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« en: Junio 09, 2006, 12:28:54 » |
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A la muerte de Samuel mi familia sufrió una drástica ruptura mi madre enfermó y ni mi padre ni yo supimos encajar su vacÃÂo en casa
Mi madre enfermó y mi padre y yo casi enloquecimos con ella. Cuando un dÃa regresé a casa y no la encontré mi padre, me dijo que estaba en un sitio donde tratarÃan de ayudarla, los médicos sabrÃan cuidarla mejor que nosotros y decÃa que en aquel lugar no le darÃan los ataques que le daban en casa. A mà me dio pena pero lo cierto era que sabÃa que mi madre no estaba bien, en el Instituto ya me decÃan que estaba loca y cuando llegaba a casa y la encontraba en su histeria no me convencÃa de lo contrario. Los primeros dÃas la casa estaba muy triste pero poco a poco conseguimos con qué ir entreteniendo nuestra desazón, Ãbamos los dos de compras, salÃamos al cine, alquilábamos pelÃculas, chateábamos en Internet riendo de los chistes de otros chicos e Ãbamos a almorzar comida basura.
Pero llegaban las noches y me quedaba a solas en mi cama. Recordaba a Samuel, su sonrisa de gamberro, sus gestos, sus susurros, nuestros secretos... Mi padre lloraba. Todas las noches lo escuchaba acostarse y sollozar hasta que se dormÃa. Yo lo oÃa y se me encogÃa el estómago. HabrÃa hecho cualquier cosa para que mi padre dejará de sufrir pero no sabÃa qué.
Una noche mientras veÃamos una pelÃcula en la tele, me quedé dormida tumbada sobre el sofá con la cabeza sobre las piernas de mi padre. DormÃa cómoda y en uno de mis movimientos me giré y me coloqué de espaldas a la tele, tumbada igual pero girada con la cabeza hacia la barriga de mi padre. Al colocarme movà la cara y me desperté al sentir el contacto de algo caliente que se movió levemente bajo mi mejilla. No abrà los ojos pero escuché el chasquido de lengua de mi padre cuando volvà a moverme, creà que se disgustaba pero después escuché su respiración acompasada. Volvà a moverme un poco sin dar cuenta a mi padre de que estaba despierta. Él estaba tenso, noté cómo sus piernas dejaban de relajarse y temblaban, lentamente como en un sueño seguà balanceando mi mejilla suavemente sobre aquella almohada que no dejaba de endurecer poco a poco. La sentÃa a través del pijama de mi padre, ya no era un reposo blando, se levantaba un canal duro que se apretaba contra mi mejilla. No sentÃa aquella sensación desde hacÃa meses, temÃa que mi padre se diera cuenta porque yo estaba empezando a sudar por los nervios pero no dejé de balancear mi carita sobre él. No se movÃa pero suspiraba cuando me restregaba, gimió un poco al empalmarse del todo y noté cómo me cogÃa la cabeza y me retiraba de mi maravilloso lecho. Se levantó colocándome sobre el sofá y se marchó por el pasillo hasta el baño.
Cuando entró me incorporé y me senté nerviosa, noté como mi camisón se humedecÃa al contacto con mis nalgas y pubis. Me levanté y caminé hasta el baño. HabÃa cerrado la puerta pero miré a través de la mirilla y me encontré con mi padre a apoyado con una mano en la pared de frente al wc, con los pantalones bajados y una grueso pedazo de carne en su otra mano, creà que orinaba pero pronto vi que se masajeaba, su picha era más grande que la de Samu y un poco más gorda pero papi se la tocaba igual que Samuel cuando se metÃa en mi cama y yo se la ponÃa tiesa, se la agarraba como yo a mi hermano y se la movÃa de arriba abajo; después de un rato asÃ, papá gimió como Samuel y un chorro fuerte se le escapó de una brincona picha sin que dejara de tocarse. Cuando se recuperó, papá se subió los pantalones del pijama y yo corrà al dormitorio para que no me viera allÃ. Me metà en su cama y esperé casi avergonzada de saber que a mi padre le gustaba lo mismo que a mi hermano y a mÃ; estaba contenta, tan contenta como no habÃa estado desde hacÃa meses, tan contenta que sonreà cuando me toqué sobre el camisón y acaricie la tela completamente mojada. Papá entró en el cuarto y encendió la luz.
