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« en: Junio 09, 2006, 12:40:02 » |
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Hetero, infidelidad, exhibicionismo. Delante de sus narices su esposa le es infiel con distintos hombres
Continuación del relato erótico "La primera OrgÃa de Mi esposa y MÃa" publicado en "El Rincón de Marqueze.net" el dÃa 8 de Marzo de 2002.
Ayer habÃa escrito y quiero continuar con mi historia de adicto al sexo. Debo confesarles que le conté a mi esposa, una vez llegué en la noche de trabajar y se emocionó tanto, que terminamos haciendo el amor en la escalera del edificio, pues a ella le calientan estas cosas. Por suerte ningún vecino salió, pues nos hubiera encontrado tirando como conejos. Una vez entramos al apartamento, nos dedicamos a follar como locos, toda la noche. Eso me animó a escribir lo de hoy.
Otra experiencia memorable fue un viaje que hicimos a Melgar, fue la primera vez que mi esposa me fue infiel en mis narices (hablamos de infidelidad cuando yo no participo, lo demás le damos el nombre de orgÃa), con varios hombres no al mismo tiempo -, pero en un cachondeo permanente, en donde todos pensaban que yo no me daba cuenta de nada, cuando en realidad terminé azuzando a mi esposa Carolina.
Cerca de Bogotá hay un balneario que se llama Melgar. Bogotá es tierra frÃa y este sitio es tierra caliente. Un dÃa le dije de improviso a Carolina, en la noche, alista dos vestidos de tierra caliente que nos vamos en 5 minutos para Melgar. Siempre Ãbamos a la casa de un hermano de ella, que nos prestaba permanentemente la casa.
Le dije que recogerÃamos a unos amigos de la oficina, tres, ella conocÃa a dos de ellos y al otro no, le dije que si querÃa invitar a alguien, ella invitó a una amiga que se llama Lilian, la cual está buenÃsima, tiene un culo de exposición.
Mi esposa salió con una bata vaporosa, extraminifalda, un poco amplia, sin sostén, y con una pequeña maletica (casi un monedero) en donde me dijo que llevaba dos vestidos de baño, me dijo que permanecerÃa en vestido de baño todo el tiempo, pues hacÃa tiempo que no se bronceaba. Yo al imaginar que vestidos de baño llevarÃa sentÃa un palpitar en mi verga, un vacÃo en mi estómago y un nerviosismo, signo indiscutible de que ya estaba excitado.
Primero recogimos a Lilian, quien salió con una maleta, un vestido muy corto también, y con esa mirada de lujuria que se reconoce en las mujeres que quieren que se las tiren ahà mismo y que no ponen reparos a nada.
Recogimos a los demás amigos, Germán, Camilo y Juan Carlos, este último no lo conocÃa Carolina, pero inmediatamente vi que tanto ella como él se habÃan fijado mutuamente el uno en el otro. Comencé a planear mi estrategia en ese mismo instante. Como la camioneta al fin y al cabo no es un camión, en la parte de atrás no cabÃan tres hombres relativamente robustos y una mujer delgada, pero si podrÃan ir un hombre adelante, como copiloto y dos mujeres y dos hombres atrás, yo les convencà de que era más cómodo. Invité a Germán para que se sentara conmigo adelante. Mi mujer se hizo atrás, pero se pasó entre el caro, lo que hizo que el vestidito se desacomodara todo y se viera que no tenÃa sostén y que sus bragas eran diminutas, sensuales y que dejaban al descubierto casi la totalidad de las partes intimas de Carolina. Sé que Juan Carlos estaba observando con atención y que pudo evidenciar lo que acabo de decir. Les dije, adicionalmente, que tenÃa una botella de ron, que yo no tomarÃa para poder conducir, pero que ellos se tomaran un buen trago. SabÃa que eso desinhibÃa a mi mujer, como ya se los he dicho.
En un sitio que se llama Soacha se forma normalmente un trancón fenomenal, lo que obliga a que uno deba ir muy despacio. VeÃa por el retrovisor que mi esposa ya tenÃa el brazo de Juan Carlos pasándole la espalda, que Camilo habÃa hecho avances con Lilian y que mi acompañante estaba que me mataba por no haberlo dejado ir atrás y haber, mejor, escogido a otro. Yo era presa de la excitación. Mi mujer poco a poco perdÃa la compostura por efectos del licor y ya no se preocupaba qué tapaba o no su enorme faldita.
