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« en: Junio 09, 2006, 01:11:03 » |
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Reflexiones sobre las despedidas de solteros y la fidelidad
Posiblemente porque si las parejas de muchas de las personas que acuden a este tipo de fiestas pudieran ver a través del ojo de una cerradura lo que están haciendo sus respectivos compañeros sentimentales, optarían por pensárselo dos veces antes de casarse con ellos y seguro que más de alguno o de alguna se quedaría soltero. Y es que en algunos casos concretos las despedidas de soltero y de soltera -que tanto monta, monta tanto- son una inmoralidad, y en la práctica totalidad de las ocasiones una hipocresía revestida de modernidad. Es por ello que me postulo en contra de las despedidas, pues de ellas se puede sacar poco, y si algo se saca bueno no es.
Para empezar, debo aclarar cuál es mi postura con respecto a la fidelidad. Como es evidente que cada pareja es un mundo, hay personas para quien la fidelidad resulta ser algo nada importante, poco importante, importante, muy importante o imprescindible. Bueno, pues para mí resulta imprescindible. Y por lo tanto, no pediré a quienes no comparten esta visión que compartan tampoco mi opinión acerca de las despedidas de solteros. Al fin y al cabo, sería como si un pacifista tratase de explicar al siempre belicoso mandatario George W. Bush que con la guerra no se va a ningún lado y que los verdaderos beneficios para un país son los que aporta la paz.
Está claro también que no todas las despedidas son iguales. Las hay desde una simple cena conjunta donde chicos y chicas se lo pasan bien todos juntos y luego se van a bailar un rato a la discoteca, hasta despedidas en donde ellos se van de putas para demostrar lo “machos” que son o donde ellas hacen concursos de felaciones con desnudistas que se untan de nata sus enormes falos y luego los dan a probar. Claro está, que estos casos son excepcionales y que la mayoría de despedidas pasan por una cena, un desnudo integral, toqueteo y poco más. Las que son sólo una cena y discoteca tienen un pase. Pero son todas las demás las que no puedo aprobar yo.
La cuestión es que me parece una hipocresía que unas personas que se van a jurar fidelidad para toda la vida en un altar o en un juzgado delante de Dios y de sus familiares, estén una semana antes en una fiesta en donde al novio le está restregando las tetas por la cara un putón verbenero y la novia está manoseando el pene de un perfecto desconocido. Luego, irán al altar o al juzgado y se soltarán la milonga de “te seré fiel toda la vida, etc.”. ¿Quién puede creer eso? Si de normal ser fiel toda la vida es muy difícil, si empiezas con mal pie más aún. Se me antoja que lo que van a hacer es un teatro, una comedia y los novios unos hipócritas, tanto él como ella.
No me parece mal que una pareja liberal para la cual la fidelidad no resulta imprescindible asista a un desnudo en dónde es prácticamente seguro que, entre el calentón, las copas y los amigotes, además de contemplar un cuerpo sin ropa algo se va a tocar. O por lo menos se intenta. Tampoco me parece mal que una pareja liberal vaya más allá, yéndose de putas ellos o tratando de descubrir que sabor tiene un pene untado de nata ellas. Al fin y al cabo, si son liberales, se supone han llegado a un acuerdo consensuado para permitirse tales licencias. Ahora bien, una pareja “normal” para la que la fidelidad importa, no entiendo como puede hacer algo de todo eso.
No me vale la típica excusa de que un día es un día porque vas a jurar en un altar fidelidad todos los días de tu vida, no todos los días menos uno. Ni tampoco la excusa de que lo hace todo el mundo, porque una cosa que está mal, porque la haga todo el mundo, no deja de estar mal. Ni de que hay que tener confianza en la pareja porque una cosa es tener confianza y otra ser un pardillo. Ni que se puede dar una infidelidad igual en una despedida que en cualquier otro lado, porque es como decir que existen las mismas posibilidades de ser infiel en un prostíbulo que en un convento de monjas. En la despedida la provocación es máxima y la tentación está ahí.
Las despedidas de soltero y de soltera constituyen un acto de inmadurez y puerilidad, la celebración de no se sabe muy bien qué (si tanto importa para ti la soltería no te cases, nadie te obliga), algo que no tiene razón de ser (teniendo en cuenta que muchas parejas hacen vida de matrimonio sin estar casadas, con lo cual se festeja la despedida de una falsa soltería) y que en ocasiones constituye una humillación para quien se casa (como cuando losamigos contratan a una gorda o a un flacucho feo para que se desnude ante ti). Eso por no hablar de la cantidad de parejas que se han roto a raíz de una infidelidad en una despedida no tan inocente como se creía.
Si cuando las cosas funcionan bien en la pareja se acude a fiestas donde la gente va a emborracharse, contemplar desnuda a una tercera persona, y por qué no, tratar de magrear un poco... ¡que tocar un pecho o un pene nunca viene mal, y ojos que no ven corazón que no siente!, si hacen eso cuando les va bien ¿qué pasará cuando lleguen los altibajos en el matrimonio? Yo pienso que la fidelidad es imprescindible y que si vas a jurar fidelidad para toda la vida a una persona debes mostrar un comportamiento íntegro y recto desde el primer día. Pero claro, entiendo que no todo el mundo piense igual. Y más en los tiempos que corren hoy en día.
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