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« en: Junio 09, 2006, 01:16:37 » |
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La hermana de mi esposa siempre me ha gustado, pero nos tratábamos con respeto y cierta lejanÃÂa, hasta ese dÃÂa...
Mi esposa Nadia es una mujer bastante apetecible, ha sabido conservarse desde que éramos novios y hasta ahora con nuestros tres años de casados. Ella es de estatura mediana, morena de senos grandes y caderas pronunciadas; pero no engorda ni un gramo gracias a su rigurosa dieta y los ejercicios en el Gym. Yo también me conservo en forma, somos una pareja saludable y nos va bien en el matrimonio y en el sexo; continuamente inventamos historias que nos excitan y gracias a eso tenemos muy buenas relaciones.
En una ocasión, estaba leyendo en una revista acerca de las parejas de swingers y le comenté a mi esposa que aunque me parecÃa interesante, yo no entrarÃa en una relación de ese tipo. Ella me dijo que estaba de acuerdo conmigo y comenzamos a platicar de esas relaciones y el tema se desvió a los trÃos; Nadia me dijo que en una ocasión, cuando estaban en la escuela, ella y su hermana Elvira habÃan estado a punto de hacer un trÃo con el novio de su hermana; pero que se arrepintieron.
Elvira, la hermana de Nadia era también muy guapa, pero tenÃan sus diferencias, por ejemplo, Elvira era más alta y pelirroja; delgada y de senos pequeños, pero su rostro era más bello que el de mi esposa; no quiero decir que mi esposa es fea, por el contrario es bastante guapa, pero Elvira lo es aún más; de hecho cuando yo las conocà la que me llamó la atención fue Elvira, sus ojos verdes y su piel blanca me atrajeron enormemente, pero por avatares del destino que no tiene caso contar aquÃ, me casé con Nadia; no como premio de consolación, sino porque su carácter es más tranquilo y Elvira es de carácter más fuerte y dominante como yo, por lo que chocábamos constantemente.
Siguió un momento de silencio, Nadia me miró y me preguntó a bocajarro: ?¿Te gustarÃa un trÃo conmigo y Elvira??. La pregunta me tomó por sorpresa, nunca imaginé que Nadia propusiera algo asÃ, o tal vez no era una propuesta, sino que me estaba probando a ver que tal respondÃa.
Le contesté que nunca lo habÃa pensado, pero que aunque me gustaban las dos, podrÃa haber problemas si hacÃamos algo asÃ. Nadia me dijo que a ella si le gustarÃa y que si yo querÃa ella sondearÃa a su hermana para ver que opinaba. Me quedé mudo de la impresión y solo le dije que estaba bien.
Esa noche el sexo fue increÃble; el solo imaginarme a Elvira en mi cama y con la aprobación de Nadia me calentaba sobremanera.
Pasaron algunos dÃas sin que tocáramos el tema, hasta llegué a pensar que mi esposa se habÃa arrepentido; pero un dÃa ella me dijo: ?Creo que Elvira si aceptarÃa?; como de nuevo me habÃa agarrado descuidado, le pregunté qué aceptarÃa y ella dijo que platicando con su hermana se dio cuenta de que si le proponÃamos un trÃos aceptarÃa. Yo le dije que tenÃamos que estar bien seguros para no crear un problema posterior y ella me dijo: ?Déjalo de mi cuenta, yo la convenzo?. Extrañado, pero excitado, dejé que Nadia se encargara del asunto.
Elvira aún vivÃa sola y Nadia la invitó un dÃa a cenar a nuestro departamento; no fue raro, pues ya habÃa ido en otras ocasiones a comer.
Me tocó la tarea de ir por Elvira a su casa. A la hora señalada, toqué el timbre de su departamento y ella abrió. Desde ese momento quedé boquiabierto, Elvira lucÃa despampanante con un vestido negro pegado al cuerpo, con un escote que dejaba adivinar las perfectas formas de sus pequeños senos y que descubrÃa prácticamente toda la espalda y con una abertura que dejaba ver una hermosa y torneada pierna derecha. Nos fuimos; Elvira se tomó de mi brazo y no pude sentirme más orgulloso de salir con ese monumento de mujer a la calle y abrirle la portezuela del auto. Noté como varios tipos nos miraban y supuse que se morÃan de la envidia.
