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« en: Junio 08, 2006, 10:33:24 » |
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Otros, Western erótico, hetero, infidelidad. Western, sexo y algo más...
El apareció por nuestro valle aquel caluroso verano, venÃa montado en su caballo prieto con manchas blancas, desde lejos se podÃa apreciar que no era un hombre común. Su cuerpo era demasiado grande para ser real. Mientras se acercaba a nuestro rancho pude fijarme en sus facciones indÃgenas y en las enormes proporciones de su cuerpo. Su cara mostraba unos negros ojos entrecerrados pero vivos, del mismo color que su negra cabellera, unos pómulos fuertes y marcados al igual que su mentón y una enorme cicatriz que iba desde el lado de su ojo izquierdo hasta cerca de su poderosa barbilla, detalle que lo mostraba aun más brutal a pesar de sus dos metros de altura y de sus gigantescas proporciones. ¿No serÃa mucha molestia pedirle un poco de agua pa la bestia patrón?- preguntó el gigante. Saque la que necesite amigo- Respondió mi padre tapando con su mano el caluroso sol para apreciar mejor a semejante monstruo. Mientras el desconocido sacaba agua del pozo pude observar la pistola que colgaba de su cinturón y el rifle que tenÃa sujeto a la cincha de su caballo. Yo hubiera ido a examinarla un poco mas, pero justo en ese momento llegaban a nuestra rancho un grupo de cuatro hombres montados. Hombres del Sr, Gonzales, el rico y despiadado terrateniente que tenÃa sus tierras cerca de nuestro humilde rancho. Que lindo vestido señora, pero le apuesto que es mas lindo lo que hay debajo- dijo uno de los matones insolentemente a mi madre. ¿Qué es lo que buscan señores?- Dijo mi padre interponiéndose. Los ojos del pistolero seguÃan mirando fija y lujuriosamente a mi madre cuando dijo: Ya sabes granjero, el Sr. Gonzales quiere tu tierra. Pues no está a la venta- respondió ahora nervioso mi padre. ¿Quién habló de comprar rata miserable?- soltó el bandido, poniendo su mano sobre la empuñadura de su revolver. De repente los ojos del pistolero se abrieron con cierta sorpresa y su mano se alejó del revolver para afirmar nuevamente sus riendas, estaba mirando hacia donde estaba yo, cuando de repente escuché una voz detrás mio. "Muchas gracias por el agua patrón, ¿tiene algún problema?" era el indio gigante , tenÃa tomada la empuñadura de su revolver y su mirada era tranquila pero firme y segura. Piensa lo que hablamos- fueron las ultimas palabras del bandido antes de dar vuelta su caballo y partir en dirección a la casa de su jefe con sus tres compinches. Padre los miraba alejarse con una mirada que yo habÃa visto antes, de impotencia y rabia. Pero luego se calmó y dijo al indio. Bueno desconocido, se está haciendo tarde, ¿ por que no se queda a cenar y pasa la noche en mi granero, no es lo mas cómodo, pero es lo que podemos ofrecerle, además aprovecha de descansar su caballo, que bien cansado se ve-. Con mucho gusto- respondió el gigante. Mi nombre es Eulogio y mi señora se llama Corina y es la mejor cocinera de la región- dijo mi padre- pero todavÃa no sabemos su nombre amigo- Mi nombre es Chivago- fueron todas las palabras que nos habló. Padre no mentÃa acerca de las cualidades culinarias de mi madre. La cena consistió en un sabroso cerdo asado, choclo, porotos y una tarta de manzana. Mi hermana llegó tarde a la cena y se llevó una reprimenda de parte de mi padre. Entre bocado y bocado el indio miraba de reojo a mi madre y a mi hermana. De repente me miró a mi: -¿Que es tan interesante muchacho?- me pregunto observándome con esos ojos tremendos y negros como la noche Nada señor solo querÃa saber como se hizo la cicatriz que tiene en la cara- No seas intruso, no molestes al señor- fue la única respuesta que recibà departe de mi padre. Terminamos de comer y Chivago dijo dándose palmadas en su estomago Señora Corina esta es la mejor comida que he tenido en mucho tiempo- Gracias- dijo mi madre un poco ruborizada. Le encantaba que le alabaran su comida.
