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« en: Junio 09, 2006, 12:39:51 » |
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Hetero-infidelidad-guasa-sado. Un matrimonio llevan más de diez años casados, él le hace a su esposa Miriam un comentario sobre el morbo que le darÃÂa ir de putas , a lo que esta le amenaza con cortarle el pene si lo hace. El acude a una reunión por la noche y a la salida ve a un exuberante mujer entre las sombras, excitado le pregunta que cuando le costarÃÂa, sorprendido la única repuesta que tiene es la voz de su mujer acompañada de un tiraron del que recibe un golpe, cuando despierta comprueba como su mujer le es infiel con el tiraron y esta aún enfada le quiere cortar el pene.
¡Como puede cambiar la vida en un solo dÃa! ¡Qué digo dÃa, en unas horas!
Y lo peor del caso es que las cosas pasan sin que uno pueda hacer nada por evitarlo. Para mi todo ha cambiado desde un dÃa fatÃdico, hace dos meses.
Mariam y yo llevamos diez años de casados y, si no es una contradicción en los términos, hasta hace dos meses, hubiera dicho que felizmente casados.
Nos casamos con ella de veintiocho y yo de treinta y dos años. Desde el primer dÃa que la vi, hasta hace dos meses, la he encontrado muy atractiva.
Mariam es alta, un metro ochenta, pelo negro azabache, tez muy clara, maravillosos ojos verdes en los que cualquier varón se ahogarÃa con gusto, pómulos salientes y una boca carnosa de sensuales labios. MagnÃfico busto, que si acaso ha aumentado de tamaño en los últimos años, pero que a sus treinta ocho años aun esta firme, desafiando a la gravedad. Conserva un estrecha cintura, espléndidas caderas, trasero duro y respingón, ni grande ni pequeño, simplemente perfecto y unas piernas verdaderamente esculturales. No lo digo por que sea mi mujer, pero Mariam llama la atención en cualquier sitio, andando por la calle, en las tiendas, en la playa, y no digamos cuando hay una fiesta.
Cuando va bien arreglada y se pone un vestido que revele algo y realce sus tentadoras formas, tengo que ir detrás de ella cerrando las bocas de los tÃos que se quedan babeando como lelos. Y no solo es el fÃsico (que no es poco) pero es que Mariam es muy trabajadora, simpática, con un gran sentido del humor y extremadamente inteligente (se reÃa con todos mis chistes). Claro esta, que no siempre estamos de acuerdo en todo, pero sin ninguna duda los diez años de casado han sido los diez mejores años de mi vida.
Por llevarnos bien, nos llevamos bien hasta sexualmente. También es verdad, que con el cuerpazo que tiene Mariam, seria difÃcil no estar satisfecho. Pero lo usa bien, disfruta del sexo tiene esa virtud, rara en las mujeres, de saber dar y aceptar placer. Sabe excitarme, llevarme la corriente y participa sin ningún problema en los estúpidos juegos sexuales que se me ocurren. Por ejemplo, recuerdo que hace dos años le dije que nunca habia estado con una puta y que la idea me daba un cierto morbo.
Ella dijo:
Pues como se te ocurra irte con una, te capo.
Dos dÃas después tenia una cena de negocios en un restaurante cerca de casa. Al acabar la cena, pasadas las doce, me encamine a casa, de repente en una esquina oÃ:
¡Pstss, pstss!
Al volver la cabeza vi una tÃa de bandera: alta, pelirroja, cubierta con un corto abrigo de piel que nada mas llegaba a medio muslo, piernas largas enfundadas en medias negras de amplia malla y zapatos negros de altÃsimo tacón. Estaba apoyada con una mano en una farola con el cuerpo en delicado e insinuante escorzo. Cuando vio que la miraba, la fulana, lentamente, sin ningún remilgo se abrió el abrigo y mis ojos casi saltaron de sus órbitas. Debajo del abrigo la tÃa nada mas llevaba un liguero sujetando las medias. Sus magnÃficos y generosos pechos y el afeitado pubis estaban expuestos para mi goce y contemplación. Como atraÃdo por un imán, embelesado por el coño afeitado y las larguisimas piernas me acerque hacia ella. La luz de la farola, viniendo de atrás, dejaba su rostro en sombra.
Mientras yo me acercaba, coincidiendo con un suave vaivén de caderas una voz baja, rasposa, sensual dijo:
¿Qué pichón, te lo quieres pasar bien?
¿Cuanto me costara pasármelo bien?
¡Qué cerdos sois los tÃos Jorge! Te me ibas a ir de putas sin mas ni mas.
La voz era la de Mariam, y cuando pude ver algo de la cara debajo de abundante maquillaje, la cara era la de Mariam y he de confesar que de cerca también podÃa identificar que los exuberantes pechos eran los de Mariam.
¡Coño Mariam! ¿Qué haces aquà a la una de la madrugada, vestida, o mejor dicho, desnuda de puta?
¡Que jeta tienes Jorge! Estabas listo para ponerme los cuernos picándote a una puta callejera y encima ¡te atreves a pedirme explicaciones a mi!
Estaba claro que el ataque frontal no iba a resultar, este era el momento para recoger velas, abandonar vÃa marcial y utilizar la vÃa diplomática.
Qué coño una puta callejera. Una tÃa bandera con unas piernas y unos pechos que no veas. Con una mujer asà ¡Hasta un santo anacoreta hubiera preguntado por el precio!
