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« en: Junio 08, 2006, 12:29:37 » |
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Cintia...gracias al cielo llegas querida, creo que estoy a punto de volverme loco... - Por favor Gregorio....¿cuál es el problema ahora?. - ¡¡Lleno de gente mi querida, ese es el problema!!. - Ese no es un problema...¿no es lo que queremos, que la GalerÃÂa se llene?. - Claro que sÃÂ, pero necesito tu encanto allàdentro...detesto a las personas.
Cintia sonrió. Gregorio podÃa ser alienante si se lo proponÃa. La galerÃa de arte estaba llena a mas no poder y el artista que inauguraba esa noche aún no llegaba...era un pintor genial, pero mas loco que Gregorio con su temor a los lugares con muchas personas. TenÃa que distraer a la prensa mientras Nataniel lo convencÃa de la necesidad imperiosa de salir de su estudio y venir a la inauguración de su propia muestra. William Mc Intyre se acercó a ella ni bien salió del escritorio, impecable con su traje negro. Lo único que le faltaba esa noche era soportar al engreÃdo de William, crÃtico de arte del "VigÃa", quién pensaba que sabÃa mucho de arte....y solo escribÃa en base a su gusto personal, dado que de arte entendÃa tanto como Cintia entendÃa de QuÃmica Termonuclear. Aún asà logró que su sonrisa no pareciera demasiado falsa y lo besó en la mejilla. - Querida Cintia...¿dónde te habÃas metido?....¿dónde escondes al artista?. - Llegará en cualquier momento....sé bueno con él....es un muchacho muy talentoso. - Seré equitativo como siempre...además esta crÃtica no la escribiré yo. Quiero presentarte a Flavia Grandi, la mas reciente adquisición del "VigÃa"...ella es Cintia Montesinos, directora de Relaciones Públicas de esta GalerÃa...¿o debo decir alma mater?. - Basta William...a Gregorio le dará un ataque si te escucha. Mucho gusto Franca. - El gusto es mÃo. Cintia no se fijó en Flavia mas de dos minutos, lo suficiente para notar que no era muy alta, y que si bien no era hermosa tenÃa un cierto porte que la convertÃan en una mujercita interesante. Nataniel llegaba con el artista y fue con ellos, por suerte León Lemperz estaba en sus cabales, se mostró encantador con los invitados y se puso a la crÃtica en un bolsillo. Gregorio se puso tan feliz que tomó mucho mas de lo debido, asà que Cintia tuvo que llevarlo a casa al final de la exhibición....otra de las muchas manÃas de Gregorio era el no comprar un auto porque tenÃa miedo de manejar. Pasada la medianoche, mientras se deslizaba en su sillón favorito, pensó que estaba agotada de esa vida. La apasionaba su trabajo, pero Gregorio ya no se ocupaba de nada en la GalerÃa, lo cual le obligaba a vivir para ese empleo. HabÃa olvidado la última vez que dispuso de toda una tarde para sà misma. - "Cumpliré 30 años en un par de semanas...¿y qué es lo que he hecho con mi vida?...me asusta pensar que estoy desperdiciándola....y el sentirme sin fuerzas para cambiarla...por otra parte no sé tampoco qué debo hacer para cambiarla".
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RecorrÃa el centro comercial con deliberada lentitud esa tarde de sábado, sin buscar nada en especial y mirándolo todo, cuando la voz del hombre sobresaltó a Cintia. - Cintia querida...¿no me saludas?. - William...no te habÃa visto. - No mientas querida, te crecerá la nariz. - Tienes una mala opinión de ti mismo ¿verdad? dijo Cintia, quién pensaba que William se habÃa dedicado a criticar arte por no ser capaz de crearlo. - Que los demás alimentan....¿tomamos un café en la plaza de comidas?. - Bueno. El café ubicado en la plaza de comidas era muy coqueto, con unas mesas pequeñas en hierro y sillas de ratan. William ordenó dos capuchinos, conocedor de los gustos de Cintia después de tanto tiempo de trato. - Muy buen la crÃtica. - La escribió Flavia. - ¿Y tú se lo permitiste, con tu gran ego?. - Claro que sÃ...esta entrenándose asà que le permito escribir lo que no me interesa respondió William con rapidez y con deliberada malicia. Cintia meneó la cabeza....no podÃa esperar una respuesta menos mordaz de ese hombre. - ¿Sabes que eres muy desagradable?. - Trabajo para mejorar y ser peor. Cintia es muy buena en esto...muy buena. A mi no me agradaba vuestro nuevo artista...es demasiado bueno.... - ¿Y de dónde salió esa chica?. - Estaba trabajando en Buenos Aires...es muy buena, sabe de arte y escribe bien...una pena lo que le sucedió. Cintia sorbió un poco de su capuchino...William alabando a alguien y hasta compadeciéndose...esa era toda una novedad, que impulsó su curiosidad. - ¿Qué le sucedió?. - Unos asaltantes asesinaron a su pareja hace tres años...le llevó tiempo reaccionar, estuvo unos meses sin trabajar...creo que lo pasó muy mal pobre chica. Luego decidió venirse a esta ciudad. - ¿Planeaba casarse?. - Ningún paÃs permite el matrimonio entre mujeres. Cintia tosió y tuvo que cubrirse la boca con una servilleta, atorada. William le alcanzó un vaso con soda lo más rápido que pudo, ella tomó unos sorbos y recuperó el aliento. - ¿Qué dices?. - Flavia vivÃa con una chica...hey, ¿no serás una de esas homofóbicas, verdad?...me desilusionarÃas mucho. Como también me desilusionarÃa mucho que dijeras esto que te estoy contando...en el "VigÃa" solo yo sé esto sobre ella, y le harÃan la vida difÃcil si se enteran. - Por supuesto que no...vivo rodeada de gays...pero no me pareció que Flavia... Y me ofende que me pidas discreción, sabes que soy ultra discreta. - ¿Tú piensas que la gente gay anda con un cartel en la frente proclamando su condición?. Hasta tú estas predispuesta a cruzar la lÃnea un dÃa. - Yo no soy asÃ, lo sabes.... - ¿Lo sé?. ¿Lo sabes tú?. Nadie lo sabes Cintia...¿cuánto hace que estás sola?. - ¿Cuánto hace que tú estas solo?. La homosexualidad de William era conocida, aunque nadie se refiriera directamente al tema. El sonrió, ladino. - Touche...terminemos el capuchino en paz...pretendo mantener nuestra precaria amistad. Cintia terminó el capuchino, pensativa...¿Flavia gay?....era increÃble...no daba con el tipo...no lucÃa como un hombrecito...además no habÃa notado nada extraño en ella...¿gay?....claro que si William lo decÃa, serÃa cierto....aunque malicioso, él era incapaz de decir algo falso sobre una persona.
