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« en: Junio 11, 2006, 09:17:02 » |
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Aquella noche ya en el dormitorio, Miguel estaba ávido para que le contara con todo detalle como habÃÂa trascendido en la ducha con Javier, asàque comencé a contárselo.
pesar de que ya en la ducha una vez que me habÃa quedado a solas, me habÃa tenido que masturbar, sin darme cuenta, mientras le relataba a Miguel lo sucedido, estaba nuevamente acariciándome el clÃtoris, con suavidad, con dulzura; no era una fricción buscando el climax, más bien era un masaje como buscando una relajación. Naturalmente observé como Miguel me contemplaba desde su silla; yo estaba desnuda sobre la cama; él junto a ella escuchando. Únicamente interrumpÃa de vez en cuando pidiendo algún detalle en concreto de lo que le estaba contando.
Al finalizar el relato, volvió a comentar lo a gusto que se encontraba. Le ayudé a desnudar y a meterse en la cama, ya en ella, me pidió que pusiera sobre su boca mi raja ya que querÃa darme tanto gusto como el que yo le estaba dando a él.
Asà lo hice, reconozco que tanto el dÃa anterior como esa noche, se esforzó más que nunca en darme placer. Tampoco hacÃa falta mucho ya que el juego en cuestión, hacÃa que yo también me encontrara más excitada de lo habitual.
Estábamos ya en la cama casi dormidos, cuando sonó el teléfono. Era un matrimonio amigo. Miguel estuvo un largo rato hablando con Pedro, asà se llamaba el amigo. Cuando terminó la conversación, comentó que el sábado por la mañana, (estábamos a jueves), vendrÃan a pasar una semana con nosotros ya que ella, MarÃa, tenÃa esa semana de vacaciones.
Pedro era tetrapléjico como Miguel, nos conocimos mientras ellos estaban en el Hospital ya que estaban en la misma habitación. Fueron muchos meses de compartir sufrimientos y dolor. Ella, MarÃa era una chica majÃsima, simpática, extrovertida. La verdad es que nos llevábamos bien. Asà que no me pareció mal la idea.
Al dÃa siguiente, no hubo gran variación. Me pasé la mañana tomando el sol en la terraza junto a Miguel. Llevaba puesto el bikini que compré en Cádiz, asà que los chicos estuvieron más tiempo jugando en la terraza que en la arena de la playa. Todo eso hizo que Miguel pasase la mañana más que entretenida.
Como de costumbre, por la tarde cuando hubo que ir a ducharse, Roberto y Jesús, ya iban hacia la ducha cuando les dije que esperaran, ya que tenÃa prisa en subir a casa al tener que preparar la habitación para que al dÃa siguiente cuando llegaran los invitados, todo estuviera arreglado. Asà que primero nos ducharÃamos Javier y yo.
Los dos se quedaron junto a la puerta, mientras entraba, pude observar como se sentaban en el suelo. Una vez cerrada la puerta y consciente de que podÃan oÃr lo que decÃamos tanto Javier como yo, dirigiéndome a él, le dije que se desnudara mientras yo también lo hacÃa. QuerÃa que les quedase claro que Ãbamos a estar los dos desnudos.
Comencé a enjabonarlo, esta vez no hice que se diera la vuelta. Una vez que le lavé la cabeza, le empecé a frotar por la espalda pero al estar los dos de frente, tenÃa que acercarme mucho a él para rodearlo con mis brazos, esto hacÃa que al ser bastante más bajo que yo, tuviera que estar algo inclinada, lo que hacÃa que mis pechos le rozaran la cara.
Al separarme un poco y verlo otra vez nervioso por haber estado rozando mis pechos con su cara, le dije al oÃdo que si querÃa podÃa chupar los pezones mientras los tuviera cerca. No hubo que repetirlo, cuando le quedaban cerca de la boca, allà que se ponÃa a chuparlos.
Fui agachándome para enjuagar su traserito, ahora era a mà la que su pene erecto me rozaba mi cara. Subà la mirada hacia su cara y comente jocosamente y en un tono alto para que aquello se escuchara fuera. - Uy, Uy, Uy, como se te esta poniendo hoy el pitito - Haciéndole un gesto hacia la puerta, como para decirle "Que se fastidien esos dos de afuera". A lo que Javier, contrajo sus hombros sonriéndome y afirmando con la cabeza.
