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« en: Junio 13, 2006, 12:55:52 » |
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Un hombre imagina que está con su diosa realizando sus mayores fantasÃÂas de placer.
En mis noches de ensueño, pienso en una mujer que despierta mis más recónditos anhelos, los recuerdos más intensos y las fantasÃas más ardientes. Entonces me levanto, y le escribo para contarle mis pensamientos y cómo es ella la que los embriaga con su figura y su voz. Entonces, le escribo a una diosa. Diosa de mis ensueños:
Hace un momento estuvimos conversando, pero no he logrado vencer la tentación de escribirte. Nuestra conversación fue tan intensa y realista, que he quedado con la miel en los labios y con las ganas de abrazarte y de que hagamos el amor como siempre lo hacemos, en todo lugar y en todas las formas. Me alegro de que nos hayamos conocido y de que podamos hablarnos, escribirnos, acariciarnos y llegar a las más altas capas del placer sensual y espiritual. Con ansiedad espero el momento en que suena el teléfono para traerme tu voz, ardiente, anhelante, que despierta de inmediato mis sentidos y hace crecer mi sexo siempre dispuesto a complacerte. ¡Qué momentos de placer pasamos a través de la lÃnea telefónica! ¡Cómo gozamos! Tu voz de arrecha empedernida, tus suspiros profundos y prolongados, tus palabras pidiendo que te acaricie, que te bese en lo más escondido de tu ser, hace que yo también desee tus labios, tus manos, tus caricias, y que entonces iniciemos ese juego interminable de hacernos el amor a la distancia, a través del teléfono, hasta terminar en gritos lujuriosos que preceden al orgasmo simultáneo, algunos relatos eróticos.
Gracias a que me vas describiendo cómo estás vestida, en qué lugar te encuentras, cuál es tu posición, qué te estás acariciando, puedo seguir paso a paso ese encuentro virtual, y cerrando los ojos sentir tu piel, tu perfume, tus manos tibias y suaves recorriendo ese cuerpo divino, y escuchar los gemidos que lanzas al espacio para despertar mis ansias de placer.
Con esa descripción el recuerdo queda grabado en mi mente, y cuando estoy solo evoco esos momentos y los vuelvo a vivir. Con esa clara descripción puedo soñar contigo e imaginar las cosas que podrÃamos hacer cuando volvamos a estar juntos. Tú eres la protagonista de mis fantasÃas y con ellas tengo mucho placer que estoy seguro tú también vives en los momentos de soledad.
En este momento te imagino sentada en un sillón confortable, con una falda amplia de mucho vuelo pero corta que deja ver tus lindos muslos, firmes, duros, tibios, de piel turgente que se crispa al paso de tus dedos. Estás con la cabeza hacia atrás, con los ojos semicerrados, soñando despierta con tener una buena sesión de sexo, como las que tenemos cada vez que estamos juntos y sin perder tiempos nos trenzamos en esa dulce batalla del placer.
Tu lengua grande, fina, recorre tus carnosos labios humedeciéndolos, mientras tus senos, suaves y hermosos, erguidos por la promesa de una caricia esperada y deseada amenazan con salirse de una blusa que los sujeta sin necesidad de corpiño. Tu mano izquierda los acaricia, uno por uno, se detiene en cada pedazo de su redondez y se entretiene en la punta erguida de esos pezones que tantas veces he chupado con fruición.
Tu mano derecha baja hasta tu falda y se pierde bajo ella en busca de tu rajita ya húmeda porque presiente las caricias que va a recibir de tus manos expertas. Cierras los ojos al llegar al centro de tus anhelos y sentir cómo palpita ese sexo ardiente visitado en tantas ocasiones por tus dedos que lo conocen milÃmetro a milÃmetro.
Un suspiro se escapa de tu pecho mientras tu mano comienza a acariciar tu vulva sonrosada que se cierra al contacto conocido esperando mucho más; los labios son carnosos y están muy lubricados y tus dedos se recrean sobando y sobando esa vulva que está deseosa de una buena pija que la alimente, de una buena lengua que la recorra hasta saciarla y sacarle las últimas gotas de ese néctar delicioso que brota de ella a raudales.
