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« en: Junio 13, 2006, 12:55:02 » |
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Serenas historias, hetero. Un sueño erótico con su amada repleto de pasión y deseo
Un sueño, la vida es un sueño, asà parece a veces cuando recuerdo los momentos que quedan guardados bien adentro y que por lo que somos los ocultamos profundamente. Sueños de amor, de pasión, placenteros y consumados. Cuando cierro los ojos inevitablemente sueño. Me trasporto en el tiempo y flotando llegó hasta donde tu estás, no me ves, pero sientes mi presencia de alguna manera, y te inquietas. Pero tu inquietud nace en tu mente, y recorre tu cuerpo hasta producirte un estado de alteración. Entonces, me meto en tu mente y te hago soñar. Juntos, por fin!
El deseo más fuerte de nuestro sueño es vernos, abrazarnos, tocarnos, y asà poder expresar todo ese torrente contenido.
Tomo tus pensamientos y me adueño de ellos, no dejo que pienses en nada que no sea yo, y tú te entregas dócil y dispuesta a los caprichos que se impongan.
La historia es larga, pero en los rincones de la mente el tiempo no existe, y nos permite en un segundo vivir toda vida.
La mirada de tus ojos al momento de disponer la entrega de tu cuerpo refleja tu Ãntimo deseo de libertad, porque quisieras repetir ese instante una y otra vez, con la misma calma y pasión que lo sueñas mil veces.
Puedes encontrarte con los ojos cerrados y tus manos estiradas intentando tocar en el aire esa forma que conoces y que anhelas. Viene dentro de ti, conoces su forma, su fuerza, su aroma, su sabor, lo evocas y tu mente sueña en ese instante pleno de sexualidad.
La zona del placer es sensible; puedes incluso sentir el temblor de tu carne al soñar, la vida se te va por ese instante de placer, una locura de placer, pero que en sueños repetimos una y otra vez.
La humedad de los labios que se tocan, se refriegan apasionados, la oscuridad oculta los rostros, pero libera la piel a miles de sensaciones que produce el roce permanente, piernas, vientres, pechos, rostros unidos todos en un baile rÃtmico y de un frenesà acelerado.
Los oÃdos son tal vez los más sensibles, ya que pueden escuchar y guardar sonidos que en tus sueños parecen sonar tal cual son. Lenguas enlazadas y húmedas, cuerpos que giran una y otra vez, cóncavo y convexo que se encuentran y se unen, placer, dolor.
Sueñas y te ves inclinada a la espera, has dispuesto tu cuerpo al dolor y placer, el fantasma del recuerdo se ubica tras de ti y acaricia tu piel para relajar tu temor y preparar la posesión de lo nunca poseÃdo. Sueñas con lo prohibido y quieres probarlo. Por lo tanto dejas hacer en tu cuerpo lo que ansias de una vez, te relajas, te abres, sientes como eres poseÃda y sabes que habrá dolor, y duele. El fantasma no te deja y entra en tu cuerpo por donde nunca se conoció entrada y en medio del dolor el placer de ser una mujer plena y total te embarga. Nada escapa en tus sueños, porque eres libre y puedes hacer todo lo soñado, lo prohibido, lo nunca realizado.
En medio del sueño sientes hambre, y el hambre se quita comiendo, quieres comer y buscas tu alimento, es el sexo del que se apoderó de tu mente y ahora te envuelve en sueños, y lo aferras en tu mano para devorarlo como se te antoja hacerlo, y pruebas cada zona, besas cada parte, lo chupas, lo muerdes, lo comes. Y en tu ensoñación sientes como tu propio sexo comienza a ser devorado, como son abiertos los pliegues de tu intimidad y son acariciados por una lengua sedienta que bebe de ti el sabor de tu placer, que atrapa tu placer entre los labios y lo acaricia con la punta de la lengua para agitar tu corazón y llevarte a los lÃmites del placer. La fuerza de ser poseÃdos a la vez une y funde toda la pasión en un solo cuerpo agitado en su ensoñación.
La fuerza de un beso no se puede comparar y los labios unidos con sabores propios de cada cual actúan como un afrodisÃaco más fuerte, las lenguas no esperan y se dan placer mutuamente mojándose, enredándose, gozándose sin fin.
Los sueños son bellos, pues son solo nuestros, y podemos repetir en ellos mil veces nuestros deseos más ocultos, pues solo son nuestros.
Cuando los sueños tienen la ocasión de realizarse, aunque sea en una parte de ellos, podemos dejar más imaginación para inventar nuevos sueños, y esperar.
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