admin
Administrator
Hero Member
    
Mensajes: 1180
|
 |
« en: Junio 11, 2006, 08:37:25 » |
|
Hola amigos. Perdonen que hace rato que no les escribo, pero por razones que ustedes se deben imaginar, despues de lo que paso en mi edificio con mi novia nos tuvimos que mudar a otro departamento.
Ya todo el mundo se habÃa enterado de la adicción de ella y para mi era muy avergonzante que me pararan por la calle y se ofrecieran para comerle la cola a Marcela. Además Raulo cada vez que la veÃa se descontrolaba y le manoseaba el culo estuviese donde estuviese y delante de cualquier desconocido sin que ella pudiera hacer nada para impedirlo.
El lÃmite llegó cuando un dÃa que regresaba del trabajo la encontré a mi novia en la casilla de seguridad del edificio apoyada de frente contra una pared y Raulo a su lado levantandole la pollera y exhibiendole la cola a por lo menos 6 o 7 tipos que yo ni conocÃa. Todos aplaudÃan y decÃan barbaridades mientras Ruben le metÃa mano desesperadamente y Marcela, que cada vez estaba mas atorranta, se dejaba hacer sin decir nada.
- Ahà llega el cornudo del marido, dijo Ruben apenas me vio entrar.
Se hizo un gran silencio, ella me miró, quiso bajarse la pollera, pero Raulo
se lo impidio. Todo giraron para mirarme, mientras Ruben continuó:
- Quedese asà señora, muestrele a su marido lo puta que es, sabiendo que lo que estaba diciendo la ponÃa a mil.
Mientras todos reian, la tome de un brazo a Marcela, la saque de ahà y subimos a nuestro departamento, donde en medio de una discusión le hice prometer que nunca más harÃa exhibiciones si yo no la autorizaba o si no estaba presente. Ella estaba muy acongojada y me confesó que cada vez se sentÃa con mas ganas de mostrar la cola y que no podÃa evitar excitarse tan solo con escuchar alguna propuesta o saber que alguien estaba con ganas de tocarsela y comersela.
Luego de charlar un largo rato coincidimos que esto no podÃa continuar asà . Yo le reconocà que me calienta verla mostrar su colita, pero ya todo se habÃa descontrolado y que habÃa que darle un corte.
Fue ahà donde decidimos mudarnos y cambiar de vida. Ella prometió controlarse ante cualquier insinuación y yo prometà no pedirle más que se exhiba en público.
Fue asà que pasaron estos meses entretenidos buscando nueva vivienda y una vez que la encotramos, decorándola y amoblandola.
TenÃamos relaciones sexuales "normales" y tratábamos los dos de evitar mencionar algo de lo que habÃamos vivido en el pasado. De cualquier forma yo estaba seguro que Marcela recordaba muy bien todo y lo notaba porque en medio de la relación cerraba los ojos y metiedose un dedo en el culito acababa como tres veces seguidas. Yo tampoco puedo negar que estando solo me venÃan a la cabeza las escenas de mi novia cojiendo con gente extraña, por lo que me terminaba haciendo flor de paja.
Una tarde decidimos ir a una mueblerÃa que nos habÃa recomendado una amiga de Marcela, ya que habÃamos planeado cambiar los muebles del dormitorio, especialmente la cama, que por ser bastante vieja, hacia ruido apenas nos moviamos en ella. Cuando llegamos nos recibio un muchacho de unos 30 años:
- Buenas Tardes, me llamo Carlos, en que puedo servirles, preguntó amablemente. - Buenas tardes, nos aconsejó este lugar una amiga de ella, respondi señalando a Marcela. - Hola, nos recomendaron que hablaramos con un tal Pedro, dijo ella. - Es mi padre, contestó él, adelante por favor. Pasó primero Marcela y ahà note como se le iban los ojos directamente a su cola, que dicho sea de paso estaba bien marcadita en esos pantalones de tela finita que tenÃa puestos.
Nos hizo pasar a una oficina y detrás de un escritorio estaba un señor de mas o menos 65 años que enseguida Carlos nos presento como su padre.
- Buenas tardes señor, nos envÃa mi amiga Cecilia para que nos ayude a elegir una buena cama, dijo Marcela. - Ah si, Cecilia me llamó y me dijo que tu vendrÃas, respondió Pedro, lo que no me dijo es que vendrÃas con tu marido, continuó.