¡Cabrito eres Jorge y que labia tienes!. Me das coba, me derrito y te me escapas. Hace unos dÃas dijiste que te apetecÃa picarte a una putita. ¿Que te parece esta que está aquÃ?
Mientras asà me preguntaba, con ambas manos empujo sus pechos hacia arriba y me los ofrecÃa como en bandeja.
¡Coño Mariam! Que estas en pelota picada en medio de la calle.
Jorge, cuanto mas tardes en decidir, mas tiempo estaré con las tetas al aire.
Claro que me encanta esta puta. Y voy a echarle un polvo que va a hacer historia, Pero tápate, que como te has afeitado el coño igual coges un resfriado.
Pues ¡ala capullo! vamos a casa que te voy a hacer un buen "servicio".
Se me colgó del brazo y nos dirigimos a casa. La cachonda andaba bamboleando el culo y de vez en cuando hasta dejaba que se le abriera el abrigo mostrando los pechos. Los pocos tÃos con los que nos cruzamos en el camino, me miraban con envidia contenida a duras penas. A mi me estaba poniendo calentisimo, pero al mismo tiempo no sabia que decir o que hacer.
Se me ocurrió que si por casualidad nos vea algún conocido podrÃa ser un poco comprometido. Sobre todo si nos veÃa algún vecino o, pero aun, vecina podrÃa crear un escándalo. Cuando se lo dije a Mariam se echó a reÃr diciendo que, con la peluca pelirroja, las vecinas no la reconocerÃan asà que vendrÃan a verla para contarle que el golfo de su marido se iba de putas. Me quede un poco sorprendido de su desfachatez. Afortunadamente, llegamos a nuestro piso sin que nadie nos viera. Nada mas entrar, Mariam tomo el mando. Pasamos al cuarto de estar que se hallaba en una penumbra de luces azules (Mariam habia cubierto las lamparas con telas), y donde a bajo volumen se oÃa una música caribeña, dulzona y sensual. Mariam dijo:
Ponte "cómodo" que enseguida vuelvo.
Yo me desnude y me senté en el sofá. Enseguida entro Mariam. Venia en pelota picada, con los zapatos de alto tacón, las medias de malla negra y el liguero. Se habia quitado la peluca pelirroja y puesto una cofia blanca; en una mano, con el mejor estilo de camarero profesional, llevaba una bandeja con un cubo de hielo, una botella de cava y dos copas.
¿El señor tomara champagne?
Joder, Mariam. ¡Que bien que lo has montado!
El Señor me debe confundir con otra, mi nombre no es Mariam, es Paquita.
Vale Paquita, tomare champagne.
Después de esto Mariam (o Paquita) procedió a hacer maravillas. Me beso y chupo todo mi cuerpo. Poniéndose champagne en la boca se introdujo mi miembro en su boca. El burbujeo, el frÃo, y enseguida, cuando ella trago el champagne, la calidez de su sabia lengua me volvieron loco. Bailo en la habitación con los gestos mas soeces y provocativos mientras me invitaba a masturbarme mirándola. Se puso a cuatro patas en el suelo y me pidió que se la hincara como a una perra. Después de cada orgasmo me limpiaba con su lengua y con un nuevo besuqueo de todo mi cuerpo, unos sorbitos de champagne y jugando con mi pene entre sus pechos me ponÃa en forma otra vez. Me tumbo de espaldas en el suelo y en cuclillas se introdujo mi miembro en su recién afeitado coño, y moviéndose de arriba a abajo, mientras sus magnÃficos pechos bailaban para mi, me dio un nuevo orgasmo. Asà estuvimos mas de tres horas, Mariam todo el tiempo haciendo de puta sumisa, inventando posturas, exhibiéndose, excitándome, "sirviéndome" su cuerpo para mi placer; yo debà llegar por lo menos cuatro veces. Fue probablemente la mejor noche de sexo de toda mi vida. Tanto me gusto, que ella me sorprendió con "encuentros" callejeros tres o cuatro veces mas.
Esto es nada mas un ejemplo, otras veces ella me pedÃa que le hiciera cosas.
Le encantaba que la excitara con mi boca y me enseño a besar, chupar y lengüetear su clÃtoris. Con esta estimulación, Mariam podÃa alcanzar tres o cuatro orgasmos casi seguidos. Otro ejemplo de su inventiva y desparpajo.
HacÃamos un viaje a Galicia, después de un par de horas de conducir
Mariam dijo:
¡Uy Jorge! parece que te estas durmiendo. A ver si te puedo despertar.
Sin mas aviso o protocolo, abrió mi bragueta, saco mi pene y empezó a chupar. Que digo chupar, empezó a hacer diabluras. Se lo metÃa y sacaba, soplaba en el, estiraba el prepucio y me daba lengüetazos en el frenillo, aspiraba como un aspirador eléctrico.. y yo seguÃa conduciendo. Creo que el viaje se me hizo muy corto y desde luego ¡no me dormÃ! A ella fue a la que se le ocurrió alquilar videos porno, mientras los mirábamos y si ella veÃa que una "actriz" hacia algo que me excitaba, ella me lo hacia a mi. ¡Los malditos videos han sido el origen de mi desgracia!
***** Hace unos cuatro meses, Mariam trajo un vÃdeo a casa. Como siempre, después de cenar, nos sentamos desnudos en el sofá y empezamos a verlo.