++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++ Corina miraba al indio como se acomodaba en el granero, la tarea se le hacÃa fácil ,ya que una lámpara iluminaba la habitación y la gigante figura. ¿Necesita algo Señora?- dijo Chivago sin darse vuelta apenas entró Corina al granero. El hombre parecÃa percibir todo lo que pasaba a su alrededor. Corina se acercó lentamente, mientras el se daba vuelta para observarla. -Señor Chivago, me preguntaba si habrÃa alguna posibilidad de que usted se quedara trabajando en la granja. Hay muchas cosas que hacer y mi marido estarÃa mucho más aliviado si contara con vuestra ayuda -. -¿Para que lo ayudara con la granja o con esos hombres que vinieron en la tarde? - Preguntó inquisidor el indio. Corina enrojeció, avergonzada al haber sido adivinadas sus intenciones, y le dijo- Con las dos cosas señor -. Pero Eulogio es un hombre grande, ¿por que no él les hace frente?- Por que es contra nuestra religión el hacer daño a nuestros prójimos, señor - Un hombre de verdad tiene que defender lo que es suyo- sentenció el indio en su manera brutal - ¿Y que es lo que esos hombres quieren con ustedes?- Esos que usted vio son hombres del Sr. González, un poderoso terrateniente del valle vecino al de nosotros, y nuestro humilde rancho se interpone en sus planes de apoderarse de toda la tierra que tuvo alguna vez su padre. Y también tiene interés por que hay algunos pozos de agua en nuestra tierra que el quiere para dar de beber a sus animales. Pero.. ¿que dice?, se quedará a trabajar con mi marido, aunque sea lo que dure la cosecha, por favor se lo suplico......- Yo juré nunca mas trabajar la tierra- respondió Chivago- Pero como ustedes han sido tan amables conmigo, lo pensaré si la paga es justa. Usted ha visto que nosotros no tenemos mucho, pero le podemos ofrecer comida y techo- dijo Corina con voz esperanzada. No es mucho- dijo el indio. ¿Qué podrÃa ser entonces? Hace mucho que no estoy con una mujer, Corina- dijo Chivago, con su voz grave tuteándola por primera vez. Corina se puso roja como una manzana, la saliva se le hizo difÃcil de tragar. Ella creÃa realmente que los deberes de una mujer eran para con su marido y que de los mas importantes era prestarse para satisfacer las necesidades carnales de su esposo. Pero con el y nadie mas, asà lo mandaban las escrituras. Yo creà que usted era un caballero señor, pero veo que me he equivocado. Buenas noches.- Dijo violentamente Corina mientras se disponÃa a partir rauda a la casa. Corina espera- Dijo Chivago cuando Corina ya iba en la puerta del granero. Ella se frenó y dio la vuelta para mirarlo- ¿Alguna vez has escuchado la expresión, hacer una paja?- No señor. Eso es cuando aprietas la polla de un hombre hasta que se venga. Si tu me haces eso todos los dÃas yo me quedo a proteger a tu familia.- Pero... pero eso es asqueroso. Piensa que es como ordeñar una vaca, huachita. Solo pasa tus manos de arriba abajo hasta que me corra- Como ordeñar una vaca- dijo Corina pausadamente, como pensándolo, sin darse cuenta del nombre que le habÃa dado el indio, huachita era como llamaban los hombres del pueblo a las mujeres que ofrecÃan sus cuerpos en las casas de citas, pero ella no estaba pensando en eso, solo pensaba en el efecto atemorizante que Chivago habÃa causado en los pistoleros del Sr. González esa mañana. - Si yo hago eso por usted, entonces ¿se quedarÃa?-. Si huachita. Si me haces acabar todos los dÃas, yo me quedo todo el tiempo que me necesite.