner un short para salir de la cama. - No es necesario, vamos, no seas tan tÃmida.... Verónica salió de la cama y por primera vez Sonia notó que la pierna sana se veÃa muy bien formada. La ayudó a ponerse en pie, y con un brazo apoyado en Sonia y otro en la muleta Verónica llegó hasta el baño. Acercaron la banqueta hasta bajo la ducha, que como era de teléfono ofrecÃa menos problemas, y a Sonia se le ocurrió cubrir el yeso con una bolsa de nylon apretada con una cuerda para que no se mojara. Le alcanzó a Verónica el jabón, y una maquinilla de afeitar que esta le pidió. Luego salió del baño, dejando la puerta apenas entornada para poder oÃr a Verónica cuando terminara. Verónica se quitó la ropa con mucho cuidado de no caer de la banqueta y la tiró lejos. Luego adecuo la temperatura del agua y se enjabonó cuidadosamente. Se enjuago, se rasuró las piernas, y se las ingenio para rasurarse el sexo....desde hacÃa años depilaba esa zona y esos dÃas sin poder cuidarse la tenÃan mal. Ensimismada en su tarea no se dio cuenta que Sonia, que al no oÃr mas ruido de agua pensó que habÃa terminado de bañarse, estaba en la puerta del baño, mirándola por la hendija que quedaba....sorprendida, Sonia veÃa a Verónica afeitar cuidadosamente sus partes Ãntimas...sorprendida y sintiéndose un poco excitada. Llevaba un tiempo sin ver el sexo de una mujer con tanta claridad como estaba viendo el de Verónica...sintió vergüenza de sà misma y se alejó de la puerta, sin que Verónica llegara a notar su presencia. - "Vamos Sonia....esto es lo último ¿qué haces espiando a una mujer mientras se baña?. Realmente he perdido la vergüenza...o la cercanÃa de Adela hace que se me peguen sus costumbres". - ¿Estas ahÃ?. - SÃ... - ¿Me ayudas a volver al cuarto?. - Claro. Sonia entró al baño. Verónica tenÃa el cabello mojado, estaba limpia, olÃa a jabón, a crema de enjuage y a colonia...a mujer limpia. Ayudaba por la muleta y apoyándose en Sonia, que la sostenÃa por la cintura, volvió al cuarto....Sonia se sentÃa cada vez mas extraña, la situación la ponÃa excitada y a la vez se sentÃa culpable, pero también se sentÃa viva...hacÃa tiempo que no sentÃa el llamado del deseo. Le alcanzó el resto de la ropa a Verónica, quién se vistió y al fin la miró, sonriendo. - Podemos irnos. - Tienes que desayunar primero...asà tomas los medicamentos, y luego nos vamos. - Claro...lo olvidaba...es que el encierro me tiene mal, estoy loca por salir. - Termina de vestirte y te trago el desayuno. En la cocina, mientras servÃa el café y ponÃa mermelada en las tostadas Sonia seguÃa pensando en el cuerpo desnudo de Verónica, en su sexo...en la forma en que cuidadosamente se rasuraba y volvÃa a sentir ese cosquilleo en el bajo vientre. Sacudió la cabeza, tratando de hacer que esos pensamientos se alejaran. Llevó la bandeja al cuarto, y miró a Verónica mientras desayunaba....el cabello tenÃa reflejos rojizos a cada movimiento de la cabeza de la muchacha y los ojos gris verdoso, lejos de trasmitir frialdad se veÃan cálidos al fijarse en ella. Verónica sentÃa la mirada de Sonia, atenta a sus movimientos y no podÃa definir que estaba pasando entre ellas. Porque que estaba sucediendo algo no podÃa ignorarlo...sentÃa en el aire la tensión, no una tensión incómoda, sino de esas que preceden a algo importante. Pensó en preguntarle de algún modo si era lesbiana, dado que pasarÃan mucho tiempo juntas ese dÃa...serÃa mucho mas fácil manejar la situación si la sospecha que tenÃa por causa de los libros y los videos se confirmara. Salieron juntas del apartamento, y Sonia le dijo a Verónica que la esperara unos minutos en la puerta del edificio mientras iba por el auto. Verónica respiró y miró la calle, llevaba tantos dÃas sin salir que todo le parecÃa nuevo. Sonia no tardó mucho, y esta vez le fue mas fácil ingresar