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« en: Junio 07, 2006, 08:56:19 » |
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Me habÃÂa mudado muy poco tiempo antes a ese pequeño departamento en el centro y me estaba costando acostumbrarme a un estilo de vida distinto pues mi anterior morada estaba en las afueras y era una casa con parque y jardÃÂn.
El tiempo que me tomaba todos los dÃas ir y regresar del trabajo me decidió por alquilar algo más cercano pero por supuesto muchÃsimo más pequeño e incómodo comparándola con mi casa la que mantuve y a la que huÃa todos los viernes por la tarde para regresar recién el lunes temprano.
También era distinto el hecho de tener vecinos pared de por medio, me resultaba extraño oÃr los sonidos cotidianos de otras personas, risas, conversaciones, música, etc, etc. En mi caso como vivÃa solo supongo no era generador de muchos ruidos que pudieran ser apreciados por los demás. Al mes de estar instalado en mi nuevo departamento comencé a conocer a algunos de los vecinos más próximos, en la puerta de al lado vivÃan unas personas mayores, aparentemente el ya retirado o jubilado pues estaban casi siempre en la casa. En el departamento de enfrente vivÃa un matrimonio sin hijos, el un hombre de unos cuarenta años, adusto y serio que aparentemente pertenecÃa a alguna congregación religiosa pues lo veÃa siempre con trajes oscuros y un libro en la mano, la esposa más joven de entre 32 a 35 años, de pelo oscuro y piel muy clara, bastante bonita por lo que pude apreciar aunque vestÃa siempre con recato ropas que no favorecÃan su figura. En el restante departamento vivÃa una maestra o profesora de unos cuarenta y pico llevados con elegancia la que iba y venÃa siempre con libros y cuadernos.
Con todos mis vecinos me cruzaba cotidianamente y con todos ellos tenÃa un trato formal y amable. Una mañana que salÃa más temprano que de costumbre encontré en la cochera a mi vecino de enfrente luchando por infructuosamente poner en marcha su automóvil. Me acerqué pues tengo ciertas habilidades en mecánica ligera, le ofrecà ayuda la que aceptó gustoso reconociendo su total desconocimiento en temas de mecánica automotriz. El problema no resultó ser serio y pude resolverlo con relativa rapidez. Mi vecino me dio las gracias y partió.
Al viernes siguiente cuando me encontraba preparando mis cosas para abandonar el departamento rumbo a mi casa de las afueras, sonó el timbre; era mi vecino de enfrente que me invitaba esa noche a comer como modesta retribución a la ayuda prestada con su automóvil. Pensé rápidamente en dar un excusa ya que querÃa estar cuanto antes en mi casa con mis plantas y mis flores, pero luego pensé que no serÃa un buen gesto rechazar la invitación y acepté dispuesto a irme no bien terminara la comida.
Como habÃa supuesto, mi vecino era religioso y oficiaba de ministro o pastor de una congregación que prefiero no mencionar. Como era inevitable la mayorÃa de la conversación estuvo relacionada con cuestiones religiosas y morales que debo reconocer no son mi fuerte ni mi preferencia, de modo que me limitaba a consentir y a estar de acuerdo mientras disfrutaba de una comida que para mi sorpresa estaba elaborada exquisitamente. El hombre me pareció bastante ortodoxo y rÃgido en cuanto a sus ideas y pensamientos, la esposa en cambio parecÃa sumisa y reflejaba un cierto aspecto de resignación y pasividad e intervenÃa escasamente en la conversación concentrada más bien en atender la mesa.
Como supondrán nada relevante se produjo en la comida la que afortunadamente para mà terminó temprano, de modo que pasé por mi departamento, cargué mi bolso y partà rápidamente.
Transcurrida una semana de la comida con mi vecino y a poco de llegar del trabajo, recibo la visita de mi vecina de enfrente que con cierta turbación me ofreció un plato con un postre elaborado por ella misma.
- Es que me pareció que le agradó mi comida y como justamente hice este postre que es mi especialidad, pensé que tal vez le agradarÃa probarlo, dijo mi vecina. - Por cierto que la comida que preparó para invitarme estuvo exquisita y sin duda disfrutaré de este postre también le respondÃ.