- ¿Y como lo hago? El respondió acostándose en su cama improvisada (unos sacos encima del trigo) mirando con un brillo en sus ojos sabiendo que habÃa ganado - ArrodÃllate entre mis piernas y desabrocha mi pantalón- Corina se sintió enojada. Un indio estaba siendo condescendiente con ella. Bastante aprovechadores y confianzudos se habÃan puesto después de la emancipación, pensó, sin embargo ella consideraba que esto era un pequeño precio que estaba pagando con tal de tener a su amada familia protegida. Esto solo serÃa como ordeñar una vaca. Tomar la tetilla y estrujar hasta que saliera la leche. Se arrodilló entre las piernas del monstruo y desabrochó el cinturón y el botón mientras el la miraba. Con sus dos manos bajó los pantalones hasta medio muslo. Corina no querÃa mirar nada, asà que dio media vuelta su cabeza y con los ojos cerrados buscó a tientas con sus manos, hasta que su mano derecha agarró algo. - Por favor quite su brazo de ahÃ, me molesta - dijo ella. Ese no es mi brazo- respondió el indio Corina no se pudo aguantar y abriendo los ojos dio vuelta la mirada. - No puede ser, - dijo genuinamente asombrada- es mas grande que la verga del potro del Sr. Sullivan- Chivago solo sonrió y bajó sus pantalones hasta sus rodillas, dejando al descubierto sus bolas. Se veÃan como dos manzanas maduras dentro de un saco negro. ¿Cuál es el problema Corina, acaso la polla de Eulogio no es asÃ? Corina realmente nunca habÃa observado el genital de su marido, solo hacÃan el amor a oscuras y en la posición mas recatada. Ignorando la pregunta dijo: ¿Cómo empiezo?- Escupe en tu mano- el dijo. Ella lo miró con furia pero le obedeció.- Ahora cójeme la punta de mi polla- Al hacer esto Corina, la piel se deslizó para atrás y emergió una cabeza enorme, un poco mas chica que la mano de Corina empuñada, y de un color rojo furioso. ParecÃa viva, casi la observaba con su único ojo. La polla de su marido nunca habÃa estado tan gruesa y grande pensaba Corina. El indio gruñÃa mientras lo tocaban. Ahora toma el resto- dijo Corina escupió de nuevo su mano y apretando ese enorme pedazo de carne empezó a mover lentamente su mano de arriba abajo. Esa polla tenÃa por lo menos veinticinco centÃmetros y era casi del mismo ancho que el brazo de Corina. Era tan grande que Corina no podÃa evitar sentirse intimidada, y algo curiosa a la vez. Mientras un calorcillo iba subiendo por sus mejillas. - Ahora ordeña la vaca mi huacha- dijo pÃcaramente Chivago Corina empezó a apretarla. No podÃa creer lo que estaba haciendo pero tampoco podÃa creer esas proporciones, eran mas propias de un burro, de un caballo, en fin de un animal pero no de un hombre. Era como una enorme serpiente que la iba encantando. Era tan dura que se podÃa clavar un clavo con ella- Esta parece la polla del diablo- pensaba Corina. Pronto su mano empezó a cansarse escupió la otra y continuó. Luego se cansó esa también y no le quedó mas que con las dos manos acariciar y apretar esa atemorizante pero hipnotizadora pitón. Es tan caliente- murmuro Corina. ¿No es asà la de tu marido?- Preguntó Chivago. No se. Nunca le he hecho esto a mi marido. Mas rápido, mas rápido, que pierdo la inspiración- Sus dos manos estaban cansadas pero Corina aumentó la velocidad. Señor Chivago, está creciendo mas- dijo Corina sollozante ya por el esfuerzo. Toda la polla estaba sudorosa, y la cabeza tenÃa un color púrpura furioso y se veÃa tan grande que parecÃa que iba a explotar. Aprieta bien que ahora me vengo- dijo el indio entre dientes. Corina miró fascinada cuando el ojo de la pitón empezó a abrirse, soltó el monstruo y acercó un poco la cara para mirar con mas detalle. La primer explosión fue enorme y fue a dar directo a su cara, la segunda a su vestido, sus manos y su pelo. Se venÃa de nuevo y de nuevo.- Dios mÃo, pensaba ella, La corrida era mas que todas las corridas juntas de su marido en veinte años de matrimonio. Perdone señora, es que no me corrÃa desde hace varios dÃas- Corina se levanto y sin decir palabra se fue del granero rápidamente. Se sentÃa mal pero le parecÃa un precio abordable por mantener a sus hijos seguros. Fue al baño para limpiarse, pero el agua no parecÃa ayudar. El semen se hacÃa mas espeso. Ella querÃa sentir nauseas y arrepentimiento, pero el olor penetrante de la corrida y el recuerdo de esa bestia entre sus manos, extrañamente no se lo permitÃan. Es mas, querÃa que Eulogio estuviera despierto todavÃa, por que por primera vez en su vida, era ella la que querÃa hacer el amor con su marido. AsÃ, una vez que estuvo suficientemente limpia, subió a su dormitorio con ansias de sentir a su marido.........