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Cintia salió a correr muy temprano ese sábado, estuvo desvelada en la noche y la mejor forma de correr el cansancio era correr. En un segundo de distracción tropezó y cayó, sintiendo que su tobillo se torcÃa. Al intentar ponerse en pie se dio cuenta que su tobillo no se lo permitÃa. Estaba sentada en la vereda masajeándose el pie cuando la voz suave preguntó: - ¿Puedo ayudarte?. Levantó la vista y vio a Flavia, arodillada junto a ella con gesto preocupado. Notó esta vez los inmensos ojos azules que tenÃa, y el tono del cabello, un rubio oscuro casi castaño. - Creo que me lastimé el tobillo. - Te ayudo a ponerte en pie. Cintia asintió. Se apoyó en los brazos de Flavia, que mostró tener una considerable fuerza para su estatura...si alguien las viera....se sonrojó de pensarlo. Intentó dar un paso y solo que Flavia fuera muy rápida para sujetarla impidió que cayera. - Tengo el auto cerca...te llevo a casa. - No, deja, llamo a un taxi.... - ¿Crees que te dejaré ir en taxi?. ¿Quién te va a ayudar a entrar?. Yo te llevo. Cintia se dijo que necesitaba ayuda en ese momento....¿qué mas daba que Flavia fuera gay?. Se apoyó en ella. - No estamos lejos de casa, no será necesario el auto. Una vez en el apartamento de Cintia, Flavia preparó dos bolsas plásticas con hielo, una silla, puso el pie de Cintia en alto con las bolsas a ambos lados del tobillo, y unos almohadones detrás de la espalda. - ¿Quieres algo más?. - Tengo un antIInflamatorio en el baño...se llama Perifar Flex, traéme uno por favor. Flavia trajo el medicamento y Cintia tomó una pastilla. - ¿Quieres llamar a un doctor?. - No, gracias...ya has hecho suficiente por mÃ. - ¿Es mi impresión o no te simpatizo? preguntó Flavia. Era evidente que Cintia se sentÃa molesta de su presencia en esa casa. Cintia se ruborizó....se estaba portando horrible con Flavia, y ella solo se desvivÃa por ayudarla. - No es que no me simpatizes...solo que no te conozco bien, y temo que soy demasiado celosa de mi casa...discúlpame, sé que estas aquà porque yo necesito ayuda...pero me siento rara. - ¿Alguien te ha dicho cosas sobre mÃ?. ¿Acaso William?. No quiero que me juzgues sin conocerme...no conozco a nadie en esta ciudad, y si William se ocupa de predisponer a las personas en mi contra quiero saberlo. - No, no es asà Flavia...te agradezco mucho tu ayuda, y no estoy predispuesta negativamente hacia ti...solo que creo que no es buen momento...estoy dolorida y eso me pone de muy mal humor. - Bueno...me voy entonces, creo que quieres estar sola....cuida ese pie ¿sÃ?. - Me cuidaré, de verdad lo haré. Vio irse a Flavia sintiéndose extraña. Flavia se habÃa comportado muy bien con ella, y lo que habÃa hecho todo el tiempo era alejarla por lo que William le habÃa contado...comportándose como una homofóbica, actitud que siempre habÃa detestado. Debido a su trabajo trataba con gays todos los dÃas...y jamás se habÃa portado tan discriminatoria como lo habÃa hecho esa mañana. ¿Qué derecho tenÃa ella a discriminar a Flavia por gay....si estaba segura de que si todos supieran que Cintia Montesinos, la exitosa directora de relaciones públicas de la GalerÃa Beta era aún virgen también la mirarÃan de modo raro y dirÃan cosas extrañas?. Tomó el teléfono...Cintia tenÃa razón, era mejor llamar a un doctor...el tobillo comenzaba a dolerle seriamente...y además un par de dÃas sin ir a la GalerÃa le vendrÃan bien.
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Flavia desocupó la última caja y suspiró aliviada. Era la cuarta mudanza de su vida...la primera fue de casa de sus padres a la pensión en Buenos Aires. Conoció a Eva en la Universidad donde ambas tomaban clases de periodismo, ambas estudiantes no muy adineradas y del interior del paÃs, simpatizaron de inmediato y se hicieron amigas. Eva se mudó a la pensión donde Flavia paraba, ya que era mejor que el lugar donde ella estaba alquilando...Flavia nunca imaginó que se enamorarÃa de esa chica morochita y menudita...no recordaba como comenzó la magia entre ellas. Eva ya tenÃa experiencias previas con mujeres, en tanto para Flavia fue la primer mujer de su vida...pero no la culpaba de nada...en cierta manera habÃa sido ella quién habÃa propiciado el primer encuentro entre ellas, queriendo investigar porque Eva la emocionaba tanto. Eva descubrió pronto que no tenÃa madera de periodista, y mas práctica que Flavia, consiguió un empleo en un banco que les permitió alquilar un pequeñÃsimo apartamento y abandonar la pensión. Flavia terminó su carrera de periodismo, y consiguió empleo en una revista de actualidades en una radio. VivÃan en relativa calma, la una para la otra, no frecuentaban lugares de ambiente ni tenÃan muchas amistades gay. Eva obtuvo un préstamo en el banco y compraron un coqueto apartamento en otro barrio, mas grande y a pagar en plazos...con las entradas de ambas les daba para soportar eso y tener una buena vida. La tragedia se desencadenó poco después de mudarse al apartamento. Un par de ladrones entraron al banco donde Eva trabajaba...armados y totalmente drogados, se enfurecieron porque Eva no sabÃa la combinación del cofre de seguridad...y la mataron a tiros. La familia de Eva, que durante todos esos años apenas se habÃa limitado a escribir para Navidad, aparecieron de pronto...despojaron a Flavia de los cuadros, los discos, la ropa, los muebles....y hasta del apartamento de Eva, ejerciendo sus naturales derechos de sucesión. Flavia se encontró de pronto sin su compañera de vida, sin casa, y sin siquiera poder conservar algo que le recordara a esa mujer con la que habÃa compartido tantos años. Fue desvastador. Durante muchos meses vivió en la abulia, refugiada en casa de una buena amiga...hasta que decidió que lo mejor era alejarse de Buenos Aires a un lugar totalmente diferente. Movió sus contactos y encontró empleo en el "VigÃa". Mas lejos de esa ciudad donde habÃa sufrido tanto no podÃa estar. Pero no era fácil hacer amigos en esa ciudad...y lo serÃa menos si William contaba su propia versión de la historia que habÃa atravesado. - "Estoy segura que William le contó a Flavia...por eso trataba de correrme de su casa a como diera lugar...¿será ella una anti gay?. Pero si trabaja con arte...vamos, todos sabemos que entre los artistas abundan los gays....en fin, no dejaré que esto me venza...si superé la pérdida de Eva, puedo superar casi todo en la vida." El teléfono la asustó...casi nadie conocÃa ese número, salvo que fueran sus padres. Levantó el tubo después de dejar unos libros en la mesilla. - Diga. - ¿Es Flavia Grandi?. - Sà respondió dubitativa, no reconocÃa la voz femenina...seguramente alguien de la redacción del "VigÃa"...pero si habÃa entregado todo antes de irse ¿Quién habla?. - Cintia Montesinos. - Vaya, no recuerdo haberte dado mi número de teléfono fue lo único que se le ocurrió comentar mientras se sentaba junto al aparato. - No me lo diste...yo lo averigue...espero que no te moleste. - No, claro que no...¿te sientes mejor?. - SÃ, gracias...Escucha, fui muy desagradable contigo ayer...estoy sola en casa....y pensé que tal vez te gustarÃa cenar conmigo...claro que tendrÃas que venir aquÃ, el médico me ha ordenado reposo dentro de lo posible. Flavia estaba sorprendida...no comprendÃa la actitud de Cintia...aunque la voz sonaba sincera y quizás sà estaba arrepentida de cómo le habÃa tratado el dÃa anterior. Y después de todo...le estaba dando una muestra de amistad que no podÃa darse el lujo de rechazar, no conocÃa a nadie en esa ciudad. - Esta bien....acepto. Fue al baño para bañarse y prepararse a ir a la casa de Cintia.