Me sonrió y se retiró. Luego de la cena probé el postre que estaba en realidad exquisito más aún acompañado con una buena copa de borgoña. Tipo afortunado el esposo pensé, mujer bonita y buena cocinera.
Al dÃa siguiente a la salida del trabajo pasé por un negocio de exquisiteces y compré algunos bombones para mi vecina y una botella de vino para el esposo, ya que querÃa retribuir en algo los amables gestos con los que me obsequiaban. Luego de ducharme y vestir informalmente me acerqué al departamento de enfrente y llamé. Me atendió la vecina invitándome a pasar. Le ofrecà los regalos diciéndole algún cumplido por el postre y luego agregué que como desconocÃa los gustos del marido en cuanto a vinos habÃa comprado algo similar a lo que habÃamos bebido en la comida pero que si el me indicaba sus preferencias, gustoso cambiarÃa la botella al dÃa siguiente.
- No va a ser necesario, respondió mi vecina, además tendrÃa que esperar unos cuantos dÃas pues mi esposo viajó hoy a un congreso y regresará recién la semana entrante. El viaja frecuentemente por razones de su actividad en el culto. ¿Desea tomar un café? preguntó.
Conversamos de trivialidades, pero pronto comencé a darme cuenta que la personalidad de mi vecina no tenÃa nada que ver con la de su marido. Se asomaba en su conversación un punto de vista más liberal. Me contó que se casó muy joven bajo la influencia paterna que veÃa con agrado que su hija se casara con un hombre moralmente sólido. No tuvieron hijos y nunca investigaron médicamente las causas, su marido decÃa que asà estaba dispuesto y que no debÃan forzar nada. Comenzó a trabajar fuera de la casa hacÃa un par de años y eso le cambió bastante la percepción de la vida pues se relacionaba con otras mujeres que obviamente tenÃan ideas muy distinta respecto de cualquier aspecto de la vida.
La charla se prolongó bastante, luego de la que me fuà a dormir directamente.
A la tarde siguiente de regreso del trabajo encuentro una esquela debajo de la puerta. Era de mi vecina que me invitaba a pasar por su casa. Fuà de inmediato, mi vecina me hizo pasar, percibà un cambio en ella pues vestÃa ropas si no provocativas al menos que resaltaban su figura que para mi sorpresa era muy agradable, se habÃa puesto además un sutil maquillaje que embellecÃa su rostro.
- Lo molesté porque justamente me llamó mi esposo, le comenté lo del vino y me encargó que le agradeciera y que además le dijera que la marca elegida estaba muy bien y que por lo tanto no habÃa que cambiarla.
Esta vez me ofreció un trago que acepté. bebimos charlando más animadamente que en la oportunidad anterior. No soy muy rápido en percibir señales sutiles de parte de las damas pues nunca fuà un verdadero "cazador" de esos que olfatean la oportunidad donde nadie más la ve, no obstante mientras hablábamos tuve una sensación de que ella tenÃa una actitud especial para conmigo. Por supuesto no estaba dispuesto a cometer una imprudencia con ninguno de mis vecinos y menos con estos, pero las señales seguÃan allÃ, los tragos me habÃan dado un poquito de audacia y decidà a sondar un poquito sin arriesgar demasiado.
- No sabe cuanto aprecio que me haya invitado a compartir este trago y a charlar, comencé diciendo,.. es que me agrada mucho la compañÃa, especialmente la femenina pues hace un tiempo estoy distanciado de mi esposa y como trabajo demasiado no tengo oportunidad de disfrutar de compañÃas agradables.
Percibà esta vez claramente un ligero rubor en su rostro y esperé. Lo que respondiera me indicarÃa si estaba equivocado o no y si debÃa continuar la ofensiva o emprender la más rápida retirada que me permitiera el decoro y la dignidad.
- Bueno... comenzó diciendo, yo también disfruto de su compañÃa, no siempre tengo la oportunidad de tratar otros hombres además de mi esposo y me parece interesante conocer otras personas, con ideas y punto de vista diferentes.
