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« en: Junio 11, 2006, 01:48:14 » |
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Hola de nueva cuenta a todos los lectores. En los relatos anteriores les platiqué como descubràmi personalidad femenina y mi primera relación como mujer con un chico.
En esta ocasión narraré la última parte de mi historia. Después de haber finalizado mi primer relación como mujer debÃa pensar acerca en lo que harÃa. TenÃa grandes recuerdos, habÃa sido una etapa muy bonita en mi vida, el haberme descubierto como mujer me habÃa encantado y por el momento querÃa seguir asi. Decidà entonces continuar utilizando lencerÃa todos los dÃas y seguir vistiéndome de mujer al llegar a casa, por la noche y en cada oportunidad que tuviera. El cambio de cuidad me venÃa bien, no conocÃa a nadie, pero como quiera que fuera no querÃa mostrar públicamente mi personalidad femenina, seguÃa pareciéndome más excitante continuar en el closet, eso me gustaba más. En ese entonces comencé a frecuentar los chats. Al principio entraba a las salas con un seudónimo de mujer, era interesante por que nunca nadie dio indicios de sospechar que charlaban con una chica diferente. Siempre platicaba con los chicos, eso me ayudaba a dejar salir mi personalidad femenina. Pero pronto dejé de frecuentar esas salas por que casi siempre los chicos me pedÃan guardar contacto y luego querÃan conocerme personalmente. Siempre les presentaba la imagen de la mujer que yo veÃa en mi y que querÃa que la gente viera si fuera completamente mujer. Y al parecer era una imagen que les gustaba. Evidentemente era una imagen ficticia. Cuando me pedÃan conocernos, yo me sentÃa mal por haberles creado una ilusión a partir de una imagen falsa, asà que cambié de estrategia. Ahora buscaba salas más apropiadas para gente como yo, salas donde pudiera presentarme como lo que realmente era, un chico que se siente mujer, o más comúnmente conocido como travestà de closet. De esta manera no tenÃa nada que ocultar y ellos tampoco se harÃa una imagen basada en hechos ficticios. Para mi sorpresa, me encontré con muchos chicos que se llamaban heteros curiosos, es decir chicos que siempre se interesan en las chicas clásicas, pero que de repente sienten curiosidad por una experiencia con chicas travestÃs o con hombres. Con ese tipo de chicos me gustaba chatear. Pero también hay muchos que solo buscan una charla caliente rápida para masturbarse y punto, o los que buscan encuentros de un dÃa o los que entran sólo para insultar. Poco a poco me fue gustando esta manera de dar a conocerme como mujer. Notaba que les excitaba mi historia y se mostraban interesados en mis pláticas, la mayorÃa me decÃan que tenÃan la impresión de hablar con una verdadera mujer, eso me gustaba. Y asà comencé a tener una gran lista de admiradores, habÃa comprado una cámara digital y comencé a tomarme fotos mostrándome como mujer para enviárselas a los chicos. Luego las subà a una cuenta de correo que desafortunadamente me cancelaron y a la cual ya no tengo acceso. Fue asi como comencé a pensar en la idea de encontrarme personalmente con alguno de los admiradores que querÃan conocerme. Poco a poco la idea se apoderaba de mi y me excitaba cuando imaginaba el posible encuentro. Hasta que un dÃa me decidà a llevarla a cabo. Comencé a seleccionar a mis candidatos y los iba eliminando poco a poco según el interés real que mostrara en mi. Yo preferÃa a alguien que solo hubiera tenido relaciones con chicas clásicas para compararme con una mujer. Finalmente hubo uno que me pareció interesante y que tenÃa todo lo que me gustaba. Era guapo, habÃa tenido relaciones con varias chicas y tenÃa curiosidad por una chica travestÃ, buscaba discreción para cuidar su imagen de hombre - hombre y además, vivÃa en otra ciudad. Estuvimos en comunicación algún tiempo hasta que quedamos de vernos en una ciudad diferente a la suya y a la mÃa. Acordamos vernos un dÃa, si las cosas se daban bien pasarÃamos el fin de semana juntos. Preparé la ropa que me pondrÃa en caso de pasar el fin de semana completo con él. Y ese dÃa entendà por que las maletas de las chicas son tan grandes. Llegó el dÃa de la cita, evidentemente yo iba con ropa de hombre y abajo mis prendas femeninas, como era mi costumbre. Llegué primero a la ciudad, busqué un hotel y luego le llamé a su celular para decirle donde estaba, asi cuando él llegara yo estarÃa ya con mi ropa de mujer. Me puse una minifalda negra con una blusa rosa, panty medias color natural y lencerÃa color lila, maquillaje y todo lo demás. Ese dÃa por primera vez utilice una peluca. El llegó cerca de las ocho de la noche, cuando entró me dijo que me veÃa mejor que en las fotos y que tenÃa ganas de salir a la calle conmigo. No esperaba eso, no era parte del acuerdo, pero