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Cintia fue a abrir apoyándose en un bastón, preguntándose si habÃa sido una buena idea invitar a Flavia a su casa...pero ya era demasiado tarde. Flavia se veÃa rara vestida con jeans, zapatillas deportivas y un swater rojo, lejos de la imagen profesional que siempre ostentaba....bueno, ella también llevaba jeans, estaban disfrazadas "de domingo". - Llegas rápido dijo Cintia despés de besar ligeramente la mejilla de Flavia a modo de saludo. - No tengo una vida social muy agitadas...asà que pude cancelar mis compromisos para venir a cenar contigo. - ¿Estás molesta conmigo?. - No, claro que no...eres la primer persona de esta ciudad que me da una muestra de amistad...debo agradecerte la invitación Cintia. Desde que llegué aquà me he sentido muy sola, y rechazada por todo el mundo. - Temo que contribuà a hacerte sentir mal...no soy esa chica detestable que encontraste con un tobillo lastimado en el parque....detesto estar en inferioridad de condiciones, y eso me hace ser desagradable...¿qué tomas?. - Mira Cintia...si no te molesta, creo que es mejor que te sientes y yo me haga cargo de la bebida, si me dices donde queda la cocina. - Gracias...odio confesarlo, pero el tobillo esta muy molesto....es la puerta de la izquierda. Sonrieron, cómplices. Flavia fue a la cocina y trajo un par de latas de cerveza que encontró en el refrigerador. Se quitó el sweater, quedando solo con una camisa blanca muy sencilla y se sentó en una silla frente a Cintia. - ¿Y cuántos dÃas de reposo te dieron por ese tobillo?. - Una semana...Gregorio se volverá loco...pero creo que lo superará. - ¿Y quién va a cuidarte?. - Me cuido muy bien sola...lo he hecho desde que dejé la casa de mis padres. - ¿Y tus amistades?. - No tienen tiempo Flavia...viven en una locura aún mayor que la mÃa. - Es el precio respondió Flavia. Cintia la miró sin comprender. - ¿El precio de qué?. - Somos mujeres independientes, con éxito en nuestros trabajos, cierta solvencia económica..pero estamos solas...me asusta. Cinta se removió inquieta en el sillón y Flavia se dio cuenta que su comentario ponÃa inquieta a su anfitriona. Bebió un largo trago de cerveza...durante unos minutos el silencio fue tenso, y Cintia lo interrumpió. - ¿Y tu familia?. - Viven en Mendoza...mis padres...mi hermano mayor esta en Los Angeles, hace años que vive allá, tengo un par de sobrinos que conozco solo por fotos..mis padres son muy sencillos, me aman y me aceptan todo lo que hago. Les quiero mucho. - Mis padres están en Florida...se mudaron allá cuando papá se retiró....que par de locos ¿verdad?...tienen una casita cerca de una playa...mis hermanas también están allá, en Miami...viven en el mismo vecindario....se casaron con unos primos, sudamericanos ellos también, asà que mis sobrinos tienen todos el mismo apellido. - ¿Y que pasó contigo?....rompes una especie de tradición familiar. - Mi madre dice que tengo el corazón duro....y no me gusta vivir en USA. - ¿Nunca te has enamorado?. - No he tenido tiempo. Desde pequeña tenÃa en claro que querÃa ser alguien...ser mas que mi madre, que es una excelente mujer, pero sin mas ambición que cuidar de su esposo y sus hijas. Cuando logré lo que querÃa...me di cuenta que no podÃa formar pareja...soy una solitaria. - No puedo creer eso Cintia, eres una persona muy simpática. - ¿Y aún piensas eso?. Te traté de un modo terrible ayer. - Pero lo has remediado y tienes la grandeza de aceptar tus fallas, cosa que no mucha gente hace. - Yo no puedo enamorarme...no soy capaz....salgo con un hombre y a la tercer cita pierdo el interés...lo único que buscan es acostarse con una lo antes posible..me indigna....y creo que esta cerveza me está haciendo hablar demasiado dijo Cintia al darse cuenta que la conversación estaba tomando rumbos demasiado Ãntimos...¿qué clase de conversación era esa para mantener con alguien a quién apenas conocÃa?. ¿Y que además...tenÃa otra opción de vida?. - Cintia..no voy por la vida haciéndome ideas raras no te preocupes...sé que William debe haberte dicho algo sobre mÃ...y te pido que no me prejuzgues. Necesito amigos... no creas que no puedo entender nada de lo que me dices. En la Universidad también salà con chicos, aunque no lo creas....era yo muy popular...salÃa con chicos guapos. - ¿De verdad?. - ¡Claro que sÃ!. A ver...déjame recordar...Diego un aspirante a jugador de fútbol que pasaba el tiempo fingiendo estudiar...Carlos que era el mozo del bar donde Ãbamos con mis compañeros todas las mañanas...Bernardo que iba un año mas adelante que yo en la carrera....y MartÃn, hijo de un ricachón porteño....realmente insoportable pero guapÃsimo y con mucho dinero...¿otra cerveza?. - Claro...y cuéntame que pasó... Flavia trajo un par de cervezas mas desde la cocina. - No hay mucho que decir...ninguno duró mas que un par de meses...en cuanto se daban cuenta que no me irÃa con ellos a la cama perdÃan el interés y me plantaban. - ¿No te enamoraste de ninguno?. - No..en realidad...a la segunda o tercer salida ya me daba cuenta que la relación no prosperarÃa...pero no querÃa verlo...asà que seguÃa hasta que ellos me dejaban...y cuando eso sucedÃa....¡¡daba gracias a Dios por liberarme de semejante plomazo!!. Ambas rieron ruidosamente...Cintia porque nadie mejor que Flavia habÃa descrito lo que sentÃa cuando salÃa con algún hombre. Flavia sintió que habÃa ganado algo de la confianza de Cintia, de algún modo habÃa logrado acercarse. - Eres graciosa y sabes describir muy bien lo que sientes...admiro eso. - ¿Por qué?. - Siempre he sido incapaz de ponerle palabras a mis sentimientos...puedo hacer lo que sea en mi trabajo, soy muy buena en eso...pero no sé decir lo que llevo dentro. - Te da miedo. - Soy cobarde, lo admito...¿quieres ver la cena?...esta en el horno...ya debe estar lista. Flavia fue a la cocina. La carne ya estaba lista, asà que cortó dos trozos, puso las papas, trajo los platos al comedor, luego la soda y el vino. Cintia caminó con dificultad hasta la mesa y se acomodó. - ¿Me dejas poner música?....es que como siempre como sola, me he acostumbrado a la música. - Claro, no hay problema. Flavia eligió una estación donde pasaban oldies y tomó asiento frente a Cintia, que terminó con el contenido de su plato con una rapidez soprendente. - ¿Siempre comes tan deprisa?. - SÃ...es que nunca tengo compañÃa...y me parece perdida de tiempo demorar...lo siento, creo que te dejé comiendo sola. - ¿No te hace daño? - No....siempre he comido asà de rápido. Flavia sonrió vagamente...con un dejo de tristeza...Eva solÃa comer de ese modo también, era un manojo de nervios, el engullir la comida era un ritual..se sirvió un poco de vino. - ¿Por qué te has puesto tan seria?. Disculpa....no quise apurarme... - No fue por eso...es que recordé algo que me puso triste...hablemos de algo. Cintia adivinó que Flavia estaba recordando a su chica..y no supo que hacer. Se morÃa de ganas de preguntarle sobre ella...de curiosidad por saber cómo habÃa sido la compañera de Flavia...le parecÃa desagradable preguntar, pero se morÃa por saber. - "Creo que tomé demasiado...serÃa de muy mal gusto preguntarle....y si continúo bebiendo terminaré pensando que Flavia es atractiva...nada mas mira que ojazos azules." No conversaron mucho mas el resto de la cena...Cintia observaba a Flavia, que habÃa quedado con un aire triste y como ausente. Al terminar la cena Flavia lavó los platos para evitarle molestias a Cintia y hasta dejó todo guardado. - Eres increÃble...te invito a cenar y haces todo... - No me molesta Cintia. - Me hace sentir mal...vaya anfitriona soy. - La próxima cena será en mi casa..en cuanto mejores. - Claro Flavia...y gracias...eres una agradable compañÃa. - También tú lo eres.
