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« en: Junio 09, 2006, 01:18:43 » |
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(Capitulo VII: Paseando al perro, primera parte)
A la semana siguiente, yo seguÃa con mi horario de jefe, ósea iba tarde por la mañana y salÃa tarde por la noche, mas que nada porque tenÃa que cumplir mi horario sexual con el equipo de guardia de la empresa, ya que tras dedicarme a Miguel exclusivamente durante unos dÃas, este dijo, que era un "romantico" y que le gustaba mas follarme con sus compañeros del curro, que le gustaba compartir, y algunas sutilezas mas... Luego me entere que les cobraba a dos mil pelas la jodienda, y bien que les rentaba pues alguno me follaba dos veces en un par de horas.
La verdad es que los chicos se lo pasaban bien conmigo: me tenÃan desnuda por el control y de vez en cuando me pellizcaban o me pedÃan que se la chupara un rato y luego me jodian o me daban por el culo.
Una tarde estabamos en esas cuando Miguel, el supervisor jefe, me cogió por detrás y me tiro literalmente sobre la mesa de control boca abajo.
Mientras me follaba por detrás y me levantaba la cabeza agarrà ndome del pelo me contó su "nuevo servicio":
"Mira rica, he pensado que voy a ponerte a disposición de toda la plantilla de seguridad, unos 15 tÃos, pero no solo en esta oficina," me dijo mientras me follaba, "asì que presta atención a lo que te voy a contar, y empezaras mañana".
"Por supuesto", añadió, "que no lo harás gratis..., Pues ellos me pagaran a mi una cantidad y si rindes bien yo te daré un 10 por ciento de lo que saquemos cada semana... )te parece? " y sonrió.
¿me podÃa yo negar?, Por supuesto que no, asà que asentà con la cabeza.
Al dia siguiente al llegar al control, Miguel me sorprendió con uno de sus uniformes:
"QuÃtate toda la ropa y póntelo", me dijo.
Después baje con el al garaje de la empresa y me hizo subir al furgón de seguridad que irÃa recogiendo a las patrullas de los diferentes edificios.
La historia estaba en que en la parte trasera del furgón debÃan follarme los que salÃan de guardia, asà que posiblemente durante las dos siguientes horas, me joderian unos cuatro o cinco tÃos.
Eso si tuvo el detalle de habilitarme una cámara acorazada dentro del blindado para que pudiera tener intimidad... En un habitáculo de 2x2 donde debÃan follarme de pie o contra la pared.
Asà fue, y ya a punto de terminar la ruta mi coño estaba hasta el iden, cuando al llegar al ultimo relevo, en una especie de casa de campo en las afueras de Madrid, me sorprendió ver allà a Miguel.
"Hola perra te lo has pasado bien", me dijo maliciosamente, "pues ahora viene lo mejor… sìgueme!".
Fui con el hasta el garaje de la casa donde me hizo quitarme el uniforme, bastante estropeado de tanto quitármelo y ponérmelo, pues por mi hubiera estado desnuda todo el recorrido pero mas de uno querÃa desnudarme..., Y me dio unas braguitas tanga negras transparentes y un sujetador de cuero muy escueto.
"Ponte esto", me dijo, y alargándome unas botas que me llegaban hasta medio muslo añadió, "y estas botas".
La verdad es que debÃa tener una pinta increÃble pues el propio Miguel harto de jugar conmigo, parecÃa excitado.
Salimos fuera y mientras nos dirigÃamos a un lugar del jardÃn de aquella finca, yo notaba como una especie de gemidos o algo asÃ.
Al doblar la esquina de un cobertizo, vi una enorme perrera con casi una docena de doberman, que empezaron a rebullir inquietos.
Me quede petrificada, pero Miguel me tranquilizo:
"No te preocupes que no te harán nada," dijo mientras me echaba un spray por el cuerpo, y añadió "pues vas conmigo, espera aquÃ", me dijo.
Entro en la perrera y saco tres enormes perros que le seguÃan dócilmente y que al verme se acercaron a olisquearme.
"No hagas ninguno movimiento brusco y no te harán nada", me indico. Me alargo un collar como los que llevaban los perros y tras colocarmelo, saco una traÃlla para cuatro perros y se la engancho a los tres que estaban allÃ, se volvió hacia mi:
"ArrodÃllate", me dijo.