¡Bingo! pensé, acá hay algo, debo seguir.
- Que buena coincidencia, contesté, podemos disfrutar el uno del otro... quiero decir en cuanto a las charlas y la mutua compañÃa.
Percibà que mis últimas palabras la inquietaron y su rubor aumentó, pero no replicó, limitándose a mirarme a los ojos. Me dije que era ahora o nunca, asà que empleando la mayor diplomacia posible comencé a decir:
- Silvia, debo serle directo a riesgo de parecer demasiado atrevido, de modo que si considera que estoy equivocado y con ello la ofendo, le rogaré me disculpe pero no puedo dejar de decirle que Ud. me atrae muy especialmente, sé que es casada y conozco los principios en los que basa su conducta pero si no hablo ahora me sentiré mortificado por mucho tiempo.
Abrió sus ojos muy grandes, me miró largamente luego desvió la mirada y dijo:
- No pensé que mis actitudes evidenciaban tanto mis pensamientos, me siento avergonzada. Y luego de una larga pausa agregó. Pero tampoco es mi intención ser hipócrita, supongo que las señales que le transmità y que le animaron a hablarme asà han sido nada más ni nada menos que las que he deseado transmitir. Aprecio la sinceridad y yo también seré sincera y directa, nos ahorrará mucho tiempo y esfuerzo innecesario, espero no escandalizarlo con lo que voy a decir.
Y luego continuó diciendo: - Como le dije me casé joven, y el único hombre para mà hasta ahora ha sido mi esposo. Hace un tiempo comencé a trabajar y mis compañeras de trabajo están casadas o de novio con hombres comunes, me refiero a que no son religiosos. De las charlas y comentarios percibà que la mayorÃa tenÃa una vida sexual mucho más rica que la que yo he tenido hasta ahora, principalmente en cuanto a variedad si no de compañeros al menos de prácticas, todas han experimentado variantes del acto sexual y todas parecen haber disfrutado de ellas. Podrá entender que mi esposo debido a su formación moral es más bien ortodoxo en lo que hace al sexo al que le atribuye en primer lugar una función reproductiva. El hecho es que consciente o inconscientemente estuve tratando de agradarle con algún motivo que aún no tengo claro o no deseo reconocer.
Eso era mucho más de lo que esperaba que ella pudiera reconocer y confieso que me sentà un poco desorientado por esa forma tan directa de encarar el asunto, pero no era hora de andar con muchos melindres. Me acerque, tomé su mano y dije - Es una pena que una mujer tan bella como Ud. vea frustrada su vida sexual, es verdaderamente hermosa y merece que la traten como debe ser tratada una mujer, es decir que la satisfagan plenamente.
Ella no agregó nada y se quedó mirándome, me acerqué más y la bese. Sentà que temblaba ligeramente y se ponÃa tensa, continué acariciándola y besándola hasta que se fue relajando por completo y comenzaba a excitarse manifiestamente. desabroché su vestido y descubrà uno de sus senos, tal como suponÃa era completamente blanco y de pezón grande y oscuro, se sentÃa firme. Pasé mi lengua por el pezón en movimientos circulares, rodeándolos a uno y otro lado, ella comenzó a suspirar. Luego hice que se pusiera de pié y le quité el vestido y la ropa interior. su cuerpo me dió una agradable sorpresa, de piel muy clara, cintura estrecha y buenas caderas, sus pechos eran de buen tamaño, no desmesurados pero tampoco pequeños con los pezones grandes y oscuros apuntando ligeramente hacia arriba, su bello púbico era tupido y oscuro como sus cabellos. Verdaderamente un bello cuerpo, como me gustan a mÃ, buenas caderas, buenas tetas y con entrepierna bien peludita.