Pude ver que Juan Carlos le metÃa mano por el vestido en busca de las tetas de mi mujer, lo que me sugirió que debÃa ayudarles. Cuando salimos del trancón, sugerà que descansáramos un poco y que comiéramos algo, era un parador de carretera tÃpicos en Colombia, donde se consiguen recuerdos, dulces, quesos, etc... Mi mujer me pidió que le acompañara al baño y yo le dije que estaba con las piernas entumidas del trancón, pero que fuera con Lilian, pero ella me dijo que también estaba cansada. Juan Carlos se ofreció a ir con ella y yo acepté. Yo me dije, aquà mismo se la van a tirar. Como a los cinco minutos dije que tenÃa ganas de comprar un queso para llevar, y me paré y comencé a caminar de un lado para otro, pronto los vi, estaban haciendo fila para entrar a un baño, que supuse estaba sucio. Pues ellos, alejados de la vista de todos, se estaban dando tremendo beso, y el le tocaba las tetas por debajo del vestido, y a veces le metÃa mano en su culito, en fin la estaban magreando a toda regla. Yo me dije, esto es un record, una mujer casada y un tipo que no se conocen se ligan en 45 minutos y están que culean.... después leyendo los relatos de marqueze, me di cuenta que mi mujer estaba algo quedadita.
Entraron los dos al baño, y yo me agazapé en un sitio donde pudiera ver que pasaba dentro. Me fui detrás de la casa, en donde habÃa un patio lleno de árboles y oscuro, me aposté en la ventana, y cuando pude con claridad, ya mi esposa tenÃa el vestido remangado en la parte de arriba y él le chupaba las tetas. Ella le dijo que pararan y se alzo la bata, se bajo las tanguitas y se sentó a orinar, creo que el sonido de la meada lo excitó, pues sacó su verga (que era enorme) y se la puso en su boca. A mi mujer no hay nada que le guste mas que mamar una buena verga. Terminó de mamarsela, pues ella se paró, separó las piernas y con su propia mano dirigió la verga que se le ofrecÃa y que ya estaba lubricada a su chocha, que como siempre estaba muy bien rasurada. Juan Carlos la comenzó a bombear, le entraba y le salÃa, me imaginaba que ella, como lo hace conmigo debÃa estar apretando la chochita para sentirlo más, no se habÃan puesto condón, por lo que imaginaba que chorrearÃa semen toda la noche.
El tipo se vino gimiendo y mi mujer tuvo un orgasmo al mismo tiempo. Se dieron un beso nuevamente, y el se guardó la verga no sin antes limpiarla con la tanguita de ella, que se la pidió como recuerdo de ella. Ella se la regaló.
Me fui rápidamente y me los encontré como si nada. Mi mujer me dijo que habÃan estado mirando cosas para poder llevar y yo les dije que estaba en lo mismo. Ella me tomó de la mano sin soltar la mano de Juan Carlos. OlÃa a semen.
Volvimos al restaurante donde estaban los demás y pude ver que Germán habÃa hecho avances con Lilian, por eso le pedà a Camilo que me acompañara adelante. Mi mujer prácticamente estaba despatarrada sobre Juan Carlos, fingiendo que no estaba haciendo nada. Unos gemidos la delataron, pero yo me hice como si no me hubiera enterado. El tipo le debÃa estar metiendo los dedos en la chocha. Yo evitaba mirar para atrás por el retrovisor, pues eso me hubiera puesto en evidencia. Acomodé el espejo lateral, que me permitÃa ver las sombras de ellos, ellos se habÃan hecho detrás de mà para que yo no los pudiera ver. De un momento a otro, pude ver como Lilian hacÃa cara de lujuria y Germán cara de sorpresa, miré a mi mujer y a Juan Carlos y vi como ella se movÃa arriba y abajo, se la estaban comiendo en mis narices, ella se metÃa un dedo en la boca para no llorar y gemir de placer. VeÃa su cara de gusto. De pronto ella comenzó a tener sus orgasmos de espasmos, se movÃa involuntariamente, y entrecerraba los ojos sin poder controlar sus manos, no pudo reprimir un gemido. Yo para hacerme el huevón, le dije que si le dolÃa algo, ella me dijo que le dolÃa un poco la cabeza. Juan Carlos también se vino con un gemido, y yo como haciendo un chiste, dije pero si todos van enfermos, aquà yo soy el único sano.
