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Autor Tema: Lesbianas tres mujeres II parte  (Leído 335 veces)
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« en: Junio 08, 2006, 12:16:43 »

Al cabo de un rato se hallaban en un auto rumbo a una casa ubicada a cinco kilómetros de Salvador, Bahí­a.



Brigitte miró los cabellos castaños de su amiga y pensó que podrían encerrarse entre sus delicadas manos, y que apenas le caían hasta los hombros. Observó que su piel era de una blancura nívea, su nariz pequeña y respingada, sus ojos de un negro ardiente... Era imposible mantener esa mirada...-pensaba-, era imposible no enamorarse de ella. Las hermosas cejas, los párpados que las cubrían. Su boca pequeña de dientes parejos y bellos. En su conjunto, su rostro resultaba sensual y tentador.
Valeria aparentaba menos edad de la que realmente tenía, se le podrían dar diecisiete años. Su deliciosa garganta... siguió pensando. -Y sus hermosos senos, más hermosos aún cuando se endurecían y erguían vigorosamente, tan dulces además. Cientos de veces había perdido la cabeza recordando la despedida, cuando sus propios labios recorrieron los muslos mientras arribaba al blanco pubis. En el asiento trasero del coche, ambas se besaron apasionadamente mientras Erika conducía. Sus manos se acariciaron entre las piernas tras sacarse las diminutas tangas. Erika de tanto en tanto, echaba una mirada atrás y se frotaba el clítoris sin pudor, al verlas casi desnudas, transpirando pasión.

Antes de llegar a destino, Valeria tuvo un violento orgasmo, producido por la boca de una excitada Brigitte que se masturbó con ambas manos.

La hermosa casa a la que arribaron pertenecía a la tía, tenía pileta propia de agua salada, y además salía al mar, a las arenas blancas y casi desiertas, y al verde oleaje. Un desayuno ligero acompañado con jugo de frutas, y las tres marcharon a la playa con acotadas bikinis transparentes, moviendo sus tentadoras carnes, rebosantes de lujuria y de deseo. Al llegar, Valeria y Brigitte se recostaron en la arena para besarse deliciosamente y recomenzar los juegos que habían hecho en el automóvil.

Aproximadamente a medio kilómetro se distinguían las siluetas de un par de hombres practicando sus danzas de capoeira al son de un birimbao. Mucho más acá, alrededor de cincuenta metros de donde se hallaban ellas, un mulato de gran contextura echaba su red en la orilla en procura de alguna pesca. Las dos amigas se besaban ardientemente y con sus lenguas excitadas. En ese instante en que Erika, a semejanza de las mujeres vickingas, por su gran contextura y robustez, por su firme cola y enormes tetas blancas, visiblemente caliente, se sacaba la magra tanga y se dirigía radiante y segura hacia el agua, allí donde el hombre pescaba distraído.

-¡Qué deliciosa criatura!- exclamó la mujer al contemplarlo a la distancia.

-Pícara, ¿nosotras no tendremos parte en eso?. -Le gritó Brigitte. Al mismo tiempo que Valeria le acariciaba el pubis con su rosada lengua.

-Créanme, niñas. Estos preliminares me embriagan. Hace muchísimo calor y es mas agradable hacerlo en el agua. -Hacia allá se dirigió, pasando por enfrente del mulato que sólo llevaba una tanga negra que le pronunciaba prodigiosamente los genitales.

Ante una mirada de la desnuda Erika, dejó caer las redes sobre la arena y entró con ella al agua mansamente. Valeria y Brigitte vieron cómo su tía era una masa blanca que se hundía en la escasa profundidad de la orilla y recibía al desconocido con sus piernas bien abiertas, para frotarse con entusiasmo y ambos cuerpos girar en el agua. Observaron cómo esos dos globos de sus tetas estaban bajo su amante que la gozaba y acariciaba, colocando su pene entre ellos, la tía por su parte se lo comprimía apretándolo con sus senos, y luego de algunos movimientos lo masturbaba llevándose la punta a los labios.

Después vieron a la tía arrodillada con el agua al cuello, hundiendo el miembro del mulato en su boca, devorándolo, atragantándose con él. Al cabo de unos minutos apenas asomaban sus cabezas. La nuca de Erika apoyada sobre el rostro del brasileño que la mordía en el cuello, ya evidenciaba que se hallaba sentada cómoda y placenteramente sobre su amante.

-Ya se la está culeando a la vieja puta -dijo Brigitte, y apartó la vista para endulzarse con su amiga, a la que le separaba las nalgas para besarle el suave y delicado esfínter.

-¡Goza!,- le dijo e introdujo un dedo en esa cavidad. -¡Cómo me gustaría ver que te lo llenen de licor blanco. Siente cómo me succiona el dedo y cómo se irrita a medida que te lo penetro.

-Una hermosa muchacha sólo debe preocuparse de coger y recoger, y nunca de otras cosas -le respondió Valeria totalmente entregada al éxtasis del momento. La lengua de Brigitte comenzó a lamerle la concha, a besarle sus suaves vellos enrulados. Continuando su camino hasta el tesoro semioculto del clítoris.

-Está poco desarrollado pero es muy sensible... ¡Cómo tiemblas!... Déjame abrirte ... yo te lo haré crecer en un par de meses, alcanzará el tamaño de un pene. Se subió encima de su amiga y se besaron mutuamente los genitales con pasión.