+++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++ Chivago esa mañana devoró con mucho gusto el pan recién hecho por mi madre. Yo y mi hermana solo lo observábamos aun impresionados por las dimensiones del gigante. Algo extraño, eso si, eran las sonrisas que se cruzaban mis padres en la mesa, nada común en ellos, que generalmente se levantaban silenciosos. Mi madre también le dedicaba sonrisas al indio de vez en cuando, parecÃa que ella estaba igual de fascinada que nosotros con el visitante. Chivago- dijo mi padre- ¿estas muy apurado por irte?, quiero mostrarte la propiedad antes de que te fueras. Feliz lo acompaño, además necesito caminar para bajar estos deliciosos panes que hizo su señora- dijo guiñándole un ojo mi madre, que se puso roja como un tomate. Bueno, vamos entonces- dijo parándose mi padre. Yo me quedé mirando hasta que mi padre me invitó a que los acompañara. Nuestra tierra no era tan grande asà que en dos horas mi padre ya le habÃa mostrado a Chivago lo mas interesante. Ahora estábamos en el estanque, donde mi hermana Mery gustaba de bañarse los meses de calor. Mi hermana era una chica temperamental, que en esta época del año gustaba, después de hacer las labores en las casa, de ir al estanque donde se bañaba y se acostaba bajo los altos árboles a leer sus estúpidas novelas románticas y en eso se pasaba casi todo el dÃa. Antes le gustaba que yo la acompañara, pero desde que habÃa cumplido 16 años le gustaba ir sola. Esta es la razón por la que me molestan los hombres del Sr. González- Dijo mi padre mirando el tranque- El tiene que llevar su ganado a tomar agua a ocho kilómetros de aquÃ, lo cual hace que sus animales tengan que caminar y asà pierden peso y las carnes se les hacen mas duras, pero para mala suerte de el, no pienso cederle mi tranque ni vendérselo, y asà será- dijo mi padre al indio que lo escuchaba atento. Terminamos de dar la vuelta al campo y llegamos detrás del granero donde estaba la inmensa base de un roble que mi padre habÃa cortado hace tiempo- Hace mucho que quiero hacer leña este resto de árbol, pero las tareas del campo no dejan mucho tiempo- comento mi padre- me gustarÃa tener una ayuda por aquÃ- ¿Me está pidiendo que me quede a ayudarlo Don Eulogio?- preguntó Chivago. SerÃa una gran ayuda Chivago y además, por lo que veo, no te vendrÃa mal establecerte por un tiempo en un lugar.- Don Eulogio, yo tengo malos recuerdos del trabajo en la tierra de cuando yo era niño- Entiendo lo que me dices Chivago, pero te ofrezco una paga justa y la comida que cocina mi señora, ¿qué dices?. Justo en ese momento mi madre salÃa de la casa para avisar que el almuerzo estaba listo. Chivago se fijó en ella y dijo: Don Eulogio... acaba de contratar un trabajador- dijo el indio extendiendo su enorme mano a mi padre.