No entendà porque habÃa dicho eso, pero no le di mayor importancia.
- Vengan pasemos a la parte de atrás que está la fábrica asà les enseñaré los modelos de camas que tengo, prosiguió.
Apenas Marcela se paró el viejo le clavó la mirada descaradamente en su culo y siguió admirandolo mientras iba caminando detrás de ella, sin importarle si yo me daba cuenta o no.
Eso me dio un poco de bronca, pero no puedo negar que también me calentó bastante.
Traspasamos una puerta y entramos a un galpon enorme con pedazos de madera y aserrÃn por todos lados. HabÃa por lo menos 10 obreros trabajando, que a medida que Marcela pasaba por delante de ellos la iban desnudando con los ojos. En ese momento me dà cuenta que esto no habÃa pasado desapercibido para ella ya que note que sacaba la cola más para afuera y la movÃa muy sensualmente.
Me empece a preocupar cuando se dio vuelta para mirarme y vi en su expresión que ya estaba recaliente. Pensé tomarla de un brazo y regresar otro dÃa, pero la excitación que me producÃa verla como se mostraba pudo más y no pude mover un músculo.
- Aquà estan los modelos de cama que fabricamos, dijo el viejo, están todas con colchones para que las pruebes, continuó, dirigiendose a Marcela. - No hace falta, mirándolas nos damos cuenta, dije yo. - No le creas a tu marido nena, lo mejor es que la pruebes asà sabrás cual es la mas cómoda, se dirigió a Marcela, ignorándome por completo. - Tirate en ésta, a ver como la sentÃs, continuó, señalando un cama de 2 plazas y media.
Marcela que hasta ahora no habÃa dicho palabra me miró y me dijo con voz entrecortada por la calentura que tenÃa:
- Mi amor, ¿me puedo acostar en la cama del señor?
Yo quede mudo. Lo mire al viejo que sonreÃa y vi como todos los obreros dejaron de hacer lo que estaban haciendo y miraban atentamente la escena. Al no recibir respuesta mÃa, Marcela se dejó caer en la cama boca abajo con el culito bien paradito.
- Y, ¿que te parece nena?, preguntó el viejo. - Mucha cuenta no me doy, contestó Marcela. - Movete un poco, levanta un poco mas la cola y bajala, para ver como se siente de dura, indicó el viejo.
A esta altura ya se le notaba un bulto en el pantalon al viejo y los carpinteros ya se habÃan acercado bastante formando un circulo alrededor de la cama. Yo estaba inmovil, miraba todo y en lo único que pensaba era en sacar la verga del pantalón porque de lo parada que la tenÃa me estaba matando.
- ¿Le parece bien asà señor?, preguntó Marcela, mientras levantaba el culito y se dejaba caer. - Asi está bárbaro nena, respondió el viejo, tratandose de acomodar la verga en el pantalón. - Igual mucha cuenta no me doy, dijo Marcela. - ¿Nena vos dormÃs con pijama? Pregunto el viejo. - No porqué - ¿Y como dormÃs? - En bombachita. - Por eso no te das cuenta si el colchón es comodo. Te recomendarÃa que te saques el pantaloncito para probarlo. - No es necesario, dije yo, tratando de mostrar una autoridad que ya habÃa perdido hace rato.
Ya los obreros se habÃan acercado más y estaban a menos de un metro de mi novia.
- Señor, yo le aconsejarÃa que se siente en esa silla y espere allà mientras le hacemos probar la cama a su mujer, me dijo el viejo.
Lo cual obedecÃ, un poco porque con su mirada Marcela me lo estaba pidiendo y otro porque de la calentura que tenÃa ya no podÃa mantenerme en pie.
- Haber nena mostranos como dormÃs, le pidió el viejo.
Entonces Marcela se desabrocho los botones del pantalon y se los sacó, dejando al descubierto una disminuta bombachita blanca metida casi por completo en su precioso culito.
Se acostó culito para arriba y mirándolo al viejo le preguntó ¿asà esta mejor señor?
- Si nena, ahora debes estar bien caliente mostrandonos el culito. Tu amiga me contó que te encanta mostrarlo y yo estaba impaciente en verlo. Veo que a tu marido no le molesta, asi que abrilo bien para nosotros.