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Un par de semanas después Cintia estaba totalmente repuesta. La galerÃa tenÃa su actividad habitual, engulliendo a Cintia y a su tiempo. Recordó que no habÃa vuelto a hablar con Flavia cuando la vió entrar a la galerÃa. Fue hacia ella, sonriendo pero sintiéndose culpable. Se rozaron la mejilla con un beso. - Me alegra ver que estás totalmente recuperada. - SÃ...tengo buenos huesos..¿cómo has estado?. - Bien...creo que me habituaré a la ciudad. William se irá el próximo mes y quedaré a cargo de la columna...asà que eso me afianza en el trabajo...lo demás pues me iré habituando. - Te felicito. - Gracias. - Cintia...Gregorio esta nervioso y te necesita dijo Nataniel, llegando junto a Cintia y rodeándola por la cintura...se detuvo al ver a Flavia - ¿Y quién es esta belleza?. - Flavia Grandi, del "VigÃa"...pórtate bien porque tomará el puesto de William...este e Nataniel Gómez....mi pseudo ayudante, mas payaso que otra cosa. - Es un placer conocerla dijo Nataniel, inclinando ligeramente la cabeza...Flavia reconocÃa esa mirada, ese hombre se habÃa quedado impresionado con ella Cintia, el jefe te espera dijo Nataniel, queriendo tener la oportunidad de estar a solas con Flavia. - SÃ, voy...¿me esperas Flavia?. - Claro. En cuanto Cintia se alejó, Nataniel comenzó a desplegar sus artes de seducción. Esa reportera era justo el tipo de mujer que le gustaba...bah, en realidad todas las mujeres eran su tipo. - Asà que en el "VigÃa" ¿eh?. - SÃ, llevo poco en la ciudad. - PodrÃa mostrarte algunos lugares interesantes...soy el mejor guÃa que puedas conseguir. - ¿Ah sÃ? respondió Flavia con desinterés. Nataniel no era tonto...de inmediato se dio cuenta que su estrategia no estaba resultando. - ¿Piensas que soy un presuntuoso?. - Si no lo eres....haces grandes esfuerzos por parecerlo. - No lo soy...dame una cita y te lo demostraré. - Bromeas...pero quizás lo considere. Flavia regresó en ese momento y oyó la última frase. ConocÃa a Nataniel...sabÃa que tenÃa suerte con las mujeres...hasta con ella se habÃa lanzado muchas veces, a pesar de llevar mucho tiempo trabajando juntos...pero...¿convencer a Flavia?. La idea no le gustó. - ¿Saldrás con Nataniel?. - No lo sé...necesito conocer un poco la ciudad...y un hombre que quiere impresionar a una mujer es un buen guÃa..tal vez acepte una salida. - Mira que es muy rápido...peligroso...te convence con facilidad. - ¿Lo dices por experiencia propia? preguntó Flavia, picada por la curiosidad. - Jamás...soy su jefa, no es lo correcto...no puedes salir con un subordinado. - ¿Sabes que te apegas demasiado a las reglas?. Bueno...eso no importa...yo vine aquà para invitarte a cenar...mañana, en mi casa...me corresponde jugar de local en esta ocasión...a las 20 horas. Cintia volvió a dudar antes de aceptar la invitación...pero le pareció incorrecto no aceptarla. Flavia habÃa tenido que molestarse en buscarla, después de lo amable que habÃa sido...no, no era correcto hacerse rogar. - Claro, dame la dirección. Flavia le dejó una tarjeta y se fue de la galerÃa. Apenas cruzó la puerta Nataniel se acercó a Cintia. - ¿Cómo es que no me presentaste antes a semejante preciosura?. - ¿Puedes calmar a tus hormonas?. - Es una belleza....que piernas...y que ojos...háblale bien de mÃ...si me acepta una cita, no le dejaré escapar. - No creo que la conquistes. - ¿No confÃas en mÃ?. Cintia no respondió. ConocÃa a Nataniel...pero también conocÃa a Flavia...no creÃa que fuera ese tipo de lesbiana que cada tanto tiene un "desliz" con un hombre....pero eso era algo que no le explicarÃa a Nataniel.
