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« en: Junio 09, 2006, 01:20:28 » |
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CapÃÂtulo 1: Mujer para dos...en principio
Mi marido, Miguel no me habÃa contado nada hasta justo 24 horas antes de irse de viaje. el se marchaba un domingo por la mañana y el viernes por la noche cuando estábamos cenando me pregunto que me perecer a que mientras el estaba fuera para que no estuviera sola en casa viniera un amigo suyo para hacerme compañÃa. Yo le dije que no hacÃa falta puesto que yo trabajo por la mañana y durante la semana vivimos en Madrid y desde 30 kilómetros de Madrid donde vivimos los fines de semana no era necesario que nadie me acompañara pero el insistió asà que le dije que bueno.
Entonces me dijo que este amigo se mudarÃa a nuestra casa durante los dos meses que el estarÃa fuera y que en ese tiempo me ayudarÃa y satisfarÃa en cuanto yo necesitara.
Yo me quede un poco perpleja pues en mi época de soltera si simultanee de vez en cuando varias camas al mismo tiempo pero desde que me case nunca lo habÃa hecho.
Asà mismo me indicó que varias veces por semana vendrÃa una señora a ayudarme en las faenas de la casa y a nivel personal.
Esa noche hicimos el amor como nunca y Miguel me trato de varias formas con cariño con rudeza como a una mujer experimentada o como a una mujer inexperta, lo cual me dio que pensar.
Al dÃa siguiente habÃamos quedado con este amigo suyo, luego supe que contactado a través de una revista de esas de contactos, llamado Javier.
Cuando se presentó en casa me sentà como muy conturbada puesto que no paraba de observarme de arriba a abajo.
Se mostró muy cariñoso desde el principio.
Era apuesto y atractivo y durante la comida no paro de preguntarme cosas acerca de mi vida, de mis gustos y de mis relaciones con Miguel.
Estábamos comiendo en la casa de madrid pues mi marido habÃa trabajado ese sábado por la mañana asà que después de comer decidimos trasladarnos a la casa de la sierra.
Ya en el coche Miguel que conducÃa nos dijo que nos pusiéramos los dos atrás pues asà podrÃamos hablar y conocernos mejor durante el camino.
(Miguel): yo le habÃa dicho a Javier que durante el camino tratara de hacer algún acercamiento de tipo fÃsico.
(Ana) y la verdad es que me sentà incómoda sentada en la parte trasera del coche que conducÃa mi marido con un hombre joven y atractivo que acababan de presentarme y que sin duda parecÃa muy interesado por mi además pensaba que durante los próximos dos meses convivirÃa en mi casa casi 12 horas al dÃa« para entonces Miguel tampoco me habÃa dicho que serÃan dos hombres los que se alternarÃan en "cuidarme".
En el recorrido hasta la casa de campo que tenemos fuera de Madrid Javier trató de cogerme las manos en dos ocasiones y se sentà muy cerca de mi mientras a través del retrovisor Miguel controlaba todas nuestras reacciones.
Al llegar a la finca Miguel me dijo que le enseñara el cuarto de invitados a Javier, mientras el sacaba algunas cosas del coche.
Cuando llegamos a su cuarto Javier me dijo lo encantado que estaba de estar allà y que tratarÃa de complacerme en todo aunque añadió que esperaba verse correspondido lo cual me hizo poner colorada, diciéndome que él entendÃa mi situación.
Le dejé instalándose y me reunà con Miguel en el salón.
Nos pusimos unas copas mientras esperábamos a Javier y Miguel me dijo que según se diera la cena tal vez esa noche tuviera que dormir con Javier, lo cual me dejo atónita.
(Miguel) yo le explique a Ana que cuanto antes empezaran a conocerse mas Ãntimamente mejor que era importante que lo hicieran antes de marcharme yo por si la cosa no funcionaba.
(Ana) ¿y como no iba a funcionar? si Javier estaba buenÃsimo! era cariñoso y agradable y además yo ya me estaba poniendo cachonda.