Después de almuerzo Chivago corrió su silla para atrás y se levantó de la mesa -¿ Adónde va Chivago?- preguntó mi madre. Señora. Un hombre tiene que ganarse la pensión cuando encuentra a alguien que cocina tan bien como usted.- Al poco rato después, Chivago salió de la casa y empezamos a oÃr los golpes secos que hace un hacha contra la madera. Mi padre se levantó de la mesa y se dirigió hacia fuera. Todos lo seguimos. Chivago estaba detrás del granero dándole golpes de hacha al enorme tronco de roble que habÃamos visto en la mañana. Con cada golpe que el gigante daba volaban unas enormes astillas en todas direcciones, sin duda era un espectáculo portentoso. Mi padre se quedó un momento observando hasta que partió al granero, volviendo con otra hacha. Me quedé mirando a los dos hombres como trabajaban por horas. Mi hermana Mery solo se quedó un rato hasta que se aburrió y se fue, seguramente al tranque. Cuando pasaron tres horas noté que el enorme tronco ya cedÃa. Con esto Chivago y mi padre se entusiasmaron mas y empezaron a darle mas fuerte al tronco hasta que después de una hora el tronco habÃa sido cortado. Con gran esfuerzo los dos llevaron el tronco hasta el lugar donde cortamos la leña. Cuando finalmente pudieron dejarlo ahà mi madre nos llamaba a comer. Los dos hombres comieron como si fuera la ultima comida que tuvieran, buena recompensa era después de la titánica tarea que habÃan hecho.
++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++ Corina carraspeó ligeramente para llamar la atención del indio apenas entró al granero. Chivago estaba desnudo frente a un recipiente con agua lavando su musculoso y enorme cuerpo del sudor del dÃa trabajado. La luz de la linterna reflejaba tenuemente el hermoso cuerpo del indio, haciendo que Corina sintiese sus rosados pezones endurecer. La magnÃfica polla del indio estaba semi erecta, sobresaliendo de ese cuerpo perfecto, colgando, siempre hipnotizante. -Polla- pensó ella extrañada, nunca le habÃa llamado polla al pene de un hombre hasta ayer, pero el término parecÃa calzar perfectamente a la culebra gigante de Chivago. -¿Vino a pagarme?- preguntó el indio. Si- dijo Corina, carrapeando nuevamente cuando Chivago se volteó y dejó caer la toalla que le cubrÃa la espalda, mostrando unas grandes cicatrices de latigazos que iban de arriba debajo de la enorme mole de músculos. Eran cicatrices antiguas pero dejaban ver la brutalidad con que habÃan sido hechas. Chivago se dirigió a su improvisada cama y se tendió de espaldas con las piernas abiertas al tiempo que le hacÃa una seña a Corina para que se hincara entre ellas. Ella obedeció. Por alguna extraña razón esperaba con ansias ese momento. Por una parte, era el recuerdo de la noche anterior en que se habÃa sentido tan cachonda que habÃa casi obligado a Eulogio a subirse encima de ella para un par de minutos de sexo. ¿Qué es lo que tiene en tu mano?- preguntó Chivago. No me es muy cómodo escupirme en la mano asà que traje un poco de miel de abejas. Espero que no te importe- Lo que sea- dijo escuetamente el indio. Corina asintió y procedió a destapar el frasco con miel. La polla de Chivago ya estaba dura anticipando lo que venÃa. Estaba totalmente erecta apuntando hacia el techo, la cabeza de la pitón emergÃa de entre los cueros en carne viva asemejándose a una rosa. Con ojos de deseo ella sacó un poco de miel del jarro y empezó a untar el monumento de carne. Hay un problema...- dijo Corina apenas empezó a apretar con su mano la polla del indio.- Tu semen me manchó el vestido la otra noche y me costó mucho sacar la mancha -. Yo te aviso antes que salte- dijo el indio Corina, satisfecha, volvió su atención a la verga del indio. Con las dos manos empezó a sobajear y apretar el miembro, ya que dos manos eran necesarias para envolver semejante monstruo. La miel actuaba como un excelente lubricante, sus manos corrÃan suavemente por la tiesa polla del indio. Ella podÃa notar que Chivago estaba gozando ya que arqueaba las caderas cada vez que sus manos bajaban, acariciando esa serpiente. El indio nuevamente estaba durando mucho, Corina levaba 25 minutos acariciándolo y recién empezó a notar ciertos espasmos. Me estoy acercando- dijo entre dientes el indio. Corina soltó la polla y retrocedió un poco. Pudo ver como la cabeza de la polla iba creciendo con cada latido de su corazón pero no