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« en: Junio 09, 2006, 12:43:17 » |
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Todo comenzó hace poco más de diez meses cuando cumplà50 años. Me quedé viuda hace 12 años por culpa de un trágico accidente en el que falleció mi marido y desde entonces mis hijos se han esforzado siempre en hacerme sentir lo mejor posible. El dÃÂa de mi cumpleaños siempre se convierte en una fiesta tremenda en la que todos mis seres queridos me hacen sentir la mujer más afortunada del mundo.
En concreto, a este último cumpleaños vinieron mis cinco hijos, los tres mayores con sus mujeres e hijos, mientras que mi única hija y mi pequeño, como todavÃa le llamo, lo hicieron solos pues ambos son todavÃa solteros. Mi hijo mayor de 33 años es precisamente la causa de que esté escribiendo estas lÃneas. Vive en Benidorm y es dueño de un famoso hotel de esa bella ciudad. Tras la fiesta todos intentaron convencerme de que serÃa una maravillosa idea celebrar mi 50 cumpleaños pasando unos dÃas en la playa con mi hijo y su familia. Me negué rotundamente, no querÃa dejar solos a mi pequeño y a su hermana en casa, porque nunca me habÃa separado de ellos y no creÃa que pudiesen valerse por sà mismos. De nada me sirvió ya que, antes de darme cuenta, me encontraba de camino hacia Benidorm.
Llegamos a la enorme y preciosa casa de mi hijo la cual por cierto está ubicada en una zona magnÃfica y tiene su propia piscina privada. Cenamos y tras indicarme cuál iba a ser mi habitación durante mi estancia allÃ, nos acostamos para descansar de tan largo viaje. Me costó dormirme, pero a eso de las dos de la mañana me desperté acalorada. Me habÃan dicho cómo se encendÃa el aire acondicionado, pero tras un par de inútiles intentos me habÃa dado por vencida y me habÃa acostado con él apagado. Estaba sedienta asà que me levanté para tomar un vaso de agua y dirigà mis pasos hacia la cocina. Al pasar junto al dormitorio de mi hijo y su mujer, escuché saliendo de su interior los clásicos sonidos de una pareja amándose. TodavÃa no sé por qué, pero me acerqué con cuidado y miré por la puerta entreabierta. Lo que vi me dejó paralizada, mi nuera estaba desnuda y a cuatro patas sobre la cama, mientras mi hijo la poseÃa desde atrás como hacen los animales.
Me quedé asombrada, la media luz que provenÃa de una pequeña lámpara y los lÃquidos que emanaban de la vagina de mi nuera hacÃan brillar el pene de mi hijo que entraba y salÃa a gran velocidad de su mujer. La verdad es que nunca habÃa imaginado que pudiera hacerse el amor en esa posición y disfrutar de tanto placer como ellos estaban teniendo. Pero lo que más me impresionó fue el gran tamaño del pene de mi hijo, largo y grueso. Me quedé observando desde la puerta, hasta que sus gemidos de placer me empezaron a excitar de una manera como no habÃa yo sentido antes o por lo menos que yo recordara, pues desde la muerte de mi marido hasta ese momento jamás habÃa vuelto a pasar un solo hombre por mi cama.
Se notaba que ella estaba gozando como una loca pues sus movimientos se aceleraban y le pedÃa a mi hijo que continuara cada vez más rápido. De pronto, cuando alcanzó el orgasmo, mi nuera soltó un pequeño aunque fuerte grito de placer. Luego él le dio la vuelta dejándola boca arriba, y colocándose las piernas de ella por encima de sus hombros volvió a meterle su enorme miembro. Ella no paró de gemir de pura excitación hasta que los gestos de él y sus gemidos le hicieron entender que estaba a punto de correrse.
