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Autor Tema: Lesbiana el gimnasio  (Leído 438 veces)
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« en: Junio 08, 2006, 12:17:49 »

Desde que habí­a entrado a la universidad hacia dos años ya, habí­a oí­do muchas historias sobre las regaderas del gimnasio, se decí­a que si eras heterosexual no podí­as estar ahí­ a mas de las 4 PM porque aquello pasaba de regaderas a motel barato,



la verdad es que aun cuando tengo un cuerpo envidiable el ejercicio no me viene ni en sueños y entrar a un Gym me parece tan ajeno como hacer el amor con otra mujer, así que aquellas historias de orgías lesbicas en las regaderas eran para mi solo historias y ya.
El caso es que más por necesidad que por gusto había estado bañándome en la universidad toda esa semana por que en casa el suministro estaba fallando, aunque no me agradaba en lo absoluto entrar al gimnasio, con las porristas luciéndose por doquier y todas esas niñas mas preocupadas por como se les ve el trasero que cualquier otra cosa, había transcurrido toda esa semana sin casi percatarme de la regla de las 4 PM, después de todo no crees en lo que se dice hasta que te sucede a ti.
Había terminado ya de bañarme cuando al cerrar la regadera alcance a escuchar leves susurros y gemidos entrecortados, entonces me percate de que ya debía ser bastante tarde seguramente pasaban de las 4 y toda mi ropa estaba justo al final del pasillo doblando la esquina de las regaderas, justo donde una pareja empezaba a hacer tal ruido que no había duda de que era lo que estaban haciendo.

Cómo iba a ir por mi ropa sin pasar justo frente a ellas? Esperar a que terminaran su numerito parecía una buena opción pero y si llegaban mas?

Son regaderas, no motel – pense inmediatamente, -quien debe sentirse mal son ellas y no yo, así que según muy segura de la situación me sujete la toalla lo mejor posible y doble las regaderas rumbo al final del pasillo, pensando solo en mi ropa y tratando de no oír los excitantes gemidos y suspiros que las dos chicas emitían y que retumbaban por todo el cuarto.

Lo extraño es que apenas notaron mi presencia, una de ellas, sentada en la banca larga apoyaba sus manos en la madera de tal manera que con la espalda ligeramente hacia atrás mostraba los senos de mujer más hermosos y grandes que había visto hasta entonces... yo podía ver a una chica y pensar –es verdaderamente bonita o -que buen cuerpo tiene, pero nunca en un sentido sexual, ahora ese par de senos tan redondos y blancos de pezones grandes y rosados me atraían de una manera muy extraña.

Apartando la mirada de ellos note sus piernas largas y esbeltas ligeramente abiertas, lo suficiente para permitir a su compañera que arrodillada hundía la cara en su sexo, esta chica un tanto morena pero igual de perfecta y sobretodo excitada le estaba dando tal mamada que mis pezones se endurecieron casi al instante.

Estaba a mitad del camino, mi ropa se me ofrecía como la salvación a mí cada vez menos firme heterosexualidad pero no sé... los gemidos, el calor... algo me impedía continuar y me forzaba a voltear una vez mas la mirada hacia atrás para seguir viéndolas amarse, mi cabeza solo podía pensar en la morena arrodillada hundiendo su lengua en el sexo de su compañera, en su boca chupando con sonoros besos los labios húmedos de la otra, observaba casi hipnotizada el vaivén de la chica en la banca, meneando las caderas atrás y adelante mientras aspiraba fuertes bocanadas de aire, ensanchando sus pulmones y haciendo que sus ya de por si grandes pechos adquirieran unas dimensiones descomunales.