Al cabo de unos segundos apareció él en el salón recién duchado con una camiseta ajustada y unos pantalones de tenis que marcaban un importante volumen en su entrepierna y por su corto tamaño, del pantalón me refiero, dejaban ver unos poderosos y musculosos muslos.
Antes de seguir diré que mi marido también dispone de un gran aparato y que en ese sentido nunca he tenido ninguna queja mas bien todo lo contrario.
Tras su aparición decidà subir yo a cambiarme para ponerme a tono y dejar a los dos hombres a solas.
(Miguel) Javier me dijo que estaba encantado y que mi mujer estaba mucho mas buena que en la foto que le habÃa enseñado y que estaba deseando acostarse con ella a lo que le indique que si jugaba bien sus cartas, podrÃa pasar toda aquella noche con ella.
Esto le iluminó los ojos aun mas cuando apareció Ana en el salón vistiendo un sort negro muy ajustado sin duda no llevaba bragas y una blusa de encaje negro semitransparente que marcaba sus redondeados y bien formados pechos apenas cubiertos por un sujetador tipo balconette.
(Ana) Me excito ver como me miraban ambos al entrar en el salón. Miguel sonrió y me guiñó un ojo y và como Javier me desnudaba literalmente con la mirada.
"Bueno" les dije "que os parece si jugamos un rato a algo antes de tomar un café y luego salimos a dar una vuelta por el campo?".
Los dos parecÃan estar dispuestos a complacerme en todo asà que jugamos un rato a las cartas donde por supuesto gané yo pues Javier bastante tenÃa con jugar a poseerme mentalmente, y Miguel con observar las reacciones de este.
Tras el café hablamos de muchas cosas y llegó la hora de salir a dar una vuelta. Justo antes de hacerlo Miguel se disculpó unos minutos para ponerse algo mas cómodo por lo cual nos quedamos Javier y yo a solas en el salón.
Nada mas marcharse Miguel, Javier se me acercó y me dijo que estaba estupenda y que se morÃa de ganas de acariciarme y besarme a lo que yo me hice la estrecha en principio diciéndole que ya tendrÃamos tiempo de conocernos mas Ãntimamente cuando se marchara Miguel a lo cual me contestó que no sabÃa si podrÃa esperar.
Seguimos charlando mientras cogÃa mis manos y no nos percatamos de la llegada de Miguel que parecÃa satisfecho de nuestro comportamiento y que nos dijo como si tal cosa que cuando quisiéramos podÃamos irnos.
Salimos los tres a dar un paseo por los jardines de la finca ya al atardecer yo llevaba agarrado por la cintura a Miguel este me llevaba cogida por el hombro mientras a mi izquierda, Javier, al principio se distanció un poco pero, recorridos unos metros se acercó y disimuladamente comenzó a acariciarme el muslo izquierdo y la nalga de ese lado.
Me sentÃa halagada y en la gloria pero un poco turbada: dos hombres dispuestos a hacerme el amor en cuanto se lo pidiera, allà mismo si era preciso, y uno de ellos para mà un perfecto desconocido hasta hacÃa apenas una horas y que me estaba cortejando en las propias barbas de mi marido, sin duda algo que quisieran muchas mujeres.
Regresamos a la casa y dije de ir a preparar la cena lo cual significó una buena excusa para que ellos dos volvieran a quedarse a solas.
Javier subió a ponerse algo y entonces le dije a Miguel las caricias que él me habÃa hecho a lo cual mi marido contestó que se habÃa dado cuenta y le parecÃa perfecto.
Volvió Javier y yo me marche a la cocina.
(Miguel) hablamos Javier y yo de cosas relacionadas con aquella situación y le indique que durante la cena le darÃa a los dos unos sobres cerrados en los que les explicaba la norma básica de convivencia en mi ausencia. luego dije que se pusiera un whisky pues yo tenÃa que subir a mi despacho a resolver unos asuntos antes de marcharme.
(Ana) No se lo que hablarÃan los dos durante ese tiempo unos 20 minutos en que yo no estuve en el salón pero pasada media hora Javier vino a la cocina con el pretexto de ayudarme a algo.
Le dije que no hacÃa falta y tras hablar de diversos temas estaba yo frente al horno cuando le noté detrás de mÃ.