-Dime la sensación que sientes cuando nuestras lenguas se introduzcan simultáneamente en las dos aberturas.- Y comenzaron a llenar sus cavidades con sus lenguas que eran como miembros viriles. A lo lejos se podía distinguir a su tía efectuando sacudidas sobre el mulato que no cesaba de penetrarla. Mucho mas lejos aún se hallaban los otros danzando, y los sonidos del birimbao se hicieron más acelerados, pareciendo acompañar las brutales y descontroladas arremetidas de Erika sobre su macho.

Una suave brisa bañó a las dos amigas, concentradas en explorarse con sus bocas extasiadas. Valeria, que había esperado ese momento durante largos años, empezó a introducir un dedo en la cola de Brigitte y de esta manera la obligaba a gemir. Batió su lengua sobre el grueso clítoris de aquella, mientras la fricción de su dedo aumentaba y en su boca se juntaba toda la humedad que despedía la vagina de su amante.

Por último, Valeria hizo que su amiga se sentara sobre sus labios, y empezara a frotarse frenéticamente hasta alcanzar un orgasmo fabuloso que la obligó a romper en un grito, y atraer la atención de Erika y el hombre. Los labios de Valeria se bañaron con una miel blanca y femenina, que luego compartieron con sus bocas jugando entre los labios y las lenguas. Erika y el mulato se aproximaban. El hombre lucía en miembro enorme y grueso, y la tía, con sus mejillas enrojecidas, lo traía de la mano, y arreó a las otras hacia adentro para que el sensual ajetreo continuara en el dormitorio. La cosa se ponía del color del fuego y excitó a todas, que a esa altura pensaban que Brasil era una moderna y fantástica Babilonia.

Ya en el interior, el mulato, que dijo llamarse Robertinho, la besaba a Brigitte por todo el cuerpo y le hacía caricias en las nalgas; su miembro se ponía tieso y Erika lo tomaba y lo succionaba frenéticamente; las manos de él se perdían de tanto en tanto en el trasero de Valeria, que se lo ofrecía tímidamente, pero que los dedos flacos de Brigitte ocuparon rápidamente, como reservándolo para sí.

-Dale a esta encantadora niña todo el placer que puedas. Métele tu verga mientras Vale te besa los testículos. -terminó de decir esto y la tía se abocó a Valeria con entusiasmo, acariciándola y succionándole la vagina, rodeando el clítoris con los labios, introduciéndole la punta de un dedo en el agujero, frotando sus bordes pegajosos. Robertinho incursionaba con placer en el trasero blando de Brigitte haciéndola gozar, cerrar los ojos y los puños, y morder fuertemente la almohada. Valeria acababa visiblemente en la boca de la fornida tía, mientras le besaba y rasguñaba las piernas al mulato que enrojecía y empujaba furioso ante la proximidad del orgasmo. Al sacarla éste, Brigitte dejó escapar gran cantidad de semen de su interior.

-Hagamos otra ronda -dijo Erika y se acostó para recibir al mulato de frente, en su monumental vagina. Él arremetió con gran excitación mientras Brigitte se paró adelante para ofrecerle sus labios vaginales, para que los besara y mordiera acaloradamente. Valeria succionaba los grandes testículos de Robertinho, y ceñía fuertemente la base de su pene con la mano, mientras éste entraba y salía en la vagina sudorosa y depilada de la tía.

Los gemidos se entremezclaban, la cama temblaba y las maderas crujían, en el momento en que se largó una lluvia imprevista y Valeria, más imprevisible aún, tomó de la cabeza al mulato y se frotó voluptuosamente su clítoris contra los labios gruesos de aquél, hasta arrancarse un orgasmo desenfrenado. Su tía se sacudía enérgicamente bajo el cuerpo sudado del amante que le producía ligeros temblores de placer, flujos y quejidos, hasta que remató en un grito desaforado y rasguñó la espalda de Robertinho, que estaba al borde de acabar por segunda vez.

Allí mismo, al dejar fuera de combate a Erika, él se sintió sorprendido por la rapidez con que Valeria tomaba su miembro y se lo llevaba hasta la vagina, acostando al mulato e iniciando una frenética cabalgata sobre él. El espectáculo que brindaba subida al amante excitó a las otras dos. Brigitte acompañó la arremetida de Valeria acariciándole las nalgas, pellizcándolas, mojándole el esfínter con la boca e introduciendo su dedo más largo una vez tras otra. Erika sentó su bello y enorme culo sobre la boca enloquecida de Robertinho que succionaba y chupaba desesperadamente mientras gozaba con su pene la fricción que Valeria le estaba produciendo. La muchacha sintió cómo su semental estaba por inundarla cuando dio un saltito atrás y se llevó el grueso miembro hacia la boca, tan sólo unos segundos después se bebía con ardor el abundante líquido que arrojaba aquél.

Quedaron mansos por un rato, relajadamente adormecidos y satisfechos. Voluptuosamente desnudos los cuatro. Reponiéndose, tal vez. Porque la tarde se avecinaba y se habían propuesto que debía ser extremadamente larga y furiosa como esa mañana.

Y como seguramente serían todos sus días futuros. ¿O tú no harías lo mismo?

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