Aproveché ese momento para darle un beso en la puntita de su pene. Él se quedó atónito. Ya en voz baja le pregunté si no le habÃa gustado. - No sé - contestó escuetamente. - Quieres que lo haga de nuevo - Pregunte yo. Volvió a encogerse de hombros.
Cogà su pene entre mis dedos y acerqué mi boca a él. Esta vez no lo bese, introduje éste en la boca y con ayuda de mà otra mano, empuje en las nalgas de Javier, para que éste introdujera todo su pene en mi boca. Una vez dentro, comencé a rodearlo con la lengua, notaba como este se estremecÃa de placer dentro de la boca. Dejé que lo sacara de la boca y repetà la pregunta - Te ha gustado - Esta vez si respondió. Pronunció un sà tan explÃcito que casi me pongo a reÃr. - ¿Quieres que siga? - No hizo falta respuesta, ya estaba yo por mi cuenta introduciéndome el pene en la boca.
HacÃa tanto que no me habÃa echado una polla en la boca que me corrà solo de mamársela. Al rato también se corrió él, naturalmente no desperdicié ni un ápice de aquel semen, me lo bebà enterito.
Cuando ya estuvo Javier más tranquilo, le hice una seña como dándole a entender que afuera estaban aquellos dos. Me entendió enseguida. - Toma frótame la espalda - Dije en voz alta. Comenzó a restregarme por ella mientras yo comencé a lavarme el pelo. Me di la vuelta y le hice ademán de que continuara por delante, me restregó los pechos, bajó hasta el vientre y continuó por los muslos. Abrà las piernas y le hice seña de que frotara por esa zona. Vi la alegrÃa en su cara. Allà se agachó y comenzó a pasar sus manos por el vello, la raja. La mano la pasaba de adelante hacÃa atrás y viceversa.
Me puse a sonreÃr ya que otra vez se le estaba poniendo tiesa la pollita. Al mirarme ya que no sabÃa de donde venÃa mi sonrisa, le señale el pene. - Vaya pitito, siempre lo tienes a tope -, nuevamente le hice la seña hacia la puerta. Nos reÃmos los dos.
Cuando salimos de la ducha, allà estaban Roberto y Jesús sentados en el suelo. La verdad es que le dirigieron una mirada de envidia a Javier que no podÃan disimularla. Mandé a Javier a su habitación y yo me dirigà hacia donde estaba Miguel que habÃa estado viendo desde su silla a los dos allà sentaditos frente a la puerta.
Por la noche en la cama, conté a Miguel pormenorizado y con todo detalle lo ocurrido con Javier. Digo todo, ya que no oculté la felación ni mi largo trago de semen.
Cada dÃa notaba en Miguel más placer al escuchar lo acaecido con Javier; también a mà se me hacÃa más excitante el contárselo. Ya una vez finalizado el relato y después de repetirme Miguel del placer que sentÃa cuando le contaba esas cosas; aunque no hacÃa falta que lo dijese, se le notaba en la cara; me comentó que lo mejor serÃa que cuando llegaran Pedro y MarÃa, les dejásemos para ellos nuestra habitación de matrimonio y nosotros pasásemos a otra habitación en la cual habÃa una cama de plaza y media y un sofa-cama de una plaza, asà que tendrÃamos que dormir separados ya que, lo digo esto por los que desconozcan el problema de la parapléjia, al no tener movilidad en la parte inferior del cuerpo, les cuesta mucho moverse en la cama, por lo que en una cama de matrimonio, la molestia que puede ocasionar a la pareja es mÃnima, pero en una de reducidas dimensiones, resulta realmente incomodo para los dos, asà que lo mejor era utilizar cada uno una cama. Me pareció correcto, el tener ese detalle con ellos.
A la mañana siguiente procedÃa a pasar nuestra ropa del armario de una habitación a otra para que cuando llegasen, ya estuviera todo arreglado. Cerca del mediodÃa, llegaron a casa los invitados. La sorpresa para nosotros fue que llegaban acompañados del hermano de MarÃa, un chaval de 14 años. Comentaron que como Miguel les habÃa dicho que estaban con nosotros mi hermano, al cual ya conocÃa Luis, (es el nombre del hermano de MarÃa), y nuestros sobrinos, habian pensado en que éste se lo iba a pasar estupendo con ellos.