Bueno, vi que Juan Carlos se corrió nuevamente dentro de la chocha de mi mujer, quien no podÃa ocultar el gusto que habÃa sentido. Germán le metÃa mano a Lilian y también le estaba masajeando las tetas y con seguridad que le tendrÃa algún dedo morreandole el culo.
Por fin llegamos a la casa de mi hermano de mi esposa. Mientras que yo prendÃa el sistema eléctrico y conectaba el agua, yo deje solos a Juan Carlos y Carolina, y les pedà que entraran las maletas, a Lilian y Germán les pedà que entraran el mercado. A Camilo le pedà que organizara los parasoles de la piscina. Yo también irÃa a conectar el gas para la estufa, etc...
Vi que Carolina estaba distribuyendo las habitaciones, y que entró en una con Juan Carlos, quien la estaba manoseando de nuevo, le manoseaba las tetas y se las descubrió para darle chupetones que de nuevo hicieron que mi verga se parara de manera inconsciente. Pensé que tirarÃan otra vez, y me dije que para mi gusto, podÃa ver a mis anchas. Pero Carolina estaba algo nerviosa, sabiendo que yo estaba merodeando por todas partes, se lo dijo en voz baja a Juan Carlos: Eduardo puede vernos... y qué le decimos....
Ella salió y le señaló a Germán y Lilian otra habitación, es decir, que en la otra habitación dormirÃan Camilo y Juan Carlos y nosotros en la más espaciosa. Germán llevó sus maletas y las de Lilian, dejó que ella escogiera su cama, lo que era una mera formalidad, pensé yo, pues esa noche la tendrÃan taladrada en una misma cama. Bueno, yo dije que prepararÃa la comida, ya que querÃa comer espaguetis, que son mi especialidad, y les dije que si querÃan se fueran para la piscina, que yo les llamarÃa cuando todo estuviera listo. Mi esposa se ofreció a ayudarme, estaba muy achantada conmigo, no me miraba a la cara, sabÃa que se estaba sintiendo mal y que no querÃa herirme, yo para mortificarla más le dije que no se preocupara, que la amaba muchÃsimo y que mejor fuera a divertirse. Ella me pidió que la acompañara a cambiarse, y yo le dije que no, pues tenÃa mucha hambre y querÃa que la cena estuviera lista lo antes posible.
Yo me comporte, sin embargo, más cariñoso que de costumbre. No puedo negar que sentÃa algo de celos y de vergüenza de creer que ellos me estaban haciendo hacer el tonto, pero la excitación de saber que mi esposa habÃa sido culeada en mis narices era mucho mayor. Bueno, argumentando que habÃa una falla en el gas de la cocina, salà de la casa hacia el tanque de gas, pero en realidad me aposté en un sitio en donde podÃa ver que pasaba en las habitaciones. Camilo y Juan Carlos hablaban de mi mujer, Juan Carlos le decÃa que estaba muy buena, que se la querÃa culear otra vez, y Camilo decÃa que habÃa visto todo lo que habÃa pasado, que no entendÃa como yo no lo habÃa visto, que él también intentarÃa algo. Juan Carlos le dijo que esa noche iba intentar comérsela de nuevo, y que una vez se lo hubiera hecho, que le dejaba el camino libre. En la habitación de German y Lilian el ambiente ya estaba un poco más caliente, pues ella estaba con las tetas al aire, escogiendo que vestidito de baño ponerse, y Germán los observaba y le decÃa si querÃa esa tanga o no. Las tangas, sobra decirlo eran minúsculas, cada vez que se la cambiaba, se podÃa ver su chochita, no rasurada como la de Carolina, que le gusta sin un pelito, sino una chochita recortada.
