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« en: Junio 08, 2006, 10:30:50 » |
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El amigo que ayudaba a mi esposa a ponerme los cuernos debió de considerar que su coño estaba suficientemente mojado, porque en seguida la tomó de la cintura y de una forma un tanto brusca la hizo sentarse sobre él haciendo que mi mujer soltara un largo grito de placer
Siempre se me antojó que mi esposa tuviera una relación sexual con otro hombre. Después de algún tiempo se lo comenté y obviamente me dijo que estaba loco. Tiempo después que insistÃ, me confesó que tanto le habÃa dicho que ya se le habÃa antojado sentir a otro hombre, sentir nuevamente la cosquillita de ser deseada por alguien más. Ella, según me platicó, solamente habÃa fajado con uno de sus ex novios.
Pasaron los años y a mi se me volvió una obsesión a tal grado que durante las reuniones con amigos, me imaginaba cómo serÃa ella con tal o cual amigo. Una vez que fuimos a una fiesta, encontramos a un viejo conocido que yo sabÃa que ella le gustaba y que en alguna ocasión, ella misma me confesó que también le gustaba. Los dejé platicar solos pensando en si ella se estaba imaginando cómo serÃa acostarse con él. Después, ya en el coche que nos sinceramos, me dijo que se le antojaba mucho y que de hecho la habÃa invitado a salir, pero ella no habÃa aceptado. En fin, fueron muchos años en que muy de vez en cuando se tocaba el tema, yo por miedo de que pensara que no la querÃa o que era un degenerado y ella seguramente por lo mismo. Finalmente un dÃa que fuimos a cenar fuera, las cosas se fueron dando y el tema salió a la plática y comentamos que habÃa que poner un poco de sal y pimienta a nuestra relación y que el hecho de que tuviéramos fantasÃas con otras personas no implicaba que nos hubiéramos dejado de querer.
Decidimos que harÃamos la prueba de una manera soft para ver cómo actuaban nuestros sentimientos. Comentamos que la vida se habÃa vuelto muy monótona para nosotros y que realmente esto serÃa un juego para reanimar nuestra relación. Seguimos con los tragos y con la plática hasta que se volvió algo muy erótico y me dijo que habÃa un tipo que desde hacÃa tiempo le habÃa gustado y que lo habÃa conocido a través de su negocio de artesanÃas, que le habÃa hablado varias veces y que no habÃa querido hacerle caso. Yo le comenté que si no se pensaba involucrar con él sentimentalmente, que tal vez podrÃa ser la oportunidad para sentir otra experiencia. Le dije que si los dos estábamos de acuerdo, no era una infidelidad, que deberÃamos darnos un par de dÃas para pensar si realmente estábamos ambos decididos a dar el gran paso. Esa noche fantaseamos con que ella se acostaba con su enamorado y ya se imaginarán como estuvo la sesión de sexo.
A los dos dÃas, la invité a cenar y le pregunté qué es lo que habÃa pensado al respecto y me contestó que habÃa decidido que a estas alturas del partido, ya no habÃa enamoramientos, que solamente era curiosidad y lujuria. Acordamos que ella buscarÃa a su amigo y que se dejarÃa seducir por él. Pasaron unos dÃas y una noche me dijo que su amigo le habÃa hablado para insistir en su invitación y que finalmente habÃan quedado de verse al dÃa siguiente para tomarse una copa en un bar cerca de nuestra casa. Yo me quedé de a cuatro solo de pensar lo que estaba por suceder.
Al dÃa siguiente me fui a la oficina y no pude más que pensar en lo que podrÃa pasar por la noche. Llegué temprano a la casa y después ella llegó con unas bolsas, me sonrió cachondamente y me dijo que habÃa pasado al Palacio de Hierro a hacer algunas compras. Como a las 8 pm que los niños estaban por acostarse, se metió a bañar, entré a nuestro vestidor y encontré un juego de ropa interior súper sexy y una faldita negra. Me puse a ver la tele y esperé a que se arreglara. Cuando salió espléndida, le dije que cuál era el plan y solo me dijo que no preguntara, que regresarÃa tarde. Se despidió de mà y salió por la puerta dejando un aroma delicioso a perfume. Pasaron las horas y obviamente no me pude dormir sólo de pensar en lo que seguramente estarÃa haciendo mi mujercita. Como a la una de la mañana sonó el teléfono y era ella, me dijo que venÃa en su auto rumbo a la casa, pero que Sergio la venÃa siguiendo porque la venÃa acompañando. Me preguntó que si tenÃa inconveniente en que pasaran a la casa. Yo contesté que adelante, que no veÃa problema alguno. Me dijo que entonces irÃan, pero que no querÃa que yo me presentara en escena.
