admin
Administrator
Hero Member
    
Mensajes: 1180
|
 |
« en: Junio 11, 2006, 08:29:24 » |
|
El siguiente relato ocurrió una noche de septiembre de hace tres años, mi novia por aquellos entonces, Ana, tenÃÂa un hermano, Jorge, y este una novia,
RocÃo, los cuatro solÃamos salir e ir a todos lados juntos. Por esa fecha, decidimos alquilar dos pisos en la playa, en El Portil, era el final de la época estival y nos resultó más económico. Cogimos dos apartamentos juntos, pared con pared, nuestras terrazas estaban unidas. Yo estaba de vacaciones ese mes, mi novia y su hermano trabajaban en la empresa familiar, e iban y venÃan a Huelva, RocÃo no trabajaba, era estudiante. Un viernes, mi novia me llamó para decirme que iban a llegar tarde, ella y su hermano, pues por razones de trabajo tenÃan que ir a Sevilla, y que después ya cenarÃan allÃ, que pensaba que en el El Portil estarÃa sobre las dos de la madrugada. Cuando colgué era la once de la noche, fui a casa de Roció y cenamos juntos, viendo la televisión, hasta que a las doce y media me fui a mi apartamento. Asà me dispuse a esperar a Ana, no sabÃa que hacer, estaba aburrido, en la televisión no habÃa nada. Mientras esperaba a que llegara la hora, me asomé a la terraza. Observé un rato el cielo, la plaza de la calle, y finalmente la terraza de RocÃo a ver si estaba y conversábamos un poco, pero no habÃa nadie allÃ, me asomé al muro a ver si la veÃa y pude ver aparte de su terraza, parte del salón, se observaba luz en el salón, pero no habÃa nadie, asà que cogà el teléfono inalámbrico y llamé por teléfono, sonaba cerca, pensé que el teléfono lo tenÃa en la terraza y volvà a mirar, el inalámbrico estaba, pero ella no lo cogÃa, hasta que mi posible futura cuñada salió en ese momento, me quedé sorprendido, llevaba una camiseta de tirantes blanca que no llegaba a cubrir las braguitas también blanca, estaba muy bien, con su pelo castaño recogido, su cara no muy guapa pero si morbosa, su medianos pechos marcados en la camiseta, con su esbelta figura, con su mediana estatura, y su culito respingón dentro de sus braguitas. Di un salto hacia atrás, pues temà que me hubiese visto asomado, RocÃo me contestó dulcemente, con un dÃgame que entrecortó mi respiración, me metà para el salón y le dije que era yo, le pregunté si sabÃa cuando volverÃan, y me dijo que sobre las dos, que estaban en Sevilla, después le pregunté si tenÃa alguna peli para dejarme, y ella me dijo que no tenÃa nada, que pensaba ver la tele, me dio vergüenza decirle que viésemos la tele juntos, asà que colgué. Nada más terminar de hablar, el recuerdo de la visión en braguitas de mi cuñada era mi único pensamiento, hasta que pasado un rato decidà volver a mirar, asomé la cabeza por el muro con un poco de temor por si estuviera en la terraza, pero observé que estaba sentada en el sofá mirando la tele mientras comÃa frutos secos, seguÃa en braguitas y con la camiseta que dejaba ver sus tetas sin el sujetador y con unos pezones que pinchaban la tela, como queriendo traspasarla. Estuvo un rato asÃ, hasta que se levantó y se fue al cuarto, al momento volvió con una cinta, la metió en el video y la puso a rebobinar, mientras fue a la cocina y trajo una fuente con fresas, se comió algunas y le dio al play al mando, posteriormente se dejó caer en el sofá, se tendió con la cabeza apoyada en el cojÃn, aquello era muy erótico. La pelÃcula tardaba en entrar en acción, los prolegómenos se hacÃan muy largos, RocÃo abrió las piernas un poco más, las braguitas habÃan cogido la forma de los labios mayores. Al momento empezó la acción, una chica negra le chupaba la polla a un tÃo, mi cuñada no tardó mucho en actuar, se llevó una mano a sus