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Flavia se esforzó en la cocina...pollo con salsa de champignones, ensalada rusa, postre...vino importado. Cintia llego temprano, antes de la hora que habÃan acordado. Llevaba un vestido negro muy sencillo y cómodo, y unos zapatos bajos negros. Flavia llevaba jeans y una remera azul que le venÃa algo grande....aún no se habÃa cambiado de ropa, pero ya no podrÃa. - ¿Es muy temprano? - No, no...es mejor, nos da tiempo de hablar. - ¿Me permites ir al baño?. - Claro..tienes que entrar al dormitorio...por esa puerta..las luces están a la derecha. Fue al baño, y al salir recorrió el dormitorio con la mirada. Estaba coquetamente arreglado, muy ordenado...sobre la mesa de noche habÃa una foto...Flavia con una chica morocha y delgadita...esa debÃa ser su chica...la que murió. Miró el rostro de Flavia...se veÃa feliz en esa foto, ambas sonriendo. La voz de Flavia le hizo tomar conciencia que estaba tardando demasiado. - ¿Te sirvo vino?. - Sà respondió, apurándose a salir del dormitorio. FlavÃa tenÃan unos tentempiés preparados sobre la mesa centro. - ¿Estas bien?. - Claro...estaba curioseando, perdona.... - No te avergüences...mi presupuesto para decoración es reducido...es la primera vez que preparo un lugar sola, creo que no quedó tan mal. - Es un bonito lugar. - Come algo...el pollo tardará. Tomaron asiento una junto a la otra. - ¿Te llamó Nataniel?. - Mas que eso...me mandó un ramo de rosas al "VigÃa"·. - ¿Saldrás con él?. - Cintia...si él te interesa yo no acepto su invitación...sabes que a mi tanto me da, solo quiero conocer un poco la ciudad.... - ¿Cómo piensas que me gusta Nataniel?. Flavia se quedó mirando a Cintia, confundida...¿entonces por qué tantas preguntas?. SabÃa que Cintia no era gay, asà que su interés no podÃa estar centrado en ella...tenÃa que estar interesada en Nataniel, y celosa además. - Quizá salga con él...y como ya te dije no hay mejor guÃa que un hombre queriendo impresionar a una mujer. Cintia estuvo a punto de ofrecerse a mostrarle la ciudad, pero se mordió la lengua. ¿Qué querÃa hacer?. ¿Qué Flavia pensara que estaba interesada en ella?. - "No soy una de ellas...serÃa injusto ilusionarla". - ¿No te gusta el vino? preguntó Flavia, que estaba observando atentamente las reacciones de Cintia...un poco desconcertada. Si algo conocÃa esa expresión eran celos. - SÃ, solo que bebo despacio....digo tonterÃas cuando bebo, asà que me cuido. - Por mà no te limites..nada de lo que digas hará que te pierda estima..eres la primer persona que se ha mostrado amigable conmigo en esta ciudad. - ¿No dejarÃas de estimarme ni aunque supieras algo vergonzoso?. - ¿Y que podrÃas hacer tú de vergonzoso?...vamos Cintia...eres la mujer perfecta. - Y virgen confesó Cintia, apurando luego el resto del vino de la copa de un solo trago. No supo porque le dijo eso a Flavia, en ese momento...nadie lo sabÃa...ni su propia familia. Todo el mundo daba por descontado que tenÃa experiencia sexual, a su edad era lo esperado. Flavia se sentó junto a Cintia..no sabÃa que decir...era evidente que ese hecho representaba para Cintia no solo un problema, sino algo que la avergonzaba. - ¿Nunca....? - Nunca. No he podido...me da asco el solo pensarlo. - ¿Asco?...ay, perdona...parezco un loro repitiendo lo último que tú dices...no debes preocuparte. Tendrás tiempo. - Casi tengo 30 años Flavia...todo el mundo a mi edad ya tuvo sus experiencias...y con varias personas...me siento un bicho raro. Me da miedo....miedo de ser insensible, de nunca poder enamorarme ni disfrutar de una sexualidad normal. - No es algo tan tremendo mujer...cuando te enamores será el momento y perderás el miedo... - ¿Y si jamás me enamoro?. - Lo harás...a todas nos pasa....y cuando te enamores, querrás demostrar tu amor. - Estoy avergonzada...es la segunda vez que compartimos una cena y te cuento algo tan...estúpido y vergonzante.... - Cintia...está bien...me enorgullece que confÃes en mÃ...trataré de hacerme merecedora de esa confianza. - ¿Te acostaste con un hombre alguna vez?. La pregunta dejó de una pieza a Flavia, por inesperada. - Una sola vez...con Bernardo...y prefiero no recordarla...fue un desastre. Todo sucedió tan rápido que ni me enteré...era un verdadero patán el señorito. Cintia sonrÃo ante el gesto que acompañó la descripción de Flavia. Recostó la cabeza en el hombro de Flavia por un momento, olvidando lo que sabÃa de ella, buscando protección. Flavia le acarició el cabello. - Solo sigue a tu corazón..la felicidad está en los lugares y las personas que una menos imagina. - ¿Fuiste feliz alguna vez?. - Lo fui...mucho..pero te escandalizarÃas si te cuento y quiero que sigas siendo mi amiga...¿vas a decirme que tú nunca te sentiste feliz?. - Pensé que lo serÃa cuando estuviera asentada...ahora lo estoy y me mato trabajando y me doy cuenta que me falta algo...y no sé que es, mi como remediarlo. Flavia sintió unos violentos deseos de besarla...tuvo que ejercer un fuerte autocontrol, recordar que le habÃa costado mucho acercarse a Cintia y que hacer eso significaba ponerse en el lugar de obsesa sexual que siempre le atribuÃan a las mujeres lesbianas. Cintia se sentirÃa acosada, aprovechada en su buena fé y seguramente no volverÃa a mirarle la cara. - "Me está pasando de nuevo...creà que al perder a Eva jamás me pasarÃa de nuevo...me siento viva." - ¿Piensas en ella a menudo?. - ¿En quién? respondió Flavia, alejándose de Cintia para no perder los estribos. - William me contó...y vi la foto en el dormitorio...no es la primera vez que pones cara extraña... - Ella era Eva. Conoces el final de la historia. La mataron a tiros unos asaltantes...perderla me trajo a esta ciudad...sufrà una grave depresión, la perdÃa a ella, a nuestra casa.....a sus cosas....fue como si me la mataran dos veces....una los asaltantes, la segunda vez fue su familia...pero tenÃa que seguir viviendo...mas que nadie por ella, que siempre me decÃa que la vida era una aventura digna de ser vivida...no podÃa desilusionarla dejándome vencer. - ¿Crees que la olvidarás algún dÃa?. - No olvidas a quién amaste...vivà años con ella..nos amábamos tanto...estábamos tan bien juntas, nuestras amigas nos envidiaban...éramos la pareja perfecta...disculpa si te escandalizo. - No, no....quiero saber, entenderte...no te juzgo, lo prometo. - No lo entiendes si no lo vives, pero agradezco tu esfuerzo...Eva era genial. No merecÃa morir en esa forma...la gente tampoco ayudaba allá. Piensan que las lesbianas somos promiscuas y que en poco tiempo yo olvidarÃa a Eva y me enredarÃa con alguien mas...no fue asÃ. - ¿Crees que podrás rehacer tu vida algún dÃa?. - No lo sé...si encuentro a una mujer que me conmueva nuevamente quizás....Cintia.... - ¿Qué?. - Creo que se quema nuestra cena respondió Flavia, corriendo a la cocina...una pequeña mentira para distraer la conversación, que estaba yendo por senderos escabrosos. No querÃa seguir hablando de Eva..le parecÃa una falta de respeto...porque estaba sintiendo cosas por Cintia. Compartieron la cena hablando de mil y una tonterÃas, riendo, Cintia se puso un poco borracha y al fin se durmió en el sillón mientras Flavia lavaba los platos. Flavia se quedó viéndola desde la puerta de la cocina. - "Tan fuerte en la galerÃa...con fama de manejar todo con mano de hierro...tan frágil en tu vida...necesitas a alguien Cintia". Fue hasta el dormitorio a buscar una manta para cubrir a Cintia. Se detuvo frente a la foto que tenÃa en la mesilla de noche...recorrió el rostro de Eva con un dedo...recordó una frase que Eva siempre le murmuraba al oÃdo: - "Lo único que quiero es verte feliz Flavia". Regresó al living con la manta y cubrió a Cintia. Se preparó un té y ocupó la berger frente a Cintia. - "SerÃa capaz de enamorarme de nuevo..y es un disparate. No es como yo...serÃa un desatino. Sé que a ella le gusta Nataniel...por eso pregunta tanto si saldré con él...jamás se fijarÃa en una mujer. Tiene un miedo terrible a relacionarse, pero eso no la convierte en lesbiana...regla número uno Flavia...nunca te fijes en una buga. Te hará sufrir...y has tenido suficiente sufrimiento en los últimos años". SorbÃa el té con lentitudo. Recordó lo que sintió al darse cuenta que Eva le atraÃa mas que cualquier chico que conocÃa...lo que habÃa sentido cuando Eva le confesó que era lesbiana...el deseo que la invadió cuando estuvieron juntas por primera vez...el primer beso, que Flavia buscó. - "Yo no era lesbiana entonces...es mas, no habÃa pensado en eso jamás...y vivà mas de nueve años con Eva..mas de lo que dura un matrimonio heterosexual hoy en dÃa. Pero soy consciente que Cintia no siente lo que yo sentÃa...ella está en el otro lado de la acera....y jamás cruzará". Cintia se despertó desorientada, sin recordar donde estaba. Solo al ver a Flavia recobró el control...bajó los pies del sofá, ruborizada. - Me dormÃ...que tonta. - Creo que fue demasiado vino con la cena. - Será tardÃsimo....y yo sin auto.... - Te llevo a casa....vamos, no pongas esa cara....a esta hora nadie nos verá. - No me importa lo que digan. - Me alegra eso...porque me agrada ser tu amiga y no pienso perderme ese placer...anda vamos. La dejó en casa y se aseguró de verla entrar al edificio. Era agradable tener de nuevo alguien a quién cuidar...ya estaba olvidando lo bien que se sentÃa hacerlo.