Asà lo hice y el cuarto enganche lo unió a mi collar.
"Ponte a cuatro patas como ellos", me dijo.
Me coloque en esa posición y entonces Miguel me dijo que me moviera muy despacio entre los perros, que ya me chupaban por todas partes, sin abandonar la posición canina.
El situado detrás iba avanzando controlando la traÃlla.
Las botas que me habÃa dado, me protegÃan las rodillas, pero al verme poner las manos sobre el suelo, me dio unos guantes para protegérmelas.
De esa guisa y rodeada por los tres doberman, di con ellos una vuelta al edificio, haciendo la ronda, unida a la traÃlla.
Miguel hablaba con los perros y les decÃa cosas:
"Venga zurro no seas vago, muévete,...tranquilo boby no pasa nada,...chaka sigue, sigue,..."
Se dirigió entonces a mi:
"Y tu perra...)como vas?...(no hables!, Solo asiente con la cabeza si estas bien... O como mucho gruñe y gime como ellos pero suavemente...""
AsentÃ...
"eso esta bien!...
Estuvimos como una hora dando la vuelta, volvimos pasado ese tiempo a la perrera y tras desengarcharnos de la traÃlla, Miguel volvió a guardar a los perros en la perrera, yo me iba a levantar, cuando me dijo:
"Sigue asÃ, a cuatro patas..."
Le mire para protestar...
"Y no hables o te meto dentro con ellos..."
Me obligo a engancharme a una cadena y comenzó a tirar de mi camino de la casa:
"A cuatro patas hasta que yo te diga, eh..."
Cuando llegamos al garaje, me hizo chuparsela a cuatro patas, y luego me enculò. Después me hizo vestir y en el furgón de seguridad volvimos a la oficina.
Durante tres dÃas esa fue la historia, hasta que llego el fin de semana.
El sábado y el domingo perdÃa de vista todo aquello. A veces estaba cansada y mi coño era ya como un túnel, al igual que mi culo. En el ultimo mes y pico habÃa sido follada mas que en toda mi vida.
Ese fin de semana fue mucho mas tranquilo, pues Javier y Pedro estuvieron fuera y Don Jaime vino un par de veces tan solo a ver el estado de sus "posesiones" y por supuesto a disfrutarlas.
Pero salvo eso, dormir y comer como una cerda, aprovechando para mantener mi moreno en la piscina del chalet, ya que debÃa exhibirme desnuda por una finca...de vaya Ud. a saber quien...aunque pronto lo sabrÃa.
Mientras tanto en mi trabajo todo iba viento en popa. SeguÃa ganando cuentas, con el sudor de mi cuerpo y los jugos de mi conejillo, y por tanto mi sueldo y comisiones seguÃan subiendo.
Aquel lunes, me llamo el director de la empresa, para decirme que presidirÃa la reunión de ejecutivos de cuentas de esa semana, y que esperaba que les diera un discurso sobre el trabajo, mis métodos de captaciòn, la forma de contacto, etc. ..., Seguro que el hombre no estaba al tanto de mis "métodos"... O si?.
Asà que el martes llego la reunión.
Yo le habÃa dicho a Miguel que el lunes no podrÃamos seguir nuestro habitual "trabajo extra" con lo que fue comprensivo, por tanto dormà como una niña, traviesa pero niña al fin de alcabo, para estar radiante para la reunión.
Cuando llegue a la sala de juntas, alrededor de la mesa siete jóvenes hombres con su traje y su corbata y tres chicas, arregladitas pero un poco grises, me esperaban.
Pedro, que se encargaba de elegirme la ropa, me habÃa sacado un vestido de una pieza con una falda de vuelo, bastante vaporosa, y ligeramente entallada en la cintura, aunque no transparente, que se completaba en la parte de arriba con un cuerpo suelto bastante escotado, de color amarillo limón, que era lo único que junto a un tanga blanco minúsculo, componÃan toda mi vestimenta.
Pude notar los gestos de admiración de los hombres y las caras de envidia de las tres jovencitas, cuando entre en la sala de reuniones.
El director me presento y durante treinta minutos les hable de la captaciòn de clientes y de las armas "ortodoxas" por supuesto, que deben usarse en dicha captaciòn.
Mi jefe me felicito al final y tras una serie de preguntas de los presentes se dio por terminada la reunión.
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