Los dos se corrieron casi al mismo tiempo, mezclando sus gemidos y gritos de placer en una orgÃa de excitantes sonidos. Llegados a ese punto, me di media vuelta y corrà hacia mi habitación. Esa noche no pude pegar ojo, las imágenes de mi hijo y su mujer haciendo el amor de una forma tan maravillosa envolvÃan mis pensamientos, mi excitación crecÃa y crecÃa a cada instante. Por fin tÃmidamente y por primera vez desde que me casé, coloqué mis dedos sobre mi vagina y empecé a moverlos para luego introducirlos en ella, mientras con la otra mano me pellizcaba los erectos pezones, masturbándome hasta que alcancé un maravilloso orgasmo.
Me despertó la luz del sol sobre mi cara, me levanté y salà de la habitación para encontrar a mis nietos jugando junto con mi nuera. Mi hijo ya se habÃa ido a trabajar al hotel. Pasó todo el dÃa y aunque salimos a dar una vuelta por la playa, no pude apartar ni un solo instante de mi mente las escenas de la noche anterior. Por fin llegó la noche y la hora de irnos a dormir.
Ya estaba sobre la cama pero no podÃa conciliar el sueño, mis pensamientos seguÃan atormentándome y todavÃa podÃa sentir una profunda excitación mezclada con algo de vergüenza por haber espiado a mi propio hijo. Volvà a masturbarme recordando el espectáculo de la noche anterior y cuando acabé decidà levantarme y poner en orden mis pensamientos de una vez. Salà del dormitorio y volvà a escuchar nuevamente gemidos de placer, pero esta vez no provenÃan del dormitorio de mi hijo, sino del salón de la casa. Imaginé lo que estaba sucediendo y volvà silenciosamente sobre mis pasos, entré a mi habitación cerrando la puerta tras de mà y me apoyé contra ella. Mi corazón latÃa acelerado, en mi mente giraban nuevamente las escenas de la noche anterior mezcladas ahora con los gemidos que acababa de escuchar.
En pocos segundos, mi excitación creció de tal manera que ya no pude controlarme por más tiempo y salà del dormitorio para acercarme sigilosamente al origen de los gemidos. Bajé poco a poco las escaleras y me detuve a la mitad para sentarme en un lugar desde el que podÃa observar perfectamente lo que estaba sucediendo. De nuevo, la escena me asombró enormemente, pero no por eso mi excitación bajó, al contrario, subió enormemente. Mi hijo estaba sobre el sillón, desnudo y con las piernas abiertas, mientras mi nuera arrodillada frente a él, tenÃa toda su polla dentro de la boca. La sacaba y la volvÃa a meter, luego la repasaba con la lengua desde su nacimiento hasta la roja cabeza para introducÃrsela nuevamente. La expresión de su cara y sus gestos demostraban que el placer que sentÃa era muy grande. De pronto, mi hijo anunció que estaba a punto de correrse y ella aceleró los movimientos de su boca. Segundos después, mi hijo soltó un rugido y de su miembro empezaron a salir chorros de caliente semen en la boca de su mujer. A ella se le escapó algo por la comisura de los labios pero lo recogió con sus dedos y se lo metió nuevamente en la boca. Luego se sentó en el sillón y separando las piernas le invitó a él a hacerle lo mismo.
Mi hijo se arrodilló obediente y empezó a meter su lengua dentro del coño de ella. Lo acarició y lo masajeó hasta que la hizo correrse gritando de placer. Él tenÃa una nueva erección por lo que, levantándose y aprovechando la posición de su mujer, le metió el pene hasta dentro tomándola por sorpresa. Moviéndose velozmente alcanzaron un nuevo orgasmo, mientras yo seguÃa sentada en las escaleras observando. Mis manos recorrieron mi cuerpo lentamente, me levanté el camisón que llevaba puesto y metiendo los dedos entre mi ropa Ãntima, alcancé mi coño para masajearlo y recorrer mi clÃtoris. Luego me los metà en la vagina y empecé a moverlos circularmente y de adentro hacia fuera. Con la otra mano recorrÃa mis tetas, erguidas como hacÃa tiempo que no las veÃa gracias a la enorme erección de mis pezones. Pellizcándomelos alcancé un delicioso y prolongado orgasmo que disfruté mientras mi hijo y su mujer seguÃan haciendo el amor a pocos metros de mÃ. Temerosa de ser descubierta me retiré a mi habitación en donde me masturbé nuevamente.
