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« en: Junio 09, 2006, 01:16:12 » |
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¿Se acuerdan de Carolina, mi asistente?, bueno, después de lo ocurrido, siguió trabajando conmigo y hace apenas unas semanas renunció; pero nos dimos nuestra despedida, esta es la historia.
Ya era tarde ese viernes, precisamente me encontraba en mi oficina recordando la vez que abusé de Carolina y Norma junto con los dos tipejos (Ver relato: Como me viole a mi asistente); en eso, alguien toca a mi puerta, casi sin pensar digo ?adelante?. Era Carolina, se sienta frente a mà y me dice que necesita hablar conmigo; le digo que me diga que se le ofrece mientras oculto detrás del escritorio mi erección que tenÃa por el recuerdo de lo acontecido; ella sin darse cuenta, empieza a hablar:
Carolina- Ehhh.. quiero decirle algo muy difÃcil para mÃ. Yo- Pues dime, ¿qué puede ser tan difÃcil? C- Pues... ehhh.. ok, a eso vine y se lo tengo que decir; vengo a renunciar Y- (Sorprendido por la noticia tan abrupta)- Eh, oh, vaya... eh, y... ¿se puede saber porqué? C- Pues si, mire, me ofrecen otro trabajo con mejor salario y un puesto superior y pues... Y- Si, si, tienes razón, disculpa por preguntar, y... ¿cuándo te irÃas? C- Pues, en dos semanas, nada mas termina el mes. Y- Ok, pues, no puedo decirte más que desearte suerte y decirte que siempre seré tu amigo; aquà tendrás las puertas abiertas cuando gustes. C- Muchas gracias, Lic. yo sabÃa que Ud. comprenderÃa y como pues, es la segunda vez que renuncio... Y- Si, y por cierto, nunca me dijiste los motivos de la primera renuncia. C- No, ni se los diré, o quien sabe, tal vez algún dÃa me anime, pero prefiero no recordar. Y- De acuerdo, no hay problema, espero que te vaya muy bien y gracias por tu tiempo y dedicación (Hubiera querido decirle: y por tus nalguitas). C- Gracias a Usted, hasta el lunes. Y- Hasta el lunes.
Carolina se levantó para marcharse y volvà a contemplar sus nalgas que tanto me gustaron siempre; en cuanto se fue me quedé triste de saber que solo a la fuerza la tuve y que ella nunca fue mÃa realmente; seguÃa cavilando cuando ella entró de nuevo.
C- Eh, olvidé decirle una cosa Y- Si, dime C- También quiero invitarlo a mi boda. La noticia me cayó como balde de agua frÃa; ella habÃa seguido con el muchachito aquel aunque yo lo hubiera despedido. Y- Ah, muchas gracias, ¿cuándo es? C- TodavÃa faltan 8 meses, pero yo le traigo luego su invitación. Y-Ok, muchas gracias C- Bye Y- Bye.
Me quedé peor que la primera vez; aparte de irse y que ya no la verÃa; se casarÃa con ese baboso que tenÃa por novio; no es posible, inferà que esa era la verdadera razón de su renuncia; claro, si yo habÃa corrido al novio, seguramente le dijo: ?Nos casamos pero salte de allÃ?.
Estuve pensando todo ese fin de semana como le harÃa para tener a Carolina; pero no querÃa hacerlo de nuevo a la fuerza, eso no me satisfizo, querÃa que ella se me entregara; incluso pensaba en Carolina cuando estaba haciendo el amor con mi esposa y decidà que tenia que idear un plan antes de que se fuera, solo tenÃa dos semanas, asà que me tenÃa que apurar.
El Lunes a mediodÃa llamé a Carolina a mi despacho; le dije que en esas dos semanas tendrÃamos que trabajar duro porque necesitaba que preparara a la persona que se iba a quedar en su lugar y que ese mismo dÃa la iba a contratar; pero que tal vez necesitarÃa un poco de más tiempo o que se quedar aun poco más tarde. Ella me dijo que no habÃa problema, que como yo habÃa sido muy buena persona con ella, estaba dispuesta a apoyarme.
Ese mismo dÃa contraté a Sonia; una jovenFuente 23 años que estaba apunto de terminar su carrera, bastante guapa. Alta, delgada y de piel clara; ojos verdes y buenos pechos; algo tontita, pero ni quien se fijara en eso.
De inmediato algunos ?perros? que trabajan conmigo, le dieron la bienvenida y la rodearon de atenciones. La presenté con Carolina y me di cuenta de que a ella no le agradó mucho; esa era precisamente mi intención. Le dije que le enseñara todo a Sonia, ya que ocuparÃa su lugar.
Dos dÃas me bastaron para despertar los celos naturales de Carolina; me esmeré en tratar bien a Sonia, la llevé a comer el primer dÃa, la llamaba a mi privado y platicaba con ella de cualquier tonterÃa, delante de todos le decÃa cosas como: ?vienes muy guapa hoy?, o ?Te arreglaste diferente?, etc.