Oà la puerta eléctrica del garaje y al cabo de un par de minutos entraron a la sala. Yo estaba súper nervioso y excitado por la situación, me quedé paralizado en nuestra recámara. Al poco rato, ella subió, entró a la recámara y cerró la puerta. Se me quedó viendo con cara de complicidad, le pregunté qué habÃa sucedido, se rió y me dijo que todavÃa nada, bueno nada fuerte. Me dijo que éste era el momento de arrepentirse, que estábamos a punto de dar el gran paso. Me quedé pensando en lo que tenÃa enfrente y le dije que si ella estaba de acuerdo y que si solamente era una aventura, que por mà estaba bien, que no tenÃa inconveniente y que además yo también estaba excitado y que tenÃa toda la intención de pasarla bien. Le dije que me iba a salir por la ventana y que me posicionarÃa frente a la cantina en el jardÃn para que no me pudieran ver, que no fuera a apagar las luces. Se rió y me dijo que adelante, abriendo la ventana que daba al jardÃn. Dame dos minutos y show time le dije. Me coloqué delante de la ventana como a 5 metros de la misma y después de un par de minutos la vi entrar en nuestra cantina con su amigo. Ella sacó una de mis botellas de ron y sirvió un par de cubas y se pusieron a platicar. Yo corrà a mi estudio a prepararme una cuba también (mi estudio está en el jardÃn). Regresé y me senté en mi palco (mi silla). Solamente de ver cómo mi esposa estaba con otro hombre me puso a mil y además, estaba en contubernio con ella.
Era verdaderamente morbosa la situación y me estaba fascinando y excitando. Se tomaron una cuba y él se acercó a ella y la besó apasionadamente, me empecé a preocupar porque hacÃa mucho que yo no la besaba asÃ. Después la cargó y la sentó sobre uno de los bancos que habÃa y siguió besándola para después empezar a seducirla con la mano, le tocó las piernas y poco a poco subió por sus muslos levantando ligeramente su falda. Ella se veÃa deliciosa, se veÃa que estaba verdaderamente disfrutando porque lo abrazaba eufóricamente. Siguió el faje durante un buen rato hasta que él llegó a tocarle su panocha. Ella se retorció hacia atrás, disfrutando como si estuviera viendo al propio dios. Yo no podÃa oÃr nada, pero me imaginaba lo que pudiera ella estar diciéndole. La mano de él, empezó a sobar su pecho despacio, una mano en sus tetas y otra en su pierna. Él se levantó y la miró aún manoseándole las tetas que para ese momento ya habÃa descubierto completamente. Con mucho cuidado y ternura, tomó su pelo y delicadamente fue bajando su cabeza hasta que ésta llegó a la altura de su vientre. Ella lo abrazó y con delicadeza desabrochó el botón de su pantalón y delicadamente fue bajando su cierre hasta encontrar su ropa interior que atrapaba el premio mayor. Él la levantó como si no quisiera que la faena terminara, lo cual, seguramente la excitó más. Mi mujer, caliente como jamás la habÃa visto y deseado, pero en la situación que tantas veces habÃa soñado y que imaginamos los dos, seguÃa tratando de obtenerla. Al poco tiempo metió su mano dentro y finalmente la consiguió. La tomó en sus manos y era enorme, lentamente se acercó a ella para metérsela en la boca y empezó a chuparla como un crÃo disfruta una deliciosa paleta. Estaba chupando una deliciosa polla de tamaño colosal de otro hombre.