Me quité rápidamente la camisa y el pantalón y me quedé en slip, poca prenda para ocultar la tremenda erección que tenÃa a esa altura. Ella bajó la vista hasta el bulto e hizo un gesto como de asombro. tomé su mano y la apoyé sobre mi verga, ella la tomó con timidez y la acarició sobre el slip. La recosté nuevamente sobre el sillón y comencé a lamer sus pezones y a darle chupaditas suaves y cortas a uno y otro alternativamente mientras tomaba sus tetas en mis manos y las apretaba con suavidad. Luego fuà bajando lentamente, recorriéndola con la lengua hasta llegar al pubis, el olor a hembra me excitó aún más, acaricié sus vellos, luego separé sus piernas y comencé a lamer muy suavemente, apenas rozando con la punta de la lengua los alrededores del clÃtoris, ella suspiraba y se retorcÃa y tomaba mis cabellos con su mano derecha, luego lamà el extremo del clÃtoris, con caricias apenas perceptibles, casi sin tocarlo, lo humedecÃa con la lengua y después soplaba muy despacio. Ella estaba muy excitada, su entrepierna estaba completamente mojada y no dejaba de suspirar y jadear.
Hice que se incorporara y permaneciera sentada en el sillón, me paré delante y cuando tuvo mi miembro (aún aprisionado por el slip) justo en frente de su cara, bajé la prenda de forma que mi miembro liberado se bamboleó frente a ella. Abrió la boca con gesto de sorpresa y balbuceó - ¡¡ Huy, Qué grande es !!.
En realidad no es que tenga un miembro desmesuradamente grande, su expresión se debió más a la comparación que seguramente hacÃa con el de su esposo obviamente más pequeño. No obstante puedo exhibir unos buenos 18 cms con una cabeza ancha y marcada y con el resto de buen grosor. A la hora de penetrar no pasa desapercibida.
Tomé mi miembro con la mano derecha y apoyé la izquierda en su nuca, luego acerqué sus labios a mi verga erecta, ella imaginó lo que pretendÃa y abrió ligeramente su boca y sostuvo la punta entre sus labios, luego entre temerosa tÃmida metió toda la cabeza. Ella mantenÃa los ojos cerrados y las manos inmóviles, evidentemente no sabÃa muy bien que hacer, hice presión con mi mano en su nuca mientras le susurraba - ¡ más adentro.., tragála más ! y ella respondió haciendo desaparecer otro trozo de mi verga entre sus labios, empujé despacio hacia adelante y ella se arqueó y se retiró con una con una leve arcada.
- Despacio.. dijo, me doy cuenta como hacerlo, pero tengo que hacerlo despacio, no puedo meterme todo eso en la boca asà de golpe.
Me senté en el sillón , abrà las piernas y le dije - Arrodilláte y hacélo como más te agrade. Ella se instaló de rodillas entre mis piernas y tomó la verga con su mano derecha, y comenzó a pasarle la lengua alrededor de la cabeza, luego le daba chupaditas cortas y se la metÃa en la boca y se la sacaba y de nuevo lamÃa y chupaba cada vez un poco más profundo hasta que se comió media pija. Comenzó a mover la cabeza de forma que sus labios iba de la puntita hasta la mitad de mi miembro. Debo decir que me la han chupado mujeres con una técnica impecable, pero esta tÃmida mujer con su inexperta mamada me estaba calentando de una manera increÃble, quizá precisamente era esa timidez e inexperiencia lo que me calentaba.
Al poco rato ya no daba más, si seguÃa asà explotarÃa en su boca. Me incorporé, la recosté nuevamente de espaldas en el sillón y le dediqué unas lamidas a sus pezones y a su clÃtoris hasta que sus jadeos fueron fuertes y contÃnuos, entonces levanté sus piernas sobre mis hombros y de una sola arremetida clavé toda mi verga en su mojada concha.
¡¡¡ AAHhhhhhhh !!!!! gimió ella mientras el miembro desaparecÃa en su interior.
comencé a moverme despacio adentro y afuera y cada tres empujones sacaba toda mi pija y la frotaba en el clÃtoris para luego mandársela nuevamente hasta el fondo.
¡¡¡ Aaahh !!, ¡Aaah!!, ¡que bueno!, seguÃ..., seguÃ... decÃa ella.