Naturalmente comentamos que perfecto, que no habÃa problema y que ya pensarÃamos como alojarnos todos. Mientras nosotras dos nos fuimos a deshacer las maletas que llevaban, Miguel y Pedro se quedaron en la terraza y los chicos se bajaron a la playa.
Estábamos en la habitación deshaciendo el equipaje, hicimos repaso de los meses en los que no nos habÃamos visto. Por lo que decÃa, podÃa comprender que la vida de MarÃa era un calco de la mÃa. Todo el dÃa atendiendo al marido y las noches éste haciendo lo que podÃa para complacerla en el terreno sexual.
Al bajar a la terraza, salimos con unas cervezas, unas patatas fritas y unas aceitunas, asà comenzamos ya la conversación los cuatro. Miguel comentó que habÃa pensado que para organizarnos en la casa, lo mejor era que, Roberto mi hermano, pasase a nuestra habitación, ya que dijo podÃa dormir conmigo, y asà Luis podrÃa dormir en la habitación con los otros dos chicos.
Tanto Pedro como MarÃa manifestaron su oposición, ya que si alguien iba a estar incómodo, esos tenÃan que ser ellos. Ante la insistencia que observaba en Miguel de llevar él la razón yo increpé, que me habÃa pasado media mañana pasando la ropa de una habitación a otra, y que no estaba dispuesta a pasarme la tarde otra vez de mudanzas, asà que quedaba decidida la forma en que Ãbamos a aposentarnos.
Debà decirlo con tanto ahÃnco que vi como todos se reÃan y expresaban su conformidad con gestos y "Está Bien, Está Bien", sea como tú dices. Tras un largo rato de charla, MarÃa se levantó y dirigiéndose a mÃ, me dijo si Ãbamos a darnos un baño al mar. Me levanté como si hubiera tenido un resorte, llegamos al mar y rápidamente se nos juntaron los chicos, comenzaron a tirarnos agua y a correr por nuestro alrededor. Jugamos un rato con la pelota en el mar. Observé como ahora tanto Roberto como Jesús observaban con atención a MarÃa, esto me produjo algo de envidÃa, hasta ahora habÃa sido el centro de la atención. De todas formas, también observé como Luis era en mà con quien se fijaba, por descontado Javier sólo tenÃa ojos para mÃ.
Después de largo rato de juegos en el agua, regresamos las dos hacÃa la terraza, allà iniciamos otra charla con los maridos. Al rato de estar hablando Miguel dirigiéndose a mÃ, me pidió que con ayuda de MarÃa, podrÃamos poner el biombo que habÃa en el salón comedor el cual separababa la habitación en dos partes, como digo podrÃamos subirlo a la habitación donde tenÃamos que dormir ya que no deseaba que Roberto tuviera que ver como yo tenÃa que ayudarle en todo; desnudarlo, ponerle el pijama, meterlo en la cama y por la mañana a la inversa.
Esto aunque parezca una tonterÃa, es lo que más les molesta a los parapléjicos, verse observados por otras personas ante su incapacidad más Ãntima.
Asà que MarÃa y yo nos dirigimos a la casa para trasportar el biombo a la habitación. Una vez estábamos en la habitación, MarÃa preguntó - Imagino que os hemos molestado al venir con Luis, ya veo que hemos hecho mal.- . - ¿Porqué? - contesté yo.
Paso a decirme que el haber tenido que sacarnos de la habitación que usábamos ya era más que una molestia. A lo cual le respondà que aunque hubieran venido ellos dos solos, les hubiéramos cedido igual la habitación.
Ella insistió en que encima de todo, me veÃa obligada a dormir con mi hermano. - Eso sà - le dije - No se como vamos a decÃrselo ya que él es lo último que se espera-, lo dije creo con una mueca lo que provocó que sonriéramos. - Fijate - continué - nunca he dormido con él; la última vez que lo vi desnudo posiblemente tuviera unos siete años y él estoy segura que nunca me ha visto a mi, asà que imagÃnate el plan para esta semana. -continuamos riéndo.