Llegamos a nuestro depa y Nadia ya habÃa preparado todo para una hermosa velada; el ambiente era increÃble, la iluminación, la música, la comida; en general todo fue perfecto; Nadia además estaba arreglada como pocas veces, se habÃa puesto un vestido rojo pegado casi nuevo sin mangas que dejaba ver el inicio de sus senos; la falda del vestido llegaba a medio muslo y sus piernas se antojaban demasiado apetecibles.. Platicamos un poco y pasamos al comedor, a media cena Elvira comentó que ella habÃa creÃdo que habÃamos invitado a algún hombre soltero para que la conociera y Nadia le dijo que no era asÃ, que solo deseábamos convivir con ella. Noté también que Nadia le ofrecÃa insistentemente más vino a Elvira, pensé que tal vez querÃa emborracharla para que aceptara nuestra propuesta; el vaso de Elvira siempre estaba lleno y ella preguntó si querÃamos emborracharla. Respondimos que no, solo querÃamos que estuviera a gusto.
Después de la cena pasamos a la sala y continuamos platicando; Nadia y yo estábamos abrazados todo el tiempo y a veces nos dábamos pequeños besos; luego pasamos a temas más candentes, como con cuantas personas lo habÃamos hecho Nadia y yo entes de conocernos, o las aventuras de Elvira, que al ser soltera y guapa no le faltaban. En una ocasión que Elvira fue al baño, Nadia me dijo que todo estaba saliendo bien y que cuando ella regresara nos besáramos apasionadamente; le seguà el juego a mi esposa y cuando escuchamos que Elvira cerraba la puerta del baño para regresar donde nosotros, nos besamos y acariciamos con lascivia. Elvira llegó a la sala; nosotros fingimos no escucharla y seguimos con nuestro juego. Ella no dijo nada, al parecer habÃa decidido quedarse mirando.
Nadia y yo empezamos a gemir quedamente, yo quité un tirante de su vestido rojo y le descubrà un hombro, lo besé apasionadamente mientras acariciaba su hermoso cuerpo.
Bajé mis labios hasta besar el comienzo de sus senos; ella tocó mi bulto debajo del pantalón y yo descubrà un seno para empezar a masajearlo. En ese momento Elvira carraspeó y dijo: ?Eh... perdón que interrumpa, pero creo que mejor me retiro?. Nadia y yo nos hicimos los sorprendidos y ella se levantó con su vestido aún medio caÃdo; se acercó a Elvira y le dijo: ?No te vayas, acompáñanos? mientras la tomaba de la mano y acercaba su rostro al de ella.
Vi como Elvira miraba a mi esposa con ternura y juntaron sus labios en un beso un tanto romántico y un tanto fogoso. Las manos de Nadia comenzaron a recorrer el cuerpo de Elvira que se dejaba hacer. Con una seña, Nadia me indicó que me acercara y me levanté; me acerqué en silencio sin que Elvira se diera cuenta y me coloqué detrás de ella; le besé el cuello y noté su reacción; se le erizaron los vellos del cuello; Nadia bajó los tirantes del vestido de Elvira y pude regocijarme con sus hombros; los besé y coloque una mano en su pecho excitado. Comencé a jugar con su pezón mientras Nadia le besaba el otro. Elvira no hacÃa ni decÃa nada, pero de repente sentà su mano tocando mi bulto y fue cuando me di cuenta que ya estaba en nuestro poder.
El vestido de Elvira cayó y pude sentir su cuerpo casi desnudo; metà una mano por delante de su tanga y comencé a acariciar su clÃtoris; Elvira empezó a gemir sensualmente; mi boca bajó hasta sus nalgas redondas y firmes y bajé la tanguita que era el último reducto de su pudor. Metà mi lengua entre sus nalgas y noté un estremecimiento de mi cuñada.