Apenas tuve tiempo de reaccionar cuando noté sus dos poderosas manos que agarraron con fuerza primero, luego mas suavemente, por debajo de mis brazos, mis pechos que de paso diré que son de un buen tamaño aunque no exagerados y que desde muy joven causaban admiración y deseo en los hombres.
Con esta maniobra aparte de llenar sus manos a placer con ellos, evitaba que yo bajara los brazos para un posible, inimaginable por mi parte, gesto de defensa.
Traté de volverme pero él empujándome suavemente sobre el fogón lo impidió mientras me murmuraba al oÃdo:
"Voy a poseerte aquà y ahora...", decÃa mientras trataba de quitarme la blusa con habilidad, " y te pienso follar en este mismo instante".
"Por favor", le suplique sin mucho entusiasmo, "déjame que puede venir Miguel"
"Y qué", respondà vehemente," asà verá como te follo y lo bien que lo hago..."
Hice unos iniciales intentos de zafarme pero tampoco estaba por la labor de perder aquella sensación: follada en la cocina, "contra mi voluntad", es un decir y con mi marido a tan solo unos metros de allÃ. además su firme forma de sujetarme me impedÃa cualquier movimiento que no fuera retorcer mi culo brindándole aun una mayor abertura del mismo, mientras con sus rodillas, separaba mis muslos con increÃble habilidad y firmeza, haciéndome sentir entre las nalgas, un enorme bulto que luchaba por salir de su opresión.
Con calma, y una pasmosa habilidad, mientras me empujaba contra el fogón y apretaba mis tetas con una sola mano, ya introducida en mi blusa, fue bajándose la cremallera del chandal que se habÃa puesto bajo el cual, según comprobé después, llevaba un minúsculo tanga, del que rápidamente salió una enorme verga que, mientras con la misma mano el desabrochaba mi short y me lo bajaba hasta los pies, busco ávidamente los orificios de mi cuerpo.
Pero mi sorpresa fue aun mayor cuando pasando por el orificio de mi culo llegando hasta mi coño, notando yo entre mis húmedos muslos y enredada en el vello de mi pubis aquel vástago de placer, de pronto su ya durÃsima polla volvió atrás y empezó a horadar mi pequeño esfÃnter anal.
Traté de protestar pero él me tapó la boca con una mano mientras con la otra me hacÃa separar las piernas mientras me decÃa al oÃdo:
"Escucha bonita, primero te daré por el culo... te han enculado alguna vez?", me preguntó, a lo que con un movimiento de cabeza, pues tenÃa tapada la boca con su mano, traté de contestarle que mi marido un par de veces... algo que quizá no comprendió, puesto que me contesto:
"Pues ahora sabrás lo que es bueno..." dijo mientras parte de su duro miembro se introducÃa con gran dolor por mi parte, entre mis nalgas... "en los próximos meses..." me dijo al oÃdo mientras iba horadando como un autentico barreno mi virginal trasero, "al menos una vez al dÃa te encularé... hasta dejarte tu lindo culito preparado para admitir cualquier tamaño de polla..."
"Primero quiero entrarte por detrás" me decÃa mientras seguÃa envistiéndome con fuerza y yo me notaba totalmente empalada por aquel duro aparato, "puesto que metertela por el coño merecerá otro momento y otra preparación."
Lo que sin duda no sabÃa era, que efectivamente iba a preparar una excelente culera, puesto que no serÃa el único en utilizar mi vÃa trasera.
Mientras tanto y con un fuerte dolor por mi parte su enorme y dura polla fue abriéndose paso a través de mi culo y conforme los envites se hacÃan más rÃtmicos y seguidos la mezcla de dolor y placer eran indefinibles haciéndome gemir no se bien si por una cosa o por la otra.
Cuando estaba a punto de llegar me inclinó aún más sobre el fogón, aplastando mis ya desnudos pechos sobre el frÃo mármol, y de un potente empellón me alojó sus casi 20 cm de carne, hasta los cojones que noté golpear entre mis muslos, en mi pobre agujero, haciéndolo estremecer con la enorme descarga de aquella poderosa manguera.
