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« en: Junio 08, 2006, 12:16:43 » |
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Al cabo de un rato se hallaban en un auto rumbo a una casa ubicada a cinco kilómetros de Salvador, BahÃÂa.
Brigitte miró los cabellos castaños de su amiga y pensó que podrÃan encerrarse entre sus delicadas manos, y que apenas le caÃan hasta los hombros. Observó que su piel era de una blancura nÃvea, su nariz pequeña y respingada, sus ojos de un negro ardiente... Era imposible mantener esa mirada...-pensaba-, era imposible no enamorarse de ella. Las hermosas cejas, los párpados que las cubrÃan. Su boca pequeña de dientes parejos y bellos. En su conjunto, su rostro resultaba sensual y tentador. Valeria aparentaba menos edad de la que realmente tenÃa, se le podrÃan dar diecisiete años. Su deliciosa garganta... siguió pensando. -Y sus hermosos senos, más hermosos aún cuando se endurecÃan y erguÃan vigorosamente, tan dulces además. Cientos de veces habÃa perdido la cabeza recordando la despedida, cuando sus propios labios recorrieron los muslos mientras arribaba al blanco pubis. En el asiento trasero del coche, ambas se besaron apasionadamente mientras Erika conducÃa. Sus manos se acariciaron entre las piernas tras sacarse las diminutas tangas. Erika de tanto en tanto, echaba una mirada atrás y se frotaba el clÃtoris sin pudor, al verlas casi desnudas, transpirando pasión.
Antes de llegar a destino, Valeria tuvo un violento orgasmo, producido por la boca de una excitada Brigitte que se masturbó con ambas manos.
La hermosa casa a la que arribaron pertenecÃa a la tÃa, tenÃa pileta propia de agua salada, y además salÃa al mar, a las arenas blancas y casi desiertas, y al verde oleaje. Un desayuno ligero acompañado con jugo de frutas, y las tres marcharon a la playa con acotadas bikinis transparentes, moviendo sus tentadoras carnes, rebosantes de lujuria y de deseo. Al llegar, Valeria y Brigitte se recostaron en la arena para besarse deliciosamente y recomenzar los juegos que habÃan hecho en el automóvil.
Aproximadamente a medio kilómetro se distinguÃan las siluetas de un par de hombres practicando sus danzas de capoeira al son de un birimbao. Mucho más acá, alrededor de cincuenta metros de donde se hallaban ellas, un mulato de gran contextura echaba su red en la orilla en procura de alguna pesca. Las dos amigas se besaban ardientemente y con sus lenguas excitadas. En ese instante en que Erika, a semejanza de las mujeres vickingas, por su gran contextura y robustez, por su firme cola y enormes tetas blancas, visiblemente caliente, se sacaba la magra tanga y se dirigÃa radiante y segura hacia el agua, allà donde el hombre pescaba distraÃdo.
-¡Qué deliciosa criatura!- exclamó la mujer al contemplarlo a la distancia.
-PÃcara, ¿nosotras no tendremos parte en eso?. -Le gritó Brigitte. Al mismo tiempo que Valeria le acariciaba el pubis con su rosada lengua.
-Créanme, niñas. Estos preliminares me embriagan. Hace muchÃsimo calor y es mas agradable hacerlo en el agua. -Hacia allá se dirigió, pasando por enfrente del mulato que sólo llevaba una tanga negra que le pronunciaba prodigiosamente los genitales.
Ante una mirada de la desnuda Erika, dejó caer las redes sobre la arena y entró con ella al agua mansamente. Valeria y Brigitte vieron cómo su tÃa era una masa blanca que se hundÃa en la escasa profundidad de la orilla y recibÃa al desconocido con sus piernas bien abiertas, para frotarse con entusiasmo y ambos cuerpos girar en el agua. Observaron cómo esos dos globos de sus tetas estaban bajo su amante que la gozaba y acariciaba, colocando su pene entre ellos, la tÃa por su parte se lo comprimÃa apretándolo con sus senos, y luego de algunos movimientos lo masturbaba llevándose la punta a los labios.
Después vieron a la tÃa arrodillada con el agua al cuello, hundiendo el miembro del mulato en su boca, devorándolo, atragantándose con él. Al cabo de unos minutos apenas asomaban sus cabezas. La nuca de Erika apoyada sobre el rostro del brasileño que la mordÃa en el cuello, ya evidenciaba que se hallaba sentada cómoda y placenteramente sobre su amante.
-Ya se la está culeando a la vieja puta -dijo Brigitte, y apartó la vista para endulzarse con su amiga, a la que le separaba las nalgas para besarle el suave y delicado esfÃnter.
-¡Goza!,- le dijo e introdujo un dedo en esa cavidad. -¡Cómo me gustarÃa ver que te lo llenen de licor blanco. Siente cómo me succiona el dedo y cómo se irrita a medida que te lo penetro.
-Una hermosa muchacha sólo debe preocuparse de coger y recoger, y nunca de otras cosas -le respondió Valeria totalmente entregada al éxtasis del momento. La lengua de Brigitte comenzó a lamerle la concha, a besarle sus suaves vellos enrulados. Continuando su camino hasta el tesoro semioculto del clÃtoris.
-Está poco desarrollado pero es muy sensible... ¡Cómo tiemblas!... Déjame abrirte ... yo te lo haré crecer en un par de meses, alcanzará el tamaño de un pene. Se subió encima de su amiga y se besaron mutuamente los genitales con pasión.