Al dÃa siguiente, durante el desayuno mi hijo me pidió consejo sobre la decoración de un nuevo restaurante que pensaba inaugurar en breve frente al hotel, asà que nos pidió a mi nuera y a mà que le acompañáramos allÃ. Llegamos al hotel y mi hijo mandó a su mujer a cuidar a los niños a la piscina, mientras que a mà me hizo pasar a su oficina. Por el interfono le pidió a su secretaria una jarra de piña colada con preparación especial, cosa que a mà me extrañó bastante. A continuación se levantó de su silla para dirigirse al control del aire acondicionado, poniéndolo en caliente sin que yo me diera cuenta. A los pocos minutos entró la secretaria con la jarra y él, sirviéndome un vaso grande, me dijo que la probara. Antes de que saliese de nuevo su secretaria le dijo que no querÃa que nadie le molestara, aunque me percaté de que al hacerlo le habÃa guiñado un ojo.
Tomó el teléfono y habló con un par de clientes, mientras yo sentÃa más y más calor. En cuestión de cinco minutos me acabé el contenido de la jarra dejándola vacÃa. Al poco empecé a sentirme mareada y acalorada, no sabÃa la razón pero también empecé a sentir un calor intenso que me recorrÃa todo el cuerpo. Mi hijo, sentado frente a mÃ, me dijo que él también sentÃa demasiado calor y se quitó la camisa invitándome a hacer lo mismo. Yo no sabÃa qué hacer, por un lado no llevaba nada debajo y sentÃa vergüenza de desnudarme delante de mi hijo, pero por otro el calor que sentÃa era tan intenso que estaba empezando a hacerme olvidar mi vergüenza. Por fin, mareada como estaba dejé que mi hijo se me acercara y él mismo me desabotonó la blusa que tenÃa puesta dejándola caer al suelo. Mis pechos quedaron expuestos a su vista y muy cerca de sus manos.
No dijo nada, solo se limitó a acariciarlos. De inmediato, mis pezones se pusieron rÃgidos, él los tocó, los acarició y luego puso sus labios encima de ellos. Sentà como un escalofrÃo de excitación recorriendo mi cuerpo, por mi mente pasó la idea de que lo que estaba sucediendo no era correcto. La excitación crecÃa dentro de mà incontrolablemente y en cuestión de segundos mis iniciales esfuerzos por apartarme de mi hijo fueron sustituidos por el recuerdo de las noches anteriores en que le habÃa visto follando con mi nuera. Me levantó de la silla en la que estaba sentada y me colocó en un amplio sillón que tenÃa en un extremo de la oficina, me desabrochó la falda y bajó mi ropa intima hasta quitármela. Estaba ya toda desnuda y él separándose de mà se desvistió totalmente. Luego se acercó y recostándome en el sillón se colocó a mi lado y empezó a recorrer mi cuerpo, primero con sus manos, luego con sus labios. Llegó hasta mi entrepierna e insertó su lengua en mi coño cosa que jamás nadie habÃa hecho conmigo. Sentà un placer como nunca antes lo habÃa sentido. Me urgÃa sentirme penetrada por lo que busqué con mis manos su erecto miembro y lo empujé hasta que quedó frente a mi sexo. Abracé a mi hijo y en un susurro le pedà que la empujara, que me la metiera hasta dentro porque no podÃa esperar más. Él asà lo hizo y luego apreté mis labios contra los suyos, metà mi lengua dentro de su boca y no paré de besarlo hasta que me arrancó los primeros gemidos que no tardaron en convertirse en gritos de placer. Llegué a un orgasmo lleno de intensidad y luego a otro y a otro y a otro más, perdà la cuenta. Solo supe que aquella fue la mejor experiencia sexual que habÃa sentido en toda mi vida.
