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Autor Tema: Un dí­a en el supermercado.  (Leído 400 veces)
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« en: Junio 09, 2006, 12:39:32 »

Aquél dí­a me empujó hasta el gran supermercado, las dos hembras de la casa, ósea mi suegra y mi esposa;




Y allí anduve detrás de las señoras y sus respectivos callejeos, un trapillo aquí un capricho allí, y así horas y horas... Lo cierto es que con mi esposa estaba atravesando una de esas épocas en que pasábamos uno del otro, y ello me hacía mirar con otros ojos a las hembras que a mí alrededor pululaban, y la gran superficie era un buen escaparate para observar a las distintas hembras que por allí había, y a las que podía entrever entre los bastidores y probadores de ropa femenina, que podía contemplar a gusto como distintas mujeres escogían sus prendas más íntimas sin que nadie me molestara pues la presencia constante de mi suegra me servía de excusa para estar allí de plantón.

Cuando estaban mis dos hembras enfrascadas en la elección de uno de sus caprichos, pude observar como una mujer de unos cuarenta años, se acercaba al expositor de braguitas y escogía un mini tanga a pesar de poseer una buena grupa, donde parecía difícil poder meter aquella prenda, me miró y con una pícara sonrisa se metió la braguita en el bolso, cogió un pantalón y se fue al probador que quedaba muy cerca de mí a la derecha.

Una vez dentro dejó la cortina a medio correr y allí procedió a probar las prendas, enseñándome unas respingonas tetas y un culito respingón con dos buenas nalgas que mi suegra me impidió contemplar al pedirme mi opinión sobre una falda para mi esposa.









Lo cierto es que estaba contemplando en acción no solo a una auténtica cleptómana, sino a una de esas hembras de proporcionados volúmenes que invitaban a meterse con ella en el reducido espacio y armar allí la marimorena, sino fuese por las dos centurias que yo llevaba de escolta y el maromo que aquella hembra también arrastraba.

La factura final fue de órdago y que mansamente aboné ante aquella señorita de ojos azules y generosas proporciones que parecía invitarme a dárselo todo... quien si me invitó a comer en aquella fábrica de escaldabas fue mi mujer y allí me ví enfrente de aquellas dos lobas y unos menús que quitaban el apetito;.

Estaba por armar el lío y decirle a mis dos centurias que mejor nos íbamos de allí, cuando quiso la fortuna que en la mesa de enfrente se sentó la cleptómana con su esmirriado maromo, al cual sentó de tal forma que ella quedó enfrente de mí y a la cual podía observar entre mis dos "queridos guardaespaldas".

Mientras masticaba aquella medio bazofia, podía contemplar con atención aquella real hembra que pronto me saludó con una amplia sonrisa a la vez que se abría sus torneados muslos y poder contemplar una dulce oscuridad que cada vez se me hacía más nítida...

Mi querida cleptómana se bajó una mano a su entrepierna y se arremangó un poco más su ya pequeñita falda para que pudiera ver su peludo felpudo, el cual abría y masajeaba descaradamente bajo la mesa, mientras hablaba con el maromo y daba la impresión de que allí no pasaba nada...

El marido se fue hasta el mostrador de las bebidas y yo pude ver a la hembra en toda su dimensión, ésta me provocaba pasando de nuevo su mano por su raja y por la nariz y sacando las braguitas me hacía guiños y señas... yo estaba estupefacto, pues mis dos angelitos ya se estaban mosqueando con tanta atención por mi parte, y no precisamente sobre sus dos personas..

Lo cierto es que mi polla estaba a punto de estallar, entre las ganas de mear y como me había puesto aquella jamona, no pude resistir más y me dispuse a ir al lavabo, entré pues en el servicio de caballeros y me fui a uno de esos pequeños excusados, estaba dando rienda suelta a mi "madonna" cuando sentí que alguien por atrás me empujaba y cerraba la puerta del baño, aquello me cortó la meada no sin antes mojarme un tanto los pies y los bajos de los pantalones.

Al darme la vuelta para ver a mi presunto agresor, allí me encontré con mi querida cleptómana ya medio despelotada, la blusa bajada y con las tetas respingonas invitándome a comenzar con la labor de asedio y asalto, a la vez que se subía la falda y restregaba mi mano por su felpudo, fue restregárselo y ascender su soberbio olor de hembra en celo que ya buscaba entre mi bragueta mi sorprendida polla que tras unos breves masajeos en su búsqueda se puso a cien.

" Querido amigo, tenemos escasos 5 minutos y desearía probar esa polla de panoli que tienes, que a buen seguro me dará un repaso como dios manda; "

Me empujó contra el water donde caí sentado, me puso su felpudo para un concienzudo examen ante mi ojos y boca, allí como hambriento perdido en el desierto le metí un dedo y la lengua que encontró un abultado clítoris que sorbí delicadamente, aquello fue creciendo casi diría que desmesuradamente, lo cogí con dos dedos y se lo fui apretando alternativamente mientras que con un dedo iba pasando por su periné en busca de su ojete, que ya se espasmódicamente invitaba a ser adorado, y allí me entretuve otro buen rato metiendo y sacando un largo dedo corazón que era apretado y empujado por aquella zorrita hasta que le llegase el puño hasta la entrada.

Cuando ya estábamos ambos más ardientes que la hoguera de Juana de Arco, la atraje hacía mi y apuntándole con el pollón en ristre, mi querida cleptómana se dejó caer lentamente en la polla que era bien recibida por aquel oloroso felpudo.

Nunca me había encontrado tan a gusto en un chocho como aquél que se amoldaba como anillo al dedo a mi corta pero gordísima polla y que a medida que evolucionábamos al unísono en él "mete y saca", la real hembra hacía un pequeño giro sobre mi eje que me ponía ya en fase de disparo, viendo que éste era inminente, me susurró; "querido amigo yo llevo dispositivo alguno, por lo cual te ruego me permitas darme la vuelta y seguir por otro conducto, a buen seguro que tendremos más oportunidad " Y así fue como sentado en el water y ella apoyada sus manos en la puerta se fue introduciendo la morcillona en el ojete, a medida que entraba la crisis orgiástica de ambos venía en aumento y en segundo sentí como mi chorrera salía disparada hacía arriba y embadurnaba mi bragueta al ordeño de mi anfitriona, que ya se subía la blusa escondiendo aquellas respingonas tetas y se salía de mí restregando todo aquel mejunje por entre su culito y felpudo y dándome a lamer el resto de su mano, a la vez que me indicaba su dirección y teléfono.

Salí del water medio descompuesto por el polvazo y por que se descubriera la mancha que la zorrita me había dejado en la bragueta, mi dos angelitos me repetían si mi pasaba algo pues estaba como traspuesto y colorado, les respondí que nada sucedía mientras veía como se iba trotando mi querida cleptómana pasillo a delante con aquel cornudo al que estaba dispuesto a ponerle un mundo de cuernos por montera.
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