Mientras tanto como sabrÃa después Miguel estuvo asistiendo desde la puerta de la cocina a mi primera sodomización postmatrimonial.
(Miguel) Era una imagen sorprendente y al tiempo excitante, ver a aquel hombre inclinado sobre la espalda de mi mujer, con los pantalones bajados, bombeando, con un rÃtmico golpe de riñones adelante y atrás, que hacÃa pensar en un completo y perfecto efecto mete-saca, embistiendo golpeando frenéticamente una y otra vez la nalgas de mi esposa, que inclinada sobre el fogón y casi desnuda, ofrecida entre gemidos totalmente, entregaba su tentadora y lasciva retaguardia a aquel hombre, que la hacia suya sin miramientos ni contemplaciones, penetrándola salvajemente.
Yo no sabÃa que la estaba enculando pues me enterarÃa después en palabras del propio Javier.
Antes de que se dieran cuenta de mi furtiva presencia y disfrute, abandoné la cocina y me dirigà al salón donde me servà una copa.
Aun estaba repasando, mentalmente, aquellas lúdicas imágenes, que recomiendo a aquellos maridos que quieran sentir emociones fuertes, mientras saboreaba un whisky, cuando apareció Javier con gesto de satisfacción, y después de lo que yo habÃa visto no era para menos.
Se sentó frente a mi y me dijo: "Acabo de dar por el mismÃsimo culo a tu mujer en la cocina."
Se me quedó mirando esperando mi reacción a lo que yo conteste:
"¡Ah la estabas enculando, creà que te la estabas tirando, pero estilo perro".
A lo que el me respondió:
"No, eso será mas tarde."
Me interesé por la experiencia y el me contó lo excitante y sensacional que habÃa sido.
Unos minutos después entró mi mujer con cara de un cierto cargo de conciencia.
Momento en el que Javier se levantó y haciéndole un gesto de complicidad salió del salón con el pretexto de ir al servicio.
(Ana) Tras la experiencia vivida en la cocina Javier se marchó sin decirme nada ni un gesto... nada, con lo cual me sentà como una perra follada y abandonada, a la espera de que otro perro se me chingara por detrás
Tardé unos minutos en reaccionar. después me recompuse y traté de seguir haciendo la cena pero era imposible, no podÃa apartar de mi la excitante sensación que acababa de vivir y aun notaba el dolor en mi culo y su cálido semen en el interior del mismo.
Decidà volver al salón y proponer salir fuera a cenar.
Cuando entré en el salón los dos hablaban animádamente imagino que de mÃ, y se quedaron en silencio al verme entrar.
Javier me miró con cara de complicidad y Miguel me observaba como tratando de adivinar mis sensaciones. yo no sabÃa que estaba al corriente de lo ocurrido en la cocina.
Entonces se levantó y salió.
Yo fui incapaz de decirle nada a mi marido, lo cual imagino serÃa parte del juego que estábamos empezando a practicar. además tampoco tuve mucho tiempo pues Javier volvió a entrar y se sentó displicente en el sillón.
Me senté en el brazo del sillón justo al lado de Javier y les sugerà el salir a cenar al pueblo a lo que los dos accedieron.
"Bien voy a vestirme" les dije levantándome y notando como fugazmente Javier me manoseaba el muslo hasta la nalga.
Sabiendo las pasiones que estaba levantando salà lentamente.
(Miguel) Fuimos a cenar a un restaurante de carretera bastante escondido a unos kilómetros por una carretera comarcal de nuestra finca. para la ocasión a Javier le dejé un smokin ya que aun no se habÃa traÃdo ropa suficiente y yo me puse también de etiqueta.
Ana nos sorprendió con un traje de seda azul muy ajustado y escotado bajo el cual se habÃa puesto ropa interior de encaje negra y su correspondiente liguero con medias también negras. estaba preciosa.
En el coche en el trayecto de ida ella vino delante conmigo mientras Javier se colocaba justo en el asiento trasero tras el de Ana.