La "actriz" era una tÃa que ya no cumplirá los cuarenta. De alguna forma la encontré muy excitante, no era una belleza clásica, ni mucho menos, pero muy incitante. La tÃa era guapota de cara, rubia, ojos claros, no era gorda si no mas bien entradita en carnes, con unos pechazos inmensos, creo que eran naturales, que aunque algo péndulos pedÃan a gritos ser chupados y estrujados. Tenia cintura, se insinuaba el principio de una barrigita, magnificas piernas y un culazo.. ¡Dios que culazo! Era grande, y se veÃa firme, redondo, terso, maduro, acogedor.. Nunca me habia fascinado tanto un culo, bueno, mas que un culo eran las ancas de una yegua cachonda.
Pero lo que me puso a cien fue que en la pelÃcula se la sodomizaron cuatro tÃos en cuatro posturas distintas: de pie, a cuatro patas como una perra, de espaldas con el tÃo aplastando sus piernas contra el suelo, mientras la camara mostraba su sexo vacÃo y el culo empalado por un gran pene, y con el tÃo echado en el suelo empalándose ella misma en cuclillas. No solo se la sodomizaron, la fulana ponÃa cara de gusto, se movÃa con vicio y a grandes voces pedÃa que se la metieran mas y mas. Yo no me pude contener, viendo a aquella tiarrona empalándose ella misma, con los enormes pechos bailoteando mientras gemÃa de placer y ponÃa los ojos en blanco, me masturbe como un mico y hasta manché el sofá con mi eyaculación.
¡Caray Jorge! parece que te ha puesto cachondo la guarra de la pelÃcula.
No te haces ni idea Mariam. Me ha puesto a cien, por favor, déjame que te de por atrás que me hace mucha falta.
¡Ni hablar! por el culo ni hablar. ¿Te has vuelto loco? Jorge sabes que te hago todo lo que quieras, pero por el culo no. No es natural, es una marranada, tiene que haber mierda por todos los lados, tiene que doler muchisimo y además es una forma de coger el SIDA. Lo que quieras menos eso. Jorge, por el culo ni lo pienses.
Yo insistÃ, rogué, amenacé pero no me sirvió de nada, Mariam se mantuvo firme en sus trece y acabamos yéndonos a la cama bien enfadados el uno con el otro y con Mariam conservando su virginidad posterior. A partir de ese momento, sin que yo sepa porqué, la idea de sodomizar el tremendo, turgente y tentador trasero de Mariam se convirtió en una verdadera obsesión. Pensaba en ello todo el dÃa, hacia planes para convencerla, ensayaba el dialogo en la oficina para ser mas persuasivo, compré flores, compré bombones, la lleve a cenar a restaurantes caros y Mariam.. mantuvo su virginidad anal. Cada vez que hacÃamos el amor yo me las arreglaba para tocar su ano, pero en cuanto intentaba meter un dedo Mariam, saltaba, se separaba de mi, chillaba y nos cabreabamos como monos. En mi desesperación, una noche mientras hacÃamos un sesenta y nueve, empece a lamer su ano. Mariam enseguida se separó y chilló:
Jorge ¡no seas marrano! si metes la lengua ahà ¡no te vuelvo a dar un beso en toda tu vida!
Siguió una acalorada discusión donde Mariam se quejo amargamente. Me dijo muy claro que habia hecho todo tipo de cosas conmigo, que le gustaba y disfrutaba de nuestras actividades sexuales. Que querÃa satisfacerme, que estaba dispuesta a probar muchas cosas nuevas, pero que el sexo anal no lo harÃa nunca. Le parecÃa sucio, peligroso, humillante, degradante y degenerado,. Estaba claro que Mariam no iba a tomar por la vÃa "angosta".
Quizás una persona mas sensata que yo hubiera dejado de insistir, o se hubiera buscado una puta acostumbrada a ello la hubiera empalado a conciencia hasta romperle el culo. Pero yo estaba obsesionado con el trasero de Mariam, con la idea de empalarla a ella, a Mariam, a mi mujer. InsistÃa dÃa tras dÃa, noche tras noche, semana tras semana, por fin una noche Mariam dijo:
Mira Jorge, me tienes harta. Todo el gusto y alegrÃa que me daba el hacer el amor, darte placer y disfrutar contigo, lo has destruido, ya no me apetece estar contigo, porque se que en cuanto estemos juntos vas a tratar de meterme algo por el culo. He dejado de ser tu mujer o tu compañera para ser un objeto, un culo que quieres perforar. Tan desesperada me tienes que he decidido dejar que me sodomices, a condición de que si no puedo aguantar mas y te lo pido, la sacaras inmediatamente. No me gusta nada la idea, pero.. no se me ocurre otra solución. Se que si no te dejo hacerlo vas a estar infeliz y amargar nuestra vida, si te dejo.. la infeliz voy a ser yo.
OÃr que se rendÃa me puso a cien, me tenia sin cuidado si lo decÃa con resignación de mártir cristiana a punto de ser echada a los leones. Lo importante era que iba a tomar por donde yo querÃa. Salà disparado a la cocina cogà mantequilla y me embadurne mi miembro. Le dije a Mariam que se arrodillara en la cama y poniendo su culo en pompa se lo unte con mantequilla por todos los lados. Con cuidado metà un dedo bien untado, cogà mas mantequilla, con dos dedos la metà en su ano y la repartà tan bien como pude. Volvà a untar mi instrumento bien untado y arrodillándome detrás de ella, agarre sus magnÃficos y colgantes pechos con mis manos, apoye la punta en su ano y pregunte:
¿Lista Mariam?
