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« en: Junio 06, 2006, 09:13:04 » |
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Contratamos como muchacha del servicio a Esmeralda, una joven de unos 20 años aproximadamente era morena pero no era fea de hecho tenia un cuerpo curveado con unos senos firmes y redondos, claro esto no lo descubrà sino hasta después. Bajaba de mi cuarto un sábado por la mañana, tenia un guayabo terrible del dÃa anterior y lo único que pedÃa mi cuerpo era un vaso de gaseosa, llegue a la cocina en busca de uno y por primera ves la vi, su nombre, ya lo dije, era Esmeralda, era una mujer de 1.65 mt. delgada pero no mucho, llevaba puesto unos pantaloncitos calientes dejando ver unas piernas bien cuidadas y muy bien formadas; tome dos vasos de gaseosa de manera consecutiva cosa que le dio risa a Esmeralda - ¿Esta de guayabo señor? - Un poco, si, -conteste un poco molesto por su descubrimiento- - Si quiere le preparo algo de comer, que lo mejore - Bueno, deja nada mas darme un duchazo y bajo - Esta bien, quiere jugo de naranja? - Porque no mejor me compras una cerveza bien helada.-cosa que deseaba para calmar el fuego de mi estomago- - haber si no se pone borracho otra ves? - No, la cerveza reanima -dije mientras subÃa las escaleras rumbo a la ducha
Tome una ducha de lo más refrescante pero, un pequeño problema rompió el encanto no habÃa toallas en el baño, el problema era con Esmeralda, puesto que si ella veÃa semejante acto de exhibicionismo pensarÃa que era un depravado, opte por llamar a mi esposa para que me proporcionara una toalla, pero no respondÃa a mis llamados en cambio la vos de Esmeralda me contesto: - la señora salió desde la mañana dijo gritándome desde la cocina- - le puedo ayudar en algo señor? - Si, por favor Esmeralda, me traes una toalla- respondà desde la puerta del baño- - Si en un momento Escuche los pasos por las escaleras y deje la puerta del baño cerrada pero no con seguro, apenas iba a decirle a Esmeralda que dejara la toalla en el piso cuando se abrió la puerta. -¡ Perdón señor no pensé que...!- me decÃa mientras miraba mi verga- Cerro la puerta rápido y salió corriendo, yo estaba de lo mas divertido pues la expresión de su rostro al verme desnudo mas que de asombro fue de deseo, me cambie rápido con unos jeans y una camiseta blanca y con unos tenis, de lo mas cómodo me dispuse a comer. En todo el tiempo que estuve desayunando Esmeralda no me miro, pero yo notaba en su cara una sonrisa picara, trate de sacarle conversación. - Esmeralda ¿eres casada? - si, me case desde muy chica con el primer novio que tuve y tienes hijos? - No mi marido no quiere, pues porque estamos muy jodidos como para andar trayendo niños al mundo nomás para que sufran. - Entonces tu marido es el único hombre en tu vida - Si, pues que cree que le pongo el cuerno -dijo subiendo un poco el tono de su voz- - No, me refiero que si es el único con quien has estado - Si -dijo riéndose nerviosamente- Después continué con mi desayuno y me fui a acostar debido a que casi no habÃa dormido la noche anterior, soñé con ella, soñé que le hacia el amor y desde ese dÃa mi único propósito era el de hacerla mÃa a como diera lugar. Me masturbe acordandome de sus piernas y de los deliciosos senos que tenia Pasaban los dÃas y cada vez sentÃa el deseo de hacer mÃa a Esmeralda, siempre habÃa tenido la fantasÃa de cojerme a la sirvienta esto desde hacÃa años pero jamás se habÃa dado la oportunidad y ninguna sirvienta estaba tan buena como Esmeralda. Salà de vacaciones y esto ocasionó que estuviera mas tiempo con Esmeralda, mi esposa trabaja por lo cual sus vacaciones no coincidÃan con las mÃas, por lo tanto Esmeralda y yo estábamos solos desde las 8 hasta las 3 de la tarde. A esa hora ella se iba a estudiar. Comenzamos una buena amistad y ella me confeso muchas cosas, que su marido era muy celoso y