Entonces Marcela se puso en cuatro, levantó bien la colita y la puso a merced de quien quisiera mirarla. Mientras el viejo y los empleados se bajaron los pantalones y dejaron ver tremendos miembros totalmente erectos. Esto puso como loca a Marcela que comenzó a meterse un dedo en la concha y a gemir desesperadamente. Se notaba que se habÃa reprimido por mucho tiempo y que ahora estaba más desenfrenada que nunca.
- ¿Tenés ganas que te rompamos la colita nena?, dijo el viejo - Por favor, chupemela señor, suplicaba Marcela mientras se corria la tanga hacia un costado exhibiendo su oyito abierto.
El viejo no se hizo desear y rapidamente dirigio su lengua al precioso agujerito, mientras los otros comenzaron a meterle mano por todos lados y uno de ellos le ensarto la pija en la boca, la cual mi novia acepto gustosa y comenzó a mamarsela en forma frenética hasta que el tipo no aguantó más y le lleno la boca de leche. Mientras tanto se turnaban con el culo, salia uno y se lo chupaba otro, le sacaban la boca y le insertaban primero uno, después dos y hasta tres dedos. La manoseaban por todos lados. Le sacaron la remera y le chupaban los pechos. Ella solo gemÃa y pedÃa mas pijas.
Yo solo miraba como once tipos disfrutaban de la puta de mi novia y me masturbaba y acababa y volvÃa otra vez a masturbarme.
- Salgan todos, ordenó el viejo de pronto. Cambiense y sigan trabajando que para ustedes se acabó la fiesta. - No me deje asi señor, por favor necesito una pija en mi colita, le decÃa Marcela mientras lo miraba con cara de desesperación. - Si haces lo que te digo, la vas a tener. - ¿Te gustó mi hijo no?, vi como lo mirabas cuando entraste. Bueno ahora te vas a cambiar, lo vas a ir a buscar al salón de venta, lo vas a traer para acá y adelante mio y de tu marido le vas a pedir que te rompa la colita.
Marcela se levanto, se limpió con una toalla que le acercó el viejo, se vistió y salió caminando hacia la parte de adelante. El viejo me miró y me ordenó que me subiera el pantalón y que hiciera como que nada habÃa pasado.
- Va a ver como le va a calentar que su mujer de la nada le pida a un tipo que le rompa el culo, me dijo.
La idea me habÃa gustado asi que le hice caso.
Me paré junto a el viejo y el hacÃa como que me explicaba las ventajas de la cama, cuando llego Marcela con el hijo.
- ¿Que necesitás papá?, preguntó - La señora necesita que le hagas un favor, contestó. - Usted dirá señora - Decile nena, ordenó el viejo. - Quiero que me rompas la colita delante de mi marido y de tu papá, dijo Marcela, mientras se bajaba el pantalón y le mostraba el culito desnudito. - Vi como me lo mirabas cuando me conociste. Vos me calentas mucho y yo necesito una pija adentro, asi que por favor rompemelo, agregó.
El muchacho no entendÃa nada. Me miraba a mà y lo miraba al viejo mientras tocaba con vergüenza la cola de mi novia.
El padre le ordenó que se desnudara y Marcela hizo lo propio y se tendió en el colchon. El pibe se acostó a un costado y comenzaron a besarse y tocarse por todos lados. El viejo volvió a sacarse los pantalones y yo hice lo mismo. Mirabamos la escena parados al costado.
- Que puta es su mujer, mire como le gusta la pija de mi hijo, me decÃa el viejo. TenÃa razón Marcela se la tragaba con todas las ganas, y el viejo cada tanto le metÃa un dedo en el culo enloqueciendola cada vez más. - Mire como se traga el dedo, que buen culo abierto, seguiá diciendome el viejo. - Venà nena, chupamela a mi, mientra mi hijo te abre mas ese culito.
Automaticamente Marcela se incorporó, se puso en cuatro, paro la colita y se metió la pija del viejo en la boca, mientras el hijo se puso detrás y la ensartó hasta el fondo. No les puedo explicar como gritaba y se movÃa. Estaba que reventaba de la calentura. PedÃa más y más. El viejo la insultaba, le decia puta, perra, culo abierto y ella se ponÃa mas a full. Estuvieron asi largo rato, donde ella habrá acabado por lo menos 5 veces, hasta que el hijo le lleno todo el culo de leche y al segundo el viejo le hizo tragar toda su esperma.
Marcela quedo tendida en la cama reventada.
Yo supe a partir de ahà que mi novia no iba a cambiar más
|