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« en: Junio 13, 2006, 12:56:14 » |
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Los tres modos más frecuentes de disfrutar del sexo.
Hola soy Noqtambulo, y esto es lo que más nos gusta hacer en la cama generalmente. Son tantas, tan variadas y múltiples las formas y modos de disfrutar de tu cuerpo y hacer disfrutar con el a la persona que ames, que desees o que te guste sexualmente que precisarÃa años para describirlas todas, casi tantos como tu para conocerlas y practicarlas, por eso, en estas breves lÃneas, me voy a limitar solo a los tres modos que sospecho, son los mas frecuentemente empleados entre los seres humanos que quieren y desean disfrutar del sexo.
1- La Mamada:
Jamás he gritado tan fuerte y con tanta desesperación cuando aquella malagueña que conocà en la playa, comenzó a chuparmela detrás de unas rocas escondidas y solitarias.
-¡ Chupa! ¡ chupa ! - gritaba yo con toda mi alma
No voy a extender mucho porque describir una mamada es algo difÃcil, no encuentro palabras para ello. Las mamadas son para vivirlas y gozarlas, no para contarlas. Sin embargo voy a intentar deciros, como fue lo que me hizo aquélla mujercita genial.
La encontré tumbada al sol y apenas me aproxime a ella, conectamos perfectamente y como a mi no me gusta perder el tiempo, fui directo al grano. ¿Si los dos sabÃamos lo que buscábamos nada mas encontramos para que andar con rodeos? Nos perdimos entre las rocas, nos apoyamos sobre una de ellas y nos besamos mutuamente. Nos dimos todo: Ella su cuerpo juvenil y moreno, su piel tersa, sus gruesos labios y su caliente juventud.
Yo toda mi plenitud de macho, mis deseos de joder y mi palpitante polla y, aunque en el momento de hacer ó de que te hagan una mamada siempre parece la misma, no es asÃ. Lo puedo asegurar. Nunca una mamada se parece a otra. Siempre tienen matiz diferente. Os lo juro y lo que me hizo aquella mujer nada tuvo que ver con las muchas que me han hecho a lo largo de mi vida. Su boca era recogida y suave, no parecÃa una boca, pensé y creà tener la verga dentro de la mejor y mas jugosa vagina, pero no, no era una vagina, era la boca de aquella mujercita mujercita preciosa, cuya cabeza tenia entre mis piernas y que me pasaba la lengua alrededor del capullo con suavidad de terciopelo. Mis manos se perdÃan entre sus abundantes cabellos y mi garganta jadeaba, retuve mi corrida cuanto pude, porque aquella mamada no tenia que terminarse nunca.
Chupa chupa, decÃa yo, y ella chupaba cada vez con mayor entusiasmo, hubo un momento en que pareció detenerse. Que sucede? ¿No iras a dejarme ahora? No, no iba a dejarte, solo necesitaba tomar aliento, respirar un poco. En cuanto lleno sus pulmones de aire, siguió mamando y mamando, acariciándome los huevos mientras lo hacia y estrujándomelos a veces. De vez en cuando, me metÃa un dedo por el ano y me hurgaba en el suavemente, ¡ que placer ! ¡ que gozada ! imposible describiros como fueron aquellos minutos. ¿Lo comprendéis, verdad? Me corrà en su boca y tan a gusto que casi ruedo por las rocas. Ella fue quien me ayudo en pie. Luego, volvimos a la playa, nos tumbamos al sol y, creo, que nos quedamos dormidos.
2- La Enculada
Los dos eran ingenuos, muy ingenuos, excesivamente ingenuos. Pero también los dos eran viciosos, muy viciosos. Viciosos del amor y del sexo. Y los dos eran vÃrgenes. Cada mañana se perdÃan por el bosque para masturbarse mutuamente. Era a lo mas que llegaban. Luisa y Ramón se querÃan sin saberlo, se gustaban sin notarlo y gozaban juntos casi sin proponérselo.
-¿Oye Jorge, tu has jodido alguna vez?
-Si, Luisa, he jodido con una criada que tenÃan mis padres en el pueblo.
Bueno... Aquello no se puede decir que fuera joder, porque nunca llegue a metersela. Únicamente me corrÃa entre sus muslos ¿Y tu le has tocado la polla a algún otro chico?
-No, solamente a ti
Los dos se echaban a reÃr y seguÃan abrazándose. Correteaban por el campo, se bañaban juntos, y juntos hacÃan planes para el futuro. Pero una mañana el deseo se impuso. Las exigencias de una juventud ardiente les obligo a.........
-¿Sabes una cosa Luisa? -¿Que? -Me gustarÃa metertela -También a mi me gustarÃa que me la metieras, pero....