No, ni lo estoy ni lo voy a estar nunca, pero a ti cabrón te da lo mismo.
¡Métela cuando quieras!
Yo no me hice de rogar, como una bestia empuje, vencà la resistencia inicial y la hundà de un solo golpe hasta la empuñadura. Mariam soltó un aullido desgarrador y gritó pidiendo socorro como una desesperada, a pesar de sus gritos y resistencia, yo agarrado a sus pechos bombeé varias veces, pero ella seguÃa gritando entre sollozos:
Por piedad Jorge, ¡sácala, sácala!, me hace muchisimo daño, no puedo, socorro, socorro, no puedo.
Sin esperar mi respuesta, tirándose en la cama, se la saco, se dio la vuelta y bajándose de la cama se fue a un rincón de la habitación y sentándose en el suelo, medio en cuclillas, apoyada contra la pared, tapándose la cara, sozollozaba como una niña. Cuando me acerque para consolarla me aparto de un manotazo. Yo trate de hablar con ella, de asegurarle que no querÃa hacer daño, que le agradecÃa que lo hubiese intentado.. en vano, ella no respondÃa y seguÃa sollozando. Al cabo de media hora se levanto, cogió una manta del armario y se fue al cuarto de estar. Se tumbo sobre el sofá y se cubrió con la manta. A pesar de mi insistencia en que volviera al dormitorio Mariam se tapo la cabeza con la manta e hizo un gesto para que me fuera. Yo volvà a la cama, pero no pude dormir en toda la noche. Pensaba que era un imbécil estropeando un matrimonio que funcionaba de maravilla por una estúpida obsesión con el sexo anal. Cuando me levante por la mañana Mariam estaba en la cocina con grandes ojeras. HabÃa preparado el desayuno. Yo trate de disculparme pero ella me corto con una voz que cortaba como un cuchillo:
Jorge, es mejor para los dos si ahora no hablamos de nada.
Asà seguimos dos dÃas, ella preparaba las comidas, dormÃa en el sofá del cuarto de estar, no me dirigÃa la palabra y, secamente, cortaba cualquier intento de conversación por mi parte. Al tercer dÃa después de cenar dijo:
Jorge, vuelvo al dormitorio pero con una condición: que no se te ocurra tocarme, que no me toques en absoluto.
Mariam, como tu quieras pero me parece que estas exagerando. ¿Porque no hablamos un poco? Dime lo que piensas.
Jorge, mejor no hablamos ahora, quizás con el tiempo se me pase, pero ahora me das asco tu y me doy asco yo y si quieres saber lo que pienso.. aun no he decidido si cojo un cuchillo y te lo clavo en corazón o si espero a que estés con una erección y te corto la picha.
Sin mas palabras, se dio la vuelta y fue al dormitorio. Yo me quede de una pieza. Lo preocupante no era lo que habÃa dicho, si no como lo habÃa dicho.
Con calma, con frialdad, no como una amenaza si no como alguien que pondera alternativas. No me cupo la menor duda de que estaba no solo pensando en ello, pero cercana a la acción. Pensar que mi mujer hablaba en serio de cortarme la picha me parecÃa un poco demasiado. Me servà una copa de coñac y me quede rumiando las palabras de Mariam. Por fin fui a la cama y, con mucho cuidado para no tocar a Mariam, trate de dormirme.
Llevaba tres dÃas durmiendo poco y esa noche tampoco iba a ser la excepción. La ira y el odio que rezumaba Mariam no se iban de mi cabeza.
Continuaba con mis pensamientos, sin dormir, pero trataba de no dar vueltas para no tocar a Mariam.
De alguna forma debà dormirme, pero me desperté sobresaltado empapado con un sudor frÃo, mire el reloj: las dos y media. Tenia la boca seca y estaba sudando como un cerdo. Me levante y note que Mariam no estaba en la cama. Fui a la cocina, bebà dos vasos de agua y fui al cuarto de estar, para ver si Mariam estaba otra vez en el sofá abrà la puerta y oà la voz de Mariam diciendo:
¡Ahora!
Inmediatamente recibà un gran golpe en el mentón.
Cuando recobre el conocimiento no entendÃa nada. Estaba desnudo, me habitan quitado el pijama, sentado y atado a una silla en el cuarto de estar.
Mariam estaba allà también, frente a mÃ, desnuda pero con zapatos de tacón alto. Junto a ella, también desnudo, estaba un tÃo que, protectora y familiarmente, rodeaba su talle con su brazo. ¡Que digo un tÃo! Haba una mole con cierta vaga apariencia humana ¡qué bestia! ParecÃa uno de esos tipos grotescos que salen en las pelÃculas italianas de gladiadores. MedÃa, por lo menos, uno noventa, el cuello, grueso cilindro, mas que cuello parecÃa el tronco de un árbol, los hombros descomunales. Los brazos del sujeto eran mas gruesos que mis muslos. Cada musculo en sus brazos, tórax, abdomen, todos sus músculos destacaban y estaban definidos como los de una escultura clasica.
Los muslos eran ridÃculos de grandes, mas gruesos que mi tórax, y entre los muslos.. entre los muslos tenia un aparato capaz de hacer llorar de vergüenza a cualquier hombre. El fulano estaba empalmado y su descomunal tranca era, por lo menos, cuatro dedos mas larga que la mÃa y de gruesa.. por lo menos el doble que la mÃa. ¡Que bestia! Aquello no era una verga, aquello era una monstruosidad, un salchichón, una maza, un ariete, un instrumento de terror. La voz de Mariam me saco de mi asombro:
Vaya, por fin te despiertas.