Una vez que derramó su caliente semen dentro de mÃ, se incorporó ayudándome a mà a hacer lo mismo, luego me besó en los labios y me dijo que yo habÃa sido la mejor mujer que habÃa tenido entre sus brazos. Me confesó que la noche anterior él y su mujer se habÃan dado cuenta de que yo estaba sentada en las escaleras observándolos y masturbándome y que eso los habÃa excitado enormemente. En ese momento, sentà una gran culpabilidad por haberles espiado y por haber permitido que mi propio hijo me hiciera el amor.
Me separé de él, cogà mi ropa y tras vestirme a toda velocidad salà corriendo de su oficina y del hotel. Caminé sin rumbo por las calles y luego por la playa, hundida en mis pensamientos. No me detuve hasta que me di cuenta de que ya se habÃa hecho de noche, pero para entonces ya habÃa tomado una decisión. Paré un taxi y le di la dirección de la casa de mi hijo para ir a recoger mis cosas y volver de nuevo a mi casa. Después de lo que habÃa pasado no podÃa seguir mirándole a la cara.
Al llegar a mi destino, bajé del taxi dándole instrucciones al conductor de que me esperara. Entré a la casa y de inmediato me recibió mi nuera diciéndome que habÃan estado muy preocupados por mi ausencia. Le dije que solo venÃa a recoger mis cosas y que un taxi me estaba esperando fuera, que regresaba a mi casa pues sentÃa nostalgia. Ella salió y despidió al taxi diciéndome que no iba a permitir que me fuera de esa forma, que si querÃa irme ella me llevarÃa a la estación de autobuses al dÃa siguiente pero que esa noche era ya demasiado tarde y el último autobús habÃa salido ya. Me dirigà a mi habitación y entré cerrando la puerta tras de mÃ. A los pocos minutos entró mi nuera con una bandeja con comida en las manos, se sentó en la cama y me invitó a sentarme junto a ella. Me pidió que comiera algo, asà que cogà la manzana y el vaso de zumo que me habÃa traÃdo en la bandeja y lo tomé con desgana. Empezamos a charlar y poco a poco mis nervios se fueron calmando. Su mano sujetaba la mÃa y la acariciaba lentamente, mientras me hablaba con su dulce voz.
De nuevo empecé a sentir un calor parecido al que habÃa sentido por la tarde y nuestra conversación cambio de rumbo. De pronto, me dijo que mi hijo le habÃa contado con todo lujo de detalles lo que habÃa sucedido en la oficina. Me levanté de inmediato con la intención de salir y darle una buena paliza a aquel desvergonzado que al fin y al cabo seguÃa siendo mi hijo, pero ella se me acercó y me dijo que en realidad lo que habÃa pasado le habÃa parecido precioso. La idea de que después de tantos años volviese a tener a mi hijo entre los brazos le habÃa parecido maravilloso. Mientras me hablaba, me llevó hacia la cama y me obligó a sentarme. El calor interno que sentÃa seguÃa creciendo. Ella cogió de nuevo mi mano con la suya y continuó hablando sobre lo bonito que le habÃa parecido el episodio de la tarde.
También me dijo que sabÃa que la noche anterior les habÃa estado observando y que mientras lo hacÃa me habÃa masturbado, cosa que en su opinión no tenÃa nada de malo. Asà siguió hablando hasta que pensar tanto en lo que habÃa sucedido en la oficina me excitó hasta lÃmites que nunca antes habÃa soñado. Ella se dio cuenta y me dijo que me iba a ayudar a desvestirme para que tomara una ducha. Asà lo hizo y mientras yo dejaba que me quitara la ropa sentÃa con gran excitación cómo sus manos recorrÃan mi cuerpo, acariciándolo todo. No dejaba de hablar, diciendo que tenÃa un cuerpo muy bonito y una piel tan suave como la de un bebé.
