admin
Administrator
Hero Member
    
Mensajes: 1180
|
 |
« en: Junio 09, 2006, 11:37:15 » |
|
Mi nombre es Vanessa, tengo 18 ańos y desde hace algún tiempo mi novio, Carlos de 26,
y yo compramos una revista porno, calentándonos mucho con ella pero ahora me gustarÃa contarles una historia que nos sucedió justo estas Navidades cuando a él se le ocurrió la idea de regalarme una cosa tan normal como un consolador. Pero antes me describiré un poco como soy. Ya he dicho que tengo 18 ańos, soy de mediana estatura, rubia, con el pelo largo, algo rechoncha para mi gusto, con exceso de pechos ya que gasto una 120 de sujetador y un culo que parece una plaza de toros. A mÃ, tanta carne, me molesta pero a mi novio, según dice, le encanta y le excita. Siguiendo con mi relato, diré que yo habÃa visto fotografÃas de esos aparatos, de los consoladores, en la revista pero debo confesar que tener uno en mis manos me excitó muchÃsimo. No sé explicar el porque pero esta excitación, muy pronto, me recorrió el cuerpo y el cońo se me empezó a mojar. No era una polla de verdad aunque se le parecÃa mucho en su tamańo y forma, con la ventaja, además, de que nunca se arrugaba, nunca perdÃa su potencia. Entonces, cachonda perdida, tuve la idea de conceder, a cambio de su regalo, uno de los deseos que tenÃa mi novio y que era el de afeitarme el chocho. Yo siempre he tenido mucho vello en esta zona y mi novio se quejaba de que no me veÃa con claridad el clÃtoris. HabÃa demasiado pelo para poder hacerme una buena chupada de cońo, decÃa. Esa era la razón por la que me pedÃa que me lo depilara.
Con el consolador en mi mano, acariciándolo como si lo estuviera masturbando, le dije que se lo dejaba hacer. Sonrió con cara de satisfacción y en el acto comenzó a desnudarse diciéndome que yo hiciera lo mismo. Ya los dos en pelotas y, bien abierta de piernas en el borde de la cama, él se situó de rodillas entre ellas y me lo empezó a llenar de espuma. El contacto de sus dedos y de la suavidad de la sustancia, empezaron a ponerme cachonda. Cuando tuve toda la zona llena de espuma blanca, procedió a afeitármela con su maquinilla, con todo cuidado. Según me lo iba afeitando y el pelo desaparecÃa, su polla se ponÃa cada vez más grande y yo cada vez estaba más excitada. Sus manos acariciándome la zona más sensible de mi cuerpo, el paso de la maquinilla y la postura, me estaban poniendo a cien. Y más al ver la dureza de aquella verga, balanceándose ante mis ojos.
Al terminar de afeitarme, dejándome un cońo completamente liso, con la raja totalmente visible, y sin dejarme cerrar las piernas, cogió el consolador y, aprovechando los jugos que me habÃa producido toda la operación, empezó a introducÃrmelo en mi cońo pelado mientras que, con su boca, me succionaba los pezones. Mi humedad y el placer que me estaba dando, hacÃa que el consolador entrara hasta el fondo y saliera sin dificultad a impulsos de su mano gracias, como digo, a los jugos que no paraban de producirse en mi chocho. Yo no podÃa más de la excitación. El consolador salÃa y entraba sin parar de mi caliente raja, en una continua follada, y si ańadimos a eso la vibración que producÃa, yo me estaba derritiendo de gusto. A la vez que esto ocurrÃa y para acabarlo de arreglar, mi novio, inclinándose, se entretuvo con mi clÃtoris, chupándomelo.
Cuando estaba a punto de correrme, cuando todo mi cuerpo se habÃa puesto en tensión y mi boca se abrÃa para lanzar el gemido de mi placer, se levantó y, sin hacer caso de mis súplicas, puso en el video una pelÃcula porno en la cual dos tÃas chupaban de maravilla la enorme polla de un negrazo imponente.
- ĄHaz lo mismo! - me ordenó mi novio.
Me hizo tumbar de espaldas en la cama, él se puso encima metiéndome su polla en la boca, y comencé una excitante mamada. Le chupaba la polla, loca por tenerla dentro. Sobre todo me entretenÃa en lamerle el capullo mojado. El, mientras, sacó el consolador de mi cońo y, dándose la vuelta sin dejar que su verga saliera de mi boca, metió su lengua en mi chocho en un maravilloso 69. Al poco rato y mientras continuaba comiéndome el cońo, metió en él cuatro dedos de una mano, abriéndomelo a tope y empezando a juguetear con mi chocho.
Mis gemidos eran cada vez más sonoros y mi novio, viendo que me corrÃa, paró otra vez. Casi me pongo a llorar por haberme cortado la corrida por dos veces. Todo el cuerpo me ardÃa pero, sobre todo, el cońo. Sin hacer caso ni de mis gemidos ni de mis súplicas, me abrió las piernas todo lo posible y me las ató a la cama. A continuación hizo lo mismo con mis manos. Quedé como una enorme letra equis, sin poder moverme. Nunca me habÃa hecho nada de eso, pero el morbo que yo sentÃa era impresionante. Asà atada, encendida de deseo, con el cońo ardiéndome y chorreando jugos, empezó a morderme los pezones. Me hacÃa dańo pero también me gustaba. Todo mi cuerpo se tensaba en las ataduras y de mi boca salÃan gemidos y peticiones de que me la metiera. Al final me hizo caso. Se subió encima de mi, se cogió la polla con una mano y apoyando el capullo en mi raja, me metió su tranca de un solo golpe iniciando un metisaca algo salvaje. Asà me corrÃ, gritando, sin poderme esperar a que lo hiciera él.
Viendo lo que habÃa pasado, Carlos comenzó, sin sacarme su dura polla del cońo, a masajearme el clÃtoris haciendo que yo me excitara otra vez, sin poder hacer nada para evitarlo debido a mis ataduras y a pesar de lo cansada que estaba. Yo hubiera querido tocarle, acariciarle, sentir su cuerpo en mis manos pero esta imposibilidad, esta indefensión, aumentaba extrańamente mi placer. Era un sufrimiento que me enloquecÃa más y más. Le supliqué que parara, pero él siguió y siguió, aprovechando mi postura, para follarme ahora como un loco, con golpes fuertes que me llenaban de placer y asà me llevó a una nueva corrida tan brutal como la anterior. Al cabo de un buen rato y sin haberse corrido, me la sacó, me desató las piernas pero, levantándomelas todo lo que pudo, hasta clavarme las rodillas en mis gordas tetas, me ató os tobillos a la cabecera de la cama, junto a mis muńecas. En esta postura tanto mi cońo como mi culo quedaban totalmente expuestos y ofrecidos.
Sin protestar, vencida por el placer, por el macho que me obligaba a obedecer, a gozar sin poder yo intervenir y sintiendo como mis jugos mojaban mis nalgas y mis muslos, con el culo y el cońo todos para él, me metió su polla por el culo de un solo golpe haciéndome lanzar un gemido de dolor. Comenzó a meter y sacar su polla con todas sus fuerzas hasta que, justo antes de correrse, me la sacó y echó toda su leche sobre mi culo y cońo, a la vez que yo me corrÃa de nuevo, con un enorme placer, y caÃa rendida en las ataduras que me sujetaban a la cama. ImagÃnate el resto de los dÃas como gozamos. Ahora quiere comprar, para mayor comodidad en esta nueva manera de hacerme el amor, o de usarme, como dice él, otro consolador para mi ano, unas esposas y otros artilugios. Ya veremos si algo nuevo ocurre...
|