(Ana) Ya durante el corto trayecto de ida Javier no dejó de meterme mano por los muslos y el pecho desde el asiento de atrás discretamente por el lado próximo a la puerta aunque creo que Miguel era consciente de ello y le gustaba.
Al llegar al restaurante habÃa gente de todo tipo pero llamamos la atención por nuestro atuendo de fiesta y más de uno rumoreaba debido a las atenciones que me prestaban Miguel y Javier sobre nuestra relación lo cual me puso muy cachonda y a ellos les llenó de orgullo.
Fue una cena tranquila en la que hablamos de muchos temas y en la que ambos pero sobre todo Javier no pararon de meterme mano por debajo de la mesa en cuanto podÃan.
Bebimos bastante y al terminar Javier sugirió ir a tomar una copa a un local de un pueblo cercano a unos 40 kilómetros ofreciéndose a conducir a lo que Miguel se negó argumentando que no le gustaba dejar a nadie el coche.
Bromeó:" Ni el coche, ni la pluma... ni la mujer... " dudó un instante, nos miró y sonrió..." con lo último no estoy de acuerdo y aquà esta la prueba..."
Al salir del restaurante y ante las miradas expectantes de los presentes ambos me enlazaron por la cintura mientras yo hacÃa lo propio.
Cuando llegamos al coche Miguel me indicó que me sentara detrás con Javier con lo cual imaginé que en esos 40 kilómetros algo tendrÃa que suceder.
Al principio hablamos de coches de velocidad y otras cosas. en un momento determinado Miguel se colocó en el carril de la izquierda de la autopista y comenzó a acelerar a fondo casi en ese mismo instante noté la mano de Javier deslizándose por debajo de mi falda hasta alcanzar mi húmedo clÃtoris que tras apartar delicadamente mis bragas comenzó a masajear.
Casi simultúneamente me atrajo con el otro brazo hacia el y me empezó a besar en el cuello y la oreja deslizándose por mis mejillas hasta mi boca.
Yo me resistà un poco mientras observaba la mirada al frente impreterrita de Miguel mientras rodábamos a 130 o más kilómetros por hora.
En pocos minutos la cosa se desató.
Javier estaba bajando la cremallera trasera de mi vestido mientras yo hacia lo propio con la de su pantalón.
Me bajó el vestido hasta quitármelo del todo dejándome en ropa interior y después el se desprendió del pantalón y los calzoncillos.
Me reclino sobre el asiento hacia atrás y comenzó a acariciarme los pechos a través del sujetador de encaje hasta sacar una de mis tetas que comenzó a chupar desde el pezón con fruición con la otra mano magreaba ya sin consideración mi otra teta mientras subiendo por mi cuello besaba mi barbilla y mi boca.
Yo estaba alucinada me estaban metiendo mano en el coche de mi marido mientras el conducÃa como si tal cosa a 160 por la autopista.
La sensación era de frenesÃ.
De pronto Javier colocó una de sus manos en mi nuca y suavemente me fue inclinando hacia su entrepierna donde como el asta de una bandera su polla se alzaba dura y fuerte.
Mis labios se entreabrieron engullendo aquel vástago de carne y músculo, que me llenó la boca hasta la garganta.
(Miguel) A juzgar por los jadeos y susurros detrás de mi se lo debÃan estar pasando de miedo. yo miraba de vez en cuando por el retrovisor pero en la obscuridad no ve a nada. era una sensación difÃcil de describir: pisando el acelerador a mas de 140 mientras un tipo se estaba tirando a mi mujer en el asiento de atrás.
(Ana) Tras unos momentos en los que pensé que me asfixiarÃa con aquella estaca dentro de mi boca Javier me retiró suavemente la cabeza de sus cojones y me sentó encima de el dándole la espalda y mirando al frente me acomodó de la forma adecuada y me hizo sentarme de repente sobre aquel tieso palo que me perforo el coño de abajo arriba como un ariete mientras una corriente eléctrica recorrÃa las paredes de mi vagina y el placer me hacÃa perder la visión.