Me recostó sobre la cama y pegó su boca sobre mis ya erectos pezones pasando su lengua por toda su extensión. Sus manos empezaron a recorrer mi cuerpo cada vez más excitado. Yo sabÃa lo que estaba pasando pero mi excitación no dejaba que me negara a sus caricias. A los pocos minutos ella ya estaba totalmente desnuda y tenÃa completo dominio de mi cuerpo. Recorrió con su lengua el camino desde mis mejillas hasta los dedos de mis pies y luego subió lentamente de nuevo hasta introducirla en mi coño. Era una sensación nueva y maravillosa. De pronto vi que mi hijo estaba de pie a un par de metros de la cama, observándonos.
No le habÃa visto entrar ni desnudarse, pero allà estaba, tan desnudo como nosotras. Le miré y le pedà que se acercara, me obedeció al instante y al hacerlo tomé entre mis dedos su enorme y erecto pene y lo acaricié. Luego me dispuse a hacer algo que nunca en mi vida habÃa hecho. Tiré de él hasta que quedó a unos milÃmetros de mi boca y lo empecé a besar en toda su longitud para luego meterlo dentro de mi boca. La lengua de mi nuera seguÃa recorriendo mi clÃtoris y penetrándome el coño. Estaba a punto de alcanzar el orgasmo cuando de pronto mi nuera se apartó de mà y le dijo a mi hijo que era su turno de penetrarme. Él sacó su polla de mi boca y lo metió en mi coño. Su mujer se acomodó de manera que su boca seguÃa besando mi erecto clÃtoris y el pene de su marido mientras éste entraba y salÃa de mi sexo. Mi orgasmo no se hizo esperar y explotó llenando mi cuerpo de deliciosas convulsiones.
Mi hijo seguÃa con sus movimientos de mete y saca por lo que a pesar de haber logrado un magnÃfico orgasmo mi excitación seguÃa en aumento. Acerqué las piernas de mi nuera hacÃa mà para poder alcanzar su coño con mi boca y lo recorrà con mi lengua. Supuse que la caricia le gustó bastante pues de inmediato se acomodó para que pudiera maniobrar más fácilmente. En pocos minutos mi cuerpo se convulsionó nuevamente por una nueva e incontenible cadena de orgasmos. Mi hijo derramó su semen dentro de mà mientras al mismo tiempo saboreaba los dulces jugos vaginales que salÃan del sexo de mi nuera al alcanzar ella su orgasmo. AsÃ, en un abrazo múltiple y agotados nos quedamos dormidos.
Al dÃa siguiente, fui la primera en despertarme, estaba en medio de los dos y abrazada por ambos. Me movà un poco y mi nuera abrió los ojos. Me dio un dulce beso en mis labios y los buenos dÃas, actuando como si nada hubiera pasado. Yo iba a empezar a recriminarle pero mi mente aun confundida y llena de deseo no me dejó hacerlo. Ella por su parte se percató de mi perplejidad y me preguntó si no habÃa disfrutado, cosa que no pude negar pues asà habÃa sido. Mi hijo abrió los ojos al escuchar nuestra conversación y desperezándose, me dijo que para él habÃa sido maravilloso haberse refugiado en mis brazos nuevamente. Se acercó a mà para besarme e introdujo su lengua dentro de mi boca y jugó con ella. Una cosa llevó a otra y los tres abrazados volvimos a hacer el amor nueva y maravillosamente.
Hoy queridos amigos hace una semana que he vuelto a mi casa. Me quedé en Benidorm siete meses al lado de mi hijo, mi nuera y mis nietos. Fueron siete meses de inmensa felicidad sexual, pues prácticamente hicimos el amor los tres juntos casi todas las noches, compartiendo la misma cama. Ahora soy una mujer diferente, una mujer que tiene abierto el apetito sexual de una manera extraordinaria.
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