-Dime la sensación que sientes cuando nuestras lenguas se introduzcan simultáneamente en las dos aberturas.- Y comenzaron a llenar sus cavidades con sus lenguas que eran como miembros viriles. A lo lejos se podÃa distinguir a su tÃa efectuando sacudidas sobre el mulato que no cesaba de penetrarla. Mucho mas lejos aún se hallaban los otros danzando, y los sonidos del birimbao se hicieron más acelerados, pareciendo acompañar las brutales y descontroladas arremetidas de Erika sobre su macho.
Una suave brisa bañó a las dos amigas, concentradas en explorarse con sus bocas extasiadas. Valeria, que habÃa esperado ese momento durante largos años, empezó a introducir un dedo en la cola de Brigitte y de esta manera la obligaba a gemir. Batió su lengua sobre el grueso clÃtoris de aquella, mientras la fricción de su dedo aumentaba y en su boca se juntaba toda la humedad que despedÃa la vagina de su amante.
Por último, Valeria hizo que su amiga se sentara sobre sus labios, y empezara a frotarse frenéticamente hasta alcanzar un orgasmo fabuloso que la obligó a romper en un grito, y atraer la atención de Erika y el hombre. Los labios de Valeria se bañaron con una miel blanca y femenina, que luego compartieron con sus bocas jugando entre los labios y las lenguas. Erika y el mulato se aproximaban. El hombre lucÃa en miembro enorme y grueso, y la tÃa, con sus mejillas enrojecidas, lo traÃa de la mano, y arreó a las otras hacia adentro para que el sensual ajetreo continuara en el dormitorio. La cosa se ponÃa del color del fuego y excitó a todas, que a esa altura pensaban que Brasil era una moderna y fantástica Babilonia.
Ya en el interior, el mulato, que dijo llamarse Robertinho, la besaba a Brigitte por todo el cuerpo y le hacÃa caricias en las nalgas; su miembro se ponÃa tieso y Erika lo tomaba y lo succionaba frenéticamente; las manos de él se perdÃan de tanto en tanto en el trasero de Valeria, que se lo ofrecÃa tÃmidamente, pero que los dedos flacos de Brigitte ocuparon rápidamente, como reservándolo para sÃ.
-Dale a esta encantadora niña todo el placer que puedas. Métele tu verga mientras Vale te besa los testÃculos. -terminó de decir esto y la tÃa se abocó a Valeria con entusiasmo, acariciándola y succionándole la vagina, rodeando el clÃtoris con los labios, introduciéndole la punta de un dedo en el agujero, frotando sus bordes pegajosos. Robertinho incursionaba con placer en el trasero blando de Brigitte haciéndola gozar, cerrar los ojos y los puños, y morder fuertemente la almohada. Valeria acababa visiblemente en la boca de la fornida tÃa, mientras le besaba y rasguñaba las piernas al mulato que enrojecÃa y empujaba furioso ante la proximidad del orgasmo. Al sacarla éste, Brigitte dejó escapar gran cantidad de semen de su interior.
-Hagamos otra ronda -dijo Erika y se acostó para recibir al mulato de frente, en su monumental vagina. Él arremetió con gran excitación mientras Brigitte se paró adelante para ofrecerle sus labios vaginales, para que los besara y mordiera acaloradamente. Valeria succionaba los grandes testÃculos de Robertinho, y ceñÃa fuertemente la base de su pene con la mano, mientras éste entraba y salÃa en la vagina sudorosa y depilada de la tÃa.
Los gemidos se entremezclaban, la cama temblaba y las maderas crujÃan, en el momento en que se largó una lluvia imprevista y Valeria, más imprevisible aún, tomó de la cabeza al mulato y se frotó voluptuosamente su clÃtoris contra los labios gruesos de aquél, hasta arrancarse un orgasmo desenfrenado. Su tÃa se sacudÃa enérgicamente bajo el cuerpo sudado del amante que le producÃa ligeros temblores de placer, flujos y quejidos, hasta que remató en un grito desaforado y rasguñó la espalda de Robertinho, que estaba al borde de acabar por segunda vez.
Allà mismo, al dejar fuera de combate a Erika, él se sintió sorprendido por la rapidez con que Valeria tomaba su miembro y se lo llevaba hasta la vagina, acostando al mulato e iniciando una frenética cabalgata sobre él. El espectáculo que brindaba subida al amante excitó a las otras dos. Brigitte acompañó la arremetida de Valeria acariciándole las nalgas, pellizcándolas, mojándole el esfÃnter con la boca e introduciendo su dedo más largo una vez tras otra. Erika sentó su bello y enorme culo sobre la boca enloquecida de Robertinho que succionaba y chupaba desesperadamente mientras gozaba con su pene la fricción que Valeria le estaba produciendo. La muchacha sintió cómo su semental estaba por inundarla cuando dio un saltito atrás y se llevó el grueso miembro hacia la boca, tan sólo unos segundos después se bebÃa con ardor el abundante lÃquido que arrojaba aquél.
Quedaron mansos por un rato, relajadamente adormecidos y satisfechos. Voluptuosamente desnudos los cuatro. Reponiéndose, tal vez. Porque la tarde se avecinaba y se habÃan propuesto que debÃa ser extremadamente larga y furiosa como esa mañana.
Y como seguramente serÃan todos sus dÃas futuros. ¿O tú no harÃas lo mismo?
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