Me di cuenta que Carolina se habÃa encelado porque andaba muy seria y ya solo me hablaba para asuntos de trabajo. Le pregunté si estaba enojada y dijo que no; pero yo insistà y la invité a comer para que me platicara lo que le pasaba, ella aceptó, asà que el viernes nos fuimos a comer los dos solos.
Ya en la comida, Caro me soltó la verdad; estaba enojada porque todos en la oficina, incluyéndome, nos desvivÃamos por la nueva chica y a ella ya nadie le hacÃa caso, además de que no recordaba que a nadie la hubiéramos tratado asà nunca. Le dije que no me habÃa dado cuenta y le pedà que me disculpara y le prometà que ya no lo harÃa más y que verÃa que los demás también se tranquilizaran.
Realmente eso no me importaba, lo que yo querÃa era estar a solas con ella y ya lo habÃa logrado, ahora tenÃa que seguir con mi plan y llevarla a la cama ese mismo dÃa; asà que le dije que matarÃamos la tarde para comer a gusto. La habÃa yo llevado a un restaurante un poco alejado de la oficina, pero muy tranquilo y de buena calidad; además de que, como estaba cerca de la carretera, podrÃamos ?desviarnos? a alguno de los hoteles que por allà abundan.
HabÃa pedido la mesa más apartada y el mesero que ya me conocÃa; le pedà que nos diera trato ?especial?; él ya sabÃa que eso significaba que deseaba acostarme con la persona que iba conmigo y que tendrÃa que darle cierta bebida que harÃa más fácil mi trabajo.
Carolina casi no querÃa beber, pero le dije que esa era una ocasión especial y la convencà de que tomara más y más; una hora y media después, ella se habÃa tomado casi dos botellas y ya se reÃa de cualquier tonterÃa y se le habÃan subido los colores al rostro; señal inequÃvoca de que ya estaba ebria o al menos mareada; no esperé más, pagué y salimos del restaurante; ella me dijo riéndose que si no Ãbamos a matar la tarde y yo le contesté que si, que aún no acabábamos la celebración.
Nos fuimos en mi auto y vi que Carolina primero iba muy risueña y luego empezaba a aletargarse; tomé rumbo a la carretera, hacia un hotel que ya conocÃa bastante bien y que estaba un poco escondido. Al llegar, Carolina, medio adormilada me preguntó: ?¿Ya llegamos?? y yo le dije que sÃ; ella solo sonrió.
Era un motel en el cual uno entra con el auto hasta un pequeño garaje que está debajo de la habitación que se va a ocupar y a la cual se accede desde adentro; un encargado se acercó, me bajé del auto y le pagué por adelantado como siempre se hace; cerramos la puerta corrediza y corrà el pasador por dentro.
Regresé al auto; Caro me miraba con ojos vidriosos y me preguntó:?¿Dónde estamos??; le respondà que en el mejor lugar del mundo y ella no reaccionó. Le dije que se bajara, pero apenas podÃa sostenerse en pié; la ayudé, o mas bien, casi la cargué; la subà al cuarto y la deposité suavemente en la cama; ella balbuceó algo asà como: ?Que rico, tengo sueño?.
Comencé a desnudarla; ella me preguntó que estaba haciendo y le dije que poniéndola cómoda. Le desabotoné la blusa blanca y empecé a besarle el cuello; ella solo emitió un pequeño gemido: ?¡Aum!? y yo continué; al tiempo que la besaba, busqué el botón de su falda y lo desabroché. No hubo ninguna resistencia de Carolina cuando le bajé la falda y le quité por completo la blusa, luego procedà a bajarle las medias y allà si me preguntó: ?¿Qué hace?, no siga por favor?, pero yo no hice caso y seguà con su sostén, que afortunadamente se abrochaba por adelante. Lamà los senos con avidez, ella solamente suspiró mientras yo continuaba desnudándola; le bajé la tanga y con un dedo acaricié su clÃtoris que comenzó a excitarse.
Carolina empezó a acariciar mi cabello y fue cuando me di cuenta de que ya era mÃa, no se resistirÃa más; asà que continué acariciándola y metà un dedo en su panochita; me di cuenta que ya se encontraba mojada, asà que decidà no esperara más.
Me desvestà rápidamente y me coloqué en posición para meter mi verga en Caro; ella me dijo: ?por favor con cuidado, porque soy virgen?. No pude evitar sonreÃr par mis adentros, pues yo sabÃa que no lo era, y sabÃa que aparte de lo que le habÃamos hecho antes, se acostaba con su novio, pues era evidente. De cualquier manera empecé a meter mi verga despacio para que ella se fuera acostumbrando; ella abrió los ojos totalmente sintiendo como entraba; poco a poco se la clavé hasta llegar al fondo. Empecé a bombear a Carolina y ella comenzó a gemir de placer; primero despacio y luego más fuerte; acerqué mi cuerpo al de ella y nuestras pieles se tocaron, haciendo más sublime el momento de la entrega.
Ambos nos movimos al mismo ritmo; sus gemidos y los mÃos se confundieron; comenzó a decirme: ?¡AsÃ, asÃ, más más ,más asÃ, oum, asà papito, dámelo todo más asÃ, ah, ah ah!?. Yo seguà entrando y saliendo de ella con fuerza, impulsado por su voz que yo siempre habÃa soñado diciéndome eso.
