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« en: Junio 13, 2006, 12:48:45 » |
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"Me llamo Silvana y tengo 26 años. Fuimos un fin de semana a un hotel con mi marido. En la zona de relax habÃa mucha gente desnuda. Nos metimos al jacuzzi y a los pocos minutos un señor desnudo entró y se sentó a mi lado. En esos momentos las burbujas impedÃan ver a cualquiera que mi marido me tocaba las piernas. Me acomodé y apoyé mi cabeza en su hombro,poniéndome de lado. Vi que mi marido cerró los ojos y se puso a disfrutar mientras yo le acariciaba sus órganos muy lentamente. Estaba en eso cuando sentà un roce en mis piernas y luego en mi culo. Claramente era la mano del señor que disimuladamente rozaba mis nalgas. Al dejar pasar un par de minutos el señor volvió a la carga y yo, en una mezcla de no saber que hacer. Estaba acariciando a mi marido y de paso un desconocido me acariciaba el culo, que de paso digo, es lo mejor que tengo. Pues entre mis deseos y lo prohibido dejé que el señor siguiera avanzando. Buscó mi agujero y comenzó a acariciarlo, sentà sensaciones hermosas. Me dejaba hacer, era toda suya. Su dedo ya estaba metido en mi agujero y se movÃa lentamente. Luego metió dos e intentó meter tres. Yo me acomodaba mejor y entreabrà más las piernas. Le di paso a que su mano siguiera hasta mi sexo y comenzó a acariciarlo. Primero me acarició y luego me penetró con sus dedos. Yo seguÃa acariciando a mi marido que parecÃa ajeno a todo. Mientras el señor me follaba con sus dedos yo aceleraba mis caricias. Llegué al orgasmo y de repente siento que mi marido me detiene. Me dice al oÃdo que parara, porque si su semen salÃa a flote pasarÃa algún apuro. Fue que me pidió ir al baño turco y ayudados por el vapor y la tohalla lo masturbé. Nuestros cuerpos chorreaban sudor. Al poco tiempo mi marido salió diciendo que no aguantaba más el vapor. Me quedé yo un rato más, hasta que vi entrar y sentarse a mi lado al señor del jacuzzi. En eso la otra pareja que estaba también se fue, quedamos solos. El señor puso su tohalla sobre sus piernas, cogió mi mano y la llevó hasta su miembro. Lo masturbé, al fin y al cabo no me pedÃa penetración, sólo devolverle satisfacción. Sentà su semen en mi mano, mezclado ya con el de mi marido. Cuando me iba me cogió de la cintura con las dos manos, me hizo sentar sobre su miembro y me frotaba contra él, frotaba mi culo en su miembro. Nuestros cuerpos sudados. El señor se movÃa debajo mÃo, me manoseaba los senos, metÃa su mano en mi sexo e intentó comenzar a penetrarme. Logré pararme y evitarlo. Esa noche mi marido me penetró un par de veces y en las dos yo pensaba en el señor del jacuzzi."
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