al auto. Se sorprendió cuando vio que se dirigÃan al shopping en lugar de a un supermercado. - ¿Vas a comprarte ropa?. - No. Pero aquà hay supermercado también, y pensé que después de tantos dÃas de encierro, cosa que para alguien como tú que trabaja en la calle debe ser torturante, te gustarÃa el paseo. - Claro que sÃ...gracias... - Eso sÃ...apenas te cansas me dices...no te exijas mas de la cuenta. - No lo haré. Recorrieron la primer planta del shopping, viendo ropa, riendo, comparando precios, como viejas amigas. Cerca de las 12 y media Sonia notó que Verónica estaba caminando mas lento, asà que convino en que era hora de descansar. - Vamos a almorzar, muerto de hambre...creo que estas caminatas por el shopping abren el apetito. - Si, estoy algo cansada, creo que vendrÃa bien. Fueron a un Mc Donald's, Verónica se quedó sentada y Sonia fue por un par de hamburguesas. Se sentÃa muy bien en compañÃa de Verónica, compartiendo un paseo tan simple...sentÃa que las cosas estaban bien, en su lugar, como si fuera lo mas natural del mundo estar juntas almorzando y luego comprar las cosas para la casa. - "Como si estuvieramos viviendo en pareja...esa es la sensación. Me siento tranquila y relajada con Verónica" - se dijo a sà misma mientras iba con la bandeja hacia la mesa. Muy cerca de ellas habÃa otras dos chicas en una mesa...en determinado momento las mujeres se tomaron de la mano por unos segundos, y Sonia miró a Verónica, quién la miró a su vez....era la oportunidad perfecta para hacer la pregunta que ambas deseaban, y sin embargo ninguna se atrevió. Después de comer fueron al supermercado, cargaron un carro de cosas...Sonia jamás compraba tanto alimento, era una descuidada con la despensa, pero Verónica la convenció con el argumento que de seguir sintiéndose tan bien ella cocinarÃa. Llegaron a casa como a las 4 y pico de la tarde, ambas totalmente agotadas. Sonia descargó las bolsas en la cocina y fue a guardar el auto, mientras tanto Verónica, usando su instinto fue guardando las cosas en la despensa. Para cuando Sonia llegó casi todo estaba en su lugar. - Me hubieras esperado, me hace sentir mal que trabajes. - Pagas mi comida, me llevas a pasear, estoy viviendo sin pagarte alquiler..yo deberÃa sentirme mal, no tú. - Bueno, casi te paso por encima con el VW, si hablamos de sentirnos mal por algo... - Eso está olvidado mujer. Te has portado muy bien conmigo, no me abandonaste. Estaban muy cerca...Verónica apoyada un poco en las muletas, un poco recargada en la mesada de mármol...Sonia tan cerca que podÃa sentir el calorcillo que emanaba del cuerpo de Verónica, y el aroma suave de la colonia...se miraban a los ojos, sintiendo el ambiente cargado de tensión, pero esta vez sà sabÃa que tipo de tensión....tensión sexual, ambas estaban deseando que la otra diera el primer paso y besara... El timbre del teléfono rompió el encanto. Sonia se alejó de mala gana hasta la extensión que tenÃa en la cocina, y Verónica maldijo para sus adentros a la persona que llamaba....unos segundos mas y se hubiera arriesgado a besar a Sonia. Por el tono en que Sonia atendió al teléfono intuyó que también estaba molesta por la interrupción. - Diga. La voz de Adela sonaba casi enojada en los oÃdos de Sonia. - Al fin mujer...pensé que te habÃas escapado. - Fui a hacer compras. - Seguro que al supermercado...bueno, no importa, fui yo quién olvidé tus rutinas semanales. ¿A que hora vienes por mÃ?. - ¿Por qué no vienes tú por mÃ?. - Porque la dueña del auto eres tú, yo no iba a alquilar uno por solo dos semanas ¿verdad?. Anda, no sea malita, ven por mÃ...me harta esperara por los taxis. - De acuerdo, de acuerdo....a las 12 iré a tu hotel....si me dices en cual estás. - En el Plaza Fuerte...a la 12...¿por qu
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