¿Que me ha pasado?
Nada, no te ha pasado nada.
Ivan -dijo palmoteando el trasero del armario humano- te hizo una caricia en el mentón y perdiste el sentido. No digas nada y escucha. Por tu estupidez y obsesión nunca mas vamos a hacer el amor pero para que recuerdes lo bien que estaban las cosas y lo que te has perdido te voy a dejar que veas lo bien que follo con Ivan.
Sin decir mas se puso delante de Ivan y poniéndose de espaldas a mi, separo sus piernas, se inclino y empezó a chupar aquel tronco monstruoso. Yo nunca habÃa visto a Mariam con otro hombre. Ver aquel culo espléndido, con los cachetes separados, a dos palmos de mi nariz con las largas piernas bien estiradas, ver como subÃa y bajaba su cabeza y oÃr los sonidos del chupeteo me volvieron loco.
Mariam, no hagas esto, yo te quiero, ¡NOOO!
Vi como las manos del gigante, apoyándose en los hombros de Mariam, la hacia a un lado y dando dos pasos se acerco a mi. Era ridÃculo verle andar, con aquellos muslazos tenia que echar las piernas a lado primero, parecÃa un enorme pato mareado andando. Cuando llego hasta mi me dio dos tortazos tremendos que me dejaron oyendo campanillas. Mirándome a los ojos y agitando su dedo Ãndice delante de mi, en tono muy dulce con un gran vozarrón dijo:
Te han dicho que te calles, si vuelves a decir algo te abro la cabeza.
Sin esperar respuesta, se dio media vuelta y volvió a donde estaba. Cosa curiosa, después de las dos leches que me dio y el zumbar de mis oÃdos, su andar no me pareció tan ridÃculo. Se puso de perfil a mi y poniendo sus manos sobre los hombros de Mariam, la hizo inclinarse y la animo a chupar aquel mástil grotesco. No se como lo podÃa hacer Mariam pero consiguió acomodar su boca para que entrara aquel cilindro portentoso. Claro esta que nada mas se podÃa meter menos de una cuarta parte de su exagerada longitud, pero de alguna forma, supongo que desencajando su mandÃbula logro meterse algo de aquel pollón en la boca y hasta meter y sacar la punta.
El tal Ivan ponÃa cara de gusto y decÃa:
Si Mariam, puta mÃa, chupa, chupa que marica de Jorge aprenda.
Al cabo de unos minutos Mariam saco aquel vergón de su boca y dijo:
Ivan, vamos a enseñarle al marica de Jorge como jode un hombre de verdad. Follame en el aire, méteme tu polla maravillosa; la quiero sentir bien dentro de mi, casi rompiéndome; dámela mi amor ¡dámela!
El tal Ivan cogió a mi Mariam por los sobacos y con los brazotes extendidos la levanto como quien levanta un papel. Mariam enrollo sus piernas alrededor se la cintura de Ivan y lentamente se dejo caer sobre monstruoso instrumento.
¡No Mariam, no! te va a hacer daño, te va desgarrar, te partirá en dos.
Calla cabrón y mira como me meto una polla de verdad, no tu miserable gusanito de mierda.
Dicho y hecho. Siguió descendiendo hasta que aquel poste enorme, aquel tótem descomunal desapareció por completo dentro de su vagina. Pero no paro ahÃ, no, como una zorra viciosa empezó a moverse con un continuo mete y saca y poniendo los ojos en blanco, babeando murmuraba, chillaba, ronroneaba, animando, agradeciendo y jaleando a Ivan:
Ivan, so bestia me estas matando. Si, si dame mas de este pollón ¡ Dios que tranca! me rompe, me estas rompiendo, pero ¡que gustazo! Me llenas animal, me llenas, que pedazo de carne que tienes, dame mas y mas ¡dame!
Me corro, me corro. La quiero dentro de mi toda mi vida, no la saques nunca ¡nunca!
La muy zorra siguió asÃ, delante de mis ojos, a un metro de mi follandose con aquel monstruo enorme, con un vicio, pasión y degeneración como nunca habÃa visto. No se cuantos orgasmos tuvo, lo único que sé es ella gozaba como una furcia viciosa y yo estaba humillado como no lo habÃa estado en mi vida. Mi mujer follando con otro tÃo, en mi casa, delante de mi, gozando como una loca y diciendo que mi picha era un gusanito de mierda y que nunca mas follaria conmigo. Además la bestia del gladiador me habÃa hecho perder el sentido y me habÃa abofeteado delante de ella. Hablando del gladiador, Mariam llevaba mas de veinte minutos con su mete y saca, habÃa tenido innumerables orgasmos y aquel mástil descomunal seguÃa enhiesto, firme como una roca, si acaso aun mas grande que al principio. ¡Qué bestia!
Finalmente Mariam, después de una cadena de orgasmos pareció agotada.
Bájame, Ivan, bájame campeón, que eso es lo que tu eres mi campeón, mi maquina de placer.