Ella no quitaba ojo de su enorme verga que cada vez crecÃa más, la tomaba con ambas manos para que no se fuera a ir. Cerró los ojos y siguió con la mejor mamada que jamás habÃa hecho. A apenas a un metro, tenÃa la boca de mi esposa, llena de la enorme polla de otro hombre. A continuación se colocó en cuclillas entre las piernas de Sergio. Luego, con una inconfundible expresión de deseo, volvió a agarrar con las dos manos aquella descomunal verga y comenzó de nuevo a chuparla como si en ello le fuera la vida. Esta vez, desde mi silla podÃa ver como la boca de mi esposa tenÃa serios problemas en abarcar aquel glande. Pero ella era una experta mamadora, como me lo habÃa demostrado en incontables ocasiones, y poco a poco, encontró la forma de tragarse el brutal rabo de su amigo mientras que de vez en cuando levantaba la vista para comprobar que yo seguÃa el desarrollo de la escena con atención. Pasados unos minutos, con la verga del tal Sergio a causa de la insalivación que le daba mi esposa, éste comenzó a acompañar con movimientos de caderas a las largas chupadas que mi mujer le propinaba, y yo ya me agarraba el nabo con fuerza viendo como se la hundÃa a mi mujer completamente en la boca mientras ésta se la agarraba por la base con una mano mientras le masajeaba los huevos con la otra.
Poco después, la mamada era tan intensa que en ocasiones daba la impresión de que a mi mujer le sobrevenÃan un principio de arcadas, debido sin duda a que los movimientos de las caderas de Sergio hacÃan que su polla llegara hasta la garganta de mi mujercita, aunque ella seguÃa chupando con las mismas ansias o más que al principio. Fue entonces cuando Sergio la detuvo poniéndole una mano en la frente y tomándola de la barbilla la hizo ponerse en pie de nuevo. Durante unos segundos ella se quedó viendo a la ventana donde sabÃa que yo estarÃa disfrutando del show. Empezaba a dedicarme una sonrisa cómplice cuando Sergio la tomó de la cintura y la colocó de espaldas a mÃ, mientras él permanecÃa un momento contemplando su apetecible culo. Entonces mi esposa entreabrió de nuevo un poco las piernas y giró la cabeza para tratar de verme en la oscuridad y justo en el momento en que nuestras miradas se encontraban, Sergio volvió a meter su mano entre sus piernas y comenzó a frotarle con suavidad los labios vaginales. El amigo que ayudaba a mi esposa a ponerme los cuernos debió de considerar que su coño estaba suficientemente mojado para clavarle su enorme herramienta, porque en seguida la tomó de la cintura y de una forma un tanto brusca la hizo sentarse sobre él haciendo que mi mujer soltara un largo grito de placer que crecÃa en intensidad a medida que su vagina se llenaba con la gruesa verga de su amante. Luego, sin darle apenas tiempo de que su cueva se amoldara a las medidas de la tranca que la penetraba, Sergio la agarró por las caderas y comenzó a moverla hacia arriba y hacia abajo en lo que tras unos segundos acabó convirtiéndose en una salvaje cogida. Yo los contemplaba con la verga totalmente tiesa, y por algún motivo comencé a tener que hacer serios esfuerzos para no venirme viendo como mi esposa se movÃa desbocadamente sobre la tranca de Sergio, y cada vez que el rabo de éste llegaba al fondo de su coño, ella gritaba estridentemente como si una barra de hierro al rojo vivo chocara contra sus entrañas. A todo esto, las manos de Sergio no permanecÃan ociosas. Mientras una de ellas seguÃa acompañando las caderas de mi esposa en las fuertes embestidas, la otra iba alternando entre su coño y sus tetas, y en cada sitio se demoraba unos segundos palpando sus senos con rudeza, o bien frotándole frenéticamente el clÃtoris cuando le tocaba el turno a la entrepierna de mi mujer. Asà continuaron durante varios minutos en los que yo no dejé de tocarme mi humilde verga en comparación con la que calzaba Sergio. Hasta que en un momento dado, él detuvo sus fuertes movimientos he hizo que mi mujer dejara de cabalgarlo.