braguitas y los dedos se introdujeron debajo, un rato estuvo arrascándose, como si le picase, hasta que pasó a frotarse insistentemente, mi cuñada se estaba masturbado delante de mÃ. Empezó con suavidad, los dedos se veÃan a través de la tela de las bragas, se notaba como acariciaba su raja, su clÃtoris, en esos momentos mi polla parecÃa que iba a estallar, yo la animaba mentalmente, le decÃa que siguiera, que estaba muy bien lo que hacÃa, mientras me bajé los pantalones y mi mano buscó mi verga empalmada y la deslicé por ella. Minutos después, RocÃo paró, sacó la mano de las braguitas y temà que hubiera terminado su masturbación, pero para mi satisfacción levantó un poco el cuerpo, se quitó las braguitas y me dejó ver toda la hermosura de su coñito en el que resaltaba una fina lÃnea vertical de vello moreno, tenÃa los labios mayores bien afeitados, y los menores muy enrojecidos, con su clÃtoris resaltando encima. Se abrió de piernas y la mano de mi cuñada, se empezó a mover con más rapidez, su culo se movÃa en cÃrculos, su cuerpo se levantaba de vez en cuando, su mano se ocultaba apretada por las piernas. Al rato, RocÃo con una mano buscó algo, mientras aumenté la velocidad de mi masturbación hasta que mi cuñada encontró lo que buscaba en la fuente de fresas, debajo de estas habÃa un pepino grande, se lo llevó a la boca y lo chupó como quien saborea un refrescante helado, asà durante unos minutos, hasta que separó lo más posible las piernas y lentamente se fue introduciendo aquel pepino en la vagina, le entró casi entero, el coño de RocÃo se lo tragaba placenteramente, ella suspiraba y se dedicaba a su órgano con las dos manos, una en el clÃtoris y la otra metiéndose y sacándose el pepino el cual lo introducÃa con gran agilidad. De repente miró hacÃa donde yo estaba, le era imposible verme pues su terraza estaba oscura, muy oscura, al menos eso pensaba yo. Ella continuó, y echaba frecuentemente miradas hacia la terraza, como mirando si alguien la observaba. Su sobeo al clÃtoris cada vez era más rápido, y el pepino entraba y salÃa a gran velocidad, hasta que le vino un prolongado orgasmo, no la escuchaba gemir, pero tenÃa cara de placer, de lujuria, de disfrute. No pude aguantar más y derramé mi leche en el suelo de gres de la terraza. Cuando terminé, volvà a coger la posición de espÃa, ella permanecÃa tumbada en el sofá, descansando unos instantes, a continuación volvió a mirar hacia donde yo estaba, cogió las bragas, limpió con ella el pepino y cada cobijo de su coño. Más tarde salió a la terraza, yo me oculté rápidamente tras la pared. No tardó mucho en empezar a llamarme por mi nombre, no le contestaba, entonces RocÃo se asomó a mi terraza, me vio con los pantalones bajados, sonrió al observarme y después me lanzó sus braguitas, me dijo que las oliera, cosa que hice, olÃan a sus fluidos, a su coñito, posteriormente me preguntó si me habÃa corrido, no le pude mentir y le contesté que sÃ, entonces RocÃo me pidió que limpiara los restos de mi semen con sus braguitas y se las devolviese, dicho y hecho, limpié todo el semen del suelo y le di sus bragas empapadas, ella las cogió y se fue. No me atrevà a mirar su terraza porque ella estaba allÃ, pero minutos después llegó Jorge, sentà como ella entró en el salón, volvà a asomarme, él la besó, se pusieron a hablar, él de espalda a mÃ, no se extrañaba que su esposa estuviera con las bragas en las manos. Al rato se fueron a acostar, desaparecieron, no sin antes mi cuñada darme el último placer de la noche, ya que se levantó la camisa cuando iba al dormitorio para enseñarme en su plenitud su culito respingón. Momentos después llegó mi novia, estuvimos hablando un rato y nos acostamos.
|