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Nataniel le alcanzó una taza de café, sonriendo de oreja a oreja....habÃa estado extraño toda la mañana, pero Cintia no le habÃa hecho mucho caso. Al fin soltó la noticia. - Saldré con tu amiga. Cintia miró a Nataniel, sorprendida. Dejó la taza en la mesilla baja...la mano le temblaba un poco y no querÃa que Nataniel lo notara. - ¿Con Flavia?. ¿Saldrás con Flavia?. - SÃ...hoy en la noche...será fantástico...¿no te contó nada?. - No..no le he visto hace unos dÃas...no te portes como un patán con ella Nataniel. - Me portaré como ella me deja Cintia...voy a atender. Nataniel se alejó a atender a un cliente y Cintia le vio alejarse, sintiéndose rar...no querÃa que Flavia saliera con Nataniel. ¿Por qué diablos tenÃa que meterse ese patán entre ellas?. - "Cálmate Cintia...seguirá siendo tu amiga...eso no cambiará. Es una barbaridad sentir celos...Flavia tendrá ganas de conocer un poco de vida nocturna, y tú no tienes idea de donde se va de noche....déjala salir con Nataniel". Gregorio se acercó. ConocÃa bien a Cintia...llevaban mucho tiempo trabajando juntos en la galerÃa, y como ambos eran solitarios, trataban de acercarse el uno al otro. Se sentÃa un poco como el padre de Cintia. Le pasó un brazo sobre los hombros. - ¿Pasa algo mon cherie?. - Nada Gregorio. - Estás preocupada y triste, conozco esa expresión. - No es asÃ. - ¿Nataniel saldrá con esa amiga tuya?. - SÃ. - ¿Te interesa Nataniel?. Cintia se rió con ganas...esto se estaba poniendo de cabeza..se acercó a Gregorio y lo besó en la mejilla. Si no fuera gay, Gregorio hubiera sido un excelente padre. - Gracias por preocuparte por mà Gregorio. - ¿Sabes que eres una mujer muy complicada?. - Lo sé...vivo con lo que hay en mi cabeza y en mi corazón a diario. - ¿Y cuando pondrás en orden todo eso?. - Cuando tú me dejes tiempo para hacerlo. - Vamos, no me culpes....mirá, nuestro genio ha llegado. León fue directo a saludar a Cintia. Su obra se estaba vendiendo mas que bien....acabarÃa volviéndose rico a ese ritmo, y sabÃa que se lo debÃa a Cintia. Le besó en ambas mejillas. - ¿Cómo esta mi mecenas el dÃa de hoy?. - Bien León...¿qué te trae por aquÃ?. - Invitarte a cenar..y a bailar....hoy vendiste mi vigésima obra...quiero festejar este milagro con quién lo hace posible..y no acepto negativas..¿a que hora paso por ti?...usaré traje si es necesario...hasta me afeitarÃa. Cintia observó a León. Su aspecto habÃa mejorado desde que eran los managers de su obra. El cabello mas corto le sentaba, y la barba desordenada habÃa quedado atrás, ahora usaba una barbita candado que le quedaba bien...era un hombre guapo...y un genial pintor. - ¿A las siete?. - Bien...ponte bonita...te llevaré a un lugar muy elegante.
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El lugar no solo fue elegante, sino carÃsimo...León parecÃa un prÃncipe con su traje azul oscuro y la camisa gris...conversaba con tal soltura que Cintia descubrÃa a otro León, no al bohemio pintor. Después de la cena la llevó a una discoteca muy exclusiva y soltó un par de billetes para que les dejasen entrar. Evidentemente estaba decidido a impresionarla....León sostenÃa la teorÃa de que si impresionas a una chica puedes conquistarla. - Bien mujer...a bailar...no hago esto desde la secundaria. - ¿También bailas?. - Puedo hacerlo todo Cintia....¿no dicen los periódicos que soy un genio?. Una vez en la pista, bailando temas que solÃan bailar ambos en su época de secundaria, Cintia recordó porque el baile habÃa sido una de sus grandes distracciones. León era un excelente compañero de baile, tanto que cuando la música cambió y León la enlazo por la cintura no se opuso....la estaba pasando tan bien que querÃa sentir algo más...querÃa sentirse conmovida por ese hombre...quizás si sentÃa su perfume, el calor de su cuerpo, si lo abrazaba podÃa ocurrir..sentir deseo por él. Apoyó su mejilla contra la de León, que usaba una colonia suave y se propuso relajarse. Fue entonces cuando vio a Nataniel y Flavia, bailando muy cerca de ellos, también abrazados. - "Pero...¿qué es esto?". Nataniel besó ligeramente a Flavia en los labios, y ella no le rechazó. - "¿Qué diablos haces Flavia?....Nataniel se acuesta con todas...¿y no que a ti te gustan solo las mujeres?. " - ¿Qué pasa Cintia?. - Nada León...¿por qué?. - Has perdido totalmente el paso...pareces disgustada. - ¿Por qué habrÃa de estar disgustada?. - ¿Quizás porque Nataniel está con otra mujer?. Flavia ocultó su cara en el pecho de León, para que él no notara su expresión fastidiada. Si esto continuaba hasta Nataniel pensarÃa que ella estaba interesada. ¿Qué cara pondrÃa León si le dijera que lo que le molestaba era ver a Flavia en brazos de otro hombre?. - ¿Por qué crees que me gusta Nataniel?. - No dejas de ver hacia donde él esta. - Es una idea tuya...no me interesa Nataniel. Desvió la cabeza para verlos mientras lo decÃa...Nataniel parecÃa estar diciendo algo muy gracioso, porque Flavia reÃa mucho y él se acercaba y tocaba su mejilla. ¿Cómo Flavia se lo permitÃa?. - Lo ves....lo estás haciendo de nuevo. Cintia miró a León..no parecÃa disgustado, sino mas bien divertido. ¿Acaso no era un artista loco?. Solo asà podÃa comprender que no sintiera celos al no ser el centro de atención, después de todo lo que habÃa hecho para impresionarla. - ¿Y si lo admito...que me gusta otra persona a pesar de lo amable que has sido conmigo?. - Diré que eres una gran tonta si permites que te quiten lo que quieres. Cuando a mà me interesa alguien, voy y se lo digo. Solo puedes recibir un no...pero al menos lo habrás intentado. - Me asusta mucho. - ¿Una mujer como tú asustada?. No lo creo...bailemos esta noche...y mañana vas y tomas las riendas de tu vida, que ya es tiempo.