- ¿Qué haces aquà mi amor?
- ¿Puedo dormir aquà papi? - y me acurruqué haciéndome la somnolienta.
Él sonrió cariñoso y se acostó al otro lado de la cama, puso el despertador, apagó la luz y se acostó.
- Buenas noches mi amor - me besó la mejilla y aproveché su abrazó para pegarme a él y subir mi pierna sobre él.
Papá estaba bocarriba y yo abrazada a él de costado con mi pierna izquierda reposaba sobre él, pensé temerosa que notarÃa la humedad de mi pijama pero después deseé que lo hiciera, me abrazaba a él mimosa y como parecÃa descansar plácidamente comencé un ligero movimiento de caderas para que mi pierna sintiera de nuevo aquel contacto caliente, papá pereció retirarse pero lo abracé mimosa y no dejé de moverme inocente pero provocativa hasta notar bajo mi muslo aquel familiar respingo de carne. Seguà el ligero masaje y cada vez notaba cómo la picha de mi padre se endurecÃa más con mi contacto... estaba empalmándose de nuevo y yo cada vez me notaba más húmeda, al moverme me subÃa el camisón hasta que me quedé con él sobre la cintura. Mi padre llevaba un pantalón corto de pijama con una tela muy fina, apreté mi conejito mojado a él y me froté para secarme en la tela, pronto se empapó, mi muslo se movÃa ya indiscreto y mi chumino dejaba un rastro baboso sobre el pijama de papá que ya tenÃa que estar sintiendo la humedad en su piel. Sin dejar de moverme para que aquella polla no dejara de crecer susurré apretándome a él.
- Tranquilo papi, a mà también me gusta - noté su respiración excitada y una mueca de dolor en su cara.
- Vas a ver cómo te gusta - me incorporé y me senté a horcajadas sobre sus caderas, me quité el camisón y me incliné para encender la luz.
Mi padre lloraba, se mordÃa los labios y lloraba como un niño. Yo no dejada de sentir su pija dura entre mis piernas y mi chumino cada vez estaba más mojado pero al ver las lágrimas de mi padre me abracé a él, le besé las mejillas y le pregunté si no le gustaba.
- Me duele el corazón, hija - no lo entendà y dejé de mover las caderas sobre él. No dejaba de llorar pero al pararme abrió los ojos y me miró.
- Siento haberte hecho daño papi, creà que a los dos nos gustaba - y lo abracé.
- No cariño... no me haces daño, me gustaba también pero esto no está bien - y me besó.
Me gustó su beso, le gustaba lo que hacÃamos... ¿por qué no estaba bien?.
- Papi me gusta mucho... - lloriqueé como una caprichosa que era y empecé a moverme sintiendo de nuevo su verga a través de su pijama mojado por los labios de mi conejo.
- Está bien papi, si no se lo decimos a nadie, será nuestro secreto... ¿No te gusta? A mà me gusta papi, me gusta... - él empezó a respirar profundamente con mi frote.
Volvà a incorporarme y al ver a mi padre llorando, dócil, culpable y entregado, empecé a moverme en cÃrculos sobre él, apretándome sobre un imparable mango que me daba ese mismo gustito que Samuel me habÃa enseñado; Samuel sobre mà jadeaba, mi padre debajo de mà sólo respiraba fuerte y con los ojos cerrados. Empecé a jadear como hacÃa mi hermano sobre mà y mi padre abrió los ojos, seguà gimiendo y él se atrevió a cogerme la cintura acariciándome sensualmente, le cogà las manos y se las llevé a mis tetas, mis dos pezones ya estaban tiesos, hice que me los tocara y aproveché para ir bajándole los pantalones sin dejar de moverme. Ante mi asombro se dejó y me ayudó a quitárselos, volvà a sentarme y cabalgué masajeando su dura verga con mi chocho mojado. A papá le gustaba por su cara.