acababa. Sigue huachita que lo estoy perdiendo- barruntó el indio Corina se movió a un costado de las caderas del indio e intentó seguir pajeándolo en esa posición pero el nuevo ángulo le hacÃa más difÃcil la tarea. Chivago se veÃa frustrado y sus ojos mostraban cierto enojo, entonces se puso de rodillas y poniendo su polla frente a la cara de Corina le dijo violentamente. Pajéame bien puta!!!. Ella un poco asustada tomó la polla con sus dos manos y empezó a apretarla y a moverla de nuevo. No tardó en ponerse a tope de nuevo. La cabeza de la verga parecÃa que iba a explotar luego, estaba roja incandescente y palpitante. Justo cuando la primera gota de semen aparecÃa por el ojo de la pitón, Chivago tomó la cabeza de Corina y la llevó hasta su miembro, la punta del mastodonte de carne estaba haciendo presión para entrara en esa delicada boca, cuando explotó. Ella sintió primero el sabor de la dulce miel justo ante de que la primera carga de semen llenara su boca. Corina habÃa sido sorprendida con la guarda abajo y estaba sin aliento. Inconscientemente tragó la primera carga y cuando volvió en si, asqueada sacó la polla de su boca y alcanzó a retroceder unos centÃmetros, la segunda avalancha fue a dar a su cara y vestido. Sin saber que hacer metió de nuevo la polla en su boca y engulló el resto de semen. Estaba sorprendida de lo caliente que era el jugo de este indio y de que el gusto no era desagradable para nada. Con estos pensamientos tragó el resto sin dificultad.
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Al dÃa siguiente Corina se sorprendió mirando a Chivago desde la cocina mientras trabajaba arreglando la reja de la casa sin camisa. DeberÃa estar molesta con el, pero algo en el interior de sus pensamientos no se lo permitÃa. Jhon estaba en el colegio y el resto de la familia estaban trabajando en el campo lejos de la casa. El indio estaba sin camisa y Corina podÃa ver como los músculos del gigante se marcaban sudorosos mientras martillaba, aceraba y clavaba la verja. Lo estuvo mirando tanto tiempo que descuidaba las tareas de la casa. Corina se trataba de concentrar en sus tareas hogareñas pero se desviaba muy seguido a mirar por la ventana para ver su adonis. Finalmente se entregó y decidió llevarle una limonada frÃa a Chivago con el solo propósito de observar mas de cerca esos músculos que no la dejaban concentrarse. Gracias señora- dijo el indio antes de bajarse de un trago el vaso entero- me viene muy bien- secándose la boca con su brazo. ParecÃa que lo necesitaba, además es una forma de decirle que no hay resentimientos por su mal comportamiento de ayer en la noche -. ¿A que comportamiento se refiere señora? A cuando usted introdujo su polla en mi boca señor- dijo ella simulándose ofendida. Yo lo hice para no mancharla nada más. Y en todo caso me pareció que usted lo querÃa en ese momento. Es verdad que lo quise, pero no era lo que yo llevaba en mente- dijo esto mientras el recuerdo de su boca llena de semen volvÃa a su mente pero extrañamente no se le hizo desagradable- Además que no resultó por que igual me manchó mi vestido señor.- Entonces hoy en la noche lo deberÃa hacer sin ropa y además para asegurarse, deberÃa beberse toda mi carga, de esa manera no hay posibilidad que se manche- dijo vivamente el indio. Yo no puedo hacer eso señor- dijo Corina sorprendida ante la sugerencia. ¿Por qué?- Una mujer decente no se aparece desnuda frente a otros hombres, señor, ni siquiera delante de su marido- DeberÃa sentirse orgullosa de mostrar un cuerpo como el suyo- dijo Chivago- cualquier hombre se volverÃa loco de solo verla.- Corina se sonrojó- Gracias señor, lo tomaré en cuenta- dijo y volvió a la cocina a preparar la comida.
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Corina saltó de la cama en el momento que escuchó a Eulogio roncar. HabÃa pensado toda la tarde en la sugerencia de Chivago y concluyó que desnuda era la mejor manera de salvar su vestido de las manchas. Ningún hombre la habÃa visto desnuda nunca y no podÃa creer que esta iba a ser su primera vez y ante un perfecto desconocido. Nuevamente pensó con sorpresa la cantidad de cosas nuevas que habÃa hecho desde que Chivago
habÃa llegado a sus tierras. Más extraño le parecÃa lo ansiosa que estaba de encontrarse con el esa noche..........
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