Nadia besaba los pechos de Elvira y yo empecé a lengüetear su rajadita y seguà acariciando su clÃtoris; ella entreabrió las piernas dejando el paso libre a mi lengua. La panocha de Elvira ya estaba mojada, lo que me dio oportunidad de regodearme con sus jugos vaginales. Al mismo tiempo mi tranca estaba totalmente erecta escuchando los gemidos de mi esposa y mi cuñada.
Me di cuenta de que Nadia comenzaba a desnudarse; ya se estaba quitando el vestido, asà que hice lo mismo; sin dejar de lengüetear la panocha de Elvira, me fui quitando la corbata y la camisa, me desabroché el cinturón y me lo bajé con todo y calzón; me quité los zapatos y calcetines quedando desnudo por completo, al igual que Nadia y Elvira.
Mi esposa tomó a Elvira de la mano y la llevó al sofá; ambas se sentaron una al lado de la otra y comenzaron a besarse y acariciarse los senos; Nadia bajó una mano a la entrepierna de Elvira y comenzó a juguetear con su clÃtoris; Elvira me llamó y me paré delante de ella con mi tranca levantada por completo. Mi cuñada abrió su boca y metió todo mi miembro en ella, lo engulló y comenzó a chuparme de una manera que Nadia nunca lo habÃa hecho y vaya que mi esposa es buena mamadora, pero Elvira es sensacional.
Nadia se empinó para besar la panocha de su hermana y yo aproveché para meterle un dedo a ella y la otra mano la coloqué en la nuca de Elvira; siempre habÃa soñado con eso. Ella tenÃa sus manos en mis nalgas y comenzó a juguetear con mi ano; primero me sobresalté, pero luego empecé a sentir un placer increÃble y pensé que Elvira tenÃa más experiencia que mi esposa, pues ella nunca me habÃa hecho ese tipo de cosas.
Fue Elvira la que se detuvo y nos hizo cambiar de posición, a mà me hizo acostarme en el sillón y le pidió a Nadia que se sentara en mi boca; luego ella se acomodó y abriendo sus piernas se sentó en mi tranca erecta; metà mi lengua en la panocha de mi esposa mientras sentÃa el placer de penetrar a Elvira que se movÃa como cabalgándome, dándome un placer inmejorable; yo estaba seguro que ellas se abrazaban y besaban; esa imagen en mi cabeza me excitó aún más y seguà moviéndome para complacer a ambas hermanas.
Fueron minutos de un placer excepcional; me di cuenta que Nadia habÃa tenido dos o más orgasmos y Elvira estaba más o menos igual; pero siguieron moviéndose hasta que me vine y descargué una gran cantidad de semen dentro de mi cuñada, al parecer ni a ella ni a Nadia les molestó eso y a mà me provocó un tremendo placer.
Ambas mujeres se bajaron de mà y me pidieron que me levantara y las siguiera; fuimos a la recámara; allà yo me senté en una silla y ellas se acostaron abrazadas y se besaban mientras las manos de ambas buscaban sus clÃtoris y panochas; un rato estuvieron asà y luego cambiaron a un 69; las dos gemÃan llenas de placer y creo que tuvieron más orgasmos; mi tranca comenzaba a levantarse excitada por el tremendo espectáculo que estaba presenciando. Ellas estuvieron un buen rato jugueteando con sus lenguas en las panochas y el clÃtoris; varios minutos después, terminaron agotadas de placer, pero Elvira al verme le dijo a Nadia: Mira, pobrecito de tu marido, quiere más de nosotras, ¿le ayudamos? Nadia dijo que si y las dos se bajaron de la cama, como dos gatas salvajes se acercaron hasta llegar frente a mà y comenzaron a lengüetearme la tranca y los huevos; fue como un sueño ver a esos dos monumentos de mujeres mamándomela hincadas y desnudas. Nadia me dijo que me relajara y eso hice; gocé de sus chupadas vineod sus cuerpos desnudos hasta que me hicieron venirme y salpiqué a ambas en la cara y los senos.
Nos fuimos los tres a la cama, yo en medio de ellas, las abracé y nos dormimos profundamente hasta el dÃa siguiente.
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