Al principio lentamente luego con un ritmo mas vivo empezó a moverme hacia arriba y hacia abajo mientras yo notaba como su polla entraba y salÃa de mi coño que estaba chorreado. Fueron unos minutos en los que logre correrme tres o cuatro veces mientras el me decÃa cosas como zorra o puta y yo le gritaba que era un chulo putas y un cabrón pero que me estaba jodiendo de maravilla.
(Miguel): De pronto un grito de placer de Ana me sobresaltó casi inmediatamente empezó a gemir como una loca mientras Javier la llamaba puta, zorra miré por el retrovisor y vi a mi mujer como subÃa y bajaba en una clara muestra de que Javier se la estaba follando sentada mientras sus pechos bailaban una delirante danza arriba y abajo, arriba y abajo...
Ella le gritaba también y le pedÃa que la jodiera más y más.
Se corrieron varias veces hasta que escuché como Javier gemÃa de puro éxtasis quizá corriéndose también de forma bestial.
Nos acercábamos ya al lugar donde tomarÃamos la copa por lo cual les indiqué que volvieran a vestirse que ya tendrÃan tiempo de sobra para volver a follar.
(Ana): Tras unos minutos magnÃficos Javier también se corrió y cuando estábamos intentándolo de nuevo Miguel, mirándonos por el retrovisor nos indicó que estábamos a punto de llegar y que nos vistiéramos, que ya tendrÃamos tiempo de follar mas adelante.
Al bajar del coche me quedé alucinada cuando al salir del mismo Miguel, mi marido, apareció con una gorra puesta tipo chofer y comenzó a llamarnos "los señores primero me sorprendà luego me hizo gracia y Javier se quedó unos segundos parado pero ante un gesto de Miguel y un tirón mÃo siguió la broma diciéndole: "Gracias Miguel estaremos unos minutos dentro tomando unas copas, y morreandonos un poco, espérenos aquÃ",
"Claro señor", contestó mi marido y se quedo apoyado en el coche.
El portero del local no nos perdÃa de vista y miraba con avidez mi escotado vestido, sin duda deseando meterse dentro de el...y de mÃ.
Javier me cogió por la cintura y mientras me besaba apasionadamente en la boca me llevó casi en voladas al interior del local.
Era una especie de club de carretera, de esos de putas, a media luz aunque muy elegantemente puesto.
El metre al vernos entrar sonrió y se dirigió a Javier:
"buenas noches señor,¿la mesa de siempre?" a lo que Javier contesto que si.
Nos llevó hacia un rincón bastante obscuro del local donde pocos segundos después un camarero trajo una botella de champan.
Poco después và como Miguel sin que Javier se diera cuenta entraba en el local y se colocaba en una mesa detrás de nosotros.
"Asà que la mesa de siempre?, le solté a Javier mientras nos sentábamos, "con quien vienes tu aquà habitualmente?"
"Con putas como tu, zorruna!", me contestó mientras se disponÃa a gozar de mi.
"Pero...",intenté protestar.."el metre me tomara por una furcia y...".."
"Acaso no lo eres?", me dijo mirándome con picardÃa...
"Esta bien," reconocà sentándome con descaro cruzando las piernas de forma que el camarero próximo pudiera ver mis muslos, "asà es como se hace?", le increpe a Javier que rió divertido.
Distrajo mi atención la mano de Javier que comenzaba una nueva excursión por mi entrepierna que por cierto se habÃa dejado las bragas en el coche por lo cual sus dedos sin impedimentos empezaron a explorar mi gruta una vez mas.
En pocos minutos tenÃa la falda subida hasta el ombligo y Javier acariciaba mi coño con las dos manos mientras llevaba una de las mÃas hasta su polla atrapada en el pantalón y me susurraba al oÃdo que se la sacara.
Le miré sorprendida y me hizo un gesto afirmativo con la cabeza.
Miré a mi alrededor y la verdad es que lo poco que se veÃa no permitÃa hacerse idea de lo que estaba ocurriendo en las otras mesas asà que le baje la cremallera y saqué su nuevamente erguido instrumento.