Sin quererlo me había quedado congelada a escasos 3 metros de ellas, me había desarmado por completo la desnudez de sus cuerpos, la intensidad con que estaban haciendo el amor sin importarles si alguien las veía... suspire dudando si seguir mi camino o verlas un rato mas y solo atine a voltear la cabeza y cerrar los ojos permitiéndome oír la sinfonía lujuriosa que habían montado, me imagine entre ellas también desnuda buscando sus labios con los míos y casi podía sentir sus cuerpos moliéndose contra el mío, sus manos acariciando mis pechos, mi sexo... pero era verdad, las dos chicas estaban junto a mi y me acariciaban a dos manos, sin advertirlo mi toalla había desaparecido y solo cubría mi cuerpo sus ágiles manos que se desvivían por recorrer cada centímetro de mi carne, una nadaba en mi espalda bajando hasta que sus dedos se perdían entre mis dos nalgas, una hacia el frente jugueteaba con mi ombligo y de cuando en cuando bajaba hasta mi sexo, dos se encargaban de mis pechos, dedos finos y de uñas largas acariciaban suavemente mi pezón izquierdo rotándolo entre los dedos índice y pulgar mientras la otra mano estrujaba fuertemente el derecho en una doble caricia con dos ritmos e intensidades diferentes lo cual la hacía sumamente excitante. No me atrevía a abrir los ojos, solo quería permanecer ahí recibiendo las corrientes sensuales mas intensas que nunca pense una mujer podía entregarme, podía sentir sus senos apretándose contra mis brazos y su aliento caliente en mi cuello, sus labios húmedos besar mi cuello, mis oídos...

Ahora una de ellas se colocó frente a mí, su boca era tanto o más dulce que la de cualquier hombre con el que hubiera estado hasta entonces y completaba aquel maravilloso beso con la agobiante sensación de sus senos grandes como toronjas aplastándose contra los míos, sus pezones duros rozándome al mismo compás que sus manos sobre mis caderas y entonces la otra chica se pego a mi espalda, un gemido escapó de mi garganta al sentir aquel par de hermosos pechos descansar sobre mi columna, justo los que me habían arrancado suspiros hacia pocos minutos se restregaban de arriba abajo y sus manos se hundían entre mis piernas en busca de mi clítoris.

Aún cuando acariciarme los senos era de mis técnicas habituales para masturbarme y que disfrutaba bastante que algunos de mis novios en turno me mamara los senos hasta ese momento empecé a entender la obsesión masculina por las mujeres bustonas, la sensación de aquellos pechos grandes aplastarse contra mi cuerpo era de lo más caliente que había experimentado, me faltaba el aire para soportar en masaje suave en mi espalda, la presión de sus pezones contra mi piel...

Estaba atrapada entre dos mujeres que sabían perfectamente que hacer con mi cuerpo para hacerme perder conciencia del lugar en que estaba y de lo que estaba haciendo.

En sincronía perfecta se arrodillaron siempre en sus respectivas posiciones, una adelante y la otra atrás, la lengua de la morena se proyecto al instante en busca de mi clítoris mientras la que estaba a mis espalda separaba mis nalgas con ambas manos.

-no...- alcance a decir al sentir su lengua húmeda y carnosa lamer mi ano. Jamás había permitido que alguien me mamara el ano me parecía de lo más repulsivo solo que esta mujer lo hacía tan bien que mi negativa inicial se había ahogado entre mis gemidos de placer.

En ese momento la otra chica empezó a chupar mi clítoris de tal forma que me hizo venir casi de inmediato, no se como no perdí el equilibrio pero el caso es que con las dos bocas ocupadas en atender tan sensibles partes de mi cuerpo como si fueran las más deliciosas del mundo, finalmente tuve que asirme de los hombros de una para no caer de rodillas al piso, jadeando y totalmente agotada.

Luego de eso no podía más que corresponderles y tras recuperar el aliento me abalancé sobre la que tenía más a mi alcance para besarla. Ya había cruzado la línea de la heterosexualidad y tenía que seguir todo el camino sin pensarlo ni un minuto mas, solo tenía en mente dos cosas:

mamarle el sexo a la morena y los senos a la otra y así lo hice... probé el sabor de otra mujer y el propio de sus labios, busque aquel par de senos con mi boca para chuparlos, lamerlos, mordisquear sus pezones no importaba, me atraganté de senos femeninos hasta creer que me ahogaría Descubrí que si bien me gustaban los hombres era igualmente excitante y placentero hacer el amor con una mujer igual que yo, aún cuando fuera en un lugar tan ajeno a mí como las regaderas del gimnasio

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