Ivan la recogió en sus brazos y la tumbo en el sofá donde lentamente ella se recupero. Tendida en el sofá con las piernas abiertas yo podÃa ver el semen de Ivan rezumando de su coño entreabierto. Después de acoger aquel rey de bastos, lo sorprendente no era que el coño estuviera entreabierto, lo sorprendente es que no estaba desgarrado en mil pedazos. Viendo tal cantidad de semen rezumando no pude menos que mirar otra vez al ariete de aquel gigante. ¡Madre mÃa! HabÃa estado martirizando el coño de Mariam durante mas de veinte minutos, obviamente se habÃa corrido mas de una vez y el monstruoso instrumento seguÃa erguido y arrogante, literalmente tieso como un palo. ¿De que estaba hecho aquel bestia? ¿PodÃa mantener su insultante erección durante horas? ¿Estaba siempre en perpetua erección? Poco a poco, Mariam fue recuperando su aliento, lentamente se levanto del sofá y se acerco a mi cogiéndome la barbilla con su mano pregunto con gran sarcasmo:
¿Te ha gustado ver como folla tu mujer? Y nota que digo follar a lo que tu y yo hacÃamos le llamo hacer el amor. A esto, le llamo follar como esta mandado con un vergón de campeonato. Que bestia el Ivan, ¿has visto como esta empalmado todo el tiempo? Y ¡Virgen Santa! ¡que gloria de instrumento! ¿Te acuerdas de lo que decÃamos de niños para hacer rabiar a nuestros amigos? Lo veras pero no lo cataras. Tu querÃas darme por el culo ¿verdad? Pues solo lo veras, veras como lo empala Ivan con su vergón, veras como gozo con esta bestia metiendo su vergón en mi culo hasta que me salga por la boca, veras como me rompe el culo y como yo gozo con ello, pero mi culo no lo cataras, no.
¡Por favor Mariam! Por favor el culo no, lo que no me has dado a mi no se lo des a otro.
El gigante troglodita en dos pasos llego a mi y me dio otras dos bofetadas.
¡Que animal! parecÃa que lo hacia sin fuerza y yo casi pierdo el conocimiento. Muy bajito dijo el bestia:
Te han dicho que te calles.
Sin mas comentarios se dio la vuelta mientras a mi me saltaban la lagrimas de dolor y de humillación. Mientras tanto Mariam se puso detrás de una silla y doblando su cintura apoyo ambas manos en el respaldo separo bien sus largas piernas quedándole el maravilloso culo en alto, con los cachetes separados y con una increÃble cara de vicio y una voz ronca de deseo dijo:
Ivan, picha de oro, ven aquà so monstruo, ven aquà y méteme ese vergón imperial tuyo, métemelo todo entero en el culo. En mi pobre culito tan estrecho y virginal. ¡Hazme una mujer de verdad! Hazlo para que el marica de Jorge se de cuenta de lo que se pierde, ¡que aprenda como da por culo un campeón y como toma por culo la guarra de su mujer! No te importen mis gritos, métela del todo, rómpeme el culo, destrózame, mátame de placer quiero sentir esa fiera lanza tuya toda entera dentro de mi, que me salga por la boca; hazme el culo jalea, dame y dame de tu verga, mátame de gusto cabrón ¿para que tienes ese pollón de gloria mas que para darme placer a mi? ¡Dame, dame!
Yo pensaba que me habÃa vuelto loco ¿Como podÃa hablar asà Mariam?
Como podÃa ofrecer su culo a una bestia como aquella? ¿Como podÃa tener todo el vicio que tenia? El bestia de Ivan cogió un tubo del suelo exprimió un gel transparente de el y embadurno el culo de Mariam. Luego metió un dedo, puso mas gel y metió dos dedos, girándolos con experiencia, los metÃa y sacaba, dilatando el esfÃnter de Mariam. La cerda de Mariam le jaleaba.
Si, mamón mÃo, si asÃ, dame gustirrin en el culo. ¡Uy que bueno! Si los dedos dan ese gustirrin, tu verga imperial..
El bestia de Ivan se embadurno aquella tranca enorme que harÃa sonrojar de vergüenza al burro mejor dotado. ¡Que monstruosidad! Le hacÃan falta las dos manos para poder cubrirla. Después de vaciar el tubo en la verga real apoyo la punta del nabo contra el ano de Mariam y diciendo:
¡Toda tu tuya! te doy toda mi picha.
Empujo y empujo. Mariam empezó a chillar, pidió que lo dejara, pero la bestia carnÃvora flexiono las rodillas, echo el culo hacia tras y con un leve movimiento de caderas generó una embestida feroz y ensarto a Mariam por el culo. ¡Que espectáculo! Con la fuerza de la embestida levanto los pies de Mariam del suelo, Mariam quedo como una gimnasta con las manos en el respaldo de la silla, las piernas abiertas, estiradas, rÃgidas y el pollón en el culo como único punto de apoyo. Chillaba como un gorrino al que van a degollar, pero el armario violador no le daba cuartel. Esperó unos momentos a que Mariam se calmara un poco y cogiéndola por la cintura, moviéndola como si fuera una muñeca de trapo, la empalaba y desempalaba de aquel monstruoso vergón. ¡Era increÃble! Cuando subÃa a Mariam y se podÃa ver el diámetro de aquel instrumento no me podÃa creer que todo aquel pedazote de carne rÃgida pudiera entrar en el culo de Mariam. Poco a poco Mariam dejo de gritar de dolor, sus gritos se transformaron en ronroneo de gata satisfecha y soltando las manos del respaldo de la silla se cogió sus gloriosos pechazos y se los estrujaba con vicio. ¡Era increÃble! Ivan la sostenÃa por la cintura y con un simple movimiento de sus brazos la empalaba y desempalaba. Mariam me miro con desprecio y dijo:
¿Que te parece como da por culo Ivan? ¡Qué bueno es, que fuerte y que pollón de gloria que tiene! Y no te enteras ni de la mitad, si vieras el gustazo que me esta dando esta bestia. Me rompe el culo pero lo gozo como una cerda. Sigue Ivan, sigue pinchándome con tu tranca como si fuera una mariposa.