- Ponte encima papi - le dije acostumbrada a tener a Samu encima cuando nos dábamos gusto.
- Me gusta más si te pones encima y asà me tocas también el botoncito este.
Mi padre me miraba estupefacto. Su cipote estaba cada vez más duro, con las venitas apretadas y una punta sonrosada muy brillante, yo se la toqué como habÃa visto que se tocaba en el baño y empezó a gemir. Yo querÃa que me diera más gusto y se lo dije.
- Vamos papi, dame más gusto, ponte encima y dame gustito - sin dejar de moverme lo besé y le susurré al oÃdo.
Me abrazó y dimos una vuelta sobre la cama y se quedó sobre mÃ. Abrà las piernas como cuando Samuel se frotaba hasta mojarme y cuando mi padre se acercó empecé a mover las caderas para sentirlo.
- ¿AsÃ, te gusta asà hija? - me susurró moviendo su polla.
- Sà papi, más, me da gusto, más...
Pero mi padre no siguió frotándose como Samuel, sentà sus dedos encontrando mi botoncito y cuando me dio un escalofrÃo, en lugar de pegarse a mÃ, se agarró la polla dura y colocó su punta en el botoncito que tanto me gustaba tocarme, la movió allà dándome ese gustito que querÃa pero después la fue bajando hasta mi rajita y cuando la encontró me abrió con los dedos y empujó su picha tiesa un poco sin dejar de tocarme el botoncito que habÃa encontrado pero... ¿qué hacÃa? Me estaba dando ese gusto por la barriga, como con mi hermano al tocarnos, pero mi padre además.
-¿Te gusta? - y empujó un poco más.
Sentà que me abrÃa, me estaba metiendo la polla, me cabÃa aquello en el chumino. Yo a veces me metÃa un poquito un dedo como me hacÃa Samuel con la lengua para darme gusto, pero papá no me tocaba, me estaba metiendo su rabo duro y tieso, no entendÃa cómo me podÃa entrar pero lo sentÃa cada vez más dentro abriéndome sin piedad. Mi padre jadeaba y siguió empujando hasta que sentà un dolor muy grande cuando me embistió más fuerte y noté sus huevos chocando en mis nalgas. No sé por qué pero no podÃa hablar, mi padre se movÃa encima mÃo embistiendo con su miembro mi chuminito.
-¿Te gusta? ¿Asà era como querÃas verdad hija? - y seguÃa jadeando sin dejar de moverse y dándome besos por toda la cara.
TenÃa miedo de decirle que me dolÃa un poco porque él estaba disfrutando y ya no lloraba, decÃa, sÃÃÃ... sÃÃÃ, aaahhhh, mmmm. En uno de sus movimientos llevó su mano a mi chumino y empezó a frotar con los dedos mi chocho y noté cómo cuando lo hacÃa y me empujaba la pija dentro del todo me volvÃa a subir un gusto hasta el estómago. Siguió tocándome al ver que aquello me gustaba sintiendo su rabo pelándose entre mis labios y sus dedos hurgándome el clÃtoris, me dejé follar, empezó a gustarme y me movà como cuando Samuel se ponÃa encima de mÃ, Samuel no me habÃa metido nunca su picha, me daba gusto sólo por fuera, pero mi padre me estaba dando gusto por fuera y notaba que cada vez que su verga entraba y salÃa en mi chocho soltaba un escupitajo de flujo lubricando aquella verga que me desvaraba toda. Me dolÃa pero también me empezaba a gustar un poco, pensé que si seguÃa me dejarÃa de doler y me iba a gustar más y se lo empecé a decir:
- SÃ, papi, me gusta.