El seguÃa susurrandome al oÃdo, lindezas como ¡puta te la voy a meter aquà mismo!, zorra mamámela bien, y cosas por el estilo, lo cual me ponÃa a mi a cien mientras yo chupaba lamÃa y succionaba su enorme polla hasta que empezó a convulsionarse y un salado liquido tibio inundó mi boca.
A punto de atragantarme el me decÃa: ¡Trágate mi leche!...¡trágatela toda!... ¡no desperdicies ni una gota!...
Yo la verdad es que nunca me habÃa tragado el lÃquido seminal pues cuando se la chupo a Miguel o al menos hasta aquel dÃa, nunca me lo tragaba, no podÃa. pero no se que estaba ocurriendo que tras el primer bombeo en mi boca aquella calida y pastosa leche me supo divina y me tragué hasta la última gota.
Después el me masturbó varias veces haciéndome llegar tres o cuatro veces, tras lo cual y después de tomar unas copas de champan salimos del local.
No se cuando salió Miguel del club, lo que se es que cuando llegamos al coche estaba con su gorra puesta diligente. abrió la puerta trasera y antes de hacerme pasar me cogió por la cintura y me plantó un beso retorcido que sorprendió no sólo a Javier sino al portero del club que se quedo alucinado.
Se metió dentro del coche conmigo y bajando la ventanilla le tiro las llaves a Javier mientras le gritaba: ¡ahora conduce u.d.« señor, pues a esta zorrona me la voy a tirar yo!...
El portero del club no daba crédito a sus oÃdos y a sus ojos cuando Javier se puso al volante y arrancamos en dirección a casa a toda velocidad.
Por supuesto que en el trayecto de vuelta Miguel me folló como nunca dándose el caso de que jamás lo habÃamos hecho en un coche, y yo en unas horas lo habÃa hecho...¡dos veces!...
Sin duda para mi aquel fin de semana serÃa inolvidable.
Al llegar a casa Miguel nos reunió en el salón para darnos el sobre que nos habÃa prometido.
Al abrirlo me di cuenta de que los próximos dos meses iba a ser un objeto de uso sexual, algo novedoso para mÃ, pero la experiencia por lo vivido en las últimas horas, prometÃa ser excitante por lo cual no me importaba, más bien lo contrario: estaba abierta, de piernas y nalgas, a lo o los que vinieran.
En el papel Miguel me pedÃa que diera rienda suelta a mis instintos en cada momento y estuviera donde estuviera y que debÃa someterme a las normas de la casa que eran básicamente que cada vez que un macho presente quisiera follarme o encularme no solo debÃa dejarme hacer sino que debÃa darles el máximo placer posible además de disfrutar al máximo.
De igual forma me indicaba que cuando llegara la "señora o ama de llaves como el decÃa yo pasarÃa a ser la criada de la casa y por lo tanto debÃa obediencia absoluta, pasara lo que pasara.
Dicho esto Miguel me ordenó desnudarme totalmente en medio del salón en presencia de Javier lo cual a pesar de todo lo vivido me ruborizó y me hizo sentirme avergonzada.
"Aquà te la entrego para que la goces y la disfrutes sin lÃmite, hazla gozar pero también sufrir, pues el placer con el sufrimiento es mucho mas excitante", y dirigiéndose a mi me dijo" y tú sométete a el en todos sus caprichos, deberás obedecerle sea cual sea lo que te ordene y estarás dispuesta siempre a hacerle gozar a el y a quien el te ofrezca".
Después le dijo a Javier que me cogiera en brazos y me llevara a su dormitorio.
Este no lo dudo ni un minuto y rodeándome con sus fuertes brazos me levantó en volandas y se dirigió hacia la escalera, Miguel se acercó y me besó en la boca, "disfruta y goza el placer", tras lo cual desapareció en dirección al cuarto de estar.
Javier mientras subÃamos por la escalera comenzó a besarme y me decÃa al oÃdo como me iba a follar que me joderÃa durante toda la noche, y cosas por el estilo.
Efectivamente durante unas horas fuà un auténtico juguete en sus manos me follo un par de veces y me dió por culo otras tantas en un derroche de energÃa que me alucinó.
Nos quedamos dormidos.
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