Seguà clavando mi verga y frotándola en el clÃtoris hasta que de pronto se contrajo en un violento orgasmo.
- ¡¡¡AAAHHHHHH.....!!!, , ¡¡ponémela toda por favor!!, ¡ la quiero bien adentro! La mantuve clavada hasta que las contracciones fueron disminuyendo y ella se quedó laxa, tendida sobre su espalda. Luego se la saqué, me senté y ella se incorporó y se quedó sentada a mi lado con la cabeza apoyada en mi hombro.
- Supongo que no será prudente que termine dentro tuyo le dije y como en realidad esto fue algo inesperado no traje preservativos. Eso nos deja sólo dos posibilidades agregué.
Ella me miró como esperando que continuase.
- ¿Sabés cuales son? pregunté.
- Puedo imaginármelas, dijo, en realidad si son las que imagino, una de ellas ya comencé a practicarla ¿verdad? (se referÃa a la mamada pensé), sólo que esta vez debo llegar al final, la otra me dá un poco de miedo por el tamaño de eso que tenés ahÃ. Se quedó en silencio un instante y luego agregó
- Pero si estás aquà es para que pueda hacer con vos lo que no puedo hacer con mi marido y conocer lo que el no me va a enseñar jamás, asà que probemos a ver si la puedo recibir por atrás, sólo te pido que lo hagas despacio pues es mi primera vez.
- No te preocupes, te la voy a poner con mucho cuidado.
Volvà a lamer sus pechos y luego su clÃtoris para buscar que se excitara y de esa forma estuviera más dilatada al momento de penetrarla, luego de un rato sus gemidos me decÃan que estaba muy excitada, de modo que la puse boca abajo sobre la cama, y coloqué una almohada para que su culito quedara bien levantado. Acaricié sus suaves nalgas y luego las separé un poco para verle el culito que se veÃa apretadito y frágil. Me arrodillé detrás de ella y lubriqué todo mi miembro y el culito de ella con mi saliva.
- AbrÃlas, le dije mientras le indicaba sus nalgas. Tomó una con cada mano y se las separó, tenÃa a la vista esas nalgas blancas y redondas sostenida por manos finas y delicadas que dejaban bien a la vista el agujerito que iba a penetrar.
Apoyé la punta de mi verga que estaba tiesa como un palo en la entrada del culo e hice apenas presión. Ella se tensó pero volvió a relajarse al ver que yo no continuaba penetrándola.
- Tranquilizáte y relajáte, le dije.
-Metémela despacio por favor o me va a hacer daño, es muy grande y está muy dura, dijo ella.
Empujé otro poco y và como la cabeza comenzaba a entrar.
- Aahhh! Uuhhhh!... gimió.
Otro empujón y entró tres cuartos de la cabeza.
-Aayyy!, despaciooo..!!. ¡ me vas lo vas a romper !.
- Permanecà quieto hasta que ella se fue relajando y su culo se acostumbró a lo que ya tenÃa adentro. Me movà un poco de forma de meter y sacar la pija sólo hasta donde habÃa llegado.
- Respirá que va otro poquito, le dije y empujé. El culito se estiró tratando de alojar la gruesa cabeza que no entraba fácilmente.
- Aayyy!!..., Ayyy!!.. ¡sacála que me partÃs dijo ella!.
Se la saqué, ella apretó fuerte las nalgas, luego se puso de costado y mirando mi pija dijo. -¡Es enorme! ¿me entrará eso en la cola?...
- Sà que te va a entrar, le dije, sólo tenés que relajarte y aguantar un poquito. A esa altura lo único que yo querÃa era meter toda mi pija en ese culito, mandársela hasta el fondo, sentir sus nalgas contra mi cuerpo, pero debÃa tener paciencia.
- Probemos nuevamente, dijo ella, pero muy despacio, me tengo que acostumbrar a recibir eso.
Se puso en la misma posición en que estaba antes, se abrió las nalgas y yo me puse nuevamente detrás.
- Relajáte que te va a entrar dije .
Empujé despacio y metà media cabeza y luego otro poco. Quedaba la parte más ancha y pensé que la única forma de pasarla serÃa de un sólo empujón ¿aguantarÃa?.