-Déjame, aunque solo sea por detrás, tienes un culo precioso y por detrás, nada puedo ocurrirte.
Luisa se volvió de espaldas para que Ramón hiciera con su culo cuanto deseaba. La inexperiencia de Ramón se manifestó al punto, pues enfilo su polla hacia el culo de Luisa tan precipitadamente, tan ansioso de metersela a la primera embestida que Luisa grito de dolor.
-¿Te hecho daño? -Si, un poco, pero sigue, porque me gusta, esta vez procura hacerlo mas despacio.
Volvió Ramón a intentarlo y, esta vez, lo hizo mas suavemente. La punta de su cipote comenzó a desaparecer por el agujerito marrón de Luisa.
¡ Espera ! ¡ Espera un poco !
Obedeció Ramón y espero unos segundos, los necesarios para que el culo de Luisa se dilatara un algo mas.
-¡ Vuelve a intentarlo ahora !
Ramón empujo de nuevo y esta vez, si, esta vez, toda su polla se perdió dentro del precioso culo de Luisa. Rápidamente, el muchacho comenzó a bombear, mientras se enganchaba a las tetas de su compañera unas veces y a sus caderas otras. Luisa favoreció aquel enculamiento abriéndose de nalgas cuanto pudo y Ramón, en agradecimiento, metió sus dedos por la vagina de la chiquilla, como tantas veces habÃa hecho ya y para que gozase justo al mismo tiempo que el fuese a gozar.
Jamás los dos jóvenes experimentaron tanto placer. El culo de Luisa se lleno con el semen de Ramón con los jugos de su preciosa compañera. Amantes definitivos, pasado el tiempo, comentaron muchas veces aquella primera y la repitieron otras muchas, volviendo a ser felices y a disfrutar con esa felicidad.
3-La Follada
Soy una mujer que dejó de ser virgen bastante tarde y ocurrió asà porque estaba empeñada en que me desvirgara un negro. Me masturbaba constantemente pensando en esos negros macizos, de piel brillante, de sonrisa abierta y de grandes pollas, pero no encontraba la ocasión de meterme con alguno de ellos en la cama para que me desvirgase, hasta que un dÃa salà de mi casa dispuesta a lograr mi propósito. Sin pararme a recapacitar en cuanto hacia , me dirigà al puerto, segura de que en ese lugar encontrarÃa al "moreno" de mis sueños. Y en la esquina mas escondida , me tropecé con el. Al descubrirle, le miré con descaro. El hizo lo mismo: me miró a los ojos, recorrió con su vista todo mi cuerpo y me desnudo con aquel gesto. No necesitamos palabras para entendernos. Comenzamos a caminar juntos, uniendo, en silencio, nuestros pasos. Solo al caminar largo rato en tal situación, se me ocurrió preguntarle:
Dónde me llevas? Muy cerca de aquÃ.
A partir de ese momento, mas que andar, volamos, hasta vernos totalmente desnudos y tumbados sobre un diván cuajados de almohadones. En preciso momento, supe lo que era tener entre mis manos la hermosa polla con la que habÃa soñado siempre. La besé, la relamà y la acaricié continuamente. El moreno parecÃa que fuera a desmayarse de placer. Palpitaban las venas de aquel monstruoso pedazo de carne y le goteaba el glande. Me lo metà en la boca y lo humedecà cuanto pude. No quise seguir adelante, pues mi intención era perder mi virginidad y de aquel modo, nunca lo hubiera conseguido.
El negrito se bajo hasta mi coño y me lo devoró, poniéndole a punto para recibir por primera vez el puntazo que se llevarÃa para siempre mi virginidad. El momento tanto tiempo soñado por mi habÃa llegado al fin. Aquel hombre puso la punta de su cipote a la entrada de mi coño y comenzó a apretar.
- ¡ Métemela toda ! ¡ Métemela !
Empujo el y un quejido lastimero salió de mi garganta.
- ¿Te hago daño? - ¡ No ¡ ¡Sigue adelante!
Volvió a empujar de nuevo y descubrió lo inevitable, mi virginidad, temà que aquella condición mÃa podrÃa molestarle, pero no fue asÃ, creo que le animo bastante mas. Ante tal situación, procuro metermela con mucho mas cuidado, tratando de ensanchar mi vagina suavemente y logrando que esta se adapte al grosor y a ala extensión de su polla. Movà mis caderas como mejor supe y pude y al poco tiempo llego al minuto genial:
Aquel negrazo se corrÃa dentro de mi, llevándose mi integridad femenina y haciéndome disfrutar del orgasmo mas profundo y prolongado de toda mi vida.
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