Me acerqué a la ventana de mi habitación y pude ver que mi esposa estaba con cara pensativa, no hacÃa nada, no se cambiaba sino que seguà pensando.
Volvà a entrar a la casa, y la llamé y le pregunté que por qué no se habÃa cambiado. Ella me dijo que querÃa darse antes un duchazo, yo pensé que era la ocasión perfecta para otro polvazo de ella. Pero le querÃa dar esta vez la oportunidad a Camilo, ella se fue de nuevo para la habitación y sabÃa que tarde que temprano me tendrÃa que pedir que le pasara el jabón, que estaba en la maleta. Ella es muy descuidada y siempre olvida estas cosas. Efectivamente, me llamó a gritos y me pidió que le pasara el jabón y que le alistara el vestido de baño que querÃa yo que ella se pusiera. Como yo tenÃa las manos llenas de la salsa que estaba preparando, le pedà a Camilo que entrara y sacara de la maleta un jabón y que además, en una pequeña maletica habÃan unos vestidos de baño de mi esposa, que sacara uno rojo, no necesitaba especificar más, pues si bien no es el vestido de baño más pequeño que tiene Carolina, si es seguro que es incluso más minúsculos que los que usarÃa Lilian en este paseo.
El entró y sacó el jabón, pude ver la cara que puso cuando miró el vestido de baño, y abrió la puerta del baño y me imagino que vio a Carolina desnuda, pues cuando cerró tenÃa la cara roja y sus ojos disparaban lujuria, además su verga enhiesta se paraba haciendo de su pantaloneta una carpa.
Era obvio que en ese momento no pasarÃa nada, pues Camilo pensarÃa que yo estarÃa al tanto, pero lo que querÃa era que se excitara y que no aguantara más.
Bueno, por fin salió Carolina, se habÃa duchado, se habÃa puesto la tanguita roja, estaba divina, se veÃa espectacular. Juan Carlos y Camilo no podÃan creer lo que se les ofrecÃa a sus apetitos, yo simplemente me hacÃa el desentendido. Ellos pasaron rápidamente a la piscina, pues sus vergas, era evidente, las tenÃan muy paradas. Carolina fue después, no sin antes insistirme que también fuera a la piscina, que tal vez nadie tenÃa hambre y que podÃa dejar guisando la comida, sin necesidad de quedarme junto a la estufa. Yo accedà y le dije que se fuera adelantando a la piscina y que yo ya llegarÃa, que me darÃa también un duchazo, y que por qué no organizaba algún juego para la piscina, de esos que ella conocÃa (no me referÃa a ningún juego de Ãndole sexual) y que nos divertirÃan a todos. En esos momentos oÃmos como Lilian gemÃa y comprendimos que Germán le estaba dando un polvazo de primera lÃnea. Carolina me sonrió, siempre hemos sido liberales en este tema, y nos pareció excitante, lo noté en su mirada.
Me decidà a contarle a ella que habÃa visto todo y que sabÃa lo que habÃa pasado en el viaje. Ella me miró con sorpresa, no sabÃa que reacción tomarÃa yo. Le dije que si bien antes habÃamos hecho orgÃas y exhibicionismo, y que también habÃamos tenido trÃos, me molestaba un poco el que me fuera descaradamente infiel, pues una cosa es que lo hagamos juntos, pero que otra es que lo haga a mis espaldas. Pero también le aclaré que haber visto lo que vi me calentó mucho y que querÃa que continuara, que la verdad, a la final, no estaba ofendido y que me siguiera engañando.
Ella me sonrió con la sonrisa de puta que ponÃa en esas situaciones. Yo le dije que mientras yo no estuviera presente, que fuera de los más explicita y exhibicionista posible, que les calentara los huevos hasta que ya no pudieran más y que yo me cuidarÃa de ser visto, pero que verÃa todo. Que cuando intentaran algo más, yo aparecerÃa y los dejarÃamos con dolor en las huevas, pero que ya les darÃamos a cada uno su premio. Ella estuvo de acuerdo.
Fue una noche muy larga, hasta aquà va la primera parte de mi segundo relato, haré una segunda parte de mi segundo relato y quizás una tercera. Esa noche no dormimos hasta las cuatro de la mañana.
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