que no podÃa salir de su casa que fue virgen hasta su matrimonio y que últimamente las relaciones sexuales con su marido iban diminuyendo, me entere que le gustaba mucho el sexo y que también tenia cierto gusto por las pelÃculas pornográficas, Siempre que hablábamos de algo terminábamos hablando de sexo, un dÃa - Oye Esmeralda cual es el lunar mas sexy que tienes? - Hay pues tengo muchos. - Si pero el mas sexy - Pues este - me dijo mientras desabrochaba un botón de su blusa, dejando ver un lunar en el pecho izquierdo casi llegando al pezón- - Ese es el más sexy que tienes - le dije tratando que me enseñara mas de ese hermoso cuerpo- - Bueno tengo otro pero me da vergüenza enseñárselo - Por que vergüenza solamente estamos hablando, y es de lo mas natural el cuerpo humano es muy bonito además no tienes nada que jamás haya visto. - Mejor enséñeme uno, que le parece uno y uno. - Bueno conste pero no te asustes por que el lunar mas sexy que tengo esta en la punta de mi pene ¿lo quieres ver? - Si pues es normal no -dijo en forma de sarcasmo al comentario anterior- - Bueno-dije mientras bajaba el cierre de mi pantalón, saque lentamente la punta de mi pene que ya estaba excitadÃsimo y alcanzaba la erección máxima - Hay lo tiene grande nunca habÃa visto otro pene que no fuera el de mi marido, ¿puedo tocárselo? - Si quieres. Acerco su mano a mi pene y empezó a tocar el glande que dejaba ver una gota de lubricante en la punta lo tomó con tuda la mano y empezó a acariciármelo era riquÃsimo, trate de besarla en la boca pero ella se quito y quito también su mano. - no ya no quiero esta muy mal todo esto y es mejor que no vuelva a pasar - no que tiene - dije tratándola de convencerla- - yo soy una mujer casada y Ud es mi patron -me decÃa casi llorando- Al dÃa siguiente Esmeralda no fue a estudiar diciendo que se sentÃa mal, yo me masturbaba pensando en lo que puedo haber pasado y mis deseos por hacerla mÃa se hacÃan mas grandes, no me dirijo la palabra, simplemente hacÃas sus labores con tristeza. M atrevà a romper el hielo. - Esmeralda que tienes? - Nada - Esmeralda mira, perdona por lo del otro dÃa no fue mi intención pero entiende que me puse arrecho - Mire señor, me estoy enamorando de Ud -dijo mirándome a los ojos- - Esmeralda este yo... -no tenia palabras aquella muchacha estaba enamorada de mi- ParecÃa todo como de novela, lo único que pude pensar era besarla y lo hice, nos besamos apasionadamente tocando su cuerpo con deseos de que fuera mÃa fuimos hasta su cuarto, y empezamos a desnudarnos, su cuerpo era perfecto, ya me lo habÃa imaginado pero no tenia idea que tuviera esas curvas, sus senor redondos con unos pezones obscuros y pequeños, mi pene estaba duro ella lo frotaba por arriba del pantalón. - ponga una pelÃcula - Porno? - Si de las que tiene en su cajón - Con que ya descubriste mi colección - Si cuando se iba al trabajo las ponÃa y me masturbaba en su cama pensado en que algún dÃa me cogiera -puse una pelÃcula que acababa de cambiar y empezamos a verla- - Ella se masturbaba con una mano y con la otra agarraba mi verga, yo la besaba en la boca, me puse arriba de ella y la bese de pies a cabeza me detuve en su vagina, recorriéndola con mi lengua ella se retorcÃa de placer, - metamela papi cojame quiero ser suya quiero sentir su verga Puse mi pené en la entrada de su vagina y de un solo golpe se la metà toda, era increÃble estaba apretadita y muy húmeda, empecé a cojerla rápido y cada vez mas fuerte ella gritaba de placer no podÃa resistir mas una sensación recorrÃa toda mi columna vertebral -me vengo, ah ah- ella se estaba retorciendo en un rito de placer, saque mi pene de su vagina y avente el chorro de esperma mas potente, y llenándola toda su vientre su pecho su cara, yo no podÃa parar de aventar esperma era increÃble jamás me habÃa pasado algo semejante.
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