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No se detuvo a pensar si era demasiado temprano cuando tocó el timbre. Cuando no duermes en toda la noche, no te das cuenta. Tampoco piensas que es sábado y que la gente que no trabaja suele dormir hasta tarde...sobre todo cuando ha trasnochado la noche anterior. Ni piensas que esa lluvia torrencial invita a domir. Recién al cuarto llamado la voz somnolienta de Flavia respondió. - Diga... - Soy Cintia. - Sube. El sonido del portero le granjeo la entrada. Subió al tercer piso. Flavia ya habÃa abierto la puerta. Llevaba una bata a cuadros y tenÃa el cabello revuelto. Cintia cerró la puerta..de pronto cayó en la cuenta de que eran las siete de la mañana. Al acercarse a saludar a Flavia sintió el perfume de Nataniel en la bata. - Si preparas el café te perdono el hacerme levantar a estar hora. - Mejor me voy y te dejo dormir. Flavia le detuvo por el brazo...Cintia se veÃa extraña, como muy vulnerable...y alguna buena razón la habÃa impulsado a ir a verla a esa hora. - No te vayas...prepara el café..y quÃtate ese abrigo...que llenas toda la sala de agua. Voy a vestirme. Cintia obedeció. Al ir hacia la cocina vio colillas de cigarillos de la marca que Nataniel fumaba en el cenicero. Preparó el café sintiéndose furiosa...¿cómo le habÃa permitido subir?. Al volver a la sala con los dos jarros Flavia ya estaba vestida. - Dame ese café o me duermo de nuevo...¿qué pasa Cintia?. - ¿Qué diablos hacÃas anoche con Nataniel?. - ¿A qué te refieres?. - Dejaste que te besara...lo dejaste subir. ¿Qué crees que haces?. - Hey...¿por qué tan enojada?. Dijiste que no te interesaba Nataniel..entonces....puedo salir o hacer lo que sea con él. - ¿Dormiste con él?. Flavia dejó el jarro sobre la mesa. Cintia estaba descontrolada...si hubiera sabido que se pondrÃa tan mal, no habrÃa aceptado jamás la invitación de Nataniel. Estiró el brazo para tomar el brazo de Cintia, pero la otra mujer se apartó.....sÃ, estaba furiosa, no habÃa duda. - Creo que debes calmarte. - Tu bata huele a su perfume...hay colillas y tú no fumas..¿pasó la noche contigo?. ¿Te olvidaste de lo que eres... y te acostaste con él?. - Cintia...su auto se averió mientras me traÃa a casa. Se empapó y le dejé subir. Le presté mi bata mientras buscaba alguno de mis buzos deportivos que le quedase bien, se tomó un café, se fumó un par de cigarillos....pretendió quedarse y no le dejé. No entiendo Cintia. Me dijiste que no te importaba nada de Nataniel...y vienes aquà con un ataque de celos..si, le dejé que me besara porque no querÃa que se sintiera usado...ni siquiera fue un beso apasionado, nada de que preocuparse. - ¡No me interesa Nataniel, con un demonio! estallo Cintia, exasperada y rompió a llorar, totalmente indefensa. Flavia la abrazó, sintió que tenÃa que hacerlo. - No llores chiquita...shhhh....no llores por favor. - Es que....no puede pasarme a mi Flavia...no a mÃ...yo... - ¿Qué es lo que no puede pasarte?. - Me atraes Flavia....yo no soy una lesbiana...pero me muero de celos al pensar que Nataniel te besó...que te tocó....me muero... - Cintia...me hace feliz oÃrte decir eso...tú me gustas...me atraes...y no podÃa decÃrtelo porque sé que no te consideras de mi mundo...no sé si puedo ayudarte, porque no soy imparcial...pero si decides que me quieres en tu vida, podrÃa hacerte feliz. - Yo no sé que quiero...pero no soporto la idea de que otra persona esté a tu lado. - ¿Quieres que vayamos a un psicólogo?...yo te acompaño, un profesional podrÃa ayudarte a manejar esto. - No sé lo que quiero...o sà sé...te quiero a ti... - Entonces...llora todo lo que quieras y luego preparamos el almuerzo....¿te parece buena idea?. - No..me voy...yo me voy respondió Cintia entre hipos, queriendo cortar un llanto que insitÃa en salir de lo mas hondo de su pecho...quiso deshacerse del abrazo de Flavia, pero Flavia no lo permitio...con una dulce firmeza la mantuvo contra su cuerpo. - ¿Por qué irte?. ¿A estar sola en tu apartamento?...confÃa en mÃ..solo prepararé el almuerzo y conversaremos con calma...al fin que me despiertas a las siete de la mañana para soltarme una confesión como la tuya y luego quieres dejarme sola...¿no piensas que también has desajustado mi vida hoy?. Cintia se limpió las lagrimas y miró a Flavia...tenÃa razón...estaba trastornando su vida y pretendÃa irse sin más. Esbozó una sonrisa..tenÃa que estar volviéndose loca. Flavia la miraba....no, Cintia no podÃa estar fingiendo...algo fuerte sucedÃa entre ellas...quizás era el destino que las habÃa acercado. - Lávate la cara...no me gusta verte asà toda llorosa. Cintia obedeció. Fue al baño y se lavó la cara, se peinó y hasta se puso un poco de agua de colonia que habÃa en el botiquÃn...ahora lucÃa mejor. Salió del baño. Flavia habÃa puesto música y preparado mas café. Se sentaron una junto a la otra. - ¿Mejor?. - Claro que sÃ...perdóname. - No hay nada que perdonar...es maravilloso que descubras tus sentimientos...no se pide perdón por eso. Flavia puso un brazo sobre los hombros de Cintia y la atrajo hacia sà sin hallar resistencia. Cintia apoyó la cabeza en el hombro de Flavia, querÃa quedarse allÃ...la voz de Flavia era suave y la acariciaba el cabello. - Además...estoy muy halagada. - ¿Por qué?. - ¿Sabes el tiempo que ha pasado desde que causé tantos celos en alguien?...me has hecho sentir muy atractiva hoy. Cintia tuvo que reÃrse de la ocurrencia de Flavia. Levantó la cara para mirar a Flavia y descubrió que esta habÃa acercado su cara también...estaban a pocos centÃmetros de distancia...tenÃa que besarla o morirÃa. Flavia se sorprendió al sentir los labios de Cintia sobre los suyos...se dejó besar...colaboró abriendo un poco la boca y explorando suavemente la boca de Cintia con su lengua...el beso sabÃa a café. Por primera vez Cintia sintió que algo extraño sucedÃa con ella...estaba profundamente conmovida. Se miraron a los ojos y Cintia aparto el cabello de Flavia de su rostro y volvió a besarla...inexperta sÃ, pero Flavia, mas veterana en las lides al amor supo que le