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« en: Junio 09, 2006, 12:45:07 » |
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Después de haber hipnotizado a Mari aquella tarde de Domingo, habÃÂa planeado la manera de someterla completamente a màtal como lo hice con mi hermana.
Mi hermana se encargó de traérmela nuevamente un Jueves por la tarde, estuvimos conversando algo. Entramos al tema del estrés y esas cosas, aprovechando de eso, yo hablé de la Hipnoterapia y propuse hipnotizarlas a ambas a la vez, cosa que accedieron sin ningún inconveniente.
Puse una música suave y monótona, les sugerà entrar en relajamiento de a pocos.
-Relájense, desean estar relajadas, escuchen la música y mi voz, escuchen con profunda atención, dejen que mi voz se incruste en sus mentes déjense inundar completamente por mi voz que les llena de paz y de tranquilidad.
Ellas solamnete asintieron con un gesto de aprobación. Luego empecé a hablar con mayos énfasis usando el singular en vez del plural para que surja mayor efecto en cada una, especialmente en Mari, pues a mi hermaa ya la tenÃa dominada y no era necesario mucho trabajo con ella, cosa contraria con Mari a quien debÃa programar lentamente.
-Ahora te sientes en paz, en calma y deseas estar asÃ, siempre asÃ, en esta paz que te causa la música y mi voz, quieres sumergirte en el relajamiento, lo deseas, lo anhelas, quieres caer profundamente en el relajamiento, en la hipnosis. Por tanto, déjate sumergir por mÃ.
-SÃ. Dijeron las dos de manera tétrica y pausada.
-Te sientes bien y no quieres dejar este estado de calma, de paz, adoras este estado hipnótico en el que te encuentras y deseas hacer lo que te diga con el fin de permanecer asÃ, en paz, en calma. Verdad que sÃ.
-SÃ, lo deseo, haré lo que digas por que asà lo quiero. Al unÃsono dijeron las dos, cosa que me sorprendió un poco.
-Ahora, deja que tu voluntad te abandone, siente cómo tu voluntad te deja y se va muriendo. Contaré de 10 a 0 sentirás, con cada número que diga, que pierdes tu voluntad propia por que asà lo quieres, deseas perder tu voluntad.
-SÃ. Repitió cada una.
Hice el conteo regresivo, al llegar a cero continué.
-Ahora, tu voluntad no te pertenece, no tienes voluntad propia, se ha muerto y te ha abandonado. Ahora deja que mi voluntad cubra el lugar que dejó tu voluntad, déjame tomar el control de tu persona, lo deseas, queires que yo te controle, deseas que te mi voluntad asuma tu voluntad, lo anhelas, lo deseas.
-SÃ, o deso, lo quiero, toma el control de mi ser. DecÃan las dos pausadamente.
-Contaré hasta 5, asà como vaya contando, sentirás que mi voluntad va asumiendo el control de tu mente y de tu ser, porque asà lo deseas. Cuando diga 5 dejarás caer tu cabeza hacia atrás y harás cuanto yo te diga, entendido.
-SÃ, entiendo.
Asà fue, empecé a contar, al llegar a 5, la cabeza de ambas se hizo hacia atrás. Seguidamente me acerqué a mi hermana, la desperté de su trance y le pedà me deje a solas con Mari, entonces ella salió de casa.
-Escucha Mari con atención y sigue mis instrucciones.
-SÃ, oigo y actúo.
-Dame cuanto traigas de dinero.
Me entregó algunos billetes, los guardé en mi bolsillo.
-Ahora, Mari, despertarás cuando te toque la frente, pero cada vez que yo te diga "Mimaridominio", caerás en este profundo trance hipnótico, entendido.
-Entiendo.
Le toqué la frente, ella parpadeó un poco, estaba algo contrariada y confusa, no le dà tiempo a reaccionar, y dije "Mimaridominio". Ella quedó estática como inerte. Y comencé a hablarle, le di sugerencias que iban modelando su ser a mi manera, empecé a sugestionarla reduciendo sus inhibiciones poco a poco. Le tuve casi 5 horas hipnotizándola.
Luego de ello salimos juntos ya de noche, caminando, de cuando en cuando, nos parábamos en algún lugar y nos besábamos, nos acaricÃabamos como si fuéramos una pareja normal, pero yo le pasaba mis manos por todo su cuerpo y por momentos le tocaba sus partes más Ãntima por encima de sus ropas, cosa que a ella le gustaba, pues notaba un gesto placentero en su rostro. Faltaba ultimar los detalles para convertirla en mi mujer, en mi amante, en mi esclava sexual.
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