me excitaba la idea. No tardó en convencerme, ya era de noche y estábamos en una ciudad desconocida, no habÃa riesgos. Y asà fue, el habÃa ya reservado en un restaurante. Al salir del hotel me sentÃa nerviosa, era la primera vez que estaba en una calle transitada vestida de mujer, con un chico que nunca habÃa visto y me dirigÃa a un restaurante normal. Y rápidamente sentà la mirada de la gente, notaba como los hombres me recorrÃan con la vista, la mayorÃa se detenÃa un buen rato en mis piernas para luego ver un poco más arriba. Era una sensación rara, pero era algo que me excitaba. En el restaurante no hubo incidentes, estoy segura que hubo quienes se dieron cuenta de que no era una chica clásica, hubo miradas insistentes, pero nada pasó a mayores. El regreso al hotel fue igual que la salida, la verdad es que me gustaba la forma en que me miraban, no habÃa mucha luz en la calle asà que creo que la mayorÃa pensó que estaba viendo a una mujer. Y asà pronto llegamos al cuarto. No habÃamos platicado de lo que harÃamos al llegar, pero era obvio lo que pasaba por la mente de los dos. Fue algo que me gustó por que éme estaba tratando como a una chica normal y yo tuve la oportunidad de mostrar mis cualidades femeninas. Sin embargo tenÃa un cierto temor de no estar completamente a la altura de lo que él esperaba. El tenÃa la costumbre de salir solo con chicas y yo tenÃa miedo de no poder satisfacerlo como mujer. Yo esperaba que él diera el primer paso, no me parecÃa correcto que yo tomara la iniciativa. Ya en la recámara el comenzó por tocar mis caderas y mis piernas. Y fue suficiente para que me animara a asumir el rol que me correspondÃa; dejé de lado mis temores para disfrutar el momento y me dispuse a dar mi mejor esfuerzo para darle el placer que él como hombre esperaba de mi como mujer. Por la forma en como me fue calentando me di cuenta que era un experto tratando a las mujeres, en ese momento supe que iba a hacer de mi todo lo que él quisiera. Pero de todas formas yo querÃa también que él se quedara con una buena impresión de mi. Tomé la iniciativa para hacerle sexo oral, su pene tenÃa dimensiones que me parecÃan adecuadas para mi, era largo y grueso, pero con mi experiencia anterior tanto mi boca como mi ano estaban listos para un miembro como el suyo. Y tenÃa ganas de acabármelo, lo disfruté como una niña goza con una paleta que hace tiempo no come. Me di cuenta que le gustaba como se lo estaba haciendo. HabÃa aprendido cual era la parte que más excita a los hombres en el sexo oral, asi que abuse un poquito de pasar mi lengua en la base de su glande, succionar en esa parte los enloquece y traté de hacerlo lo mejor posible. Después me desvistió, me quitó las zapatillas, la mini, la blusa y la tanga, no dejé que me quitara el brasier ni las panty medias para sentirme más mujer. Luego buscó entre sus cosas. Era la primera vez que me penetrarÃan con condón, me encantaba la idea. Me lubricó mi ano y empezó a penetrarme, aunque yo ya no era virgen, sentÃa como si fuera la primera vez que me hacÃan mujer. Me encantaba la forma como introducÃa su pene en mi ano, no se como explicarlo, pero era una manera en que sentÃa un gran placer. Después entendà que era por que ya sabÃa disfrutar completamente la penetración, en la cama no soy más que una mujer y las mujeres sentimos placer cuando el miembro de un hombre entra en nosotras. Me hizo suya completamente, no se en cuantas posiciones me penetró, pero experimentaba un gran placer en cada una. Cuando llegó al orgasmo me di cuenta que me gustaba más que me penetraran sin condón, me gustaba más el calor del semen dentro de mi. Pero claro, es mejor tomar todas la precauciones posibles para evitar las enfermedades venéreas. Una vez que terminamos, me dijo que le habÃa gustado mucho la experiencia, que era diferente de hacerlo con una mujer, pero que habÃa estado por encima de sus expectativas, que sintió todo el placer que le habÃan dado las chicas y que le habÃa cumplido como mujer y eso fue algo que me encantó. Pasamos el dÃa juntos, volvimos a salir a la calle y por la noche volvió a hacerme su mujer, a poseerme y yo no pude más que rendirme ante sus encantos masculinos para volver a ser completamente suya. Después de ese dÃa guardamos el contacto para encontrarnos otras veces. Y desde entonces es asà como dejo salir mi parte femenina, he encontrado cuatro chicos de la misma manera, incluyendo el que platiqué aquÃ. En mi vida como mujer, he probado cinco penes en total, cinco penes me han penetrado, he sido mujer de cinco hombres. Quizás habrá más, o quizás no, quizás Angie dejará de existir, no lo se, lo importante es que he disfrutado al máximo mi versión femenina. Ha sido un placer llevar a cabo el arte de ser mujer.
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