Te mueves rÃtmicamente mientras de tu boca se escapan palabras pidiendo placer: "AsÃ, asÃ, bésame, cógeme, métemela, chúpamela, cáchame, hazme gozar, quiero sentirla grande y gruesa hasta que toque tus huevos deliciosos. Sigue, no te pares, muévete más, fuerte, hasta el fondo, que sienta tu tronco entrando y saliendo de mi gruta hambrienta. ¡qué rico placer! ¡es la paja más deliciosa que me he hecho!" Guardas silencio pero no te detienes.
Sigues acariciándote y hablando, tu mano está llena de tus jugos, te mueves con más fuerza; sin darte cuenta tu falda está por encima de tus muslos y dejas ver tus braguitas blancas, transparentes por la humedad que tienen con tus emanaciones vaginales; tus vellos púbicos se asoman por los costados y forman un espectáculo digno de la mejor pelÃcula. Tus piernas están abiertas pero se contraen al sentir tus caricias cada vez más salvajes. Tus senos se mecen con tus movimientos y los pezones parecen pequeños clÃtoris que buscan quién los mame.
No te das cuenta de que he llegado y que te observo; que disfruto de ese panorama ardiente que es contemplar tu cuerpo poseÃdo por el ardor sensual; ver tus piernas abiertas mostrando tu sexo cubierto tenuemente por las bombachas diminutas mientras te masturbas con una mano que te hace gozar. Ver esos bellos púbicos, negros, asomarse para adornar con su excitante presencia el cuadro de una diosa a punto de venirse, con los ojos cerrados y las manos activas, con los labios apretados y el sexo palpitando a un ritmo sin par.
Te contemplo un momento; mi pija está al cien por ciento erecta y con ganas de darte placer; se mece queriendo ir al encuentro de ese coño que la llama suspirante. Sabe que está cerca la diosa que la satisface y que pronto se hundirá en las profundidades del amor.
Me quito el pantalón y la saco amenazante. Me ves y me llamas: "Peter, ven, dame placer; chúpame la chucha que la tengo ardiendo y deseosa de tu lengua; bésame el clÃtoris y sácame todos los jugos mientras te beso la pinga. Ven para gozar juntos este momento inolvidable" Me acerco; te apropias de mi pija y comienzas a lamerla mientras te acuesto en el sofá y comienzo a explorar tu coño palpitante. Es un 69 perfecto; tu lengua lame mi pinga por todos lados como si fuese la primera y la última vez que la disfruta. Me haces sentir un placer indescriptible.
Los dos gemimos al unÃsono; mi lengua se hunde en tu raja mientras mis manos exploran tus pompis y juguetean con tu cÃrculo anal. Gimes y pides más. Tus labios succionan la cabeza de mi polla y tus manos esparcen mis lÃquidos seminales por todo el tronco. Encuentro tu clÃtoris y lo atrapo entre mis labios; te mueves como si una corriente eléctrica te hubiese atravesado y tu cuerpo se contrae. Lanzas una ardiente emanación que cubre mi boca mientras de mi pinga sale una chorro caliente de leche espesa. Los dos gritamos de placer y quedamos uno sobre el otro sintiendo que la vida está concentrada en nuestros sexos. ¡Qué placeeeeer! Eres deliciosa y me has hecho gozar al infinito. Te siento hasta en el alma.
¿Te gustó, diosa mÃa? ¿Te excitaste? ¿Te has acariciado el chocho mientras leÃas? Cuéntame tus sensaciones y dime tus fantasÃas. Ojalá me escribas pronto, si es posible todos los dÃas para gozar escribiéndote y leyéndote. Como te imaginarás estoy excitado y con ganas de que me la acaricies. Mañana debemos encontrarnos para hacer realidad esta fantasÃa. Un beso en ese clÃtoris ardiente clÃtoris. Peter
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