sucedÃa a Cintia...era el llamado del deseo tan largamente reprimido. Cuando Cintia liberó su boca Flavia murmuró. - No quiero aprovecharme de la situación... - ¿Qué dices?. - Me conozco...si seguimos en esto...terminaré haciéndote el amor...y no creo que sea el momento...es demasiado apresurado. Cintia se separó de Flavia...querÃa gritarle que deseaba que le hiciera el amor, aunque no tuviera idea de cómo...que querÃa sentirla cerca, tocar su piel y dejarse tocar por Flavia...que por primera vez sabÃa lo que era sentir deseo...Flavia le acarició el rostro con suavidad. - Mejor nos vemos en la noche...y si sigues pensando como creo que piensas ahora....prometo que no me contendré... - ¿Me estas rechazando?. - No Cintia no...solo lo estoy prosponiendo....esto es difÃcil también para mÃ...te pido unas horas...para recuperarme...vamos a almorzar fuera, luego te dejo en tu casa...y a las siete de la tarde te espero...entenderé si no quieres venir...pero si vienes te prometo que no me controlaré....y te prometo que tu primera vez será algo digno de recordar. Cintia asintió ligeramente...morÃa de ganas de seguir besando a Flavia, pero algo le decÃa que era mejor reservarse para la noche...a calmar un poco ese tumulto de sensaciones que le estaban invadiendo.
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A las seis y media de la tarde Cintia ya estaba tocando de nuevo el portero de Flavia...habÃan almorzado juntas y luego Flavia la habÃa dejado en su casa. El resto de la tarde lo habÃa pasado como una leona enjaulada...solo esperando el momento de ir con Flavia, pasó horas en el baño preparándose como una novia para el dÃa de su boda...y ahà estaba, decidida a seducir a esa mujerFuente ojos azules....muerta de miedo, con un nudo en el estómago y el corazón latiéndole a mil por minuto. TraÃa puesta una blusa blanca que marcaba el busto y un trajecito de falda y blazer negro...una vestimenta quizás demasiado formal, pero fue el punto final a un indecisión de dos horas frente a su ropero. Flavia abrió la puerta...se veÃa fabulosa con esa especie de kimono rojo...evidentemente también preparada para seducir...olÃa suavemente a perfume, llevaba el cabello suelto, y el apartamento estaba preparado para la ocasión: luces bajas, incienso, música suave...vino blanco. Se besaron en la mejilla, un poco envaradas. - Vaya...eres ansiosa... - Espere por este momento 29 años...¿y me llamas ansiosa?. Se rieron....Flavia cerró la puerta detrás de Cintia, se volvió, la rodeo con sus brazos y le dio un beso que no dejo dudas en Cintia...se notaba que ahora no se controlarÃa...Cintia pasó las manos detrás de la nuca de Flavia...querÃa ese beso mas profundo, porque le hacÃa sentir toda una revolución en el cuerpo...las hormonas largos años dormidas preparaban el cuerpo para la batalla que se avecinaba. La deseaba tanto...no tenÃa idea de cómo hacerle el amor, pero deseaba a Flavia...ahora ya no se preguntaba cómo serÃa sentir deseo por alguien...deseo era ese sentimiento que la invadÃa hasta la última célula con solo besar a Flavia. - Caramba...creo que no quieres vino murmuró Flavia cuando Cintia dejó de besarla. - No....quiero besarte.... Flavia complació a su compañera. Besó otra vez a Cintia, con los ojos cerrados y explorando toda la cavidad bucal de su compañera con la lengua, embriagándose con su perfume, acariciando la espalda de su compañera, que sentÃa arder bajo sus manos...no podÃa creer que Cintia se portara asà de apasionada, apretaba el cuerpo contra el suyo en una clara invitación...esa mujer ardÃa en deseo. - Vamos al cuarto.... - SÃ... Tomadas de la mano fueron al cuarto. Flavia desnudó a Cintia con parsimonia....como intentando enfriarla un poco, logrando todo lo contrario...desabotonó la blusa blanca y la dejó caer en el piso...Cintia llevaba un brasier blanco muy sencillo...denotando su inexperiencia en buscar ropa que excitara, lo que hizo que Flavia sonriera levemente...acarició los senos sobre la prenda Ãntima y pudo sentir como reaccionaban a la caricia...vaya, que sensibles eran...desprendió el broche de la prenda, que fue a quedarse junto a la blusa. Luego bajó el cierre de la falda que cayó al suelo, y Cintia aparto empujándola con su pie...ahà estaba, desnuda por primera vez frente a Flavia...delgadita sÃ, pero con puntos fuertes...los senos eran muy firmes, con unos pezones grandes y amarronados...completamente duritos...el vientre liso...las manos de Flavia la recorrÃan y le contemplaba admirada. - Eres hermosa... - Quiero verte yo también.... Flavia separó los brazos, invitadora...Cintia desprendió el lazo del quimono que se abrió, dejando el cuerpo de Flavia totalmente desnudo ante la vista de Cintia...la muchacha deslizó el kimono por los hombros de Flavia hacia abajo, mientras le besaba los hombros...una vez que la tuvo completamente desnuda frente a sà la miró....descubrió la antigua cicatriz en el vientre, producto de una cirugÃa y la acarició con ternura...luego subió las manos a los senos, grandes, con pezones notorios y rosa morado y los masajeo...notando que la excitaba sobremanera acariciar las tetas de Flavia. - También eres hermosa - No tanto como tú... - No tengo idea de qué hacer.... - Shhhh...solo sigue acariciando murmuró Flavia, que estaba disfrutando de las torpes caricias de Cintia en sus senos. Bajó el calzón de Cintia hacia abajo, quién la ayudó a quitarlo, quitándose ya de paso los zapatos que aún conservaba puestos. Se tendieron en la cama de costado, una frente a la otra, mirándose a los ojos...las manos de Flavia recorrÃan el cuerpo desnudo de Cintia con suavidad, mientras la besaba en los labios....o en el cuello....o mordisqueaba el lóbulo de la oreja....poniéndola cada vez mas excitada...Cintia sentÃa que su vagina se humedecÃa y que la temperatura de la zona se elevaba. Flavia estaba en sus senos ahora, chupando prolijamente los pezones, que se endurecÃan como piedra al contacto de esa boca inquisidora sobre ellos...suavemente hi
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