Quién sabe qué le decÃa el tipo mientras la conducÃa al sillón de la sala. Me tuve que levantar de mi silla para poder seguirlos. Me acerqué a la ventana, pero me quedaba, además de incómodo, un poco lejos. Decidà a entrar a la casa y posicionarme en la cocina para poder espiarlos a través de la entrada al comedor. Con la misma rudeza con la que habÃa actuado hasta el momento, la tumbó sobre el sillón y agarrándola por las pantorrillas le separó sus piernas al máximo. Luego, sin pronunciar una sola palabra, se subió de rodillas al sillón y agarrándose la enorme polla con una mano, colocó la punta de ésta en la entrada del coño de mi mujer, y con un violento golpe de las caderas se la volvió a hundir profundamente en su interior. Enfrascados en esa nueva posición, desde mi lugar particular apenas podÃa ver a mi esposa, sin embargo, el alarido que emitió al ser penetrada de forma tan brusca por su amigo, hizo que fácilmente me imaginara la cara de placer que debÃa de tener en esos momentos. Por el contrario, mi visión se limitaba a observar como el delgado culo del que se la estaba follando se movÃa con extrema rapidez y la embestÃa con fuerza, de forma que sus colgantes huevos chocaban contra el agujero anal de mi esposa y cada vez era más fuerte el ruido que hacÃa su piel al toparse contra la de ella. Aguantó las acometidas con las piernas abiertas al máximo, casi tocando sus rodillas a sus tetas y con sus negros zapatos mirando al techo. Además, sus manos descansaban inertes por encima de su cabeza apoyadas sumisamente en el descansa brazos del sillón de nuestra sala.
Sergio comenzó a magrearle nuevamente las tetas con una mano mientras cada vez se la cogÃa con más ánimo, pero poco a poco se fue recostando sobre ella hasta quedar completamente tumbado entre sus piernas. Apoyándose en las rodillas y adoptando la tÃpica postura del misionero, continuó con el frenético mete saca, y yo contemplaba claramente desde mi escondite como la gruesa polla de Sergio se abrÃa paso con facilidad dentro del coño de mi esposa, que ahora le acariciaba y arañaba su espalda presa de una excitación desbocada. En un momento dado, la respiración de mi esposa se tornó mucho más entrecortada, y daba la impresión de que querÃa gemir, pero su garganta no se lo permitÃa, tan solo de tanto en tanto se le escuchaba con cierta claridad algún que otro . Si... si.... ya..... más..... . hasta que de pronto un largo e inconfundible gemido me dio inequÃvocas muestras de que Sergio le habÃa provocado un monumental orgasmo. -¿Ya te has venido, mi amor? . Le dijo Sergio al notar que los jugos vaginales de mi mujer casi salÃan a chorretones de su coño.
Rápidamente, y sin que la normalidad de su respiración hubiera tornado a los pulmones de mi mujer, Sergio la acompañó hasta el baño para que se limpiara. Estuvieron dentro unos minutos en los que mi esposa volvÃa a gritar y gemir de forma que parecÃa que estuviese teniendo un orgasmo permanente. Yo estaba súper cachondo por la visión de mi mujer cogida de aquel singular modo y la morbosa escena que estaba protagonizando ella junto con su amante. Creo que mi esposa experimentaba orgasmo tras orgasmo gracias al trabajo que Sergio hacÃa en su coño, de otro modo no se entenderÃan sus incesantes gritos, jadeos y gemidos. Durante un buen rato Sergio continuó entretenido con ese juego, hasta que en un momento dado, terminaron y salieron de nuevo a mi vista.
Con esa visión ante mÃ, ya no pude aguantar más y noté como el semen me corrÃa a lo largo de mi verga. Tuve el tiempo justo de metérmela al pantalón porque mi mujer se dirigÃa a la cocina. Rápidamente me quité de la entrada y vi como entró. VenÃa completamente desnuda, solamente con su falda en la cintura y sus zapatos puestos. Al verme se le abrieron los ojos y solamente se acercó a mÃ, me abrazó, me dio un beso y me dijo que habÃa sido algo sensacional, que me daba las gracias porque le habÃa encantado. Que esperaba que esto no fuera a perjudicar nuestra relación, que sólo habÃa sido una aventura. Yo me le quedé viendo a los ojos y solamente la abracé y le dije que ni se preocupara, que habÃamos estado de acuerdo ambos y que además yo también habÃa disfrutado mucho.
Ella regresó a la sala y después de vestirse y despedir a su amigo, regresó conmigo. Esa noche pasamos horas y horas haciendo el amor mientras recordábamos los acontecimientos de la noche, y entre polvo y polvo, una idea iba tomando forma en mi cabeza, si estamos de acuerdo en pareja, todo se vale y todo se puede.
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