MarÃa apostilló - La verdad asà como lo cuentas, no se si sentir pena o envidiarte - Aquellas palabras hicieron no se el porqué de mis labios salieran - Pues casi te diré que más bien puedes tener envidia -, y ante un "A sÃ....", comencé a contarle que debido a que Javier el primer dÃa se habÃa metido a dormir con arena en el cuerpo, a partir del dÃa siguiente cuando regresaban de la playa lo duchaba yo cosa que hacÃa que cada dÃa tuviera que verlo desnudo.
Naturalmente la ráfaga de preguntas fue inmediata. No conté todo, faltarÃa más. Pero si me recree en la forma de lavarlo, como se le ponÃa su pollita, como se la lavaba, etc. Ante su insistencia, tuve que describirle el tamaño del pene ante lo que ella exclamó "No esta mal para su edad". También ya casi liberada, le dije que en los últimos dÃas yo también me desnudaba y nos duchábamos juntos, reconociéndo que dejaba que Javier me ayudase a quitarme la arena con sus manos.
Todo eso se producÃa entre risas, por un momento pensé en que ella no se creÃa aquello, que estaba pensando que me lo estaba inventando. Pero al fin dijo - ¿Y hoy también te encerrarás en la ducha para lavarlo? - . - ¿Porqué no iba ha hacerlo?- respondÃ.
Llegó la hora de la ducha, en primer lugar fuimos Javier y yo. Tras cerrar la puerta, nos desnudamos y comencé a lavarlo, éste me sorprendió ya que sin yo haberle dicho nada, comenzó a tocarme los pechos pasando posteriormente a recorrer todo el cuerpo. - Que decidido estás hoy - le dije, a lo que él contestó, con cara de sorpresa - Lo siento, creÃa que me dejabas - Lo tranquilicé al decirle que sÃ, que podÃa tocar cuanto quisiera, pero que hoy no Ãbamos a tener mucho tiempo ya que al estar los invitados fuera, habÃa que darse prisa. Asà que aquella tarde tuvo que salir sin que pudiera descargar aquel hermoso semen.
Por la noche tras la cena, tomamos un rato el fresco en la terraza, mientras los chicos jugaban por ella nosotros tomamos un café. Al rato, Pedro manifestó que se encontraba cansado y le pidió a MarÃa que lo llevara a la cama diciéndole que luego podÃa volver a bajar a charlar con nosotros.
Miguel se decantó también por irse a la cama, asà que decidimos ayudarles a acostarse y luego regresar a la terraza ya que aún era pronto y ninguna de las dos tenÃamos sueño es más, los chicos se los estaban pasando de fábula jugando al Monópoly.
Al llegar a la habitación Miguel me hizo colocar el biombo de una forma determinada. Comentó que asà él desde la cama y a través del espejo del armario, podÃa observar prácticamente toda la habitación, por supuesto veÃa con perfección la cama donde tenÃamos que dormir Roberto y yo, (En ese momento recordé que aún no le habÃamos dicho nada a Roberto), incluso con la luz de la lamparilla de la mesita y gracias a la sombra que producÃa el biombo en el sofa-cama, desde la cama no se podÃa ver el mismo ya que únicamente allà se veÃa una zona de sombra, asà que Miguel me pidió que cuando entráramos en la habitación encendiera la lamparilla y asà él podrÃa observar como nos desnudábamos y nos acostábamos. QuerÃa que consiguiera que nos acostáramos los dos desnudos.
Cuando bajé a la terraza ya estaba allà MarÃa. Continuamos charlando y luego llamé a los chicos para darles la noticia de cómo iban a dormir. Pensé que tal vez ellos también habrÃan pensado como iban a dormir ya que no hacÃa falta ser muy listo para saber que faltaba una cama.
Directamente sin rodeos y dirigiéndome a él, le indiqué a Roberto que mientras ellos estuvieran en casa tendrÃa que dormir conmigo ya que no habÃa más sitio. Su cara fue de sorpresa. El resto también, ya que miraron rápidamente a Roberto, dirÃa que con la mirada le felicitaron por la suerte que tenÃa. En Javier vi celos, creo que esperaba ser el afortunado en la elección, por eso inmediatamente quise añadir - Ya que alguien tiene que dormir conmigo, lo más indicado es que sea mi hermano ¿Verdad? - dirigiéndo la pregunta a MarÃa.
Ésta por supuesto me dio la razón comentando que era lo más sensato y normal que fuera mi hermano y no un sobrino. Eso hizo que Javier se conformara.
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