- ¿Quieres que siga as� - y empujaba de nuevo sin dejar de tocarme.
Aquello ya lo sentà otras veces con mi hermano pero en mis manos y en mi boca. Ahora lo sentà en mi chumino ardiente. Una ola subió desde los huevos duros de mi padre y recorriendo su rabo por dentro de mÃ, se derramó en mis entrañas, ardiente mojada que no tendrÃa que tragar mi boca, mi chumino se contrajo en las últimas de mi padre haciéndolo gemir y noté que me pellizcaba el clÃtoris. Me subió desde la planta de los pies, mis nalgas se apretaron y mi choco casi gimió, me subió un gusto por la barriga, entumeciéndome la espalda, tenÃa la picha de mi padre clavada hasta el fondo chorreándome toda, llenándome mientras sus dedos descontrolados me hurgaban haciéndome contorsionar bajo él, me estremecà en aquel maravilloso cosquilleo y dejé que mi orgasmo se derramara lÃquido entre mis piernas y con un gemido de placer que hizo que mi padre se derrumbara sobre mà cabalgando suavemente hasta que nos quedamos rendidos, relajados. Me besó la cara dos o tres veces y vi cómo sus ojos volvÃan a rayarse de culpabilidad. Para tranquilizarlo besé sus labios infantilmente y le sonreÃ.
- ¿Me ha gustado mucho papi? Te quiero mucho.
- Y yo también hija, te quiero.
Él me abrazó y tiernamente nos quedamos asà un rato. Mi padre se quedó casi dormido y noté cómo su cuca se iba ablandando dentro de mÃ, me llevé la mano al chumino y toqué los flujos, me escocÃan los labios al sentir la polla de mi padre saliendo poco a poco, me seguà tocando hasta que se me salió toda y después me llevé los dedos a la boca.
- ¿De verdad que te ha gustado hija?
- Claro papi, al principio me dolió pero sólo un poco pero después me gustó mucho papi - y le cogà la mano para que siguiera tocándome.
Mi padre se inclinó sobre mis piernas y lamió repartiendo los mocos que aún quedaban en los labios de mi chichi. Se entretuvo en mi botoncito divino y al sentir mis gemidos empezó a chupar acariciándome toda la raja, metió un dedo y mordisqueando sobre mi clÃtoris hasta que sentÃa de nuevo mi chochito desvaradito de gusto, chupó dulcemente, dibujando cÃrculos en mi pubis con la punta de su lengua, mirandome de reojo mientras hurgaba mi coñito con sus dedos y yo me deshacÃa en mi segundo orgasmo, gimiendo esta vez sin vergüenza, siguió lamiendo mientras me corrÃa y me miraba, cuando me relajé, lo sentà gemir y descansar su cabeza sobre mi vientre, se movió jadeando y al incorporarme para mirarlo vi cómo se la estaba tocando, estaba masturbándose, pegué mi pierna a su empalmado nabo y dejé que se corriera al contacto de su mano y mi pierna. Le acaricié la cara sobre mi vientre, se abrazó fuerte a mi pierna y gimió largamente, sentà que se desvanecÃa, mi pierna se mojaba y su polla presionada contra ella me salpicaba del gusto caliente de mi padre. Se quedó en aquella postura recuperando el aire y volvà a sentir sus lágrimas resbalando por su rostro.
- Te quiero mucho papi.
- Yo también te quiero mi amor- y se abrazó a mis caderas.
Seguà acariciando su cabeza y cuando desperté por la mañana aún tenÃa a mi padre dormidito sobre mi vientre, respiraba plácidamente y su aliento cálido bajaba por mi pubis que desperezándose al sentirlo se humedeció madrugador, como cada mañana después de aquella.
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