La muy guarra, puso una de sus manos en el coño y empezó a refrotar su clÃtoris. Enseguida chillo con su primer orgasmo y continuo con orgasmos regulares durante los siguientes diez minutos. A todo esto Ivan seguÃa incansable, como una maquina subÃa y bajaba a Mariam sin sudar, sin resoplar sin perder el ritmo. Por fin Mariam dijo;
Bájame Ivan bájame, ya no puedo mas cabrón, que bien lo has hecho, que bien ¡que gustazo me has dado con tu tranca imperial!
Mariam se acerco a mi se dio media vuelta y poniendo su culo a un palmo de mi cara, con ambas manos se separo los cachetes y dijo:
Mira imbécil, ves como da por culo un hombre de verdad ¿que te parece mi culo?
Tenia el culo aun dilatado, todo enrojecido y de el salÃa un riachuelo de semen. ¡El hijo puta de Ivan también se habÃa corrido en su culo varias veces!
Mariam te están saliendo rÃos de leche del culo. ¿Como puedes ser tan marrana? ¿Como puedes hacerme esto a mi?
Mariam se puso una mano en el culo y luego la miro:
¡Uy! Es verdad que sale mucha leche. Anda Jorge, lÃmpiame con tu lengua.
¡Seras Cerda! Eso si que no lo voy a hacer.
Inmediatamente el troglodita vino y me dio de leches. Me partió el labio y sangraba por la nariz.
Me pegues lo que me peguéis no lo voy a hacer. ¡No voy a chupar la leche de esta bestia!
Igor se puso detrás de mi, con una mano cogió mis testÃculos y empezó a estrujar.
Chupa o te los aplasto.
Con infinito asco saque mi lengua. Mariam acerco su culo y yo empece a chupar. Lloraba de dolor, de rabia, de asco, de humillación, de impotencia pero Mariam no se apiadaba.
Sigue hijo sigue, decÃa. No te dejes nada chupalo todo y déjame bien limpia.
Yo no entendÃa nada. ¿Como podÃa mi mujer de diez años hacerme esto? Es verdad que yo habÃa sido un imbécil con mi obsesión de darle por el culo, pero su respuesta era totalmente desproporcionada. ¿Como me podÃa tener tal odio y tanta crueldad? Después de pasarse la mano por el culo un par de veces, decidió que ya estaba limpio. Se irguió y se volvió a mi.
Que bien Jorge, nunca me vas poder dar por el culo pero por lo menos ¡me lo has chupado y limpiado muy bien! Ahora que has tenido tu lección y has aprendido lo bien que te lo hubieras podido pasar ahora viene tu castigo. Ivan, coge la mierda de lombriz de Jorge.
Ivan cogió mi picha y tiro de ella. Mariam fue a un mueble, abrió un cajón y saco un gran cuchillo de cocina. Acercándose a mi dijo:
Jorge, esta es tu lección. Tu voy a cortar esa ridÃcula pichita que tienes, asà aprenderás que no la puedes meter en el culo de nadie. Y si no lo aprendes.. da igual , tampoco la meterás.
Yo empece a gritar como un loco. No me cabia la menor duda de que Mariam se habÃa vuelto loca. No estaba amenazando ¡iba a cortarme la picha! Yo haba leÃdo que una Americana le corto la picha a su marido.
¡Pero eso era en América! Los americanos están mas locos que una jaula de grillos ¡pero Mariam! GemÃ, grite, suplique, pedà perdón.. pero Mariam sin hacer caso, mientras sonreÃa, apoyo el cuchillo en mi picha. Yo trate de moverme, de levantar la silla, pero el bestia de Ivan con una mano tiraba de mi picha y con la otra aplastaba mis hombros. Con una cruel sonrisa Mariam dijo:
Dile adiós a la pichita.
De un solo y firme tajo la cortó. De momento yo sentà ninguna dolor, solo incredibilidad de ver aquella piltrafa de carne colgando de la mano de Ivan.
Después un dolor lacerante me recorrió todo el cuerpo y vi la sangre manando de mi herida. Solté un tremendo alarido de dolor, miedo e ira:
¡AAAAAAAAAAAAAh!
¡Jorge! ¡Jorge! Jorge despierta.
Mariam estaba a mi lado en la cama y me estaba abofeteando.
Que te pasa llevas dos minutos chillando como un loco con las manos en la ingle.
Mire a Mariam y aterrorizado salà corriendo al cuarto de baño. Cuando entre en el baño me di cuenta de que llevaba las dos manos en la ingle. Con miedo las separe, abrà la bragueta del pijama y.. todo estaba allÃ. No habÃa sangre y no me faltaba nada. ¡Todo habÃa sido una pesadilla! me mire en el espejo, no tenia un labio partido ni sangraba por la nariz. Una pesadilla, pero.. Ivan era tan real y Mariam tomando por el culo, los golpes, mi dolor. Estaba cubierto con un sudor frÃo. Me costo mas de media hora tranquilizarme. Oà golpes en la puerta del cuarto de baño.
Jorge ¿estas bien?
Solamente oÃr la voz de aquella arpÃa me hizo ponerme a temblar. ¿Estaba la bestia de Ivan con ella? ¿Me la querÃan cortar ahora? Quizás era verdad, quizás era solo una pesadilla pero y ¿si no lo era?