- Aguantá que va otro poco le dije, cuando sentà que su esfÃnter aflojó algo dà un empujón corto y firme y la cabeza desapareció en su culo y el anillo se cerró con fuerza apretándome la pija.
-AAAAhhhhhhyyyyy...!!!!!!!!! gritó mordiendo la almohada.
-AAAhhhhhh!!!!, Ahh!!.. Ahhyy!.. Ayyy ..!! gemÃa.
No me movà hasta que ella se fue calmando, luego de un rato su culo ya se fue amoldado a la verga aunque ella aún gemÃa despacio y permanecÃa agarrada a las sábanas.
- Queda poco, le dije, aguantá otro poquito que te la meto toda y diciendo esto empujé lento pero sin pausa hasta que sentà que llegaba al fondo.
-Uuuuuuhhhh...!!! AAAAaaaaay!, gimió pero ya la pija habÃa desaparecido en su culito y yo sentÃa el contacto con sus nalgas.
- ¡Ay! ¡Ay! ¡Esa verga es enorme!, me va a partir la cola.
- Tranquila, le dije, ya la tenés toda adentro, te comiste toda mi pija por el culito, quedáte quietita que te va a comenzar a gustar tenerla asÃ.
- ¡Ay qué pija!, ¡¡Qué verga!! murmuraba ella.
Nos quedamos un rato sin movernos, ella seguÃa gimiendo aunque cada vez más despacio y yo sentÃa que su culito apretaba cada vez con menos fuerza, señal de que estaba más relajada de modo que comencé a meterla y sacarla despacio sintiendo el roce con su anillito bien apretado a lo largo de toda mi verga. No aguanté mucho pues estaba demasiado excitado y me descargué en ese culito apretado y luego me desplomé sobre la espalda de ella y me quedé allà jadeando hasta que mi pija recuperó su tamaño normal.
- ¿Te gustó? le pregunté.
- ¡Madre mÃa..!, respondió, pensé que nunca iba a terminar de entrarme. Es algo completamente diferente a recibirla por delante, ¡cómo se siente!. Tal vez si uno lo hace con más frecuencia le cueste un poco menos alojar toda esa herramienta por la entrada trasera. Te aseguro que nunca pensé que eso me iba a entrar en la cola, me asombra en verdad.
- Si, le dije ¿pero te gustó o no?.
- No lo sé muy bien, duele un poco pero.. como explicarlo.., siento una satisfacción especial por haberla tenido allà ¿entendés?, quizá un placer más psicológico que fÃsico, pero la experiencia fue buena.
- PermÃteme que te haga una pregunta, le dije.
- Adelante
- Para ser tu primera vez en algunas prácticas parecÃas saber como hacer las cosas dije. Y no es que esté dudando de que haya sido tu primera vez, me apuré a agregar.
- Bueno, en realidad es mi primera vez en hacerlo pero no ignoro como hacerlas pues algunas veces cuando me he quedado sola, la curiosidad me llevó a alquilar algunos videos XXX para ver que cosas además de las que yo conocÃa se podÃan hacer en una cama con un hombre bien dispuesto, lo que pasa que esos videos además de sacarme las dudas me dejaban en un estado de tremenda excitación y con las ganas de practicar lo que habÃa visto. Creo que en cierta forma son la causa de que estés ahora aquÃ.
Agradecà a esos videos y deseé que haya visto además algunas otras cosas que me gustarÃa hacer con esta mujer.
- No olvides que aún te faltan practicar algunas otras cosas, dije.
Me miró, sonrió con picardÃa y dijo,
- Lo sé, además debo repasar las recién aprendidas hasta que asimile bien las lecciones.
Por supuesto nos seguimos viendo un tiempo con mi vecina, durante las ausencias de su marido practicó muchas cosas conmigo. Se convirtió en una mujer creativa en la cama y cuando logró desinhibirse por completo fue una excelente amante.
Aún nos encontramos de vez en cuando para experimentar algunas de sus nuevas fantasÃas
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