Un buen rato duró nuestro primer encuentro, la sentà venirse dos veces y me daba cuenta por que sus gemidos eran más intensos y su panochita apretaba con mayor fuerza mi verga; no aguanté más y terminé dentro de ella soltando varios chorros de semen. Por supuesto yo no me habÃa puesto condón.
Nos acostamos lado a lado sudorosos y cansados; Carolina me miraba y le pregunté que sucedÃa; me dijo: ?¿SabÃas que eres el primer hombre en mi vida??. Casi me delato a mà mismo, pues le iba a decir que yo sabÃa que no era cierto, pero decidà disimular y fingiendo cara de asombro le dije: ?¿De verdad??, es un gran honor para mÃ. Luego me abrazó y ambos nos dormimos.
Desperté más tarde y al sentir el cuerpo desnudo de Caro junto al mÃo me volvà a excitar, por lo que comencé a acariciarla de nuevo; ella despertó al sentir mis caricias y también me acarició, luego nos besamos con pasión. Sutilmente, Carolina me empujó para acostarme boca arriba; mi verga levantada quedó apuntando al techo y sin mediar palabra, ella misma se acomodó para sentarse en ella.
Caro se clavó toda mi verga y empezó a moverse arriba y abajo, cabalgándome delicioso; yo la tomé de las caderas para ayudarla a moverse; de nuevo ambos gemimos prácticamente al unÃsono. Carolina se movió gozando de la cogida recargada en mi pecho; de nuevo noté que tuvo tres orgasmos. Luego se levantó, sacando mi verga y de inmediato se acostó junto a mà y comenzó a mamarme la verga. Ahà me di cuenta que Carolina ya tenÃa bastante experiencia en el sexo, pues mamaba riquÃsimo. Ella me chupaba y con una mano me sobaba los huevos, no tardé mucho en venirme y Carolina se tragó mi semen como si fuera una bebida deliciosa. Luego lamió mi verga y mis huevos y por último fue subiendo hasta darme un beso en la boca. Acostándose a mi lado me dijo: ?Siempre habÃa esperado esto, desde que entré a trabajar contigo me gustaste, pero nunca me atrevÃa a decÃrtelo; pero como sabes me voy a casar y amo a mi novio, además hay algo que debo confesarte, realmente no soy virgen?.
Me hice el sorprendido, pero antes de que yo contestara, ella me pidió que la escuchara y me contó lo que habÃa sucedido en la oficina; todo lo que me contó yo lo sabÃa, pues como recordarán yo estuve ahà y de hecho fui el provocador de lo mismo. No pude evitar excitarme mientras ella me contaba lo que ?Tres tipos malditos?, como nos llamó, le hicieron a ella y a Norma. Me coloqué una sábana para que ella no se diera cuenta de mi excitación y seguà escuchándola. Cuando terminó, la abracé y la consolé diciéndole que olvidara ese horrible capÃtulo en su vida y viviera lo que venÃa; le dije también que me hubiera dicho cuando sucedió para haberla ayudado en ese entonces y haber levantado una denuncia o algo; pero ella me dijo que en ese entonces se sentÃa muy mal y le daba mucha pena contar aquello; además la habÃan amenazado, por eso no hizo nada.
Caro me acarició y al bajar su mano notó que estaba excitado, por lo que me dijo sorprendida: ?¿Te gusto mucho o qué??. Yo le dije que si, que de igual manera ella me habÃa gustado desde hacÃa tiempo y que no le habÃa dicho nada por respeto, pero que ahora que ya no éramos jefe y empleado, podÃamos despreocuparnos. Caro me colocó un dedo en los labios callándome sensualmente y luego fue bajando por mi cuerpo hasta llegar de nuevo a mi verga, giró su cuerpo de tal manera que su panocha quedó frente a mi cara y entendà que ella deseaba un 69; comencé a chuparla mientras gozaba de las mamadas que ella me daba. Nos estuvimos chupando un buen rato, gozando de nuestros jugos sexuales. Un rato después, Carolina se detuvo y gateó hacia la orilla de la cama, quedó en posición de perrito y me enderecé; me coloqué detrás de ella y le clavé la verga de nuevo.
Estuvimos haciéndolo durante unos veinte minutos, durante ese tiempo solo se escucharon nuestros gemidos de placer; fue cuando supe que Carolina era una mujer sumamente fogosa y envidié al muchacho que se iba a casar con ella, pero por otro lado, me sentà contento de haberla poseÃdo antes que él.
De nuevo Caro tuvo su orgasmo y yo terminé dentro de ella, terminamos rendidos. Después de descansar un rato, nos bañamos juntos y nos fuimos en silencio. La dejé en su casa y quedamos de comunicarnos después; dejamos abierta la puerta para una nueva aventura.
Aunque Carolina todavÃa trabajó unos dÃas conmigo, tratamos de no estar muy cerca para no despertar sospechas. Luego ella se fue y dentro de poco es su boda, espero verla antes, ya le mande un mail a ver que me contesta.
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