Si Mariam, estoy bien.
Tuve que esperar mas de dos horas para conseguir salir y cuando salÃ, lo hice con miedo y armado con unas tijeras que encontré en le cuarto de baño.
Han pasado ya dos meses desde aquella pesadilla, pero yo no he conseguido recuperarme. Evito el trato con Mariam, casi no hablo con ella, si la veo desnudarse salgo de la habitación, si por la noche me despierto por un ruido, me acomete un pánico tremendo pensando que Ivan con su aterrorizante erección esta en la casa. Después de una semana de casi no hablar con Mariam ella trató de hablar conmigo, hasta empezó a decir que quizás habÃa reaccionado en forma desmedida a mi deseo por sexo anal.
Hasta llego a decir que no deberÃa haber reaccionado como lo hizo. Cuando pasaron los dÃas y yo seguÃa sin hablar con ella, empezó a sugerir que si lo que querÃa era tener sexo anal ella estaba dispuesta a intentarlo otra vez, que se habÃa comprado un libro que explicaba como hacerlo y como relajar el esfÃnter y que el libro decÃa que con un poco de practica llegaba a ser muy placentero. A mi su invitación me aterrorizo aun mas si cabe.
Inmediatamente le dije que no. La idea de una actividad sexual de cualquier tipo me creaba un pánico y una angustia insoportable. Nada mas pensar en algo sexual me ahogaba, casi no podÃa respirar, me paralizaba.
No creo que haya nada que se pueda hacer y después de lo que aprendà ayer no tengo ninguna duda. Ayer estaba solo en casa, en el cuarto de estar, de repente se me ocurrió mirar en el cajón del mueble de donde, en el sueño, Mariam habÃa sacado el cuchillo. En ese cajón, Mariam, guarda sus cosas de coser. A veces, cuando nos sentamos a ver la televisión zurce unos calcetines o cose el botón de una camisa. Tiene hilos, agujas, imperdibles.
Yo nunca miro en ese cajón. Ayer lo abrà y !Madre de Dios! El maldito y enorme cuchillo de cocina estaba allÃ. ¿Qué diablos hacia un cuchillo de cocina allÃ? Y si todo habÃa sido un sueño ¿como podÃa yo saber que el tal cuchillo estaba precisamente en ese cajón? Cuando dejé el cuchillo en el cajón vÃa algo azul brillante, tire de ello era una cuerda de ese nilón que parece seda, muy resistente del que utilizan los escaladores ¡Era la cuerda conque me habÃan atado a la silla! Me acordaba perfectamente de ella.
¿Qué hacia una cuerda asà en el cajón de la costura? Cuando volvà a poner la cuerda como estaba, vi una tarjeta de visita, la saque, decÃa:
Gimnasio Atlas
Mixto
Desarrollo Muscular
Perdida de Peso
Sauna y Masajes
Venia la dirección y numero de teléfono. Una sospecha anidó en mi cabeza y empece a temblar como una hoja. Sin poderme contener, me puse la chaqueta y fui al gimnasio. Apreté el timbre y una jovencita muy atractiva en leotardos me abrió.
Buenas tardes, ¿que desea?
QuerrÃa ver el gimnasio, estoy pensando hacer ejercicio para perder algo de peso.
Ah, si un momento.
La joven desapareció y un tipo de mi edad, en pantalones cortos y camiseta vino hacia mi.
Buenas tardes, soy Luis, el dueño del gimnasio.
Le conté mi historia otra vez y el empezó a enseñarme las distintas áreas del gimnasio. Obviamente estaba muy bien y era muy grande. Tenia piscina interior, sauna, canchas de pelota, varias habitaciones con todo tipo de maquinas para andar, correr, subir escaleras, ir en bicicleta, etc. Por fin entramos en una sala donde estaban las pesas y todas las complicadas maquinas para ejercitar grupos musculares. En un rincón no se podÃa ver las maquinas porque un denso grupo de mujeres tapaba todo.
¿Qué pasa ah� Pregunté.
Es nuestro instructor de pesas que esta dando clase a un grupo.
¿Tantas mujeres hacen pesas? Yo creÃa que eso era cosa de hombres.
Juan, con una sonrisa de complicidad, dijo:
Bueno.. es que entre otras cosas nuestro instructor tiene una "dotación" legendaria y las mujeres van a el como moscas a la miel.
No me hacia falta, pero me acerque al grupo para cerciorarme. Allà estaba la bestia troglodita, allà estaba el Ivan de mi pesadilla, el destrozador de Mariam. No era alguien parecido era el. La misma cara de bestia, los mismos bÃceps enormes, los mismos muslos. Me di la vuelta y le pregunte a Juan:
¿Como se llama el instructor?
Ivan, se llama Ivan.
Allà mismo me desvanecÃ. Cuando recobre el sentido me estaban abanicado, me habÃan desabrochado el cuello de la camisa y me habÃan echado agua frÃa por la cara. Como pude me levante, les asegure que estaba bien, les agradecà su cuidado y salà a la calle. Los pensamientos se amontonaban en mi cabeza. El cuchillo, la cuerda y la tarjeta en el cajón, y el troglodita Ivan en el gimnasio. Si, si pesadilla.. yo no me habÃa inventado nada, ¡ni que uno fuera tonto! Mañana me reúno con un abogado y empiezo los tramites del divorcio. ¡Yo no juego con esta gente!
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